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El rey de la casa


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A bordo, le llamamos 'crocantino'. Fuera del Costa Diadema, simplemente, helado de almendra. Como diría un caballero medieval, vive Dios que es de lo más rico que he probado en mi vida. Y si encima tenemos barra libre de semejante ambrosía... El resultado es un catarrazo de aupa, con garganta inflamada y una sinusitis galopante que casi me deja para el arrastre y que me regaló uno de los peores vuelos de mi vida. Pero sarna con gusto no pica, y si para descubrir semejante maravilla casi muero en el intento, me quedo con el casi, que para eso sigo vivo y con el paladar aún más ilustrado que antes.

Por cierto, confirmado que mejor no piso un crucero mientras lo pueda evitar... o que tenga que engordar urgentemente 10 kilos, porque menuda cantidad de comida es un ser humano capaz de comer en uno de esos barcos... Al final, por mucho gimnasio, mucha piscina, mucho spa y mucho de todo, te pasas al día comiendo, digiriendo o preparándote para comer. Y así no hay quien mantenga la línea.



Estrenar un barco es una cosa única. Verlo salir de astilleros, con los trabajadores del mismo reunidos en masa por toda la infraestructura despidiéndose de 'su niño', los tripulantes emocionados, el pasaje conteniendo el aliento... Y a eso le sumas la sensación de que eres la primera persona en sentarse en esa silla, en dormir en ese camarote, en pedir un Aperol Spritz a ese camarero... o en disfrutar de un espectáculo de música y baile increíble, pudiendo saludar y felicitar a la coreógrafa, que nerviosa apuntaba los fallos que iba viendo en un cuaderno rodeada de sus amigos...

Increíble experiencia la del Costa Diadema. Fui el único periodista español presente a bordo y no puedo negar que no fuera todo un honor. Ahora a tratar de trasladar tanta emoción en mis artículos sobre el barco... Pussar och kramar!

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