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El rey de la casa


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Quien más, quien menos, hemos dicho u oído que, igual que no escribimos London, sino Londres, no debería ser un problema el uso de los nombres en castellano de ciudades cuyo nombre oficial está en catalán, vasco o gallego.



Sin embargo, llamar a una ciudad por su nombre en castellano puede convertirse en todo un despiste cuando se trata de localidades extranjeras. Ocurre especialmente con las medievales, rebautizadas en nuestro idioma por gente que jamás se planteó que, siglos después, lo de hablar varias lenguas sería más normal que entonces. Así, escribir de Plasencia en un reportaje sobre la Emilia-Romaña despistará a muchísimos, tantos como desconozcan que así se dice Piacenza. Y lo mismo ocurre con Tolosa, la francesa, que es Toulouse, entre otras.



También está el caso de las ciudades cuyo nombre en castellano no es que cree confusión con sus homónimas en España, sino que directamente no sabemos qué lugares son hasta que no las escribimos en su idioma original. Me ha pasado recientemente con Breslavia (que así es como se llama Wroclaw), una ciudad polaca que se suma a otras como Maguncia (Mainz), Lubeca (Lübeck), Lila (Lille) o Vilna (Vilnius).



Al final, se demuestra que, una vez más, es mejor ignorar reglas estrictas e ir adaptando el texto al lector, al momento, a la idoneidad, al mensaje... y que la pureza por la pureza, no es la solución. Pussar och kramar!

Sigo con un poco de síndrome de Estocolmo con respecto a mi último trabajo. Durante más de un año he realizado una labor que me ha consumido, especialmente en lo que respecta a fuerzas, ánimos y ganas de seguir trabajando en esto. Y es curioso, porque se trataba de un puesto que lo tenía todo para que lo amara y no deseara jamás perderlo. Pero, lo que son las cosas, llevaba meses planificando cómo y cuándo dejarlo, e incluso adelanté un mes la fecha que me fijé en un principio.



Para mí, lo más difícil era asumir que no estaba huyendo de un trabajo tóxico, sino liberándome. Hasta que no lo vi claro, que se trataba de lo segundo, no me encontré en paz conmigo mismo. Desde que dejé de ser un asalariado, tengo la sensación de que he perdido mi capacidad de aguante, que cada vez que encuentro dificultades gordas, acabo mandando a la mierda al cliente o al trabajo en cuestión; lo cual no me gusta. Sin embargo, más que una bucólica búsqueda de la felicidad, creo que se trata más bien de evitar situaciones en las que la meta, más que un premio, es todo un castigo, quién sabe si sin retorno.



Y así estoy, con mucho tiempo libre de repente que ya se irá rellenando, y con ganas de que lleguen cosas nuevas. Lo mejor, que están llegando y que, espero, en breve no note económicamente la pérdida del que era mi mayor cliente y, por tanto, los mejores ingresos. Seré más pobre durante el tiempo que dure la recuperación, sí; pero mucho más rico en paz, tranquilidad, tiempo y ganas de hacer cosas. Eso no tiene precio...

Pussar och kramar!


En Philadelphia, en el año 1872, un quesero llamado Lawrence de Chester intentó crear una mezcla más suave con el queso tipo Neufchatel. Sin embargo, se equivocó en sus cálculos y, gracias a ese error, creó un queso fácilmente untable que se convertiría a la larga en el famoso queso que lleva el nombre de la ciudad estadounidense. Para muchos, el ingrediente básico de la receta original de la tarta de queso, con o sin sirope de frutas.

Eso sí, luego hay todo tipo de cambios y adaptaciones, e incluso de tipos de queso. En Madrid, por ejemplo, el restaurante Macarela, especializado en cocina e ingredientes de la provincia de Cádiz, presenta un postre de tarta de queso elaborado con queso Payoyo, la variedad de cabra con más predicamento en la actualidad de los que se elaboran en la serranía gaditana.


No es el único restaurante cuya tarta de queso se adapta a la gastronomía local o cuyo chef cambia la receta para hacer algo completamente original. Lo saben bien en San Sebastián, donde hay clásicos de la tarta de queso como la del Bar La Viña, en el Casco Viejo, que se pide tanto o más que los pintxos y que se hace en tamaños XXL.

