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El rey de la casa


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Ayer quedé impactado con estas imágenes de las caídas de varios ciclistas en el Tour de Francia en los últimos años. Johnny Hoogerland, el del maillot azul destrozado, cayó sobre alambres de espinos por culpa de un coche de la organización, y tuvo cortes impresionantes, uno de ellos con 33 puntos de sutura. Al igual que Bauke Mollema, el chico de azul y naranja, terminaron la etapa a pesar de todos los contratiempos, o el que cayó por culpa de un perro que se cruzó.




Los casos de dopaje han acabado con el ciclismo. Los que crecimos viendo a Indurain, mientras Javier Ares lo radiaba, les considerábamos casi extraterrestres. Hoy, apenas conocemos a ningún ciclista que no esté envuelto en sospechas de trampa, y sólo salen en la prensa por esos motivos o, peor aún, por morir arrollados durante sus entrenamientos. Pero, a pesar de los titulares, quiero pensar que son mayoría los que aman este deporte, sus reglas y la superación personal que les supone cada día llegar a meta pasando todo tipo de penalidades. Por ellos, me quito el sombrero.
Pussar och kramar!

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