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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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Galería de arte

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Normalmente, cuando pienso en los países que he visitado, tengo una relación extraña con Suiza. No puedo decir que sea un país del que guarde grandes recuerdos. He estado en varias ocasiones. Una de ellas fue especialmente dolorosa: el peor viaje de prensa al que he asistido en mi vida, organizado por una firma de relojes de lujo llamada Breitling. Lo que se suponía que iba a ser una experiencia fantástica se convirtió en un episodio que ojalá logre olvidar. El resto de las veces que he estado no ha pasado nada reseñable, salvo que tenía que ir corriendo de un lado a otro y prácticamente no me enteré de que estaba en Ginebra, que es la ciudad helvética en la que más he estado.

Fue precisamente en ese viaje para olvidar en el que tuve la fortuna de recorrer un poco el país, ya que pude visitar Neuchâtel, algunos pueblos, la estación de tren de Zurich y, sobre todo, una ciudad que me cautivó: Lucerna. No recuerdo un lugar tan bonito en un espacio tan reducido. La suerte quiso que me hospedara en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, con vistas al lago. Imposible olvidar el paisaje con los primeros rayos del día. Es magia lo que hay en el centro histórico y ayer, leyendo un reportaje sobre este pequeño paraíso, me entraron unas ganas locas de volver.

No creo que, si lo cumplo, me hospede en el mismo sitio (no hay dinero para lujos), pero sí podré pasear con calma, recorrer cada rincón, llenar mis pulmones con la majestuosidad de la historia de la ciudad. Es decir, todo lo que no pude en mi anterior visita. Pero eso será, mínimo, en otoño. ¿Alguien se apunta? Pussar och kramar!




...siempre quise tener una. Nunca me he subido a una. #traumasdelainfancia

Ir a un parque acuático: tardé más de 25 años en pisar uno y fue en Eslovenia, sin amigos con los que pasarlo bien. #traumasdelainfancia

Fiesta sorpresa de cumpleaños: fue cuando cumplí 19, en la Universidad, y realmente no me lo esperaba (la que me hicieron con los 20, sí). Me hicieron feliz. #untraumamenos

No caer en un cuarto trauma que escribir ahora mismo. #untraumamenos

Pussar och kramar!





Hoy se inaugura en Copenhague la instalación de una valla del toro de Osborne. La silueta estará presente en el nuevo Superkilen Park, un parque que se abre en la capital danesa dedicado a la diversidad cultural. Fueron unas vecinas del barrio que alberga el parque quienes reclamaron que se colocara la valla como icono de España, junto a otro centenar de objetos de diferentes países.

Este verano tocará hacerle una visita de cortesía. Es curioso, pero el famoso toro me recuerda mucho a Copenhague. La primera vez que fui, conocí a un chico mexicano que, casualmente, llevaba una camiseta roja con el astado de Osborne en el pecho. Yo, en cambio, iba con una camiseta negra que suelen llevar los aficionados del equipo de fútbol de la capital danesa. Todo muy lógico... El caso es que me lo pasé muy bien con él y aunque nunca más supimos el uno del otro, me quedé con un gran recuerdo.
Pussar och kramar!





Bajo el pseudónimo de Cain Q. se esconde un gran fotógrafo que ha conseguido abrirse un hueco en la Red gracias a magistrales retratos de cuerpos masculinos. Sus seguidores se cuentan por cientos y, poco a poco, comienza a dar el salto de Internet a las salas de arte y exposición. Siendo como es un artista del desnudo, casi que era obligado que durante el Orgullo Gay de Madrid se le hiciera un hueco para que todo el mundo pudiera comprobar por qué los halagos se quedan cortos a la hora de hablar de su trabajo. En este caso, la cita es en Diurno, en el barrio de Chueca, donde se expondrán algunas de sus fotos (además, se podrán comprar allí mismo o encargarlas) a partir de esta tarde.

La obra de Cain Q. se podría dividir en dos etapas. La primera, durante los años que vivió en Elche, con fotografías de corte industrial, en escenarios desolados, ruinosos; así como en las playas más abandonadas, con cierto aire subversivo que bien le valió la publicación de algunas de sus fotos en revistas muy transgresoras. La segunda, más reciente, desde que hace aproximadamente un año se viniera a Madrid. Sus fotos han pasado a ser interiores, con estudios interesantes de las luces y sombras que se cuelan por las ventanas y que se posan sobre cuerpos desnudos relajados, que huyen del morbo y de una tónica sexual que estaba mucho más presenta en los retratos ilicitanos.