Sin embargo, es la del Zuberoa la más diferente. La base es una masa quebrada y el toque secreto es la mezcla de queso azul en el relleno, junto al queso crema. Dulce y salado al mismo tiempo, se sirve ligeramente templada y su consistencia es cremosa y ligera, casi fluida. Dicen que Bruce Springsteen la definió como la mejor del mundo.


En Santander también hacen uso del queso azul. Concretamente en Cañadío, acompañada de una teja de caramelo y, eso sí, sin confituras que contrasten el sabor del queso (este restaurante tiene sucursal en Madrid, por lo que también se puede probar su receta en la capital).

No renuncia al sirope, en cambio, la tarta de queso de Tinto Fino Ultramarino, un local de tapas en Valencia en el que esta tarta reina en los postres. La hacen al estilo americano, pero más alta quizás de lo habitual, muy esponjosa y completamente bañada en un sirope ligero de fresa.



También trata de ser muy fiel a la receta original la que sirven en el Carrot Café, el local de Barcelona donde parece, una vez que entras, que has abandonado la Ciudad Condal para estar en pleno Manhattan (sirven hasta bocata de pastrami). Este local se define como cheesecakería, está en Barcelona.22@ Poble Nou y en su carta de postres hay Cheesecake New York de Nutella con yogur crujiente y Angel's food con crema de turrón y crocanti de almendra.

En Galicia, por su parte, tenemos la tarta de queso de O Rei Pescador, en Vigo, donde se presenta con una textura muy ligera, que se deshace en la boca, y en la que el sirope es caramelo líquido, como si fuera un flan. Con un acompañamiento de compota de manzana. Para chuparse los dedos.

1. La cola para facturar y recoger las tarjetas de embarque es inmensa, y te lleva más de una hora poder hacerlo.

2. Otra cola te espera, aun más lenta y larga, en la zona de control de equipajes de mano y acceso a la terminal. Cuando por fin te toca, el señor de delante tiene que pasar tres veces porque siempre se le olvida algo que debería haber puesto en la maleta.

3. Llega por fin tu turno y te tienen que revisar la maleta de mano porque quieren comprobar que el frasco de colonia es, efectivamente, de 100 ml. y la etiqueta con los mililitros parece estar oculta.

4. Con tanta cola y tanto retraso, el embarque ya comenzó y te toca correr por la terminal. Efectivamente, te ha tocado la última de las puertas, la más alejada de todas.

5. Llegas con la lengua fuera, casi sin aire... para comprobar que el vuelo tiene retraso, recién anunciado, y que hay una cola de más de 200 pasajeros dispuestos a no ser los que se queden sin poder meter su equipaje de mano en la cabina.

6. Sí, efectivamente, cuando te llega el turno del embarque, retraso aparte, tu equipaje tendrá que ir en la bodega.

7. Qué delicia, por fin estás volando... Lástima que no hubiera asientos asignados y te haya tocado uno entre dos personas que apenas te dejan espacio y, para colmo, tu acompañante está a unas 12 filas más adelante.

8. Se te olvidó cargar los aparatos electrónicos, así que olvídate de oír tu música, jugar con tu consola de bolsillo o con tu tablet, están todas a cero batería.

9. ¿Se han puesto todos de acuerdo para poner el aire al máximo de potencia? De repente, estás en un asiento más frío que Siberia. ¡Y tu jersey lo olvidaste en el equipaje de mano! Sí, el que está en la bodega...

10. Empieza a entrarte sed y no es un vuelo en el que sirvan comida. Cuando pides a la azafata tu refresco, esta abre la lata y... alguien la había agitado y te empapa de cola (de paso también a uno de tus compañeros de fila, lo cual te alegra solo un poquito, hasta que ves tu ropa empapada).

11. Turbulencias. De las gordas. Toca rezar.

12. Turbulencias. Otra vez. Justo cuando ibas a ir al baño del avión porque el refresco había 'encendido' la vejiga.

13. Tras 20 minutos aguantando, por fin es posible levantarse e ir al baño... Lástima que otras 8 personas lo hayan pensado antes que tú y tengas que hacer una nueva cola.

