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El rey de la casa


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Ayer pasaron muchas cosas, pero a mí me dio bastante igual todo. Y no porque no me alegrara de que por fin se vaya el campechano, o de que un juez borracho demuestre que SÍ, SE PUEDE dimitir en este país, o de que es posible acabar con todo un Gobierno local por prevaricación de un plumazo. Me alegro, y mucho. Pero ayer pasaron muchas cosas, y solo una me importó. No tanto como para no ver el capítulo de Juego de Tronos, ni para troncharme con la selección exquisita de tuits de personas con derecho a voto que se quejaban del cambio de programación en TeleCinco por causa de la abdicación...



Es interesante comprobar cómo dependiendo de lo que te afecte un hecho en particular todo lo demás deja de tener consistencia. Algunos dirán que es el YO egoísta que tenemos los hombres y que, por muy solidario que se sea, nunca deja de estar ahí. Pero yo creo que es, más bien, porque el dolor en carne propia, por muy empático que se sea, nunca es comparable al ajeno. No sé qué filosofo dijo que si cada hombre pudiera poner sus problemas en el centro de un círculo y luego cada uno coger el de otro, para así librarse de los suyos, nadie querría ninguno más que el suyo propio. Sí, serán dolorosos, pero son los nuestros. Y cuando surge, se convierte en titular de portada. El mío, ayer, tenía también seis columnas. Y como lo del Rey, tampoco nunca lo había presenciado en vida. Ver para creer. Pussar och kramar.

1 comentarios

  1. Ladonnabupu  

    Jo, tío, qué intriga!!

    Besitos!

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