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El rey de la casa


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Debo reconocer que soy un poco fantasioso. Me encanta quedarme absorto en mis pensamientos mientras viajo en autobús, me ducho, oigo un discurso aburrido... He perdido la cuenta ya de cuántos negocios prósperos he abierto en mi mente, cuántas revistas he creado y levantado de su ostracismo, con el mayor de los éxitos, claro. No soy pesimista, en mi cabeza nunca fracasan mis aventuras imaginarias. Porque sí, se quedan ahí, en la imaginación, en posibilidades de empresariado ocioso si tuviera mucho, pero mucho dinero que arriesgar.

Seamos sinceros. Hay mucho gurú emprendedor al que le que le ha ido muy bien y siempre tiene tiempo para pontificar sobre la importancia de tomar riesgos. Pero esos gurús, por lo normal, tienen dinero, al menos para comenzar, porque partir de la nada entrampándote sí que es lo más estúpido que se puede hacer. Luego, si el negocio no sale, ese emprendedor pierde dinero, pero no hasta los calcetines. Y si sale bien, pues vía libre para pontificar. A saber cuántos emprendedores amantes del riesgo comen de la beneficiencia...

Pues ahí estoy yo, pensando en mis negocios imaginarios, tan tranquilo, y últimamente no deja de venir a mi cabeza una disyuntiva. ¿Contratarías a un amigo en paro y con necesidades económicas si estuviera en tu mano contratarle pero ese puesto es exclusivamente para ser tu secretario personal? Sí, hasta en sueños me complico la vida. Y como no paro de pensar en ello, sin saber por qué, he llegado a la conclusión de que no lo haría. Si ya me cuesta imaginar a un amigo como subordinado (no creo que fuera saludable), mucho menos como un asistente, por muy buen pagado que estuviera y muy buen jefe fuera yo.

Y no lo digo por clasismo, ya que no considero a un asistente inferior a cualquier otro empleado de una empresa, pero en ese caso, a diferencia de si contrataras a un amigo para tareas de otro tipo, se trata, quieras o no, de servirte, de ser un bastón, una ayuda, un respiro... y es imposible mantener la amistad. Y un trabajo se tarda más o menos, pero se puede encontrar con más facilidad que un buen amigo. Pussar och kramar!

2 comentarios

  1. rickisimus2  

    Pues la verdad es que no sabría qué responder. Es complicado. Y te lo digo porque mi primer jefe terminó siendo mi amigo.

  2. MEG  

    Yo sí lo contrataría, de hecho, ya he tenido trabajando para mi a mi hermana y no ha supuesto ningún problema (mi hermana y yo somos muy buenas amigas).

    Si tuviera dinero suficiente, sé a cuál de mis amigas contrataría para ser la secretaria del despacho (que no mi asistente personal, eso es otra cosa), da el perfil a la perfección y sé que sería una persona muy diligente.

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