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El rey de la casa


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Imagínese a Vladimir Putin en medio de un escenario, rodeado de un público 100% homosexual que le aplaude enfervorecido y le jalea repitiendo su nombre mientras agita banderas y pancartas. Ciencia ficción, ¿verdad? Ahora haga lo mismo, pero sustituyendo al dirigente ruso por una mujer que ya ha pasado los 50 y cuyas ideas sobre el matrimonio entre homosexuales no dista mucho de la del primero. Seguro que tampoco entiende tanto aplauso histriónico del público, incluso puede que también le parezca un imposible; pero nada más lejos de la realidad.

Para entender que una cosa así ocurra basta con ponerle nombre a la dama del escenario: Carola. Ella es la diva de Eurovisión, del schläger y de todo lo que suene a sueco y gay con una mínima melodía que permita mover las caderas con ritmo. Y lo es a pesar de sus declaradas posiciones ultraconservadoras y de su activa participación en la Iglesia Evangélica de su país. Un fenómeno imposible de entender desde un punto de vista objetivo, pero real y duradero, pues son más de 30 años los que lleva encandilando a miles y miles de fans ‘de la otra acera’ con sus canciones.



Toda ella es una paradoja. Que una chica más bien tirando a mojigata de las afueras de Estocolmo, que no enseña 'cacho' ni de casualidad y que nunca utiliza el recurso de lo sexy pueda triunfar y sentar cátedra como lo ha hecho, ya es motivo suficiente para hacerle la ola y reverenciarla como diva eterna. Pero es que, además, Carola ha elevado a rango de maestría el uso del ventilador en un escenario (¿acaso hoy concebimos a una aspirante a musa del pop cantando sin un chorro de aire que la desmelene?), así como ha dejado muy claro que, o gritas en los estribillos hasta desgañitarte, o despídete de formar parte del Olimpo de las divas gays.

Dicen los estadounidenses que ellos tienen a Barbra. Ya quisiera ver yo a la Streisand cantando en directo subida a un trapecio de equilibrista a varios metros de altura y dando volteretas en él sin perder ni una vez el tono ni el resuello ya cumplidos los 40. Y tampoco me imagino a la de Brooklyn haciendo un dúo, también en directo, con una grabación de una canción de 1958. En esta particular Ryder Cup, Europa gana de calle. No necesitamos a nadie más en el equipo, con Carola vamos sobrados. Ella, y sólo ella, es invincible. Pussar och kramar!

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