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El rey de la casa


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La tomata no pasará nunca por ser el tomate más bonito, pero madre mía qué sabor, qué riqueza de textura, qué explosión de vitaminas... Volver de Calahorra cargados de hortalizas recolectadas en los huertos de mis familiares políticos y amigos, cultivadas sin apenas químicos y para el consumo privado, me ha reconciliado más que nunca con el mundo del campo. Durante dos semanas he vuelto a aprender a qué sabe un tomate, que una cebolla es gigante y que los calabacines son bastante irregulares.

Y no hace falta ser gourmet para notar la diferencia, porque la tomata, al partirla, es como poner carpaccio sobre el plato. Nada de huecos y tomates que solo tienen agua en su interior y que acaban siendo gajos en forma de media luna. Qué delicia... utilicé la última en la ensalada que compartí con un amigo, sin decirle nada sobre los tomates, y no tardó ni medio minuto en decirme que de dónde había sacado esos tomates tan exquisitos.

Volver a tener que comprar los que venden en mi calle convirtió mi siguiente ensalada en un mar de lágrimas... Como si le faltara agua a esos tomates... Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. rickisimus2  

    Hace un par de años fuimos a Italia y compramos en un supermercado de un pueblo los tomates más baratos y nos ocurrió algo similar: eran exquisitos. Hacía años que no comíamos un tomate "con sabor a tomate".

    ¿Qué coñ* nos venden en los mercados? ¿Por qué no protestamos? ¿Por qué no se pueden encontrar tomates "con sabor a tomate"?

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