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El rey de la casa


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Ayer no pude ir al gimnasio a mi hora habitual, así que fui por la tarde, sobre las 5. La verdad es que me esperaba que estuviera bastante lleno, pero no, estaba más o menos como por la mañana, pero con algunas diferencias. Por un lado, la media de edad es muchísimo más baja, como preveía, ya que no hay tanta tercera edad y muchos más jóvenes. Por otro, las máquinas que cuesta coger, porque suelen estar ocupadísimas, son las de correr y las de musculación, y no las bicicletas y las elípticas.

Debo reconocer que me marqué hacer algo más de lo que realmente hice luego. No sé si fue porque estuve buena parte del día andando o porque, no sé por qué, llegué un poco acelerado al gimnasio, pero el caso es que me cansé más que nunca y ni siquiera pude terminar la primera tanda de cardio que me había propuesto (el resto, sí). Me atreví con alguna máquina nueva de musculación y aproveché bien el tiempo, pero a cambio de sudar y cansarme como nunca hasta ahora.

En cuanto a chicos, como era de esperar, la calidad y cantidad se ha aumentado bastante. Por un lado, hay un montón en la zona de musculación. Tuve la suerte de que, al llegar, coincidí en el vestuario con dos con un cuerpo de los que a mí me gustan y yo llamo 'perfectos', es decir, musculados sin estar mazados y que a nada que mueven los brazos sale un interesante 'bola' en el bíceps. En concreto me fijé en uno que no tuvo otra genial idea que cambiarse de pantalón justo delante mía y puso un culo increíble casi en mi cara (sufrimientos del vestuario...). Luego, en la propia sala, había mucho donde mirar, aunque mi favorito de la tarde fue un chico moreno con un pantalón largo de chándal, de los grises de toda la vida, que marcaba un paquete impresionante (me pregunto qué ropa interior llevará para marcar así o si en reposo es un semental de cuidado). Como dice Di: yo, de cásting en el gimnasio...

El caso es que este chico del chándal gris, así como el del vestuario, tenían un comportamiento muy extraño para mí. Apenas hacían cosas en las máquinas y se tiraban charlando un montón de tiempo entre ejercicio y ejercicio. No eran los únicos. Así cualquiera se tira varias horas en el gimnasio... No entiendo qué hacía tanta gente charlando o parado sin hacer nada, para luego ponerse a unas tandas muy cortas en alguna máquina. Igual ése es el modo de muscularse, no sé, pero me choca.

Y con el cambio de horario fui testigo de un fenómeno que hasta ahora no había vivido: el de las madres de los campeones. Es decir, las madres que están en el gimnasio esperando a que sus pequeños acaben su hora de natación. Se quedan sentadas en los pasillos comunes, leyendo un libro o hablando entre ellas, sin hacer nada más productivo. ¿No sería mejor que hicieran deporte mientras sus hijos nadan? Así aprovecharían más el tiempo y se pondrían en forma para aguantar el tute que dan los pequeños en casa (había tanto niño cuando salía que no pude dejar de acordarme del episodio de Sexo en NYC en el que Miranda sufre el ataque de los enanos en el gimnasio). En fin, que no saben optimizar su tiempo, una de las cosas que yo me he propuesto para este 2013. Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. rickisimus2  

    Me ocurre lo mismo en la piscina: hay un grupo de jovenzuelos (por cierto, están de rechupete) que salen 10 minutos antes que yo de la piscina y me da tiempo a salir, ducharme y vestirme, y ellos siguen de cháchara amigable vistiéndose con parsimonia.

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