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El rey de la casa


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Todo el mundo que conozco que ha estado en Madeira habla maravillas de la isla. Su gastronomía, su naturaleza, la gente, la tranquilidad de pasear por las calles de Funchal y el resto de los pueblos de pescadores... Durante cuatro días va a ser mi lugar de retiro. Espero que a la vuelta pueda sumarme también a sus muchos admiradores con conocimiento de causa. Nos leemos la semana que viene. Pussar och kramar!



Durante meses, al salir de la parada de Metro de mi antiguo trabajo, me cruzaba con un cartel que anunciaba la película 'Step Up Revolution', la cuarta entrega de la exitosa serie de filmes que mezclan bailes y coreografías imposibles con tramas propias de películas para un público no muy exigente. Reconozco que las he visto todas, pero ésta última no me terminaba de convencer. Yo creo que la culpa la tenía ese cartel, porque los protagonistas salían bastante distorsionados y me fijaba más en el pezón del chico que en otra cosa, que era de esos que quedan instalados en el borde del músculo del pecho, en una posición extraña.

El caso es que, supongo que por aburrimiento, acabé viéndola el pasado fin de semana. Qué equivocado estaba. No sólo repiten la tónica de grandes coreografías que te dejan con la boca abierta y una banda sonora de vértigo, sino que además lo han hecho aún más espectacular que antes, incluyendo todo tipo de efectos. Pero además está su protagonista. ¿En serio nadie supo decirme antes que existía Ryan Guzmán?



¡Qué poca justicia le hacía aquel cartel al pobre! De repente tuve ante mí, en la pantalla del televisor, a un merendable bailarín con un cuerpo de órdago y que sabía moverse como seguro que pocos en Hollywood. No se puede negar que sea guapo y su cuerpo escultural seguro que hace palpitar a más de uno y una... De hecho, puede provocar tantos vahídos que ha sido seleccionado para representar el papel de Christian Grey, el protagonista de la famosa saga literaria '50 sombras de Grey', en la adaptación cinematográfica de las novelas.

No he leído las novelas, pero debo confesar que me encanta la voz que tiene Ryan. De hecho, seguro que se me erizaba el vello de la nuca de placer si me dice al oído que va a azotarme un poco, como creo que hace con sus parejas en los libros. Y luego, nos marcamos un bailecito... Pussar och kramar!



Soy poco dado a interesarme por la decoración o el interiorismo si no hay un fin último que me involucre (por ejemplo, decorar mi casa o un espacio en el que voy a estar durante algún tiempo), pero he de reconocer que me he enamorado del Château de Moissac-Bellevue, en la Provenza francesa. Simplemente, me encanta. No sé cómo será la experiencia de vivir ahí, pero imagino que debe ser deliciosa y que invita al sosiego, que es lo que sus dueños trataban de encontrar cuando la mandaron construir en medio del campo. Pussar och kramar!





Me encanta esta fotografía. En cierto modo, creo que la vida se ha convertido en esto: en un punte desvencijado en los que los tablones ya no son lo firme que eran. Pero hay que cruzarlo, porque el final de ese camino lleno de óxido y carcoma, que no se vislumbra pero está ahí, es la recompensa y la meta. ?Lo cruzamos juntos? Pussar och kramar!



Una de mis cantantes favoritas es Shirley Clamp. La sueca tiene un vozarrón y canciones geniales y no tiene problemas en reconocer que tiene tendencia a pelearse con la báscula porque tiende a engordar con mucha facilidad. Ahora se ha puesto en manos de una organización que lucha por la pérdida de peso saludable, algo así como los WeightWatchers americanos, pero en este caso los ViktVäktarna, previo pago, claro.

En la televisión sueca ya están emitiendo el spot que protagoniza la cantante. Me encanta su estilazo al andar, al moverse en el escenario e incluso para hablar de dietas. Como dicen muchos, y bien entendido, con sus límites, un artista lo es desde que se levanta y en todas las acciones de su día a día. Shirley, es una artistaza (¡¡y quiero la canción del anuncio!!). Pussar och kramar!



