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El rey de la casa


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Esta noche, cuando la gran mayoría de españoles que conozco estén tomando las doce uvas, el rubio y yo hará una hora que lo hayamos hecho. Y es que entramos en 2015 en un huso horario diferente, en consonancia con la prisa que tenemos para que acabe este 2014 más lleno de agobios y neuras que de alegrías y festejos. Veremos fuegos artificiales, sí, pero sobre un marco majestuoso: la Acrópolis, y es que nos vamos a Atenas a pasar allí la última semana del año.

De hecho, esta entrada está programada, porque llevamos en Grecia desde el lunes. Ha costado, pero conseguimos informarnos antes de marchar de todo lo que se ha proyectado en la ciudad para las fiestas, que también duran hasta reyes, como en España. Además, hay un gran parque temático navideño, con mercadillos y todo tipo de juegos, justo al lado del denominado 'barrio gay', que habrá que ver si es barrio o, como suele ocurrir, dos calles y media. De todos modos, se llama Gazi, está al lado y eso es un punto a favor.

Mañana, cuando el Telediario esté haciendo un repaso por cómo entraron en 2015 en diferentes puntos del planeta y salgan los fuegos artificiales sobre el Partenón, ahí estaré yo, botando en su base con el concierto que hay previsto esta noche de 23.00 a 03.00 h. Quién sabe, soñar es gratis, ojalá estén sobre el escenario Mixalis Xatzigiannis y Elena Paparizou... Sería un sueño hecho realidad.
Pussar och kramar!

¿Hay algo más 'demodé' que un blog? ¿Hay algo más pasado de vueltas que un 'top' recopilatorio o una lista de lo que sea a finales de diciembre? ¿Y si recuperamos una lista en un blog? ¡Ni que esto fuera 2008!

El caso es que no tengo ganas ni tiempo para hacer una compilación de canciones como sí hice en otras épocas de mi vida que, de lejanas, casi que parece que fueron cuando aún estaba en el instituto. Así que, en vez de hacer un top, una lista o algo así, voy a poner algunas canciones que este año han marcado mi vida.

Y eso obliga a empezar por una que sería divertido que fuera también un propósito. Lo confieso... quiero aprender a bailar la coreografía de los bailarines de Heyne en 'Red Lie'. Bueno, también querría que tres de sus bailarines me enseñaran otras cosas, pero me conformaré por ahora con los pasos de baile... La canción es una tontada pop, pero me anima muchísimo y me da mucha energía y positividad. Y como de eso no voy sobrado, pues me quedo con este tema para recordar 2014 con una sonrisa.



2014 también ha sido el año definitivo de mi idilio con la música en ruso. Lo que comenzó como un 'qué nombre tan curioso tiene esa chica' se ha convertido en todo un karaoke andando por Madrid los días tristes. Nada como 'enchufarse' a Polina Gagarina... o más concretamente a sus canciones de hace varios años, porque todas las que me gustan son antiguas. Cosas de descubrirla ahora.



Y si toca unir ambos conceptos: rusos y coreografías, en ese caso, toca añadir el que es el nuevo himno no oficial de Alemania y que, sí, me encanta. Todo empezó por el vídeo de los dos policías austriacos haciendo un playback de la canción en su coche. Grazias a a Shazam, no tardé en descubrir el 'Atemlos durch die Nacht' de Helene Fischer. Su videoclip oficial es muy schlager, muy gay, muy todo. Pero no gana a los policías...



Pussar och kramar!



Acabo de ver el último episodio de la temporada de Downton Abbey. Ha sido, como siempre, espectacular. Y aunque el final no haya sido un sobresalto que nos mantenga en vilo hasta el próximo otoño, eso no quita para que el episodio en sí no haya sido toda una montaña rusa de emociones. De repente estaba carcajeándome en el sofá ante la última ironía inglesa cuando no estaba yendo a buscar un pañuelo porque no pude reprimir las lágrimas...

