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El rey de la casa


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El caso de Benzema y su conducción temeraria salió a la luz un día o dos después de que me dijera a mí mismo que debía escribir un post sobre futbolistas. Pero no, no se trata de hablar de merendables con balón, sino de lo que se ha convertido en una casta privilegiada de nuestra sociedad disfuncional. Por supuesto, es innegable el número de privilegios de los que gozan. Un ejemplo es el cambio de fecha de la vista al jugador francés por coincidir con la semifinal de la Copa del Rey, como si se tratara de un deporte individual y no de equipo, o como si fuera tan claro que en otras profesiones también el juez permitiría ese aplazamiento. Y todo ello a personas que cobran millonadas por jornadas laborales de apenas cuatro horas, o incluso menos, a cambio de fama sin igual.

La parte mala también está ahí. Por un lado, la exposición pública que se hace de tu vida, sobre todo de este tipo de acciones (rara vez se da el nombre de un infractor de tráfico en los medios de comunicación), pero también el que se saquen los pies del tiesto. Y con esto me refiero a los que piden al Real Madrid una sanción ejemplar para el jugador. Vamos a ver, si un celador en su tiempo libre circula a 215 km/h por la M-40, ¿tendría sentido que su empresa le multara? Entonces por qué no resulta disparatado para un futbolista. Independientemente de que sean considerados modelos a seguir por muchos, eso no les obliga a tener que serlo bajo pena de sanción, y mucho menos de estamentos que nada tienen que ver con la falta.

De hecho, siempre he pensado que en el mundo del fútbol se han desmadrado las cosas en cuanto a las relaciones laborales de los jugadores, que no dejan de ser empleados asalariados. Si a mí mi jefe me dice que durante los viajes de prensa no puedo utilizar el móvil ni tuitear, ni siquiera en mi tiempo libre o durante la noche, cuando ya ha acabado la jornada, le mandaría un poquito a la mierda. ¿Entonces por qué parece como algo normal e incluso lógico que los entrenadores ordenen este tipo de cosas a los jugadores? Una cosa es pedir algo y otra ordenarlo. Si se le explican las razones de por qué prefiere que no se tuitee o se folle os e hable por teléfono, y el jugador las comparte, pues perfecto. Pero si no... ¿acaso no tienen libertad individual para hacer lo que quieran siempre que no sea fuera de la ley?

Y hay un punto que siempre me ha llamado la atención y que me gustaría algún día consultar a un experto en Derecho Laboral. Si un jugador, como por ejemplo fue el caso de Llorente en el Athletic, nunca juega, o lo hace muy poco, o ni siquiera es convocado y chupa banquillo de forma habitual, ¿no podría demandar a su entrenador por acoso laboral? Es decir, por culpa de su superior directo no puede trabajar ni desarrollar su carrera ni aspirar a ascensos (ir a la Selección, jugar en un equipo mejor...). En cualquier otro trabajo, sería motivo más que lógico para una demanda. ¿Por qué un jugador condenado al banquillo no puede luchar contra esto por lo penal?

Sería interesante que alguno lo hiciera y, según el resultado, creara un nuevo Caso Bosman. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. MEG  

    Quizá el tema de reclamar por acoso laboral al entrenado sería un poco excesivo, pero sí se podría reclamar por incumplimiento de contrato, para que el juzgado deshiciera el contrato laboral.

    De todos modos, debes pensar que este tipo de contratos no es como los "normales", sino que son contratos específicos por las propias cualidades de la persona, lo que se llamaría en términos vulgares contrato de "alta dirección", con más cláusulas especificas que genéricas.

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