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El rey de la casa


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Hay quien tiene la suerte de no tener que preocuparse por cómo, dónde ni cuándo tener que tender la ropa que se acaba de lavar. No es mi caso, así que pertenezco a esos muchos que miran el cielo con preocupación si tienen que poner una lavadora y no hay ni un rayito de sol en el horizonte, y que da saltos de alegría cuando el Astro Rey pega fuerte porque podrá poner varias coladas seguidas y dejar a cero el cesto de la ropa sucia.

Hace unas semanas, a mi vecina de al lado se le abrió el techo por una tromba de agua que hubo en Madrid. Por la mañana vinieron los bomberos y la Policía. No quiso llamarles antes para no despertarnos ni a nosotros ni a su sobrina que había venido de visita, y estuvo horas achicando agua lo más silenciosamente posible. No solía hablar mucho con ella, pero me acerqué a interesarme y a ofrecerme en ayudar en lo que necesitara cuando se fueron todos los cuerpos de seguridad y me lo contó. Me quedé estupefacto.

El caso es que la señora agradeció mucho el gesto y, desde entonces, cuando nos vemos o cruzamos, charlamos un rato. La verdad es que es un encanto y nos caemos muy bien. El rubio aun no ha coincidido, así que a él no le conoce. Y ella solo vive aquí dos días a la semana por motivos de trabajo, por lo que no es fácil cruzarse con ella.



Hoy la saludé de ventana a ventana, como en las postales costumbristas clásicas, mientras recogía lo que había tendido el día anterior, que estaba ya seco, aunque congelado. Aprovechó para darme permiso para aprovechar su tendedero, que es paralelo al mío. "Con lo que cuesta ahora que se sequen las cosas, no dejes de usar el mío para tener más cosas al aire y no en el tendedero de dentro de casa", me dijo.

Ella no lo sabe, pero me ha hecho feliz. Con vecinas así, da gusto. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Sufur  

    ¡Para que luego digan que la ciudad está deshumanizada!

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