14. El piloto anuncia que hay restricciones aéreas en el aeropuerto y toca dar un par de vueltas extras antes de poder aterrizar.

15. Hay aterrizajes malos... pero te ha tocado uno en el que el fuerte viento hace de un viaje en coche en una carretera con baches toda una delicia, al compararlos.

16. Vaya... más de 25 minutos de rodaje en el aeropuerto y nos toca la última de las puertas, de nuevo. Es decir, para salir de allí habrá que hacer la maratón.

17. Nada de pasarela a la terminal. Hay que esperar más de 15 minutos a que llegue un autobús, solo hay uno y, como está lloviendo, tiene mucho trabajo ese día...

18. Te tocan los 200 pasajeros más lentos de la historia a la hora de abandonar un avión.

19. Sí, te toca justo al lado de esos señores con olor insufrible a sudor en el autobús...

20. Vuelves a necesitar un baño urgentemente... y cuando por fin consigues salir del avión y entrar en la terminal... ¿dónde están? El más próximo, a 200 metros...

21. Sí, la maleta no aparece. Equipaje perdido. ¿La cola para poner la reclamación?


22. ¿Quién iba a pensar que no iba a haber ya taxis para cuando sales de la terminal, sin maleta y con la reclamación ya puesta?

Hoy lo tenemos en las latas de bebidas, en los cacharros de cocina, en las ventanas y en trenes y aviones. Hasta los cables de alta tensión están hechos con este metal, por ser más barato y ligero que el cobre. Pero hubo un tiempo en el que con el aluminio se hacían joyas de extravagante valor y en el que reyes con ínfulas de emperador señalaban a sus cortesanos favoritos dándoles de comer en platos de aluminio e insultaban con vajilla de oro a quienes querían despreciar. Usaban barritas de este metal como regalo de singular importancia.

Y sin embargo el aluminio es el tercer elemento de la tabla periódica por su abundancia en la corteza terrestre y el metal más abundante con diferencia. La razón de su desmesurado precio inicial no es su rareza, sino lo difícil que era purificarlo, al menos al principio.

El aluminio fue extraído por primera vez, aunque de modo impuro en 1825 por el químico danés Hans Christian Ørsted. El primero en obtenerlo fue el alemán Friedrich Wöhler dos años más tarde. No pudo procesarse en cantidades razonables hasta que en 1846 el francés Henri Sainte-Claire Deville perfeccionó el método de extracción. Y aún entonces el proceso era tan complejo y los reactivos tan exóticos que se podían obtener cantidades muy escasas, hasta tal punto que Francia decidió mostrar barritas de aluminio como muestra de su poderío científico y tecnológico en la Exposición Universal de 1855.

Para entonces el emperador Napoleón III se había enamorado de la llamada plata de la tierra, tan rara y cara (valía casi 10 veces más que el oro) que se consideraba un metal precioso. El emperador decidió convertirlo en símbolo.

Así, otorgó a Sainte-Claire Deville una pensión anual de 36.000 francos con la condición de que dedicase todos sus esfuerzos a producir aluminio para el imperio. Así nació la famosa vajilla de aluminio de Napoleón III, sus regalos de barritas de aluminio a los huéspedes distinguidos, la moda de los botones de aluminio (para los muy pudientes) y la costumbre de hacer joyas con el metal. Por ejemplo, un sonajero para el heredero del trono que fue considerado un verdadero escándalo por el dispendio desmedido.

En 1884 en EEUU se decidió coronar el Monumento a Washington en la capital que lleva su nombre con una pieza de aluminio de casi tres kilos de peso, la más grande jamás forjada de una vez. Se calcula que la pieza valía tanto como 100 jornales diarios de los trabajadores de la obra.

La moda del aluminio-joya pasó con la caída de Napoleón III tras la guerra franco-prusiana de 1870-71 y especialmente a partir de 1886, cuando se descubrieron dos métodos diferentes (Paul Héroult y Charles Martin Hall) de extracción del metal en grandes cantidades: la producción pasó de una tonelada y media anual en aquellos años a las más de 25.000 toneladas anuales que producimos hoy, cuando es tan común como para resultar plebeyo.

