Archives

El rey de la casa


WorldKnown

WorldKnown

Galería de arte

buy posters and art prints

He llegado a la conclusión de que tengo lo que se denomina Síndrome del Tío Matt, o lo que es lo mismo, un enamoramiento tal por los viajes que la vida carece de sentido si no se está a las puertas de uno. El nombre rinde homenaje al famoso personaje de Fraggle Rock, que mandaba postales a su sobrino desde el mundo exterior (nunca nos planteemos cómo llegaban, basta con saber que lo hacían).

Estos meses de cambio profesional abrupto se han visto acompañados de muchos ajustes. Uno de ellos ha sido el de los viajes. De repente, mi agenda se llenaba de fines de semana en Madrid, y entre semana, también, porque tampoco abundaban los viajes de prensa ante la falta de presupuesto de las firmas. Era un calendario demasiado en blanco... y me estaba volviendo loco, o más bien tornándome triste y apagado.

Las expectativas viajeras, que pasan por una escapada en el puente de la Constitución y otros dos viajes en primavera no terminaban de llenarme, aunque son viajes que me tienen muy ilusionado. El problema era que el rubio y yo reservamos las vacaciones de fin de año para un gran viaje y, anulado el que queríamos por falta de dinero, encontrar otro estaba siendo un imposible.

Lo realmente frustrante era que mis búsquedas daban fruto, pero no lo suficiente. Es decir, encontraba auténticas gangas si tuviera hoy el mismo sueldo que cuando trabajaba en Fuera de Serie, como una semana en Grecia y Chipre, recorriendo varias ciudades, vuelo y hoteles por menos de 750 €; o diez días en Cabo Verde por unos 800 €. Precios que, teniendo en cuenta la semana de la que se trata, están de rechupete (desengañémonos, esa semana no hay gangas de pensión completa en el Caribe por 200 €). Pero la realidad era que aún así, excedía lo que me podía gastar.

Me di cuenta de que era una situación que estaba ahogándome, hasta el punto de que realmente me hacía sentir desgraciado. Al final, apareció. No era la mayor ganga del mundo, pero sí una oferta muy buena (que luego los mamones de Destinia con sus tasas ensombrecieron un poco) que no quería dejar pasar. Y, para más casualidad, encontré una segunda a un hotel justo donde yo quería, con muy buena pinta y desayuno incluido. ¿El presupuesto? Si nos ajustamos un poquito allí, lo cubrimos sin problemas.


Ha sido mano de santo. Desde que cerramos vuelo y hotel, tengo una sonrisa en los labios perenne e incluso veo el resto de escapadas con mucha más alegría. Y como parece que un viaje llama a otro, me han invitado a probar un hotel y su nuevo spa en Ibiza, isla en la que nunca he estado y que me llama mucho la atención. Sí, no hay nada como tener de nuevo el calendario lleno de marcas para ser feliz. Es lo que tiene sufrir de Síndrome del Tío Matt, que es la única medicina posible... Pussar och kramar!

0 comentarios

Publicar un comentario