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El rey de la casa


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¿Cómo sería un universo paralelo en el que lo normal fuera ir desnudo y atreverse a llevar pantalones un acto considerado diabólico por los 'hombres de bien'? Ésta es la pregunta que trata de contestar un cortometraje alemán de apenas 5 minutos que está arrasando en Internet (ya sabemos que todo lo que tenga desnudos frontales se convierte rápidamente en un éxito en la Red).

Pililas a parte, se trata de 'Studies On Hysteria', una pieza que esconde el último comercial de la firma de vaqueros Colorado y que ha sido dirigido por tres estudiantes de cinematografía. Para interpretarlo, nudistas reales que grabaran desnudos sin darle importancia a la falta de ropa y el merendable Philip Wilhelmi.



Se ha inspirado en otro cortometraje que, a su vez, también fue un spot publicitario: el 'Every Change Needs A Beginning' de la firma de ferretería Hornbach. En esta ocasión, se trata de un mundo en el que todo el mundo lleva siempre las manos en los bolsillos y sólo utilizan los pies, hasta que un día descubren que esas dos extremidades superiores también sirven para algo...



Dos ejemplos de que sólo hace falta imaginación y una buena historia para crear algo diferente, llamativo y, sobre todo, que deje huella. El corto de los vaqueros ha cosechado ya más de una veintena de premios y menciones en diferentes festivales. Y nosotros, mientras, con la patochada de KH7... Pussar och kramar!





Sacado de Goodmorningnight.com



Lo reconozco, me encantan los alemanes guapos y Alemania en general. Berlín es una de esas ciudades que me enamoraron cuando las descubrí y tengo un rincón especial en mi corazón para Frankfurt. Mi biografía no sería la misma sin la ruptura de una relación en Colonia, mi conversión en forofo de la Selección Española en Stüttgart o mi afición por paladear vinos dulces y blancos del Riesling. Y tampoco sin mi absoluta devoción por Daniel Brühl (sin duda, el más merendable de Alemania) o Matthias Schweighöfer, un sexy guilty pleasure en toda regla.

Esta semana he descubierto otros dos actores alemanes a los que ya le había echado el ojo alguna vez, pero que nunca habían cobrado tanto protagonismo. Se trata de Hanno Koffler y Max Riemelt. Ambos protagonizan una de esas películas que creo que todos debemos ver sí o sí: 'Freier Fall' ('Caída libre'), la historia de un policía casado y a punto de ser padre que descubre cómo se está enamorando, poco a poco, sin querer, sin que su lucha interna logre pararlo, de un compañero.

A Hanno le conocí en otra película con trasfondo homosexual: 'Tormenta de verano', que reconozco que me gustó mucho cuando la vi. Por otro lado, Max protagonizó otro de esos filmes imprescindibles: 'La ola', así como 'Napola', sobre los jóvenes en el periodo nazi. Dos merendables, cada uno en su estilo, pero que ponen muy brutote y que forman una pareja de vértigo en 'Freier Fall'.




Disponible con subtítulos en castellano y buena calidad, no se tarda nada en poder verla tranquilamente gracias a Mega. Independientemente de lo guapos o atractivos que me puedan parecer los actores, si la recomiendo es porque de verdad es un peliculón y la historia que narra es para quitarse el sombrero de lo bien que está montada. No dudas ni un momento que sea así como se derrumbe la vida de una persona que nunca, hasta entonces, se había planteado que, quizás, su realidad perfecta no era lo que realmente deseaba. Pussar och kramar!


Una de las cosas de las que me siento orgulloso porque creo que me definen bastante bien es el listado de libros que leo a lo largo del año. No soy un intelectual precisamente en lo que a lecturas respecta. No me verán con un libro de Saramago bajo el brazo, ni de Dario Fo, ni Günter Grass... A mí, lo sabe quien me lea desde hace tiempo, lo que me va es la lectura sencilla, divertida y facilona de Sophie Kinsella o de Marian Keyes (por cierto, que tengo el último de ésta última aún sin leer, lo cual no es nada propio de mí). Sus historias me divierten, me evaden y, sobre todo, me entretienen hasta el punto de que el tiempo pasa volando cuando me sumerjo entre sus páginas.

Es por ello que estos días no me reconozco. Tras leer un artículo en El País sobre la felicidad danesa, me entraron ganas de leer 'Per el afortunado', una novela por la que Henrik Pontoppidan recibió el Nobel de Literatura en 1917. Mi madre me la regaló por mi cumpleaños y llevo desde entonces en sus páginas. Gracias a que es una edición bastante moderna, la lectura es sencilla y me está resultando muy cómodo. Aún así, se me hace raro verme con ese libraco enorme. Me da un aire intelectual muy gracioso.