Últimamente, mi vida es también así. Salvo por lo de las carcajadas. No hay, sencillamente. Pero los bajones son tan grandes que ya volver a sentirme un día tranquilo y afable es como si fuera una felicidad extrema. Este año he aprendido muchas cosas, una de ellas que he perdido por completo el control, pero no tanto como supongo, en tanto que gano en lucidez. Otra cosa es que sepa qué hacer o hacia dónde seguir el camino, a pesar de que me conozca mejor que nunca.

Quiero que 2015 sea un año de grandes cambios, especialmente en lo profesional y, sobre todo, en lo personal. Y no me refiero en mi vida personal, que esa, afortunadamente, va bien, sino en mi interior. Seguir trabajando para conseguir ser feliz y estar, como dice el anuncio, 'a gusto con mi vida'. Eso implica darle a cada qué y a cada cual la importancia que realmente se merece. Manos a la obra. Pussar och kramar!



Diciembre va a ser un mes 'a la antigua usanza', es decir, como cuando tenía un trabajo por cuenta ajena. Esto se traduce en que voy a hacer varias escapadas y la primera de ellas comienza hoy. Me marcho con el rubio a Colonia, a ver a varios amigos que emigraron a Alemania en los últimos años o meses, según el caso. Toca repartir el tiempo para ver a todos, porque es casualidad que estén allí y entre ellos no se conocen, pero será fácil porque todos tienen el mismo plan: que flipemos con los mercadillos navideños.

Debo reconocer que era algo escéptico con el tema de los mercadillos porque lo asocio a las cutradas que ponen en Madrid para vender 'mierdas' como disfraces, pelucas y demás tonterías que nunca entenderé porque en esta ciudad son tan preciadas durante la Navidad. El caso es que hablo en pasado porque ha sido ver algunas de las fotos que hay en Internet sobre Colonia en esta época del año y, directamente, no he podido dejar de contar las horas que faltan para el vuelo.



Tengo una cuenta pendiente con Colonia. En esa ciudad sufrí mi primera ruptura amorosa y, la verdad, la recuerdo como si fuera ayer. La he revivido en mi cabeza mil veces y, aunque ya no duele tanto, sigue siendo un momento que no asocio precisamente con la felicidad. Supongo que este viaje, que es la primera vez que vuelvo, me ayudará a dejar de asociar la ciudad con ese suceso, máxime cuando lo otro ocurrió en verano. Al menos sí que voy con muchas ganas de divertirme. Ya veremos qué pasa. Pussar och kramar!



Romain Rolland fue un escritor francés al que le publicaron su primer libro en 1902, cuando tenía 36 años. Trece después ganó el Nobel de Literatura.

No, no digo esto porque vaya a convertirme en uno de los muchos blogueros en publicar una novela. Y no, mucho menos porque sueñe con alzarme con el premio de la Academia Sueca de 1927 (año al que sí que espero llegar igual de guapo y lozano que ahora... todo es ponerse). Viene a cuento porque hay días en los que no está de más recordar que a los 36 aún pueden comenzar muchos caminos, muchas posibilidades y, sobre todo, muchas aventuras en nuestra vida.

Total, apenas has vivido unos 13.269 días y sigues siendo un 'pipiolo' al lado del bueno de Ming, que lo dio todo por la Ciencia...


Pussar och kramar!

Leía sobre la retirada temporal de Pastora Soler cuando llegué a la conclusión de que estoy un poco como ella. No porque de repente tenga pánico escénico, que no soy precisamente de escenarios, pero sí en tanto que, como ella, he perdido algo que siempre tuve: el control.

No sé qué me ocurre, pero soy incapaz de controlar la ansiedad laboral. Los expertos que conocen mi historial me dicen que antes no es que la controlara, sino que la calmaba comiendo y no era consciente de todos los nervios que tenía hasta que no era una cosa desmadrada; y que ahora, como no como mucho, no los apago así como así.

Yo creo que, independientemente de la comida, todo es un asunto de inseguridad. Antes la ansiedad laboral la controlaba mejor porque era 'mi mierda, una conocida en la que ya sabía chapotear sin angustiarme'. Ahora, como freelance, no hay mierda que valga, porque trabajas para mucha gente, clientes cada uno con sus pros y contras, y tú eres solo un recurso. Además, precisamente porque estoy empezando, aún no he entrado en las ruedas de los pagos que me permitirían una estabilidad económica dentro de una situación en la que algunos pagan incluso a los 120 o 150 días.

