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El rey de la casa


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Galería de arte

buy posters and art prints

Me fascinan las papelerías. En Tokio estuvimos más de una hora en una, y no fue la única en la que entramos y compramos a lo largo del viaje. Pasear entre estanterías llenas de libretas de todo tipo y diseño, bolígrafos, carpetas... es adictivo. Cómo no probar algún rotulador de los que están en ese mueble gigante lleno de colores y diferentes grosores y brillos, no sucumbir a elegir mentalmente qué cuaderno te comprarías si necesitaras uno en ese momento, con qué tipo de rayas, el color de la cubierta, el tamaño...

A veces pienso que esta pasión por el material escolar se debe a que en mi colegio no hacía falta comprarlo. Nuestros padres pagaban un dinero a principio de curso y nos daba derecho a todo: carpetas, bolis, recambios de hojas, cartulinas... Todos en clase teníamos exactamente lo mismo, salvo que alguien quisiera llevar sus propias cosas, algo que a la gran mayoría de padres le parecía una tontería pues pagar, pagabas sí o sí la cuota. Sin embargo, luego he conocido a mucha gente que le pasa lo mismo que a mí y que sí se pasaron toda su infancia comprando los cuadernos, carpetas y demás cosas que realmente le gustaban, eligiendo en las tiendas cada septiembre el material para comenzar el curso (yo no lo hice hasta 1º de BUP).

El miércoles fui loco de contento a un Tiger para comprar pegamento de barra, una goma de borrar y un sacapuntas (por cierto, acabé comprando una goma con sacapuntas incorporado). Me encantó tener la excusa real de que necesito esas cosas para mis clases de sueco y que iba a comprarlas. Luego el rubio me dio una goma pequeña de Milan que tenía guardada, así que ahora tengo dos, y lápices no hicieron falta porque tengo varios (uno de ellos, del Museo Balenciaga, de fieltro rosa fucsia muy poco discreto, por cierto).

Eso el miércoles. El lunes fui a comprar una carpeta a un Carlin (ya les vale qué precios manejan) y acabé saliendo con una de Benetton para Miquel Rius que me gusta bastante. Y eso sin contar el cuaderno tamaño A5 de tapas rojas y cuadrícula pequeña (que no milimetrada) que compré el mes pasado y que estrené el pasado sábado. Sí, estoy como tonto con mi vuelta a clase, ¡y aún falta que me llegue por correo el diccionario que compré el otro día en Bokus!

No voy a hacer las cuentas porque prefiero no saber cuánto me estoy gastando en las clases de sueco, voy a limitarme a disfrutar de mi nuevo material escolar. ¿Niño con zapatos nuevos? No, nada como sacapuntas recién desprecintado y estrenar carpeta. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Ladonnabupu  

    Nunca había pensado en ello pero me gusta tu teoría... hasta trabajando disfruto del armario de recursos de los colegios!

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