* Artículo completo de José Cervera en eldiario.es

Este muñecajo tan gracioso se llama Hoptimist Woody Bimble y se creó por primera vez en 1968. Desde entonces, no hay quien no sonría al verlo por primera vez, mucho más cuando le das un golpe y sale su cabeza volando gracias al muelle.



No está solo. Tiene una versión femenina que se llama Bimble y un montón de amigos que son variaciones en forma y tamaño del original (más cuadrados, más anchos, más delgados, más altos...). ¡Toda una familia!


Es un diseño del artesano danés Hans Gustav Ehrenreich, y para muchos daneses es, junto a LEGO, uno de los emblemas nacionales en lo que a juguetería se refiere. Se puede encontrar actualmente en más de una docena de colores, además de su versión original en madera. De hecho, esta es la más cara, ya que las de vinilo y plástico se venden por algo más de 26 mientras que la original cuesta 108 €.

Que se nos estaba yendo la cabeza con el tema de los impresionismos gastronómicos era algo conocido, pero que íbamos a pasar de elaborar más de la cuenta un bocadillo o un gin tónic a meternos con el sagrado salmorejo cordobés... ¡Eso es traspasar todas las líneas rojas!

Creo que jamás he echado un plato para atrás en un restaurante así como así. Incluso me ha dado apuro que lo hayan hecho porque se ha enterado el camarero que a mí no me gustan los siropes y me trae diligente un flan sin salsa de fresa o la marranada que fuera lo que llevara.

Ahora, tengo clarísimo que si pido salmorejo y me traen esta cosa con palomitas y cebolla frita de guarnición, así como vinagre en crema de PX, sin haberlo especificado en la carta, no dudaré en gritar bien fuerte. ¡QUITE ESTA BAZOFIA INMEDIATAMENTE DE MI MESA!

En serio, ¡a esto llaman salmorejo!



Visto en Twitter.

Si hay algo que no tengo, eso es Síndrome de Diógenes. Pero esto no quiere decir que haya que ir tirando todo a la basura porque sí. A veces, es mucho mejor guardar y almacenar, sobre todo cuando no son cosas rotas y siguen siendo útiles. Por eso, cuando metes en la lavadora un pantalón con tu iPod Nano en un bolsillo y sacas a ambos relucientes, toca sacar del cajón el que fuera tu primer iPod Chispas y, sí, rezar para que vuelvan a pasar siete años sin lavar ningún aparato de Apple.

PD: Como soñar es gratis, ojalá en unos días se seque del todo el mecanismo del Nano y vuelva a funcionar...

 



Le estoy cogiendo afición a la costumbre de ponerme programas de radio o vídeos de YouTube de videoblogueros que hablan para que suenen de fondo. Son en otros idiomas, y el punto común es que me encantan sus voces. No es que me acompañen ni nada de eso, pero me gusta su sonido. Cuando no tengo ganas de oír canciones, nunca está de más oír el perfecto acento británico de Charlie McDonnell, los programas de música en sueco de RIX FM o el francés de Fabien en Souvenir FM (aunque este último tiene trampa porque es uno de mis mejores amigos). Sí, hoy tenía ganas de confesiones extrañas... Pussar och kramar!

No he podido dejar de analizar un interesantísimo anuncio de una app alemana sobre ejercicio físico, gimnasios, ropa deportiva... La verdad es que no tengo ni idea de qué va, porque lo que realmente me gusta es cómo han sabido presentarse: con el cuerpazo de un merendable rubio que está para hacerse dos burpees. No sé en el de los demás, pero esto en mi gimnasio no pasa. Una pena, porque tengo a varios candidatos fichados que harían genial la versión española del anuncio...



#ayomá. Pussar och kramar!

La reacción de mi cuerpo al gimnasio no tiene ninguna lógica. El otro día, estuve hasta media tarde fuera de casa, por lo que no pude ir al gimnasio hasta las siete. No pude terminar del todo la rutina de lo agotadísimo que estaba, y no había hecho gran cosa en todo el día. Sí que estuve fuera, pero haciendo cosas muy tranquilas.