Sea como fuera, el caso es que hay días en los que, como el lunes, todo se desborda y el estrés te mata, te pone a mil y te agota como si te hubieran dado una paliza. Quiero pensar que, como no comí grasas, tantos nervios me ayudaron a quemar calorías. Ya que no me calmo y la meditación no termina de funcionar, al menos, que adelgace...
Pussar ch kramar!



Con la excusa de que vienen unos amigos de Bilbao, esta noche celebro en mi casa una minifiesta de cumpleaños. Creo que los avatares de mi vida me obligan cada vez más a crear momentos de alegría, y me los tengo que hacer yo, porque si tengo que esperar a la suerte o al destino o a lo que sea... voy listo. Es por ello que llevo unas semanas dándole vueltas a hacer una fiesta o una cena o algo este año.

Al principio pensé en hacer algo con mis amigos cercanos, pero luego hice las cuentas y no me cuadraba el presupuesto con el número de invitados. El rubio propuso traerlos a casa, pero le expuse la imposibilidad espacial y volumétrica de esa idea. No se cabe y no hay ni sillas para todos. Al final, cena para cinco y el resto se les irá invitando poco a poco.

Y como ni siquiera hoy es mi cumpleaños, y aún queda una semana, pues no será por falta de tiempo. Lo que sí me ha hecho muchísima ilusión ha sido ir a la pastelería de diseño tipo megatartas que hay en Bravo Murillo y encargar una pequeña tarta a mi gusto. Me he sentido como un niño pequeño escogiendo el sabor, la cobertura, el diseño... y creo que es la primera vez que lo hago. Recuerdo haberle dicho alguna vez a mi madre cómo la quería, pero a grandes rasgos (de chocolate, de piñones...). Y como tampoco soy de celebrar mi cumpleaños, que no habré celebrado ni diez en mi vida, pues hay falta de costumbre... Pero este año sí que se festeja, así que, a por los taitantos con alegría!
Pussar och kramar!

Ha vuelto a pasar... M&M's lanza un nuevo formato y yo ya me he generado la imperiosa necesidad de probar los M&M'S MEGA!!! Que son tres veces más grandes que los normales y no sé cuántas que los mini...



Los han lanzado tanto en formato chocolate con leche como chocolate y cacahuete, es decir, los dos clásicos. Y justo coincide con la entrada en España de los M&M's de chocolate negro, que ya se pueden encontrar en supermercados. ¡Esto es una conspiración! Y yo me he rendido a ella cual cobarde... Pussar och kramar!



Hace unos días fui al teatro con el rubio a ver 'Smiley'. Tenía muchas ganas de ver esta obra y me la perdí cuando estaba representándose este verano, así que fue enterarme de que la volvían a montar, esta vez en un escenario mayor, como el del Teatro Maravillas (Malasaña), y comprar dos entradas.

Lo que no sabía es que había cogido el día del estreno. De hecho, lo que pensé fue que, siendo un lunes, estaría la sala más bien vacía... y no hasta los topes de famosetes, mamarrachos, señoras que no se enteraban de nada y tipejos entre los que me incluyo. De todos modos, ¿por qué se celebra un 'estreno' que no es tal?, porque los mismos actores ya habían representado la obra pocos meses antes en otra sala de Madrid.

Cuestiones aparte, he de confesar que mereció la pena, y mucho. La obra está muy bien, el guión es gracioso con momentos muy divertidos y, quizás, un final algo pesado, pero que tampoco se convierte en una losa. Y qué decir de los actores. Hay que quitarse el sombrero con ambos, porque lo bordan. El retrato de la sociedad gay urbana actual es muy acertado y es imposible no sentirse identificado e integrado en ese Madrid que muestran sobre las tablas porque es el de verdad, el que está ahí presente.

