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El rey de la casa


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Me pregunto si seré capaz de volver a comer algo sin lemon grass y cilantro y me sabrá a algo.

Hoy he probado una sopa tailandesa picante y no siento los labios, especialmente el inferior, desde entonces.

Me quemé la espalda en la playa y resulta que un masaje relajante de una hora con cremas de aloe vera es más barato que comprar un frasco y tratar de ponérmela yo solo cual contorsionista.

El masaje ha sido doloroso en lo que a la espalda respecta, pero he salido como nuevo y prácticamente sin quemazón. Para tener alergia a la aloe vera, mi piel se ha portado (solo me puso esa crema en lo quemado, en el resto del cuerpo, aceite de coco, que si no se me erupciona toda la piel).

Vietnam es tan barato, pero tan barato, que Tailandia me está resultando cara. Miedo me da cuando llegue a Singapur, que es como la Suiza o la Noruega de Asia en lo que a precios se refiere.

La diferencia en belleza entre los tailandeses que trabajan de modelos o actor y la realidad de las calles es la más abismal que he visto jamás.

No me gustó Bangkok. Entre nada y poco. Con decirte que prefiero Phnom Penh... y eso es mucho decir, que menudo lugar... No entiendo que Bangkok funcione.

Me pegué un hostión con una roca en el pie derecho y tengo un dedo morado desde entonces. Gracias al Thrombocid y a los consejos de mi fisio Iván ya ni duele.

El otro día me surgió la necesidad real de comprarme un pareo. Elegí uno de elefantes y tuve que regatear, con lo que lo detesto. Odio tanto los países donde se regatea como amo los que exigen pareo en el día a día.

Por el precio de un cappuccino de mierda puedo cenar dos platos caseros. No tomo café desde que pisé Tailandia. Y no lo echo de menos. No. Nada. #misganas



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