Después de exponer en Murcia, con fotografías diferentes a las que se podrán ver en Madrid, la cita es ineludible. Será posible verlas hasta el 8 de julio. Así, los que solemos huir del bullicio del Orgullo podremos disfrutarlas más tranquilamente y, por qué no, hacernos con alguna de ellas. ¿Saldrá algún modelo de entre los que vayan a ver la exposición? ¿Tendremos nuevas #cainqshots en breve? Ojalá. Pussar och kramar!





La estancia en Holanda ha servido para que hiciera las paces con Ámsterdam y, sobre todo, con los holandeses. Madre mía qué cantidad de buenorros guapos había en cada esquina de la ciudad. Y no sólo los locales, sino un montón de turistas que visitaban los canales elevando la temperatura de su alrededor. Lástima que luego envejezcan tan mal. Allí, lo de 'juventud, divino tesoro' cobra más razón que nunca.

Además, aproveché para fijarme en muchas cosas. Uno, de normal, tiende a perder el tiempo con chorradas y se hace sus propias teorías antropológicas. El caso es que este pasado fin de semana tuve el dudoso honor de coincidir con un montón de despedidas de solteros en Ámsterdam. Ya en el avión teníamos una y luego por las calles de la ciudad nos cruzamos con muchas más, tanto de españoles como de otros países. La más curiosa, la de las chicas que alquilaron un barco y, mientras un chico les hacía un streaptease delante de todo el mundo porque estaba dentro del bote y se le veía por los cristales, ellas bebían champán y gritaban desde fuera de la cabina.

El caso es que me fijé en una cosa que espero que alguien pueda responderme. ¿Los heteros se han vuelto unos sobones? Me explico. Vi a muchos grupos de chicos, sobre todo de españoles, que eran heteros, con las típicas bromas machistas y demás, pero luego no tenían problema en darse caricias o toquetearse y demás. Nada en plan porno ni sexual, pero sí muy cariñoso, como si ya no fuera un tabú entre hombres serlo. ¿En serio ha cambiado esto o fue una casualidad? Porque no daba crédito. Vamos, que ni yo toqueteo tanto a mis amigos (aunque soy poco tocón, la verdad). ¿Estamos ante una nueva era? Pussar och kramar!



Sólo he visitado Holanda una vez. Fue con mis padres y mi hermano, hace algunos años, en el que ha sido nuestro último gran viaje juntos en familia. Luego he estado alguna que otra vez en Schipol, pero sólo haciendo trasbordos, por lo que no cuenta como estancia en los Países Bajos. El caso es que aquella vez pude conocer buena parte del país, y recuerdo especialmente lo frío que me dejó Amsterdam. No sé si fue porque iba sin amigos o porque andaba enfadado con mi padre o por algún otro motivo ajeno a mí, pero el caso es que aquella ciudad ni fu ni fa. Ni siquiera en lo referente a ambiente gay, ya que fue allí donde acuñé una frase que repito mucho: "Viviendo en Madrid, es difícil encontrar una ciudad que esté a la altura en cuanto a vida gay tan diversa y para todos los gustos".

El caso es que no tenía mucha intención de volver, pero tanto el rubio como yo tenemos puntos de AirFrance-KLM suficientes y mi chico propuso gastarlos en conocer los canales y las casas volcadas unas sobre otras. Al final no los usamos, porque son tan timadores en Flying Blue que aún con puntos te tratan de cobrar en tasas un pastizal. Tanto que era más barato sacar el billete con EasyJet, y con mejor horario.

Esta tarde salimos para Amsterdam. Llevamos una guía que marca lo más interesante y tres días y medio por delante para hacer las paces con la ciudad o no regresar nunca más. Ya veremos quién gana. ¡Hasta el martes! Pussar och kramar!

Dicen que Facebook está para ver cómo crecen las lechugas de tu granja virtual, conocer cuándo es el cumpleaños de tus amigos (esos que eres incapaz de memorizar por muchos años de amistad que haya) y poder cotillear cómo el paso del tiempo ha afectado al pelo y a la barriga de antiguos compañeros de clase con los que hace décadas que no hablas. Sin embargo, ayer presencié y tomé parte de una conversación muy interesante en esta red social.

Versaba sobre la atención al público. Un amigo se quejaba de que un compañero tratara tan mal a los clientes por teléfono que le hacían sentir vergüenza. Por un lado, llama la atención que, con lo mal que está el trabajo, uno se arriesgue a perderlo por mal comportamiento. Al mismo tiempo, vivimos una época que, a base de sufrir a teleoperadores y departamentos de telemárketing agresivos y sin ninguna vergüenza, nos hemos acostumbrado a un mal trato o, peor aún, los que llaman se comportan como listillos preparados tanto para venderte la moto como para replicarte con bordería y chulería si tú coges el teléfono enfadado por el acoso que sufres.