No sería este mi blog si no dedicara unas frases a Ramon Pujol, el actor rubio. Yo no lo conocía apenas, porque no he seguido ninguna de las series en las que ha trabajado. Grave error. Tras verle en el escenario... ¡madre mía que cuerpazo! Eso sí que es meterse en el papel... ¡Tiene músculos que no sabía ni que existían! Y no desmerece mi interés hormonal su calidad artística, porque transmite genial. Eso sí, felicidades al Centro de Entrenamiento Personal Juan Ruiz López, responsable de la puesta en forma del actor, porque lo que han conseguido es impactante. ¡YO QUIERO!

Pussar och kramar!

¿Qué pasa cuando unes el cómic de 'Akira' con 'Los Simpsons'? Según el ilustrador Bill Mund, que surge 'Bartkira', un interesante ejercicio de combinación de dos mundos, aparentemente, muy diferentes y que ya va por el segundo volumen gracias a la financiación de los interesados en poseerlos. Curioso... Pussar och kramar!

La revista Wired ha publicado cómo lucirían algunas de las ciudades del planeta si no hubiera luz eléctrica, estuvieran a oscuras y solo las estrellas pudieran iluminarlas. Es decir, más oscuras aún que en la Edad Antigua, en tanto que no hay hogueras ni candelabros ni nada que brille provocado por el hombre. He de decir que el resultado, aunque no sé en qué grado puede ser cierto ni su base científica, es impresionante y hermoso.

Ver si es así o no, llevarlo a cabo, es una utopía, pues no se puede parar el progreso, pero quizás nos pueda hacer pensar sobre la necesidad de controlar algo más la contaminación lumínica, o que no todo tenga que ser un mundo de neones y fluorescentes de colores... Pussar och kramar!



Ayer estuve por la tarde en el centro y pasé por un gimnasio que es el causante de que la glorieta de San Bernardo esté siempre llena de chicos merendables en chándal. Me fijé en su puerta y ponía, entre sus cualidades como local, que los vestuarios eran amplios y tenían sauna. Hasta ayer, siempre tomé lo del tema de la sauna como una excusa que hay en algunos gimnasios para que algunos liguen y otros pierdan el tiempo, pero como ahora soy cliente de uno, lo que me saltó a la cabeza fue otra cosa: ¿qué sentido tiene?

O más bien, ¿en qué momento la usas? Es decir, ¿quién dispone de tantísimo tiempo como para que pueda incluir un rato de sauna en su rutina? Porque no sé los demás, pero yo voy al gimnasio con el tiempo en el culo y ni de coña me daría para diez minutos de sauna. De hecho, nunca me da tiempo a hacer la rutina completa que me marca mi entrenador porque eso me obligaría a estar haciendo deporte más de 80 minutos, a lo que si le sumas el cambiarte, la ducha, el vestirte, el peinarte y demás, se pone perfectamente en 110 minutos como tiempo total, 125 si añades la caminata ida y vuelta hasta casa.

Y yo no tengo algo más de 2 horas para dedicarle a diario o los días que sean al gimnasio, y mucho menos incrementar ese tiempo metiéndome en una sauna... Ahora entiendo a los que se tiran tres horas en los gimnasios. No es que estén locos, que lo están, sino que son unos concienzudos que quieres acabar las rutinas y, luego, perder el tiempo con esas tonterías que para eso la pagan en la cuota, que seguro que es mucho más alta que la del Basic Fit...

Yo, en mis 60 minutos pelados de ejercicio, 90 dedicados al gim con ducha, vestuario y demás, no necesito de sauna y pierdo muchísimo tiempo de trabajo y quehaceres caseros. Como para saunas... Pussar och kramar!

He vuelto al gim. Hace mucho que no contaba mis aventuras deportivas por el blog y, mira por donde, ha tocado hoy.

Más o menos os pongo en situación. Mis primeras semanas de adelgazamiento las pasé haciendo deporte algunos días por semana (pocos) en el gimnasio municipal del barrio. La fauna era tal, hormonalmente hablando, que estaba todo el día fascinado. Luego lo abandoné porque empecé a hacer gimnasia casi a diario en la clínica en la que perdí peso, con dos entrenadores que adaptaban todo el ejercicio a las pocas calorías que comía.