En cambio, ayer, que pasó más o menos lo mismo, terminé mucho más fresco. Y eso que acabé yendo a las 20.30 h., porque llegué tarde a casa y quise adelantar bastante trabajo antes de irme al gimnasio, sobre todo por si me volvía cansar tanto que luego no pudiera ni encender el ordenador por falta de fuerzas.

Al mismo tiempo, hay días que voy a mediodía y me deja baldado para el resto de la tarde y otros, haciendo la misma rutina y de la misma forma, salgo de entrenar bastante bien y no me cuesta ponerme a trabajar...

En fin, que mi cuerpo no hay quien lo entienda. Pussar och kramar!

Por cierto, no me resisto a poner la foto de antes de ayer. Es flipante lo fácil que una heridita de nada puede convertirse en toda una escabechina visualmente hablando, oiga.

Como a prácticamente a todo el mundo, no soporto la hipocresía. Pero en este caso no quiero hablar de la doble moral, sino de la hipocresía que, algunos, tienen hacia sí mismos y la actitud que tienen ante la vida. Me explico:

¿Quién no conoce a ese tipo de personas que se pasan el día con frases grandilocuentes, de ánimo y optimismo, vacías de contenido pero que para ellos (o peor aun, para los que lo leen) son casi una medicina y una inyección de moral? Algunas de ellas, además de escribir tuits o colgar en Instagram ese tipo de imágenes, también lo hacen en sus blogs, queriendo dar lecciones de ánimo, utilizarlo como coaching para sí mismo o yo que sé. Pero, precisamente porque han decidido hacer público ese tipo de razonamientos y vender optimismo barato a granel, ¿por qué demonios no contestan a los mensajes que les dejan sus lectores?

Es decir, si estamos de acuerdo en que la actitud lo es todo, que hay que afrontar la vida con una sonrisa, que si la puerta se cierra y la ventana se abre y bla, bla, bla... cursiladas y paparruchas varias, ¿no va en contra de todo el karma-power que se ignore a los lectores que pierden su tiempo en dejar frases de ánimo o de empatía con el bloguero que está chungo?

Al final, como no podía ser menos, LE VA A VOLVER A PONER UN COMENTARIO SU PUTA MADRE. Pussar och kramar!



Cuando crees que los medios en papel no pueden ser prescriptores de nada, te sorprendes a ti mismo entrando en YouTube para escuchar de qué van las canciones de ese chico tan mono que sale en un recuadro de la página por la que ha dejado el rubio abierta una revista gratuita que cogió hace unas semanas en Chueca. Sí, las hormonas es lo que tienen, que te llevan a curiosear.

El resultado, afortunadamente, fue el descubrimiento de una canción que lleva todo el mes acompañándome de forma machacona, que me encanta y me levanta el ánimo, que me reconcilia con muchas cosas y que espero que aporte muchos éxitos a su autor, el gallego Fredi Leis. Es cierto que el resto de temas de su disco no me engancharon del mismo modo, pero eso no quiere decir que no vaya a seguirle la pista. Y más si tiene letras como la de esta 'Estrellas fugaces'...



Pussar och kramar!

Pocas imágenes son tan impactantes como las que muestran la devastación completa de las ciudades que fueron arrasadas durante la Segunda Guerra Mundial, el conflicto hasta la fecha más destructor de la historia. La francesa de Caen, por ejemplo, fue devastada en más de un 80% y llevó 14 años reconstruirla (incluyendo la catedral de St. Jean), también Coventry, en Reino Unido, tuvo que rehacerse; o Rotterdam, cuyo centro fue llevado a cenizas. En Alemania, es famoso el caso de Dresde, que fue atacada repetidas veces por los Aliados y casi completamente destruida; así como Berlín, en la última parte de la guerra.


Pero no se trata de un fenómeno europeo. Hiroshima, tras arrojar el ejército de Estados Unidos su bomba nuclear sobre ella, fue arrasada, salvo parte de la estructura del Museo de Ciencia e Industria, el único importante que quedó en pie y que hoy es un memorial a las víctimas. Manila, por su parte, también fue reducida a nada tras el ataque de los japoneses en 1945.

