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El rey de la casa


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Procuro enfadarme poco. Más bien, trato de no hacerlo por tonterías y tratar de reservar ese sentimiento, que en mi caso suele ser bastante iracundo, para cuando pasa algo de verdad. Es por ello que los motivos suelen ser viscerales y bastante molestos, de ahí que los cabreos me duren algunos días. De hecho, me parecería una falta de 'respeto' hacia el motivo en sí que mis enfados no se alargaran en el tiempo ya que, implícitamente, estaría dando a entender que no era para tanto y que había un poco o mucho de histrionismo en el asunto.

Me llama la atención esa gente que se enfada, se cabrea, gesticula, discute... y a la media hora está como si nada, hablando de naderías o, aún peor, tratando de ser románticos, agradables, amigables, risueños... ¿Pero es que no te acuerdas que hace apenas media hora estabas bramando en arameo? ¿Tan poco te importa lo que haya sido motivo de enfado? No lo entiendo. Aunque quizás debería envidiarles, porque ese estrés y malestar que se ahorran, que mis cabreos, como he dicho, son bastante viscerales en lo literal y me dejan muy mal cuerpo, demasiada tensión en él...

Cada día tengo más claro que me he equivocado eligiendo forma de ser...
Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Di  

    El renconr da arrugas. Mejor la venganza.

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