Cuando llegué a mi peso, mantuve el entrenamiento en la Clínica, ya que creía necesario incorporar el deporte a mi vida diaria. Eran dos veces por semana con Carlos, mi entrenador, que me puso un programa de tonificación para la piel y un poco de musculación. El caso es que cancelaron esas clases y yo he continuado con Carlos todo este tiempo. Sin embargo, mi situación económica ha motivado que no pueda mantener dos días por semana el entrenamiento personal, por lo que ahora le veo una vez por semana y voy a un gimnasio del barrio otros cuatro.

Como voy por la mañana, temprano, no hay mucha gente y, mucho menos, cancaneo general, por lo que en cuanto a hormonas es más bien un desastre. Sin embargo, me he dado cuenta, y esto es lo que quería contar aquí, que he mutado o algo raro ha pasado en mi cabeza que, desde que empecé a entrenar allí, en vez de fijarme en la merendabilidad de los guapos, no hago más que hacerlo en los músculos, así en general. Me quedo embobado viendo pectorales, triceps, isquiotibiales, biceps... los tengan guapos o feos, merendables o no...

La razón es que ahora estoy cambiando las rutinas para muscular, que se acabó ya el mantenimiento sin más. Me pasó cuando me saqué el carné de conducir, que no paraba de hablar y fijarme en los coches. Ahora tocan los músculos... Y se ve cada pectoral en ese gimnasio... Ay, omá, quién lo tuviera. No me quejo, voy en buen camino y se notan ya algunas mejoras, pero esto es de medio recorrido e incluso largo.

Como le decía el otro día a ACE76, qué pena no tener Instagram para presumir de progresos... Pussar och kramar!

Con todo el dolor de mi corazón, he decidido abandonar Pepephone y solicitar la portabilidad a Vodafone. La alianza entre la compañía británica y ONO supone, en mi caso, la posibilidad de optar a una tarifa especial para clientes de la fibra óptica que dejaría mi factura de móvil en menos de 3 € mensuales. Mi pobreza actual es extrema, así que no tengo demasiado margen para pensármelo, ya que, aunque pago muy poco con Pepephone, casi nunca más de 12 € mensuales, sigue siendo un ahorro considerable.

Y me da pena porque creo que en otras circunstancias no lo hubiera hecho. Nunca me he sentido mejor tratado por una compañía telefónica que los años que he estado con Pepephone (con los que sigo conservando la segunda de mis líneas, la que uso para el trabajo) y, si tuviera aún mi anterior trabajo, con sueldo fijo, vacaciones remuneradas y todo eso, sé que los 100 € anuales que me voy a ahorrar con el cambio no valdrían tanto.

Siempre lo he dicho, valoro mucho más la libertad que me ha dado siempre Pepephone para hacer y deshacer, quejarme y alabar, y la respuesta que también he recibido, para quitarse el sombrero. Un trato que jamás he visto ni en Movistar, ni en Jazztel, ni en Vodafone... y que ahora me da pena no poder recompensar siendo su cliente y pagando lo que creo que es justo.

Como diría Scarlata O'Hara, con la mano levantada, juro que volveré a ser cliente con mi número personal, el que más uso. Mientras, Pepe, que sea un hasta luego...
Pussar och kramar!



Leía el otro día en un blog acerca de una pareja que, tras diez años de relación, lo dejaban porque se dieron cuenta de que "se habían convertido más en buenos amigos y se había apagado la llama". No pude hacer menos que sorprenderme y, después, enfadarme.

Porque, en fin, tras diez años de relación, lo suficientemente buena como para que al dejarlo no se hayan tirado los trastos a la cabeza y sigan siendo amigos, ¿qué esperaban? A mí lo que realmente me preocuparía es que, tras una década junto a mi chico, siguiera teniendo las mismas inseguridades y sentimientos irracionales que al principio. Creo que en la madurez de la relación amorosa, en el paso de estadios que afianzan el conocerse el uno al otro hasta el punto de anticiparse o incluso no hacer falta una palabra para saber lo que piensa o quiere el otro.