El caso es que, como dije ayer, la atención al público es muy sacrificada, pero no hay que olvidar que, mientras no pierdan las formas, el cliente sigue siendo eso: un cliente, y paga por un servicio, y no se le puede atender de forma déspota ni perdonándoles la vida. Y lo dice uno que tuvo que aguantar tres años en un mostrador a hijos de papa ricachones que se pensaban que por pagar una matrícula en una Universidad privada tenían derecho a escupirte si querían. Las primeras veces que vi a alumnos, los típicos pijos con Barbour y pulserita con bandera de España, tratar de ese modo a mis compañeros de Oficinas Generales, me llené de ira. Me daba mucha rabia ver cómo hablaban tan mal a mis compañeras, que sabía porque las trataba a diario que eran las más bellas personas del planeta. Al mismo tiempo, me fascinaba cómo capeaban a los alumnos, se hacían fuertes y acababan demostrándoles que, no sólo no iban a permitirles esos humos sino que quien tenía la sartén por el mango era ella y que más le valía respetarla y ser educado.

Como es fácil de imaginar, los que más iracundos estaban eran los que menos razón tenían en sus quejas. Los que presentaban problemas o solicitaban cosas que estaban fuera de toda duda, se tramitaba en el acto y sin trabas, por lo que no necesitaban ejercer sus derechos como clientes. Lo que aprendí en esas oficinas fue para mí otra asignatura más de mi personal carrera de la vida. Pussar och kramar!

El otro día me comentaron unos amigos que habían habilitado parte de la zona de jardín de su adosado a la creación de un huerto. Los pobres no tienen mucha experiencia en estas cuestiones, por lo que se han encontrado que plantaron muchas variedades sin tener en cuenta la extensión de las plantas de algunas hortalizas cuando crecen, como es el caso de los calabacines. Así, están ahora aprendiendo para, cuando siembren la segunda tanta, no volver a oprimir unas verduras con otras.

El caso es que no son los primeros amigos con huerto privado que tengo. Mi hermano, por ejemplo, ha convertido una gran maceta que teníamos en la terraza de casa de mis padres en el hogar de una tomatera (y me cuentan que da para unas ensaladas la mar de ricas). A su novia también le ha dado por plantar tomates y creo que algún melón (o sandia, que no estoy seguro). Además, en ciudades como Nueva York se empieza a poner de moda disponer de un terreno en el que cultivar.

Ya sea por ahorro o por el deseo bucólico de volver a épocas pasadas y comer alimentos con sabores más rotundos, lo cierto es que autoabastecerse de verduras y hortalizas está de moda, y desde hace algunos años ya. A mí me encantaría apuntarme a esta tendencia, aunque fuera a base de macetas, pero me temo que en mi minipiso es imposible, tanto por espacio como por falta de luz solar directa durante buena parte del día. Me tendré que conformar con probar lo que siembren los amigos... Pussar och kramar!



Lo malo de las revistas sindicadas o de las que se publican bajo el formato de franquicia es que tiendes a observarlas como iguales. Sí, es cierto que las más 'fashionistas' se echarían las manos a la cabeza ante esta frase porque "todo el mundo sabe que Vogue París o Vogue USA no tienen nada que ver con Vogue Alemania o Vogue Brasil" (por cierto, que me ha hecho gracia leer a una culjantes que comprar el español es tirar el dinero), pero lo habitual, sobre todo en prensa masculina, es que tiendas a equiparar a menos que tengas la ocasión de echar un vistazo de forma frecuente a las diferentes ediciones de varios países. Así, por ejemplo, he de confesar que mi GQ favorito es el británico y que siento debilidad por el portugués; del mismo modo, no hay nada como el Monsieur francés o el Esquire norteamericano.

Quizás tocaría hablar de la edición española, pero mejor voy a hacerlo de la griega, que el año pasado tuvo el acierto de contar con mi cantante favorito, Mixalis Xatzigiannis, para su portada. El estilismo no es una maravilla, pero hay que reconocer que, con la planta que tiene el chipriota, es complicado que alguna prenda luzca mal. La portada me parece de una composición elegantísima; y el diseño interior, una pasada (en esto me pasa como a muchos infografistas, que cuando nos ponen un alfabeto diferente por delante todo lo vemos mucho más bonito y exótico). Como es un número muy antiguo no podré hacerme con uno. Una verdadera pena. Pussar och kramar!