Y por si fuera poca intelectualidad. Ayer estuve en la presentación de una novela. Yo creo que sólo me falta ya acudir a la inauguración de una exposición de arte... Pero no se trataba de cualquier libro, sino de 'La confabulación de Eros', el estreno editorial del que para mí es una de las mejores plumas de la blogosfera: Proudstar, que en las librerías no se esconde bajo pseudónimo y firma como Daniel Fernández.

Lo compré ayer, no voy a empezarlo hasta que no acabe el de Pontoppidan, así que prometo hacer crítica más adelante, pero sí he de confesar que mis expectativas son muy altas porque soy admirador desde hace años del magnífico uso que Proudstar demuestra de las figuras literarias, de su capacidad para tomar los recursos estilísticos clásicos y hacerlos suyos para lograr una prosa ágil y sencilla. Si estaba animado leyendo las aventuras de Per, saber que luego me esperan las de Joel, el protagonista de 'La confabulación de Eros', es razón más que suficiente para que estos días dedique un poco más de tiempo a la lectura. Pussar och kramar!

La presencia de las nuevas tecnologías en la educación hace que me sienta viejo. Este curso, como dije, estoy estudiando sueco y la asignatura tiene un blog donde se repasa lo que se hace cada semana en clase, el material se nos pasa vía Dropbox y mail, se entrega el trabajo semanal al profesor a través del correo electrónico, los alumnos intercambiamos archivos en un grupo privado... Pero lo último que pensé que haría es hacer un examen en casa y por Internet.

Me explico. El profesor no se presentó el sábado porque estaba muy enfermo. Le llamamos por teléfono y nos dijo que había actualizado el blog para que nos enteráramos (cómo se le ocurre pensar que un sábado a las 8 de la mañana no tendremos otra cosa que hacer que mirar el blog de la asignatura...), y que había decidido que el examen, en vez de aplazarlo a enero, mejor lo hiciéramos cada uno en su casa. Dicho y hecho. Colgó el examen y, salvo la prueba oral, ahí estaba todo.

¿Exceso de confianza? Puede ser. Yo me sentí algo raro mientras lo hacía. Entre una cosa y otra, había muchas preguntas y tardé casi dos horas en contestar a todo y escribir los textos. Me sentía realmente en un examen. Supongo que todo es una cuestión de actitud... Pussar och kramar!



Me gustaría decir que llevo toda la semana sin postear nada porque hoy sábado, después de diez años o más, tengo un examen. Sí, de hecho, los sábados son los días que más temprano me levanto de toda la semana y éste en concreto lo hago para irme a que examinen mi paupérrimo nivel de sueco, aunque como soy grado 1A, pues igual hasta lo apruebo... No, en serio, espero aprobarlo, que aunque poco me lo he preparado bien y he trabajado bastante estos últimos meses haciendo la tarea en casa, etcétera.

El caso es que yo tenía previsto haber estudiado mucho más de lo que lo he hecho. Y ayer viernes era el día elegido para el empujón definitivo e intensivo, pero no fue posible. Estudiar, estudié, pero muy poco. Hice de todo lo que uno podía hacer para no estudiar menos actualizar el blog. De repente, todo era prioritario y urgente y debía 'sacrificar' el sueco... Menos mal que durante la semana me moví en metro con el cuaderno de apuntes en la mano y repasando una y otra vez. Es de lo que más orgulloso me siento.

Tengo que contar con calma un día de estos lo de mis clases de sueco con un profesor serbio que habla español bastante mal pero lo suficientemente digno como para ganarse la vida con ello. A mí me cae fenomenal y ya quisiera yo hablar sueco como él lo hace (a patadas) con el español, porque lo mío no llega ni a nivel patadas todavía. Estamos trabajando en ello...

Pues eso, que mañana foto alegre y espero retomar un poco el blog antes de las fiestas. Pussar och kramar!

Siempre me ha llamado la atención cómo un montón de gente, de repente, sin previo aviso, empieza a llamar a algo o alguien al que siempre se le había conocido de una forma, de otra. Ocurrió con el Milán, que pasó a ser el Milan como si ahora todos fueramos italianos (aún estoy esperando que esos puristas digan correctamente Rosenborg, Michael en alemán y no en inglés o la 'v' holandesa) y no deja de pasar con los famosos que fallecen.

Quién no recuerda cuando, al morir Rocío Durcal, de repente todo el mundo empezó a llamarla Marieta. A ver, que la familia o sus amigos la llamaran por su verdadero nombre, me parece lo normal pero ¿tanta gente era amiga íntima de la artista? Como en todo, no era más que postureo, una pretensión de aparentar que se es más amigo de lo que se era, incluso en casos en los que no se recordaba que hubieran coincidido nunca con ella. Y a eso se suman gozosos los periodistas que buscan "un lado humano" en cada noticia, cuando quieren decir morbo gratuito.

