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El rey de la casa


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He aprendido a hacer cuestionarios tipo concurso para el portal web en el que trabajo y, la verdad, estoy bastante ilusionado, porque de siempre he tenido un alma de presentador de concursos en mi interior. Para celebrarlo, he querido incluir en el blog algo que nunca suelo hacer: poner fotos mías. Claro que a modo de juego. ¿Eres capaz de adivinar si soy yo o no el de las imágenes? Pussar och kramar!

Mentiría si dijera que te echo de menos a diario, porque no lo hago. También lo haría si dijera que me das igual, que he pasado página, que te he guardado en el cajón de recuerdos del pasado, ese lugar mágico en el que las cosas malas se difuminan al mismo tiempo que las buenas se tornan aun más buenas por arte de magia.

La realidad es que, a veces, como ahora, me entran ganas de verte, de darte un abrazo. Me encantaría que, el día que volvamos a vernos, todo fuera así de sencillo. Un abrazo y, por arte de magia, como si no hubieran pasado los años. No sé ni por dónde empezar a hablar si tenemos que ponernos al día. Lo que sí creo es que tardaremos mucho más en hablar de lo que pasó. No soy orgulloso, pero se trató de una competición y no voy a dejarme ganar. No porque me dé miedo perder, sino porque no quiero que ganes.

¿Por qué tan lejos? ¿Por qué tan complicado todo? ¿Por qué ni una sola oportunidad de ir en todos estos años? Jugueteo con la locura de plantarme allí solo para arreglarlo. Al menos, me consuela pensar que soy demasiado pobre para hacerlo. Menos mal, porque mi biografía está llena de locuras que hago solo porque el impulso es mucho mayor que el raciocinio, y ya me arrepiento de muchas. También es cierto que ninguna me ha hecho más pobre, sí más experimentado, sí más conocedor de que no tengo arreglo.

Hoy sí te he echado de menos. Y no en abstracto o por alguna razón que ligeramente me recuerde a ti. Sino porque he pensado en ti, porque quería oír tu voz, verte, hablarte... pasar ya de una vez la página de la que debe ser nuestra primera conversación después de tantos años. Me da miedo, me pone nervioso... ¿y si no resulta como espero? ¿y si me he ilusionado demasiado? ¿y si me decepcionas? ¿Será mejor dejarlo así? Total, una quimera más en el aire, ¿qué daño puede hacerme?

Te echo de menos.


Hemos tomado por costumbre cenar viendo algún programa ya emitido por La Sexta y que no pudimos ver en directo. Así, hay cenas que se amenizan con 'El club de la comedia', otras con 'Zapeando' y, dependiendo de la actualidad del día, con el informativo de las 20.30 h, si es que ya lo han puesto en la aplicación de A3Media.

Ayer me gustó mucho un comentario que hizo uno de los colaboradores de 'Zapeando'. Estaban hablando sobre parejas que, pareciendo muy jóvenes en las fotos, afirmaban llevar juntos más de 10 años. Uno hizo una broma sobre si es que empezaron a salir en la guardería, a lo que Quique Peinado, que tiene precisamente un hijo pequeño, contestó algo así como que "tendré que tener cuidado, no vaya hoy a recogerlo y ya se me haya echado el niño una novia... o un novio".

Lo dijo tras una pequeña pausa, pero no para hacer un chiste, sino de una forma que daba a entender que no tenía por qué dar por hecho que tenía que ser una chica lo que interesara a su hijo, sino que será lo que sea. Y me pareció genial porque poco a poco se empiezan a romper tabúes y modos.

Ayer, mientras unos discutían sobre la boda de Maroto, el uso de adjetivos o no para describirla y lo acertado o no de dejarle la invitación sin responder a los novios, el mismo programa incluía una foto de dos chicos en la sección en la que se trataba de adivinar cuánto tiempo llevaban juntos diferentes parejas que enviaron al programa sus fotos.

Eso es normalidad. Lo de Maroto, como bien dice este tuit, un combo difícil de igualar. Pussar och kramar!


Ayer me fui a cenar con mi amigo Nacho a un nuevo restaurante mexicano que han abierto en Madrid. Debo confesar que tengo una debilidad por él. Y no me refiero a que me parezca guapete o no, sino a que le llevo diez años de edad y fui testigo de su inicio como profesional en la que por aquel entonces era mi revista. Él no era un becario puro y duro, pero si un junior que iba a pasar su primer año completo de trabajo en un medio de comunicación de verdad.

Y siendo como es, nos deslumbró por su profesionalidad, su buen hacer... Y eso que al principio casi no hablaba, de lo tímido que nos quería hacer ver que era. Luego nos dimos cuenta que no, que era más bien cautela del que es inteligente 'per se'.

El caso es que hacía tiempo que no nos veíamos y me encantó poder estar con él, charlando de todo y de nada, de nuestras vidas, de la profesión, de comida mexicana, de las vacaciones (las suyas)... Unas horas en las que ninguno sintió la necesidad de ver el móvil, o de responder a alguna conversación. En las que solo lo utilicé yo, para hacer una foto que tuiteé y que me hizo sentir algo culpable porque Nacho, activo y presente en redes sociales, no hizo ni el intento, ni mostró interés en compartir nada, sino solo en centrarse en pasarlo bien conmigo.



Dicen que la generación que sigue a la mía tiene el cerebro comido por las redes sociales, los gadgets, la necesidad de conexión y comunicación. Yo ayer vi un claro ejemplo de que se equivocan los que generalizan. Es más, a nuestro alrededor había muchos periodistas (era una cena de prensa), la mayoría mayores que yo o de mi quinta, y sí que estaban más pendientes de tuitear, charlar por whatsapp o directamente hablar por el móvil que en las conversaciones de los que tenían a su lado.

Brindo por Nacho. Y gracias por regalarme unas horas de amistad, complicidad y conversación que en este periodo de mi vida significan tanto para mí.