¿Quién no se hace una imagen estereotipada de alguien cuando un tercero le dice que es "un moderno"? Con gafas de pasta o no, con pantalones de pitillo o camisetas de rayas, ataviado con sombrero o en bicicleta... quien más, quien menos, sabe hacerse una imagen mental de eso tan abstracto que significa "ser un moderno" o, al menos, aparentarlo. Más que una moda, es una forma de vida. No, no se trata de postureo, aunque haya mucho, sino más bien de entender la vida desde un punto de vista estético en el que las tendencias y lo 'vintage' se unen para crear un universo único.

Pero, ¿qué ocurre cuando esas generaciones alternativas de musicos, diseñadores, creativos, periodistas, cineastas... crece, forman familias e incluso tienen hijos? La respuesta es: NADA. Salvo algunos, su adn estético es inamovible y la paternidad no tiene por qué convertirles en lo que no son. Ahí es donde encajan proyectos periodísticos como 'Tiny Weenie', una publicación española dirigida a padres 'modernos' y sus hijos, en la que se demuestra que otro tipo de paternidad es posible y que no es obligatorio poner lacitos y empapelar la habitación de las niñas en color rosa. Con criterio, fieles a las principales firmas de moda y a las últimas tendencias, sus creadores llenan un hueco vacío hasta ahora en nuestro panorama editorial, porque son muchos los que siguen a sus treinta y muchos yendo a festivales de música, ahora acompañados de sus vástagos.

Detrás del proyecto se encuentran dos antiguos compañeros de Unidad Editorial: Rafa Rodríguez y Sara Sáez, que su directora. Ellos no tienen hijos, pero demuestran que se trata de saber conectar, no de hacer un diario, para que un proyecto como éste funcione. En las páginas de sus diferentes números se desgranan reportajes de música, de afrontar la tarea de ser padres, de moda infantil chula y nada maleni con artículos para los pequeños, páginas para que dibujen y jueguen y recetas de cocina divertidas y artísticas. Todo ello con una maquetación que juega con el blanco y negro, fondos monocromáticos y fotografías a toda página.

Vanguardia en estado puro que no es de extrañar que entre sus puntos de venta, muy contados, se encuentre Collette en París o la tienda del Museo Thyssen de Madrid (la edición es bilingüe inglés-castellano y cuesta 3 €). No me considero público objetivo de 'Tiny Weenie', pero he de decir que me faltó tiempo para felicitar a Sara por su revista. Bien hecha, con calidad y buen gusto, demostrando que ser padres hoy día no tiene por qué ceñirse a un corsé de estilo de vida típico y, sobre todo, que cuando hay una buena idea y ganas de llevarla a cabo, se pueden hacer proyectos editoriales muy interesantes, a pesar de la crisis. Pussar och kramar!


En materia de fragancias de hogar, debo reconocer que soy un clásico en cuanto a firmas y que me gusta perfumar exclusivamente con velas. No es que no me gusten los aromatizadores en spray, pero prefiero el toque aceitoso de la cera y cómo se impregna todo por igual. Mis marcas favoritas son las grandes casas de toda la vida: Dyptique, Tocca, Acqua di Parma... y ahora he de sumar una española: Álvarez Gómez. Sí, la famosa casa de aguas de colonia madrileña tuvo el detalle de enviarme hace bastantes meses una vela de su aroma clásico, que además en mi casa tiene bastante éxito gracias a su línea de baño. Fue encenderla el pasado sábado y no querer que la llama se consuma nunca.

Al igual que ocurre con Acqua di Parma, que sería su homólogo, no hay nada como los aromas frescos y clásicos para conseguir buenos resultados. Sobre todo porque es un acierto seguro. Con otros aromas más elaborados y complejos, no sabes si gustará a todos (especialmente si, como yo, te gusta regalar velas de hogar cuando te invitan a una cena o almuerzo tranquilo en casa de unos amigos). A mí me encantan las velas de vainilla, canela y, sobre todo, higo; pero he de reconocer que luego empiezo a oler y pocos son los que no me encantan (en este capítulo, las que tienen una excesiva carga de botánicos verdes y de maderas, como las de pino, por ejemplo). Pero mi eclecticismo no tiene por qué ser la norma, así que con la de Álvarez Gómez sé que no me equivocaré si la regalo. Además no es muy cara, ya que cuesta 17,20 € en su tienda online (más baratas que las otras firmas que nombre anteriormente, aunque también es cierto que un poco más pequeña).