Ahora ocurre con Mandela. ¿Alguien hace tres años llamaba al mandatario sudafricano Madiba? ¿A cuento de qué viene ahora que se rellenen crónica con ese nombre? Es postureo político, algo que en España sobra y que es una materia en la que nuestra incompetente clase dirigente tiene doctorado cum laude. Porque esos mismos que ensalzan las virtudes y el afán de paz y libertad de Mandela, su política de no violencia y respeto por el 'enemigo'; los que no dudan en compararlo con Gandhi o Jesucristo, son los mismos que defienden a ultranza la "vigilancia no invasiva" a la que están sometiendo a Miguel Ricart.

A esos políticos y contertulios les diré una cosa: ni Mandela, ni Gandhi, ni Jesucristo hubieran vigilado a Ricart, es más, le hubieran tendido la mano para intentar ayudarlo a reinsertarlo en la sociedad y, sobre todo, hubieran respetado sus derechos constitucionales. Pussar och kramar!



Nunca me ha gustado la excesiva etiquetación de las cosas y, mucho menos, la de las personas. Si el mundo fuera menos encorsetado para este tipo de cosas, la vida sería más sencilla y más agradable; porque los que tendemos a ir contra corriente también nos cansamos de sentirnos rebeldes cuando lo único que hacemos es vivir de otro modo o, al menos, no como la mayoría. Pussar och kramar!

PD: No, no quiero un chándal rosa por Navidad. ¡Eso es de niñas! : P

Mucho se ha hablado desde el lunes de la revelación de Tom Daley sobre su noviazgo con otro chico. El saltador británico no puede decir que haya sorprendido precisamente con su declaración vía YouTube, pero sí es cierto que ha hecho algo bastante poco común en el mundo del deporte de élite.

Yo me quedo con la reacción que tuvieron en sus respectivas páginas de Facebook los dos compañeros de selección con los que más amistad tiene: Jack Laugher y Chris Mears. Ni que decir tiene que ambos le dan su total apoyo y transmiten su alegría por el importante paso que ha dado su compañero (es lo correcto y no sería de recibo una actitud contraria; si se tuviera, en estos casos, lo normal sería no decir nada o pasar de puntillas por el tema), pero yo destaco el modo en el que ambos lo hicieron: con fotos de hace muchos años junto a Tom.



No sólo subrayan que su amistad no es nada de hace dos días ni que vaya a tener que cambiar por haber hecho público lo que seguramente sabían, sino que también ponen de manifiesto que el deporte de élite, además de compañerismo, se sustenta en muchos años de esfuerzos y sacrificios que dejan a un lado el hecho de con quién se acuesta o de quién se enamora cada uno en su vida privada. Daley está ahí, como Laugher o Mears, por su trabajo diario, por su entrenamiento y capacidad de superación. Juntos, los tres y el resto del equipo, trabajan por las medallas en Río. Como hicieron de pequeños. Como hicieron la semana pasada. Y como harán mañana y dentro de un año.

Ése es el mensaje que importa. Pussar och kramar!

Si te das una vuelta cada cierto tiempo por Madrid asusta comprobar la falta de originalidad en el sector del pequeño comercio. Aquí la máxima es ganar dinero rápido y que la inversión retorne aún más rápido, y si para eso hay que torpedear el sector, se torpedea, que más vale migajas para 100 que una barra completa para 10.

Esto viene a cuento a que el otro día me enteré de que había en Ortega y Gasset una pastelería portuguesa llamada Lisboa. Últimamente no paran de abrir en el centro pastelerías y cafeterías portuguesas. ¿Es que hemos descubierto de repente los pasteis de nata? ¿A cuento de qué viene tanto café Delta y tanta sublimación de los postres portugueses? Y ojo, que no es porque no sea un gran fan, que precisamente si hay un café que me encanta es el portugués, pero así, de repente, media docena de sitios nuevos ofreciendo lo mismo... ¿Es que no hay más países con dulces típicos? (eso sí, de poner precios portugueses, ni hablamos)

Pero no sólo abren sin parar cafeterías lusas. También es cada vez mayor el número de perfumerías de imitación de grandes marcas. Son esas que afirman conseguir el mismo resultado pero por un precio ridículo. Pues sólo en un pequeño tramo de Bravo Murillo hay cinco diferentes. ¿En serio hay negocio para todas? Y hace unos meses fueron las parafarmacias o las tiendas de yogur helado... por no hablar de la cadena Tiger, pero como en este caso no son franquicias, pues no los meto en el mismo saco.

Al final, como ocurrió con las tiendas de telefonía, las inmobiliarias o los Compro Oro, el éxito de los primeros que tuvieron la genial idea de abrir local se vio sumergido, aplastado y sepultado por las decenas de espabilados que también querían sacar tajada del negocio. Eso sí, seguro que todos ellos se llaman a sí mismos emprendedores...
Pussar och kramar!