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El rey de la casa


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El pasado mes de mayo me regalaron unas semillas de petunia para que las plantara en una especie de lata llena de arena especial llena de nutrientes. Planté seis semillas de las que solo germinaron dos. La cosa no empezaba muy bien, pero era optimista. Los dos brotes crecieron relativamente rápidos y en dos semanas ya tenían sus hojas y todo. El problema eran las flores, ¿por qué no salían?

Como soy nuevo en esto, todos me decían que no desesperara, que como crecían de cero debía ser paciente y no descartar nada, ya que seguían creciendo. El caso es que llegó finales de julio y ambos brotes, aunque habían crecido bastante, tenían muchas hojas e incluso había aprendido qué debía podar y cortar, seguían sin florecer. ¡Y me iba un mes de vacaciones! Realmente, iban a estar dos semanas sin agua, porque el rubio las cuidaría mientras...

A la vuelta de las vacaciones, milagrosamente, no había muerto. Seguía igual que la dejamos, más o menos. Era desesperante y casi que hubiera preferido que se muriera, porque estaba harto de que no floreciera nunca y se suponía que septiembre era el mes límite de la petunia.

Dos días más tarde, sin embargo, amanecí y me encontré con esto...



No duró abierta ni 24 horas, pero qué alegrón me llevé. Y la semana pasada creció la segunda, que también duró muy poquito abierta. A que al final me hago agricultor...
Pussar och kramar!

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