Que el buenorro y cada día más guapo, simpático y sexy de tu profesor de Pilates se acuerde de tu nombre, aun cuando apenas es la segunda vez que te ve en su vida y ya han pasado dos semanas de la primera...



WIN!

Que además estéis los dos a solas durante un buen rato porque no llegaron más personas a la clase hasta 10 minutos después de haber empezado, por lo que pudimos charlar tranquilos y estuvo muy centrado en mí y en cómo estaba calentando...



EPIC WIN!

Pero que encima te dé su tarjeta de visita, por si estoy interesado en que él sea mi entrenador personal...



¡MUERTA!


Esta semana la cosa va de ropa interior extraña. Me gustaría decir inútil, pero al igual que los de ayer de Aussiebum pueden resultar muy fresquitos para quienes lo usen, los de hoy tienen hasta patente científica que los avala. Me refiero a los Snowballs, unos calzoncillos que prometen asegurar la fertilidad del esperma gracias a que poseen una pequeña bolsa en la parte delantera donde se coloca una bolsa de gel frío que refresca los testículos y, con ello, los espermatozoides. ¿Cómo te quedas? Pues muerta, claro.

Los ha creado la empresa norteamericana Procreativity, especializada en todo tipo de tratamientos y elementos en busca de la fertilidad humana. En este caso, los bóxer están hechos de algodón orgánico 100% y el gel es Carboxymethyl Cellulose Sodium, un material que se mantiene frío bastante tiempo y que no es tóxico ni inflamable (en el caso de que un calentón testicular pueda realmente prender fuego al escroto, claro). Y todo ello en bolsitas biodegradables.

Según la empresa, estudios médicos han demostrado que si reducimos la temperatura de la bolsa escrotal entre 2 y 5 ºC es posible que un hombre infertil por la pobreza de su esperma enriquezca sus espermatozoides hasta el punto de poder fecundar un óvulo. Y como el proceso de creación de la simiente masculina es de 74 días, serán necesarias 10 semanas de ir con la huevera enfriada para que la cosa funcione.


El proyecto de venta aún no es una realidad. Sus creadores necesitan 20.000 dólares para que los primeros compradores, que habrán pagado 55 dólares por tres pares, los puedan probar y empezar a enfriar sus partes. Que suena a tongo, sí. Que suena a broma, aún más. Pero que llevan casi 3.000 $ recaudados, también. Pussar och kramar!




Yo siempre he sido muy fan de Aussiebum. La firma australiana de ropa interior tiene un catálogo con bastantes cosas chulas, pero su última invención no me convence. Con el nombre de Breeze, ha creado una serie de slips y suspensorios en los que no falta su clásica cinturilla elástica de colores (roja o verde, en esa ocasión) y que se caracterizan por presentar el algodón perforado, como ocurre con las mallas de algunas zapatillas de deporte o las camisetas de algunos deportes en los que se suda mucho. ¿Qué necesidad había de hacer calzoncillos con perforaciones? En mi opinión, ninguna.



Obviamente, si en un slip le veo poco sentido, no digamos ya en un suspensorio. ¡Cómo si no estuviera ya todo bien ventilado gracias a tener el culo al aire!

Aunque yo entiendo a la gente de Aussiebum. Su equipo creativo necesita demostrar que está ahí, que son importantes y que saben trabajar codo con codo con el departamento de I+D. Así, en vez de escoger colores nuevos para sus modelos clásicos, o dibujar un estampado diferente, hay que ir más allá, aunque no sea necesario ni útil ni demandado. Y así pasa luego, que nadie está dispuesto a gastarse los 20 € que cuestan (18 € los suspensorios) y acaban siendo un artículo relegado del catálogo y que terminan comprando cuatro estrellas del porno para que queden bien en cámara los segundos antes de ser despelotados. En fin, que esta vez han perdido el norte... ¿O se dice el sur? Pussar och kramar!





