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El rey de la casa


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La bandera de la imagen de arriba no se corresponde con ningún país, pero ahí está, ondeando al viento. Se encuentra en Aqaba, la ciudad del sur de Jordania en plena costa del mar Rojo, pero no luce el emblema del reino, sino que enarbola la que se considera que es la bandera de la revolución árabe.

Erigida en 2004, fue la segunda más alta del mundo cuando se inauguró (desconozco si le han quitado la medalla de plata). Lo que sí mantiene es un récord muy curioso. Gracias a su altitud y a su situación estratégica, es la única bandera del planeta que es visible al mismo tiempo desde cuatro países: Jordania, Israel, Egipto y Arabia Saudí.

El próximo sábado tendré la suerte de estar a sus pies y, espero, verla ondear gracias al viento del mar Rojo. Supongo que verá la costa de Israel, y también, a lo lejos, Egipto. Más difícil será hacerlo de Arabia Saudí, pero no me importaría subirme a algún monte si es necesario. Es lo que tiene ser un freaky de las banderas, que de repente te vas una semana a Jordania y lo que más ilusión te hace es un mástil con un trozo de tela...



Pussar och kramar!



En el dormitorio de mi cuarto en Jerez hay un póster gigante de Petra. Lleva ahí muchísimos años, tantos que, por lo visto, ha generado en mi madre la necesidad imperiosa de ir a Jordania y ver, en persona, si es tan bonita la realidad como la foto. Me temo que seré yo el primero que pueda dar una opinión al respecto. Será este viernes, en la tercera jornada de una visita al país que, espero, sea tan interesante como intensa (al menos la agenda que llevamos así lo permite pensar).

Tengo ganas de ver cómo es la realidad del país, o al menos lo que podamos apreciar. Sé que Jordania no es el paraíso que Rania y su imponente aparato de márketing han creado en las revistas del corazón, pero quiero saber hasta qué punto se puede vivir bien o no en el país, cómo es el día a día, sus carreteras, sus infraestructuras... Muchas ganas de ir, y no solo por Petra.

Pussar och kramar!

George Barr McCutcheon nació en Lafayette (Indiana) en 1866. En 1901 publicó 'Graustark: The Story of a Love Behind a Throne', una novela de aventuras ambientada en un imaginario reino europeo que fue un gran éxito y que dio pie a una larga saga.

En pleno éxito literario, se apostó 100 dólares con su editor de Grosset & Dunlap a que podía repetir el éxito con una novela publicada con seudónimo, desafiando así la idea de que el nombre del autor era lo más importante para la popularidad de una obra.

Durante seis semanas se dedicó a escribir 'Los millones de Brewster', que sería publicada en 1902 bajo el sobrenombre de Richard Greaves como autor. En los primeros tres meses en el mercado, la novela vendió 150.000 ejemplares y McCutcheon ganó la apuesta a su editor.

Ayer comencé a leer esta novela y me ha conquistado. Ya me he 'bebido' sus primeras 100 páginas y no sé si quiero seguir porque me da miedo acabármela antes de tiempo. Querría saborearla, paladearla lentamente como si fuera una onza de chocolate negro. Será difícil, pues tengo un vuelo este jueves y me temo que caerá en uno de los saltos. Mientras, trataré de que la suerte, como a Brewster, no me sea esquiva.

Pussar och kramar!