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El rey de la casa


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Una de las dudas que asalta la mente del ciudadano occidental informatizado y conectado del siglo XXI es: ¿Cuándo se puede abandonar un grupo de WhatsApp sin parecer antipático? Aunque he de confesar que no pertenezco a muchos grupos, y prácticamente ninguno es muy activo salvo temas puntuales, pertenezco a esa inmensa mayoría que los detesta. Y digo mayoría porque aun no me he cruzado con nadie que me haya dicho que le encantan, tanto los grupos en sí como el que tengas tropecientos mensajes sin leer a diario a cada rato, muchas veces con simples saludos.

El caso es que me han metido en un grupo en el que no quiero estar y del que me quiero salir ya mismo. Sin embargo, por una cortesía absurda, voy a hacerlo dentro de unos días. Lo más curioso es que quien lo ha creado es una persona que detesta los grupos, que lo hace por no ir uno por uno (y somos muchos en ese grupo) escribiendo lo mismo una y otra vez o llamando.

No sé si me leerá o no. El cuerpo me pide poner en dicho grupo lo siguiente, pero me voy a abstener porque mi amor hacia esa persona es incondicional y si he de estar unos días en un grupo, se está. Sin embargo, toma nota:

Gracias a los avances tecnológicos, es posible tener el servicio de mensajería de WhatsApp en el ordenador como si fuera la web de un chat. Es como tener la pantalla de tu móvil en la del ordenador. Se llama WhatsApp Web y para hacerlo funcionar solo hay que entrar en la web y escanear con el móvil, a través de la aplicación de WhatsApp, el código bidi que te mostrará la pantalla. Una vez leído, ya está, ya puedes escribir a tus contactos directamente desde el teclado del ordenador.

Solo funciona mientras tengas el móvil conectado a la wifi del propio ordenador, por lo que no se te puede leer a distancia si te lo dejas abierto; e incluso te avisa de que el móvil va mal de batería. Además, para casos como el de esta persona, el comando COPIAR y PEGAR resulta sencillo y mucho más rápido que hacerlo en el móvil. De este modo te ahorras crear grupos pero tampoco pierdes tiempo haciéndolo manualmente con el móvil. Práctico y fácil.

Yo empecé a usarlo porque tengo las notificaciones de esa aplicación en silencio y, a veces, me mandaban mensajes importantes y no los leía hasta mucho después. Como suelo estar escribiendo en el ordenador, evito que me pase con la misma frecuencia. Estoy encantado. Tanto que este año no me dio pereza lo de enviar una ñoñafelicitación navideña en modo de dibujito a los contactos. A través de la web no llevó ni un minuto. Así, sí. Pussar och kramar!


Durante años fue mi mejor amigo. Le consideraba como mi familia en Madrid y el amor que nos profesábamos así lo confirmaba, como el que se pueden tener dos hermanos. Teníamos una forma de ver el mundo tan parecida que era fácil contarnos todo, hablar, abrirse, reírnos... Saber de sus amoríos, contarle los míos, salir de marcha... Y de repente, se marchó de España a trabajar. Y de repente, discutimos. Y de repente, 10 años sin hablarnos.

Ayer hablamos por fin. Me apetece considerarlo mi regalo de Reyes. Hace unos años comenzó un tímido contacto por un mail con una foto que envió un amigo común desde Japón. Muchos meses después le siguió un mail personal, y luego algunos más, no muchos. Finalmente, este otoño, algún intento fallido de comunicar vía Facetime, todos malogrados por culpa de las diferencias horarias, el trabajo y los viajes.

Pero ayer sí fue posible. Una llamada larga. Hablando como si no hubieran pasado 10 años de todo. Me encantaría poder charlar con él de lo que pasó, aunque no sé para qué; pero siento que lo necesito. También que si ese momento llega no va a ser por teléfono. Me gustaría que fuera en persona, aunque he de cruzar el charco para hacerlo. No importa. Ha sido un paso, importantísimo. Y con lo que queda, que seguro que es bueno, es con lo que me quedo.

Pussar och kramar!

Una periodista de prensa femenina abandona su puesto de trabajo en Londres y se marcha al medio del campo por seguir los pasos profesionales de su marido. Y el medio del campo es nada menos que el interior de Jutlandia, la zona menos 'chic' de Dinamarca. ¿Cómo sobrevivir en el medio rural del llamado 'país más feliz del mundo'?

Parece una sinopsis de una novela, pero se trata de una realidad, convertida en ensayo por Helen Russell. Es mi última adquisición de 2015 y el séptimo libro que engrosa mi biblioteca en una semana (entre regalos de cumpleaños y de Navidad, me han caído bastantes). Me he planteado como propósito de Año Nuevo el comenzar y finalizarlo, y es que nunca he leído un volumen completo en inglés y me da al mismo tiempo pereza y miedo de no enterarme de nada.

Hasta ahora, los libros que había leído en otro idioma fueron en catalán o en francés, y tuve que recurrir al diccionario más de lo que hubiera sido esperable. Como no tengo libro electrónico (ni quiero), no puedo utilizar esas herramientas tan chulas de traducción de palabras con solo pulsar sobre ellas, así que tocará instalar una app que haga más rápida la traducción de las dudas.

No sé si llegaré a leerlo más pronto que tarde. ¿Será otro propósito malogrado?
Pussar och kramar!