Necesitar mariposas constantes, que todo sea una continua obra pastelosa romántica, es más bien una chiquillada que no beneficia a nadie, porque si la relación no madura, si se mantiene en el eterno adolescente, acabará meada y con acné. Y si hay algo que resulte realmente motivo de orgullo es haber tenido la suerte de acabar al lado de alguien que te completa, pero no desde el primer día, sino desde el momento en el que, con la relación ya echada a andar y asentada, deja de ser tu chico para ser parte de ti.

Que no me vengan con tonterías. Eso de que la llama se apagó, que ya no había chispa... no esconde más que una verdad que quizás es demasiado reveladora, o demasiado dura, o demasiado vergonzante. Pero solo por una chispa no se rompe una relación.
Pussar och kramar!



En un experimento llevado a cabo en Londres por la firma finlandesa F-Secure, y respaldado por la agencia Europol, al menos seis personas llegaron a aceptar la denominada 'Cláusula Herodes' para poder conectarse al wi-fi de una cafetería. En ella se especificaba que, para poder acceder a la red, los usuarios accedían a "entregar a su primer hijo para toda la eternidad". El experimento fue realizado para concienciar sobre la poca atención que le prestamos a las condiciones de uso que aceptamos y las vinculaciones legales que éstas conllevan. La empresa, por su parte, ya ha asegurado que no reclamará a los pequeños "tras el consejo de sus asesores legales".

A bordo, le llamamos 'crocantino'. Fuera del Costa Diadema, simplemente, helado de almendra. Como diría un caballero medieval, vive Dios que es de lo más rico que he probado en mi vida. Y si encima tenemos barra libre de semejante ambrosía... El resultado es un catarrazo de aupa, con garganta inflamada y una sinusitis galopante que casi me deja para el arrastre y que me regaló uno de los peores vuelos de mi vida. Pero sarna con gusto no pica, y si para descubrir semejante maravilla casi muero en el intento, me quedo con el casi, que para eso sigo vivo y con el paladar aún más ilustrado que antes.

Por cierto, confirmado que mejor no piso un crucero mientras lo pueda evitar... o que tenga que engordar urgentemente 10 kilos, porque menuda cantidad de comida es un ser humano capaz de comer en uno de esos barcos... Al final, por mucho gimnasio, mucha piscina, mucho spa y mucho de todo, te pasas al día comiendo, digiriendo o preparándote para comer. Y así no hay quien mantenga la línea.



Estrenar un barco es una cosa única. Verlo salir de astilleros, con los trabajadores del mismo reunidos en masa por toda la infraestructura despidiéndose de 'su niño', los tripulantes emocionados, el pasaje conteniendo el aliento... Y a eso le sumas la sensación de que eres la primera persona en sentarse en esa silla, en dormir en ese camarote, en pedir un Aperol Spritz a ese camarero... o en disfrutar de un espectáculo de música y baile increíble, pudiendo saludar y felicitar a la coreógrafa, que nerviosa apuntaba los fallos que iba viendo en un cuaderno rodeada de sus amigos...

Increíble experiencia la del Costa Diadema. Fui el único periodista español presente a bordo y no puedo negar que no fuera todo un honor. Ahora a tratar de trasladar tanta emoción en mis artículos sobre el barco... Pussar och kramar!

Pongo rumbo a primera hora de la mañana a Venecia. Es gracioso,tras muchos años sin ir, llevo ya dos veces este año en la ciudad de los Canales. Pero, la verdad, para el tiempo que voy a estar allí, casi que me conformaré con lo que vea desde el avión... y desde el barco. Y no, no me refiero a esos maravillosos taxis acuáticos desde los que se puede disfrutar a las 5 de la mañana de una escena perfecta de la laguna como esta:



Me refiero más bien a lo que veré desde la borda del Costa Diadema. Tengo el honor de poder conocer el nuevo trasatlántico de Costa Cruceros,en un miniviaje que durará apenas una noche de travesía, lo suficiente como para atracar en el puerto de Trieste mañana viernes.