El domingo asistí a lo que se me vendió como un nuevo musical de Mecano. Pero no fue así. Es decir, el teatro musical, como el cine, pasa por contar una historia guionizada con la ayuda de canciones. En este caso, la obra 'La fuerza del destino' no es tanto una acción narrativa como un homenaje puro y duro a Mecano, como un concierto con atrezzo. He de decir que, sin ser muy fan del trío musical, lo pasé bastante bien. Y no sólo porque hubiera un bailarín con el cuerpazo y culazo más merendables de los que haya visto en siglos, sino también porque los chicos cantaron bastante bien e hicieron disfrutar al público (aunque quizás el volumen de los músicos estaba bastante alto).

En algún momento de la obra pidieron al público que cantara, que se pusiera en pie y que jaleara. Reconozco que me costó sumarme a ello. Me pasó lo mismo cuando fui a ver 'Espinete no existe', aunque en este caso me pareció aún más grave. Yo no sé los demás, pero yo no voy al teatro para interactuar ni para formar parte del show. A mí me gusta ver una obra, que se me entretenga y que lo que haya pagado se justifique. En el caso de la obra de Eduardo Aldán, pasarte casi la mitad de la misma haciendo participar al público en vez de contar monólogos, hacer trucos de magia o cantar, me pareció una desfachatez. Para eso, cobra menos y haz una obra más corta, pero al menos que no te haga sentir estafado porque te has tirado media hora siendo tú y no el actor el que hace las cosas de la función. En el caso del musical no fue para tanto, porque sólo pasó en dos canciones, cuando duró más de dos horas, pero me recordó al monologuista.

Igual es mucho pedir. Pero una cosa es un guiño al espectador, como en el teatro de marionetas, cuando los niños avisan a Caperucita de que el lobo está a su espalda, y otra cosa que el artista se siente a ver cómo el público es quien realmente hace la función y, encima, pagando por ello. Pussar och kramar!




Dentro de unas horas estaré tomando un avión rumbo a Praga. Voy a visitar la ciudad para conocer un nuevo hotel de la cadena Barceló y las novedades turísticas de la ciudad, que luego se verán reflejados en unos artículos para Loff.it, que es una web en la que colaboro desde hace algún tiempo. Hacía mucho que no iba a un viaje de prensa y debo confesar que me apetece muchísimo, pero, en este momento de mi vida, me asusta.

Digo esto porque va a ser la primera vez que viaje desde que empecé a perder peso en la Clínica y no quiero romper la dieta por nada. Me está yendo fenomenal y los progresos son gigantes, sé que no me merece la pena comer algo que no debo porque puede dar al traste con el trabajo de algunos días y obligarme a andar lo andado, pero la carne es débil. A mí favor tengo la fuerza de voluntad que estoy demostrando, más fuerte que nunca, así como que he pedido a los organizadores que respeten dentro de lo posible mi dieta y se aseguren de que puedo comer en los restaurantes previstos la comida que está dentro de mi régimen (como es una dieta bastante variada, raro es que no tengan un poco de verdura y alguna carne o pescado para hacer a la plancha). Además, por si acaso, me llevo algo de comida envasada, aprovechando que voy a facturar, y la tendré en el frigo del hotel por si acaso, así como lo que me toca comer a media mañana y de merienda, que no vaya a ser que me pille en medio de la calle y me tenga que poner como un loco a buscar una tienda de comestibles.

El caso es que son cuatro días, demasiados para demostrarme a mí mismo que soy capaz de no transgredir. Aquí no se trata de decir 'un día es un día' o permitirte ciertas licencias. Siempre lo había hecho hasta ahora con las dietas y, como es fácil de adivinar, nunca funcionó. Ahora me lo estoy tomando muy en serio y debo tener cabeza. Sólo espero que no me venga algún checo de estos de la foto y me diga: "o comes chocolate, o nos pondremos muy tristes", porque cómo voy yo a negarles la felicidad a ellos...



O peor aún, que venga en persona el rubio y tremendo Jan Pochobradský, elegido el más guapo del país, y me haga proposiciones deshonestas para un casado si no me como unas patatas al horno... ¡Mundo cruel! Pussar och kramar! y cruzad los dedos por mí.



