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El rey de la casa


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Si hay un medio que me provoca mucho, pero mucho respeto, ése es el marino. Basta fijarse en las dimensiones de los océanos, a lo largo y a lo ancho, pero sobre todo al fondo. ¿Cómo no estar alerta ante todo lo que aguarda ahí abajo? Y no me refiero sólo a los fondos abisales, sino a todas las capas en general. Porque estamos acostumbrados a que los peces pequeños huyan de los humanos, al menos los pececillos que nadan cerca del rompeolas de las playas, porque hay otros que no huyen precisamente... Eso sí, lo más seguro es que cambiaran su actitud si supieran que, en el fondo, les tememos más nosotros a ellos que viceversa.

Aún recuerdo con pavor el día que hice snorkel en Seychelles. Como no me gusta nadar ni bucear con aletas, decidí ir con los pies descalzos. ¡Qué miedo! No pude estar ni dos minutos en el agua. Como hay miles de peces de colores y están acostumbrados a los turistas, que encima les llevan comida de los hoteles (mendrugos de pan), no sólo no huían, sino que se acercaban curiosos. ¡No podía parar de pensar que iban a morderme algún dedo del pie! Y por ahí sí que no paso, así que me subí al barco y me dediqué a echarles pan, que era más seguro (claro que echaba el pan donde estaban mis compañeros de viaje, por lo que de repente veían a un montón de peces hambrientos a su alrededor y también se acojonaban, jejejeje).

Y es que el mar es demasiado desconocido aún como para que vayamos despreocupados por él. Y si no, la siguiente foto. Y que no me cuenten que las ballenas no comen humanos, que en ese momento no estaría yo para pensar en herbívoros...



Pussar och kramar!

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