Lo bueno, que podré conocer Trieste, en donde nunca he estado. Lo rematadamente bueno, que podré comprobar si es verdad eso de que los trasatlánticos de lujo son auténticos bacanales de helados, dulces, cócteles y bollería (mis perdiciones). Lo mejor del todo: que como no estaré a bordo más de 24 horas no me dará tiempo a engordar los 20 kilos de más que tendría a la vuelta a Madrid de haber sido tres días...

Calorías aparte, se trata de mi primer crucero. No es una forma de viajar que me atraiga en exceso y tampoco soy muy amante de los barcos, pero he de reconocer que sí tengo curiosidad por saber cómo son por dentro y experimentar una travesía. Yo prefiero ir a un sitio, visitarlo bien; y no hacerlo a cinco o seis países de golpe, parar unas horas y ya en cada puerto, viéndolo todo a mata caballo, como los tours con guía en autobús. Pero tras ver a mis padres pasar de una opinión como la mía a convertirse en los locos de los cruceros tras su última experiencia viajera, miedo me da si yo también caeré rendido a los pies de los trasatlánticos...

Ya veremos qué pasa. Pussar och kramar!

Que estamos en la era de la comunicación es indiscutible. Que todo se ha convertido en una campaña de márketing en bucle, también. Y da igual que se trate de política, de moda, de decoración o de Internet. Todo es propaganda, todo es publicidad, todo es comunicación, todo es márketing. De ahí que sea complicado de entender que en un país de servicios, con un sector secundario casi inexistente y un primario en la cuerda floja, las empresas no entiendan la importancia de lo intangible...

El bloguero Lucio Chiné escribía esto el otro día...



Es la realidad de nuestro país. Acabo de volver a sufrirla en mis carnes. Estos días estoy realizando un reportaje sobre un producto extranjero cuya firma tiene filial en España. Me puse en contacto con todo el mundo que pudiera imaginar, porque desconocía quién era la persona responsable de la comunicación en nuestro país, por todas las vías posibles. El equipo de prensa de la sede central, es decir, la del extranjero, tardó menos de una hora en contestarme. El responsable de sus redes sociales en España, unas dos horas y media. La persona con la que de verdad tenía que hablar, dos días.

Lo que en Estados Unidos, reyes del márketing y la comunicación corporativa, hubiera sido algo nefasto, aquí se entiende como lo más normal. ¿Tiene sentido que la persona responsable de una firma a la que se le informa de que se va a hacer un reportaje para un medio importante, un reportaje encima amable, y que no les va a costar nada porque es un redaccional propio y no hay dinero ni publicidad por en medio, tardé más de 48 horas en dar señales de vida? En España, todo el del mundo.

Luego, pasaran cosas como las que contaba un chico en uno de los comentarios del Facebook de Chiné y nos sorprenderemos... cuando es, sencillamente, saber hacer las cosas como se deben.



Mientras, diré que sigo esperando, cuatro días después, una contestación a una petición que he hecho, ya por dos veces, a la susodicha persona para cerrar una información adicional que necesito para mi reportaje. Para que luego digan que el periodismo de estilo de vida es todo alegrías... Pussar och kramar!



El barrio de Chelsea no es de los más transitados por el turismo de masas que acude diariamente a Nueva York. Es la zona de las dársenas pesqueras y, poco a poco, está ganando un atractivo muy interesante, con la apertura de magníficos restaurantes y locales de ocio en torno al mercado o al parque del Pier 63. Ahora, además, hay que añadir una nueva atracción: la High Line, o lo que es lo mismo, una vía verde en pleno Manhattan.

Este parque elevado acaba de completar la parte final de una construcción que comenzó oficialmente en 2006. Fue entonces cuando se acometió la titánica tarea de recuperar unas líneas ferroviarias abandonadas por más de tres décadas. Se ha realizado en tres etapas, en las que se ha reconstruido parte de las antiguas vías, así como se han acondicionado otras para que sigan siendo parte de unas vías ferroviarias.

De norte a sur, comienza a la altura de la calle 34 y poco a poco, gracias a pasos elevados, aunque también con algún túnel como el que forma el The Standard, va bajando hasta acabar en la calle Gansevoort, o lo que es lo mismo, un poco más al sur de la calle 12. 22 manzanas en las que se busca reactivar el comercio y la construcción de viviendas y que aún se encuentran en un estado menos atractivo que otros distritos de la Gran Manzana.

