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El rey de la casa


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El fin de semana en Calahorra me ha descubierto una vocación por la huerta que desconocía. ¡Quiero recolectar en huertos caseros todo tipo de frutas y hortalizas! Además, creo que es tendencia y uno tiene que mantener su estatus de culjanter, ¿no?

Estuve el sábado en el huerto de una amiga del rubio, celebrando su cumpleaños. El padre de la chica cultiva allí un montón de cosas. De hecho, alabé que tenga esa curiosidad, porque así no sólo se cosecha una cosa y todo al mismo tiempo, sino que un día te vuelves con cebollas, otro con tomates, el tercero con peras... Y allí había desde hortalizas a frutales, por lo que si no te gustaba una cosa, seguro que otra te encantaba. Además, Calahorra es la capital de la hortaliza, por lo que todo no es que esté bueno, sino que está superior. Me dieron permiso para recolectar lo que quisiera, pero lástima que se puso a llover y apenas pude hacerme con unas cebolletas dulces XXL... Lo dejo pendiente para una próxima visita, porque me encantó.

Hoy la he añadido (un poco, porque ya digo que es gigante) a la ensalada y, como me temía, no sólo no pica, sino que estaba deliciosa, casi dulce. Y tengo la certeza de que se ha cultivado sin pesticidas ni nada raro, así que puede que sea la cebolla más ecológica que he comido nunca. Además, aprovechamos para ir al local de un hortelano y hacernos con tomatas (no es un error, es un tipo de tomate de ensalada cinco veces más grande de lo normal), melocotones, nectarinas, pepinos... Sólo venden allí lo que sacan a diario del huerto, así que más de temporada, imposible.

Aproveché para ver por primera vez un manzano del tipo Golden, un peral lleno de peritas enanas, ver plantas de calabacines (qué buenos los que nos trajimos también a Madrid...)... Vamos, que ya me veo recolectando sí o sí en mi próxima visita. Y como bien ha dicho Meg, subrayo lo de recolectar, que el resto de cosas que supone un huerto son muy sacrificadas y nada sugerentes... Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. MEG  

    Yo tengo un suegro que está jubilado y ahora se dedica en cuerpo y alma a la huerta y a sus pequeños animales (gallinas y conejos).

    Como afición, está bien, pero es un poco esclava, porque tienes que ir o todos los días o casi todos los días. Con los animales, con más razón, ya que en verano hay que tener cuidado con ellos y con las altas temperaturas.

    Lo bonito de la huerta es comerse lo que se produce. Pero la labor de detrás: arar, sembrar, fumigar, limpiar de malas hierbas, etc., no es agradable.

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