Aunque las labores de reconstrucción han sido ingentes en todos los países afectados, recuperar esas ciudades tal cual eran a principios del siglo XX es imposible. Sin embargo, es posible hacerse una idea gracias al material fotográfico que superó las vicisitudes de las guerras. Por ejemplo, el que compila Taschen sobre Alemania.


Bajo el título 'Germany Around 1900' (Alemania, alrededor de 1900), la editorial ha compilado 800 fotografías coloreadas en las que podemos ver cómo eran las ciudades alemanas durante las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX, de ahí el título de la obra. Como explica la propia Taschen, “se presenta una Alemania orgullosa de sí misma, confiada, reluciente y patriótica, a la vez que volcada en el progreso y, para los que se lo podían permitir, con un toque cosmopolita”.

La imagen más antigua es de 1889, mientras que la más moderna fue realizada en 1911. Son auténticas rarezas del fotocromo y su proceso, una técnica que permitía reproducir en color a partir de negativos en blanco y negro. Un arte en el que es especialista el diseñador gráfico, fotógrafo y coleccionista Marc Welter, especializado en fotografías de viajes antiguas, propietario de una de las colecciones más grandes del mundo y editor, junto a la documentalista y escritora Sabine Arqué, de este libro.


De los textos se encarga la historiadora del arte Karin Lelonek, especializada en la fotografía y la arquitectura del siglo XX. Así, vemos castillos de cuento como el Palacio del Gran Ducado de Schwerin, en Mecklenburgo; balnearios en la costa del mar del Norte y el Báltico, la plaza principal de Wernigerode, con un ayuntamiento que fue reducido a cenizas; o la Casa Gremial de los Carniceros de Hildesheim, un edificio histórico de madera en la Baja Sajonia que ardió en marzo de 1945 por un bombardeo. No se reconstruyó hasta finales de los 80, después de derribarse el hotel que en su lugar se levantó en 1962, todo en hormigón.


Editado en inglés, alemán y francés (29 x39,5 cm.; tapa dura con páginas desplegables), el libro se puede adquirir a partir de 150 €. En total son 612 páginas de imágenes llenas de historia y vida, de una Alemania que ya no existe pero que pudo quedar congelada en esas imágenes. Pussar och kramar!

- He comprado entradas para que vayamos a ver una obra de marionetas.

Así comenzaba el anuncio de lo que pensaba que iba a ser una nueva tortura teatral a la que me iba a tener que enfrentar por culpa del rubio. Qué equivocado estaba. Debo reconocer que, independientemente de que se tratara de una obra para adultos, de titiriteros en plena ola antimarionetista y de que fuera en inglés, me encantó ver 'The Table', la obra que representó esta semana en el Teatro La Abadía el grupo Blind Summit.



Me reí mucho (más de lo que imaginaba), me lo pasé bien, se me pasó la hora y cuarto que dura en nada y me debo quitar el sombrero ante el trabajo que desarrollaron sobre el escenario los tres artistas... y la marioneta. ¡Qué grandes! No puedo dejar de recomendarla.

Pussar och kramar!

Una de las dudas que asalta la mente del ciudadano occidental informatizado y conectado del siglo XXI es: ¿Cuándo se puede abandonar un grupo de WhatsApp sin parecer antipático? Aunque he de confesar que no pertenezco a muchos grupos, y prácticamente ninguno es muy activo salvo temas puntuales, pertenezco a esa inmensa mayoría que los detesta. Y digo mayoría porque aun no me he cruzado con nadie que me haya dicho que le encantan, tanto los grupos en sí como el que tengas tropecientos mensajes sin leer a diario a cada rato, muchas veces con simples saludos.

El caso es que me han metido en un grupo en el que no quiero estar y del que me quiero salir ya mismo. Sin embargo, por una cortesía absurda, voy a hacerlo dentro de unos días. Lo más curioso es que quien lo ha creado es una persona que detesta los grupos, que lo hace por no ir uno por uno (y somos muchos en ese grupo) escribiendo lo mismo una y otra vez o llamando.

