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El rey de la casa


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Ayer, un pasajero de un avión que ya había comenzado la aproximación al aeropuerto de Barajas, activó el acceso a Internet de su teléfono móvil, hizo la foto que aparece a la izquierda y la compartió automáticamente con sus seguidores en Instagram. Cuando los mismos seguidores le recriminaron su actitud contraria a las normas, reaccionó como el típico gallito chulesco.

Siempre me he preguntado qué gana este tipo de personas con esa forma de proceder. ¿Qué consiguen alardeando de una conducta que se salta las normas? ¿Es eso lo que entienden por rebeldía? ¿Les hace sentirse un poquito anarquistas dentro de una vida burguesa aborregada?

Independientemente de que tengan más o menos sentido las normas de comportamiento en un avión (de hecho, se espera que en breve permitan el uso de teléfonos móviles y aparatos con acceso a Internet en pleno vuelo), son las que son y hay que acatarlas. Si no te gustan, es fácil, no vueles y buscas otra forma de llegar a tu destino. Pero si la que tomas es el avión, aceptas las normas de la compañía, desde la de un sólo bulto de mano a la de tener el móvil apagado en aterrizaje y despegue, así como en modo Avión durante el vuelo. No son difíciles de entender y menos de seguir.

Es como si mañana me invitan a un cumpleaños al que hay que ir obligatoriamente vestido de blanco. ¿Qué pasa si no quiero vestirme de ese color y el anfitrión es tajante al respecto? Pues que o no voy, o me visto de blanco y paso por el aro. Pues con los aviones, lo mismo.

Qué pena que estos listillos rebeldes no prefieran gastar sus energías en otras cosas más útiles que ir de guays. Pussar och kramar!

PD: Debo confesar que la foto me encanta. El cielo de Madrid, el contraste con el interior del avión, la luz que lo envuelve... Lo cortés no quita lo valiente.

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