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El rey de la casa


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Hacía algunos días que no contaba nada acerca de mis aventuras en el gimnasio. No, no es que lo haya dejado o me diera pereza. La semana pasada fui dos días. Iban a ser tres, pero el último decidí convalidarlo por una caminata de 45 minutos a paso rápido desde la Clínica a la que voy para adelgazar hasta mi casa. De hecho, lo hice no sólo porque me daba algo de pereza de cambiarme de ropa y ducharme y salir mojado del gimnasio en plena ola de frío, sino también porque quería averiguar cuánto tardaba en hacer el trayecto andando, ya que pretendo hacerlo cuando haya mejor tiempo y cuando no tenga cargado el nuevo metrobús de la EMT, que ya no entiende de meses, sino de recarga de 30 días.

El caso es que la semana pasada, los dos días que fui, no paso nada reseñable. Estuve en horas que no me gusta mucho y, aunque no tuve que pelear por las máquinas, tampoco encontré grandes alicientes visuales que me entretuvieran. Empecé a aplicar la tabla de ejercicios que me puso el experto en educación física de la clínica, que pasa por un calentamiento bastante concienzudo. Debo reconocer que no sé hacerlo muy bien. Es con mancuernas de poco peso y no suelo sobrepasar los cinco minutos, cuando deberías estar casi el doble. Así, hoy decidí no ir tampoco al gimnasio y quedarme a la clase de gimnasia de la Clínica, ya que me gustaría aprender a calentar bien las articulaciones. Como me temía, allí el calentamiento duró más de 15 minutos y cuando acabó tenía todo el cuerpo combustionando calorías.

He pensado que voy a dejar de ir al gimnasio convencional y me voy a centrar en el de la Clínica. Para empezar, no es un dinero extra (y por poco que sea, no ando muy allá de pasta, sobre todo desde que cobro menos paro del que me dijeron en el Sepe que cobraría) porque está incluido en los servicios del centro. Por otro, es una hora diaria con un entrenador especializado en gimnasia para los que queremos perder peso, y todos los ejercicios están enfocados a quemar grasas sin machacarnos las rodillas ni ninguna articulación. Además, tres veces por semana hay fitness de hipopresivos, que es lo mejor para perder barriga.

Mi amigo Ricardo dice que, aunque vaya al gimnasio de la Clínica, que no deje de apuntarme al que había visto cerca de casa y al que pretendía apuntarme cuando acabara este mes mi bono del municipal, para que coja hábito y lo tenga creado para cuando ya esté en mi peso. Creo que tiene razón, pero voy a posponerlo unos meses, porque no tengo mucho dinero y prefiero coger ese ritmo cuando me quede algo menos de la mitad del tratamiento.

Lo único malo es que en las clases de gimnasia de la clínica soy el único chico. Somos pocos pacientes varones y todos son mayores que yo (salvo dos, el resto me saca más de 25 años...); y ninguno va a gimnasia. En fin, toca centrarse más que nunca en el ejercicio.

Ayer fue mi primer día. Trabajamos tablas de ejercicios con bandas elásticas y acabé cansado pero satisfecho. Había ejercitado todos los músculos y notaba mi cuerpo, sin sudar, quemando todo tipo de calorías. Así da gusto hacer deporte. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Di  

    Qué es eso del fitness de hipopresivos? Quiero saber que me interesa!

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