No sé si me leerá o no. El cuerpo me pide poner en dicho grupo lo siguiente, pero me voy a abstener porque mi amor hacia esa persona es incondicional y si he de estar unos días en un grupo, se está. Sin embargo, toma nota:

Gracias a los avances tecnológicos, es posible tener el servicio de mensajería de WhatsApp en el ordenador como si fuera la web de un chat. Es como tener la pantalla de tu móvil en la del ordenador. Se llama WhatsApp Web y para hacerlo funcionar solo hay que entrar en la web y escanear con el móvil, a través de la aplicación de WhatsApp, el código bidi que te mostrará la pantalla. Una vez leído, ya está, ya puedes escribir a tus contactos directamente desde el teclado del ordenador.

Solo funciona mientras tengas el móvil conectado a la wifi del propio ordenador, por lo que no se te puede leer a distancia si te lo dejas abierto; e incluso te avisa de que el móvil va mal de batería. Además, para casos como el de esta persona, el comando COPIAR y PEGAR resulta sencillo y mucho más rápido que hacerlo en el móvil. De este modo te ahorras crear grupos pero tampoco pierdes tiempo haciéndolo manualmente con el móvil. Práctico y fácil.

Yo empecé a usarlo porque tengo las notificaciones de esa aplicación en silencio y, a veces, me mandaban mensajes importantes y no los leía hasta mucho después. Como suelo estar escribiendo en el ordenador, evito que me pase con la misma frecuencia. Estoy encantado. Tanto que este año no me dio pereza lo de enviar una ñoñafelicitación navideña en modo de dibujito a los contactos. A través de la web no llevó ni un minuto. Así, sí. Pussar och kramar!


Durante años fue mi mejor amigo. Le consideraba como mi familia en Madrid y el amor que nos profesábamos así lo confirmaba, como el que se pueden tener dos hermanos. Teníamos una forma de ver el mundo tan parecida que era fácil contarnos todo, hablar, abrirse, reírnos... Saber de sus amoríos, contarle los míos, salir de marcha... Y de repente, se marchó de España a trabajar. Y de repente, discutimos. Y de repente, 10 años sin hablarnos.

Ayer hablamos por fin. Me apetece considerarlo mi regalo de Reyes. Hace unos años comenzó un tímido contacto por un mail con una foto que envió un amigo común desde Japón. Muchos meses después le siguió un mail personal, y luego algunos más, no muchos. Finalmente, este otoño, algún intento fallido de comunicar vía Facetime, todos malogrados por culpa de las diferencias horarias, el trabajo y los viajes.

Pero ayer sí fue posible. Una llamada larga. Hablando como si no hubieran pasado 10 años de todo. Me encantaría poder charlar con él de lo que pasó, aunque no sé para qué; pero siento que lo necesito. También que si ese momento llega no va a ser por teléfono. Me gustaría que fuera en persona, aunque he de cruzar el charco para hacerlo. No importa. Ha sido un paso, importantísimo. Y con lo que queda, que seguro que es bueno, es con lo que me quedo.

Pussar och kramar!

Una periodista de prensa femenina abandona su puesto de trabajo en Londres y se marcha al medio del campo por seguir los pasos profesionales de su marido. Y el medio del campo es nada menos que el interior de Jutlandia, la zona menos 'chic' de Dinamarca. ¿Cómo sobrevivir en el medio rural del llamado 'país más feliz del mundo'?

Parece una sinopsis de una novela, pero se trata de una realidad, convertida en ensayo por Helen Russell. Es mi última adquisición de 2015 y el séptimo libro que engrosa mi biblioteca en una semana (entre regalos de cumpleaños y de Navidad, me han caído bastantes). Me he planteado como propósito de Año Nuevo el comenzar y finalizarlo, y es que nunca he leído un volumen completo en inglés y me da al mismo tiempo pereza y miedo de no enterarme de nada.

Hasta ahora, los libros que había leído en otro idioma fueron en catalán o en francés, y tuve que recurrir al diccionario más de lo que hubiera sido esperable. Como no tengo libro electrónico (ni quiero), no puedo utilizar esas herramientas tan chulas de traducción de palabras con solo pulsar sobre ellas, así que tocará instalar una app que haga más rápida la traducción de las dudas.

No sé si llegaré a leerlo más pronto que tarde. ¿Será otro propósito malogrado?
Pussar och kramar!