El caso de Benzema y su conducción temeraria salió a la luz un día o dos después de que me dijera a mí mismo que debía escribir un post sobre futbolistas. Pero no, no se trata de hablar de merendables con balón, sino de lo que se ha convertido en una casta privilegiada de nuestra sociedad disfuncional. Por supuesto, es innegable el número de privilegios de los que gozan. Un ejemplo es el cambio de fecha de la vista al jugador francés por coincidir con la semifinal de la Copa del Rey, como si se tratara de un deporte individual y no de equipo, o como si fuera tan claro que en otras profesiones también el juez permitiría ese aplazamiento. Y todo ello a personas que cobran millonadas por jornadas laborales de apenas cuatro horas, o incluso menos, a cambio de fama sin igual.

La parte mala también está ahí. Por un lado, la exposición pública que se hace de tu vida, sobre todo de este tipo de acciones (rara vez se da el nombre de un infractor de tráfico en los medios de comunicación), pero también el que se saquen los pies del tiesto. Y con esto me refiero a los que piden al Real Madrid una sanción ejemplar para el jugador. Vamos a ver, si un celador en su tiempo libre circula a 215 km/h por la M-40, ¿tendría sentido que su empresa le multara? Entonces por qué no resulta disparatado para un futbolista. Independientemente de que sean considerados modelos a seguir por muchos, eso no les obliga a tener que serlo bajo pena de sanción, y mucho menos de estamentos que nada tienen que ver con la falta.

De hecho, siempre he pensado que en el mundo del fútbol se han desmadrado las cosas en cuanto a las relaciones laborales de los jugadores, que no dejan de ser empleados asalariados. Si a mí mi jefe me dice que durante los viajes de prensa no puedo utilizar el móvil ni tuitear, ni siquiera en mi tiempo libre o durante la noche, cuando ya ha acabado la jornada, le mandaría un poquito a la mierda. ¿Entonces por qué parece como algo normal e incluso lógico que los entrenadores ordenen este tipo de cosas a los jugadores? Una cosa es pedir algo y otra ordenarlo. Si se le explican las razones de por qué prefiere que no se tuitee o se folle os e hable por teléfono, y el jugador las comparte, pues perfecto. Pero si no... ¿acaso no tienen libertad individual para hacer lo que quieran siempre que no sea fuera de la ley?

Y hay un punto que siempre me ha llamado la atención y que me gustaría algún día consultar a un experto en Derecho Laboral. Si un jugador, como por ejemplo fue el caso de Llorente en el Athletic, nunca juega, o lo hace muy poco, o ni siquiera es convocado y chupa banquillo de forma habitual, ¿no podría demandar a su entrenador por acoso laboral? Es decir, por culpa de su superior directo no puede trabajar ni desarrollar su carrera ni aspirar a ascensos (ir a la Selección, jugar en un equipo mejor...). En cualquier otro trabajo, sería motivo más que lógico para una demanda. ¿Por qué un jugador condenado al banquillo no puede luchar contra esto por lo penal?

Sería interesante que alguno lo hiciera y, según el resultado, creara un nuevo Caso Bosman. Pussar och kramar!




Sí, el desierto puede albergar paisajes impresionantes, vistas increíbles y atardeceres de sueño; pero no lo olvidemos: sigue siendo un desierto y, antes de acercarnos a contemplar esos espectaculares rincones, que nunca se suelen encontrar en los bordes del mismo, deberíamos plantearnos si realmente merece la pena el trayecto. No, no es un alegato a la pereza, sino que por mucha sensación de adrenalina que genere, un tanque de pirañas siempre seguirá siendo un tanque de pirañas, y llenar tu vida de trampas mortales es más un suicidio inconsciente que un desafío estimulante y temerario. Ahora, que aquel que prefiera perderse entre las dunas porque su vida no tiene sentido sin esos cinco minutos de contemplación de la belleza, que recuerde que el camino de vuelta también tiene que hacerlo, porque en medio del desierto, salvo ocasiones, carece de oasis y fruta fresca. Pussar och kramar!