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El rey de la casa


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Durante años fue mi mejor amigo. Le consideraba como mi familia en Madrid y el amor que nos profesábamos así lo confirmaba, como el que se pueden tener dos hermanos. Teníamos una forma de ver el mundo tan parecida que era fácil contarnos todo, hablar, abrirse, reírnos... Saber de sus amoríos, contarle los míos, salir de marcha... Y de repente, se marchó de España a trabajar. Y de repente, discutimos. Y de repente, 10 años sin hablarnos.

Ayer hablamos por fin. Me apetece considerarlo mi regalo de Reyes. Hace unos años comenzó un tímido contacto por un mail con una foto que envió un amigo común desde Japón. Muchos meses después le siguió un mail personal, y luego algunos más, no muchos. Finalmente, este otoño, algún intento fallido de comunicar vía Facetime, todos malogrados por culpa de las diferencias horarias, el trabajo y los viajes.

Pero ayer sí fue posible. Una llamada larga. Hablando como si no hubieran pasado 10 años de todo. Me encantaría poder charlar con él de lo que pasó, aunque no sé para qué; pero siento que lo necesito. También que si ese momento llega no va a ser por teléfono. Me gustaría que fuera en persona, aunque he de cruzar el charco para hacerlo. No importa. Ha sido un paso, importantísimo. Y con lo que queda, que seguro que es bueno, es con lo que me quedo.

Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Christian Ingebrethsen  

    Pues que bonito, me ha encantado el post y la situación y todo. Vete pensando en hacerle una visita a ese amigo tan especial, seguro que le encanta que vayas y de paso haces turismo.

    Abrazotes.

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