Como ejemplo de paisajismo es impresionante. El equipo del experto James Corner ha logrado con un presupuesto muy reducido una recuperación por la que pocos hubieran apostado viendo el lamentable estado en el que se encontraban las estructuras elevadas.

Clases de pilates, visitas guiadas e incluso clases de astronomía son algunos de los eventos que se llevan a cabo de forma regular en el nuevo parque. Todos las actividades que se realizan en la zona son gratuitas y están impartidas por voluntarios, que se han organizado además en torno a una asociación de 'amigos del High Line'. Recorrer sus 2,3 km. de recorrido es el nuevo 'must' de Nueva York.



El domingo me tocó ejercer de abuelo cebolleta y contarle al rubio quién era Javier Álvarez y, sobre todo, qué era la canción 'Uno, dos, tres, cuatro'. Para una generación de actuales treintañeros, todo un himno: el de la insumisión al servicio militar obligatorio. Parece que fue hace siglos, pero no hace ni 15 años de la aprobación del decreto que la suprimía.

Mi infancia y adolescencia se desarrolló, entre otras cosas, en todo un cultivo de valores antibelicistas, pacifistas y, por supuesto, insumisos. Compramos camisetas de grupos de insumisos, para apoyar a jóvenes pacifistas, a Talleres de Paz, en contra de los voluntarios forzosos... Y es una pena cómo todo se ha diluido prácticamente hasta la nada con la supresión de la 'mili', porque la raíz sobre la que se sustentaba todo no era el servicio militar, o al menos no se vendía así, sino en la desmilitarización, en la búsqueda de la paz por encima de todo, en que la guerra NUNCA es la solución...

Sin embargo, en esta sociedad ombliguista en la que vivimos, la paz ya no importa, o al menos la guerra ya da un poco más igual, así como el rearme o la instrucción de jóvenes en servicios militares de otros países. Y no lo hace porque ya no nos afecta a nosotros, porque ya no hay jóvenes que lo sufran en primera persona. Una pena, porque el espíritu pacifista debe ser más fuerte que una ley que obligue al reclutamiento, porque con o sin 'mili', solo la paz es la respuesta; y nunca está de más reivindicarla. Pussar och kramar!

Vivir en sociedad es lo que tiene, que lo hacemos rodeados de etiquetas. Somos un cúmulo de ellas y etiqeutamos a los demás con otro buen montón. Es así, y lo inteligente y sabio es tener el saber y la prudencia necesarias como para desetiquetar y retiquetar lo más objetivamente posible. De todas, la mejor que te pueden poner es la de guapo. Para bien o para mal, ese adjetivo lleva asociados otros muchos igual de positivos. A alguien guapo se le predispone apto, bueno, capaz... incluso inteligente, cosmopolita, encantador, simpático... Luego, cuando conoces a la persona en cuestión, se verá si es cierto o no, pero la predisposición siempre es más positiva que cuando se trata de alguien feo.

En las últimas semanas se ha hablado mucho de Gabriel Wikström, el ministro sueco de Sanidad. No por su política, su trabajo en el Ministerio, su participación en algún foro de la UE o su validez. No. En este caso, porque la prensa turca lo ha elegido el ministro más guapo de Europa y, según la foto que veas, no seré yo el que le quite el puesto sin haber visto a la competencia. Han sido muchos los medios que se han hecho eco de la noticia, pero, además de la merendabilidad del susodicho, poco o nada se ha comentado de su trabajo como político.

Sin embargo, dejándonos llevar por las hormonas y las etiquetas. Siendo tan guapo, ¿acaso nos lo imaginamos siendo un inútil a lo Ana Mato? ¿Un despreciable ser inyecto como Montoro? ¿Un corrupto y vividor como Jaume Matas? ¿Un 'flower power' místico como Leire Pajín? Pues no. Te lo imaginas como un ministro moderno, progre, en contacto con la ciudadanía, anti-recortes, simpático... Si es que no hay nada como una etiqueta... Pussar och kramar!