Archives

El rey de la casa


WorldKnown

WorldKnown

Galería de arte

buy posters and art prints

Como a prácticamente a todo el mundo, no soporto la hipocresía. Pero en este caso no quiero hablar de la doble moral, sino de la hipocresía que, algunos, tienen hacia sí mismos y la actitud que tienen ante la vida. Me explico:

¿Quién no conoce a ese tipo de personas que se pasan el día con frases grandilocuentes, de ánimo y optimismo, vacías de contenido pero que para ellos (o peor aun, para los que lo leen) son casi una medicina y una inyección de moral? Algunas de ellas, además de escribir tuits o colgar en Instagram ese tipo de imágenes, también lo hacen en sus blogs, queriendo dar lecciones de ánimo, utilizarlo como coaching para sí mismo o yo que sé. Pero, precisamente porque han decidido hacer público ese tipo de razonamientos y vender optimismo barato a granel, ¿por qué demonios no contestan a los mensajes que les dejan sus lectores?

Es decir, si estamos de acuerdo en que la actitud lo es todo, que hay que afrontar la vida con una sonrisa, que si la puerta se cierra y la ventana se abre y bla, bla, bla... cursiladas y paparruchas varias, ¿no va en contra de todo el karma-power que se ignore a los lectores que pierden su tiempo en dejar frases de ánimo o de empatía con el bloguero que está chungo?

Al final, como no podía ser menos, LE VA A VOLVER A PONER UN COMENTARIO SU PUTA MADRE. Pussar och kramar!



Cuando crees que los medios en papel no pueden ser prescriptores de nada, te sorprendes a ti mismo entrando en YouTube para escuchar de qué van las canciones de ese chico tan mono que sale en un recuadro de la página por la que ha dejado el rubio abierta una revista gratuita que cogió hace unas semanas en Chueca. Sí, las hormonas es lo que tienen, que te llevan a curiosear.

El resultado, afortunadamente, fue el descubrimiento de una canción que lleva todo el mes acompañándome de forma machacona, que me encanta y me levanta el ánimo, que me reconcilia con muchas cosas y que espero que aporte muchos éxitos a su autor, el gallego Fredi Leis. Es cierto que el resto de temas de su disco no me engancharon del mismo modo, pero eso no quiere decir que no vaya a seguirle la pista. Y más si tiene letras como la de esta 'Estrellas fugaces'...



Pussar och kramar!

Pocas imágenes son tan impactantes como las que muestran la devastación completa de las ciudades que fueron arrasadas durante la Segunda Guerra Mundial, el conflicto hasta la fecha más destructor de la historia. La francesa de Caen, por ejemplo, fue devastada en más de un 80% y llevó 14 años reconstruirla (incluyendo la catedral de St. Jean), también Coventry, en Reino Unido, tuvo que rehacerse; o Rotterdam, cuyo centro fue llevado a cenizas. En Alemania, es famoso el caso de Dresde, que fue atacada repetidas veces por los Aliados y casi completamente destruida; así como Berlín, en la última parte de la guerra.


Pero no se trata de un fenómeno europeo. Hiroshima, tras arrojar el ejército de Estados Unidos su bomba nuclear sobre ella, fue arrasada, salvo parte de la estructura del Museo de Ciencia e Industria, el único importante que quedó en pie y que hoy es un memorial a las víctimas. Manila, por su parte, también fue reducida a nada tras el ataque de los japoneses en 1945.

Aunque las labores de reconstrucción han sido ingentes en todos los países afectados, recuperar esas ciudades tal cual eran a principios del siglo XX es imposible. Sin embargo, es posible hacerse una idea gracias al material fotográfico que superó las vicisitudes de las guerras. Por ejemplo, el que compila Taschen sobre Alemania.


Bajo el título 'Germany Around 1900' (Alemania, alrededor de 1900), la editorial ha compilado 800 fotografías coloreadas en las que podemos ver cómo eran las ciudades alemanas durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX, de ahí el título de la obra. Como explica la propia Taschen, “se presenta una Alemania orgullosa de sí misma, confiada, reluciente y patriótica, a la vez que volcada en el progreso y, para los que se lo podían permitir, con un toque cosmopolita”.

La imagen más antigua es de 1889, mientras que la más moderna fue realizada en 1911. Son auténticas rarezas del fotocromo y su proceso, una técnica que permitía reproducir en color a partir de negativos en blanco y negro. Un arte en el que es especialista el diseñador gráfico, fotógrafo y coleccionista Marc Welter, especializado en fotografías de viajes antiguas, propietario de una de las colecciones más grandes del mundo y editor, junto a la documentalista y escritora Sabine Arqué, de este libro.


De los textos se encarga la historiadora del arte Karin Lelonek, especializada en la fotografía y la arquitectura del siglo XX. Así, vemos castillos de cuento como el Palacio del Gran Ducado de Schwerin, en Mecklenburgo; balnearios en la costa del mar del Norte y el Báltico, la plaza principal de Wernigerode, con un ayuntamiento que fue reducido a cenizas; o la Casa Gremial de los Carniceros de Hildesheim, un edificio histórico de madera en la Baja Sajonia que ardió en marzo de 1945 por un bombardeo. No se reconstruyó hasta finales de los 80, después de derribarse el hotel que en su lugar se levantó en 1962, todo en hormigón.


Editado en inglés, alemán y francés (29 x39,5 cm.; tapa dura con páginas desplegables), el libro se puede adquirir a partir de 150 €. En total son 612 páginas de imágenes llenas de historia y vida, de una Alemania que ya no existe pero que pudo quedar congelada en esas imágenes. Pussar och kramar!

- He comprado entradas para que vayamos a ver una obra de marionetas.

Así comenzaba el anuncio de lo que pensaba que iba a ser una nueva tortura teatral a la que me iba a tener que enfrentar por culpa del rubio. Qué equivocado estaba. Debo reconocer que, independientemente de que se tratara de una obra para adultos, de titiriteros en plena ola antimarionetista y de que fuera en inglés, me encantó ver 'The Table', la obra que representó esta semana en el Teatro La Abadía el grupo Blind Summit.



Me reí mucho (más de lo que imaginaba), me lo pasé bien, se me pasó la hora y cuarto que dura en nada y me debo quitar el sombrero ante el trabajo que desarrollaron sobre el escenario los tres artistas... y la marioneta. ¡Qué grandes! No puedo dejar de recomendarla.

Pussar och kramar!