Una de las cosas más bonitas del lenguaje musical es su universalidad. Está claro que a una canción se le añade letra para mejorarla, para explicar mejor lo que se pretende conseguir con las notas de la melodía, pero no hace falta conocer qué significan sus versos para que te emocione. Para mí, fue un triunfo personal comprobar cómo mi amiga Esther se emocionaba, con los pelos de punta, oyendo por primera vez 'När löven faller' de Carola. Ahora ha sido mi turno. He tenido la suerte de conocer una preciosa balada del israelí Liran Danino. Como no sé hebreo, por lo que se ve en el vídeo, es una canción de desamor, de alguien que se siente engañado a pesar de dar su amor incondicional a su amada. Pero no va a chapotear en la desgracia ni anclarse en el pasado... y eso, aunque no sé si lo dice o no la letra, es con lo que yo me quedo, que las penas están para hacerse más fuerte. Pussar och kramar!

Dicen que si te comes una pizza del diámetro de la que se comió el chico de la foto, y lo haces tú solo, sin ayuda de nadie, se te ponen unos abdominales como los de él, que todo es cuestión de unas isoflavonas que actúan mientras duermes para metabolizar mejor la mozzarella y que en contacto con la región lipídica del abdomen provoca una contracción que puede llegar a doler unos minutos pero que empieza a crear un efecto llamado 'tableta de chocolate' irreversible si no sigues comienzo pizza, pasta, hamburguesas y dulces a diario y sin pudor alguno.


Son los mismos que dicen que beber a diario Danacol o Actimel ayuda a reducir el colesterol y a mejorar el sistema inmunitario de nuestro organismo, o que tomar diuréticos por toneladas para expulsar en dos días todo el líquido sobrante del cuerpo es "hacer dieta", o que estamos ante una alerta zombi y que hay que prepararse para disparar a muertos vivientes si no queremos que nos coman el cerebro. ¿Acaso no se lo han comido ya a todos ellos? Pussar och kramar!


Da un poco de vergüenza ajena, pero como no creo que lo hagan con afán de ridiculizar nuestra cultura gastronómica, es mejor reírse con ellos en vez de echarse las manos a la cabeza. Ahora, lo que no me queda claro es si se vende todo junto, paellera incluida, o si se trata sólo de los ingredientes. Y en el caso de que sea con el instrumento, ¿es de usar y tirar? ¿Eso existe? Porque como no sea reciclable, y el producto un éxito, me veo que dejamos sin acero a medio país para importar paelleras VIVA a Japón...
Pussar och kramar!


Leo con alegría que la revista 'Yo Dona', el suplemento femenino del diario 'El Mundo', ha facturado el pasado mes de marzo un 16% más que el año pasado durante el mismo periodo. Es decir, que en plena crisis publicitaria endémica, el equipo de dicha publicación ha conseguido todo un logro. Sin duda, en cualquier empresa normal, eso sería motivo de dicha y júbilo. Las cifras no sólo son altas, sino que consiguen convertirse en una quinta parte de los ingresos totales del diario, justificando, de sobra, su continuidad en el mercado.

Sin embargo, Unidad Editorial, el grupo al que pertenece la revista, en vez de celebrarlo como se merece, dando alguna paga extra al equipo, subiendo sueldos, mejorando y ampliando la plantilla, facilitando mejores medios... ha decidido despedir a, al menos, cuatro de sus trabajadores. Efectivamente, 'Yo Dona' es una de las cabeceras implicadas en el ERE que se está llevando a cabo actualmente en mi empresa, en el que justos por pecadores están pagando platos rotos de una gestión nefasta con tintes megalómanos derivados de una televisión que nunca se tuvo que haber fundado y que ha llevado a todos a la ruina, y un diario que no ha sabido reinventarse, sino inflar cargos directivos de todo tipo apoltronando a un altísimo porcentaje de los redactores.

La moraleja, que ya da igual si consigues o no remontar las cifras de negocio, vender más o mejorar la audiencia, que lo único que quieren es despedir como sea para que los altos cargos que no mueven un dedo sigan a gusto en sus sillones. Ahora, yo me pregunto, ¿qué pasará cuando no quede nadie para hacer el trabajo bajo esas condiciones y sueldo, sólo haya becarios y sean ellos los que deban arremangarse? Me pido palomitas y primera fila. Será un espectáculo impagable. Pussar och kramar!