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El rey de la casa


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 Definitivamente, lo de ir por la tarde al gimnasio no es lo mío. Ayer fui a las 5 y llegué algo cansado de toda la mañana sin parar. Así, fue empezar a ejercitarme y me sentí mucho más agotado y sin fuerzas que cuando voy a primera hora. Ya me he decidido a, siempre que pueda evitarlo, no ir después de comer. Además, hoy empezaba por fin la rutina personal que me ha puesto el experto en Educación Fisíca de la clínica a la que estoy yendo para adelgazar, por lo que tenía muchas ganas de hacerlo bien y no he podido bordarlo por culpa del agotamiento.

He vuelto a calentar con musculación y, eso sí, después me centro exclusivamente en las máquinas de cardio, sobre todo la cinta y la elíptica, que apenas la cogía y que me ha dicho que es fundamental y donde voy a conseguir mejor rendimiento. Además me ha prohibido las máquinas de abdominales. Me ha dicho que la tripa se baja con dieta y que, cuando la grasa abdominal baje mucho, entonces ya los haré, pero mientras que lo deje y me dedique a ejercicios de musculación hipopresivos y con movimiento para trabajar varios grupos de músculos a la vez. Por ahora, soy algo torpe al hacerlos, pero espero cogerle el tranquillo.

Lo único bueno de ir a las 5 fue que coincidí con la hora de los Bollycaos. No, no me refiero a una merendola, sino a que el gimnasio estaba bastante concurrido de dieciochoañeros metiéndose caña en la zona de musculación. Jovencitos cuadrados (otros no tanto), que lo estaban dando todo por sus biceps y abdominales. Sobre todo me llamó la atención uno que para hacer un ejercicio necesitaba tener la camiseta subida y tocarse el abdomen todo el tiempo (y qué abdomen!!). Es el mismo que luego se puso en una máquina a hacer unas torsiones que ni un artista de circo. Además de guapo, elástico, así da gusto.

Y hablando de guapos. ¡Por fin coincidí con un súper adonis! Hacía tiempo que no veía a un chico tan guapo, con unos musculos grandes pero definidos y una sonrisa increíble. Vamos, para sentarte a su lado y admirarle mientras se entrena con una bolsa de palomitas y un refresco. Me hizo gracia su camiseta, de color amarilla y en la que se podía leer: "Cuidado, tengo armas de defensa", con un puño cerrado gigante. Por cierto, que ahora que escribo sobre camisetas. Apareció otro chico con una del Manchester, pero ni de lejos tan interesante como el auténtico Manchester de las mañanas. Le llamé el falso Manchester.

Próxima visita, mañana viernes. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. MEG  

    ¿Y tú marido que opina del repaso que les das a los chicos del gimnasio? Jajajaja.

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