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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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Para muchos, ir al País Vasco y no basar la gastronomía en sus magníficos pintxos y en sus restaurantes pintorescos y/o de cocinero afamado es un sacrilegio. Sin embargo, me tendrán que perdonar los puristas porque en mi próxima visita a Bilbao, para la que no tengo fecha aún pero espero que sea pronto (es una ciudad que me encanta y no sólo por la cantidad de merendables que se ven, sino por todo), una de las cosas que tengo pendiente de hacer es comer una hamburguesa.

Sí, sé que suena muy yanqui y muy poco de la ría, pero no se trata de una hamburguesa normal. Se llama Bilbo Burger y está realizada 100% con buey wagyu, una raza japonesa que se cría de forma excepcional en una finca de Burgos (que es la que surte la carne). La carne se potencia con piperrada (guarnición a base de pimiento verde y rojo, cebolla y tomate fritos) y salsa vizcaína (pulpa de pimientos choriceros y cebolla picada cocinados a fuego lento). A ello, se añaden dos huevos de perdiz fritos; y no pueden faltar las patatas fritas. El resultado, una obra maestra firmada por el bilbaíno Haritz Totorika y que se sirve sin pan.

Es una receta exclusiva del Restaurante de Santa Rosalía y, aunque es un poco caro (el precio medio por comer allí es 30 €/persona), la exquisitez de la hamburguesa bien merece el desembolso. ¿O no tiene buena pinta? Pussar och kramar!

El otro día vi con el rubio una película alemana. No suele pasar que veamos cine de este país, aunque tiene joyas como 'Good Bye, Lenin', para mí una de las mejores películas que he visto, o la fantástica 'El hundimiento', quizás el mejor retrato hecho nunca de los últimos días de Hitler. El caso es que últimamente, no sé por qué razón, han llegado a España algunas comedias ligeras que me suelen resultar graciosas. Hace algún tiempo vi 'Un conejo sin orejas'. Ahora le ha tocado el turno a 'Todo un hombre', una película en la que un infeliz en el amor, harto de ser un pringao, decide convertirse en un machote de los que no quedan (por cierto, que el tema principal es una versión del éxito de Salt-n-Peppa cantado por Lena, la que ganó Eurovisión hace dos años).

El protagonista es uno de los actores cómicos de moda en Alemania. El majete Matthias Schweighöfer, cuyo nombre, para pronunciarlo bien, es necesario visionar éste vídeo. Como en algunas escenas sale ligero de ropa y, la verdad, muestra un culazo a lo Sufur, pues quise investigar un poco más (documentación para el blog, todo muy intelectual) y di con el trailer de una película que rodó hace un par de años y que me provocó ganas de verla fuera como fuera. Lo malo es que su título es en inglés: 'Friendship', por lo que encontrarla y descargarla gratu ito es una verdadera odisea (y más los subtítulos en castellano).

Sin embargo, a pesar de las dificultades, no me he amilanado. He tomado el toro por los cuernos y he decidido hacer el más difícil todavía: comprarla. Efectivamente, entré en Amazon.de y, por 5 eurillos, ya es mía. Que sí, que lobá, lo que se dice lobá, no es, pero comprar películas en alemán sin saber apenas el idioma, como que un poco de tirar el dinero sí que tiene. Ahora, el gustazo que me pienso dar viéndola en el salón de casa... ¡Eso no me lo quita nadie! Pussar och kramar!

No falla, cada vez que hay Olimpiadas o Mundial de Fútbol, las tiendas se llenan de productos 'patrióticos' en los que no faltan todo tipo de banderas nacionales. Este 2012 no iba a ser menos y más cuando, para muchos, el deporte a granel suele ser una evasión perfecta y dejar atrás las preocupaciones de la crisis.

Para un amante de las banderas como yo, la colección que acaba de sacar Lacoste no podía pasar desapercibida. Bien es cierto que, en mi armario, ropa con banderas hay poca. Están sobre todo en los polos de rugby; y en el forro de un Barbour muy chulo, con la de Reino Unido, que apenas uso. Las prendas que lucen banderas muy grandes no me terminan de convencer, de ahí que no me mueva mucho a la compra. Además, también influye el hecho de que los países que sí luciría sin problema en mi vestimenta no son los que normalmente se comercializan.

Eso sí, nunca he visto un polo que me llamara más la atención que el de la siguiente imagen. No sé si me atrevería a ponérmelo o no, pero que me encanta, eso por supuesto. Por ahora, me conformo con verlo y tocarlo. A partir de ahí, me pienso lo de comprarlo... Pussar och kramar!



Fotos de PasionLujo.

Si hay algo por lo que me siento afortunado como eurofan es por el hecho de que he educado mi oído a una cantidad importante de idiomas a cuál más distinto. Así, no sólo no me suena raro oír una canción en holandés o en húngaro, sino que distingo los idiomas y me permite, por mímesis, tener una buena pronunciación en algunos de ellos, aunque no sepa qué estoy leyendo o cantando.

Estos días he estado pensando en ello porque ha llegado a mi poder un par de baladas de países que no suelen ser habituales en mi iPod: Polonia y Letonia. Sobre todo me llama la atención el primero, porque el polaco es un idioma complicado, con demasiadas consonantes y palabras muy abigarradas, por lo que crear versos se me antoja difícil sin que suene feo. El letón es una lengua que se estrenaba en mi reproductor de música, porque sí tenía canciones de este país, pero cantadas en inglés. En este caso se me hace más dulce, o al menos todo lo dulce que pueden ser las lenguas bálticas.

Me gustaría recomendar las dos canciones. Por un lado, la polaca Sylwia Greszczak con 'Male Rzeczy'. Por otro, el letón Nikolajs Puzikovs con 'Dievs Tevi Mil'. Ambas baladas-uptempo son muy bonitas y nos enseñan que si hay un idioma universal, ése es la música. Las podéis bajar, si os gustan, aquí. Pussar och kramar!


Estos días me está costando encontrar fuerzas para hacer prácticamente cualquier cosa. Me gustaría decir que he perdido la inspiración o que estoy tan ocupado que por eso tengo abandonado el blog, pero no. Sencillamente, no tengo ganas casi ni para levantarme de la cama. Me gustaría ser de otra forma, tener arrojo para tirar de mí mismo y ponerme a hacer lo que sea para salir de este bache pero, como siempre, carezco de fuerza de voluntad. O quizás no, quizás esté ahí, pero no sé cómo hacerla salir. El caso es que hace algunas semanas estaba dispuesto a grandes cambios en mi vida, a afrontar cosas que nunca hasta la fecha había imaginado que me pondría a hacer de verdad. Al truncarse todo, no sé si por un mes o dos, como parece, o por más tiempo, como no me gustaría que fuera al final, he tirado todo por la borda sin remedio y sin marcha atrás.

Creo que escribo esta entrada no como grito de auxilio, sino para poder reflejar el patetismo que siento ahora que me rodea en algo que me provoque tanta vergüenza que, aunque sea por pudor, me haga reaccionar. No lo tengo muy claro. He prometido una crítica de un hotel a un amigo para su revista este fin de semana. Hacía semanas que no le mandaba nada y, aunque no tengo por qué, me gusta colaborar de vez en cuando con él. Le he mandado un mensaje de que el sábado como muy tarde la tendrá en su correo. Espero que así sea. Me han caído del caballo, pero no quiero ser yo el que ayude con obstáculos en el camino. Pussar och kramar!

Dana International ganó el festival de Eurovisión de 1998 vestida con un elegante vestido de Jan Paul Gaultier. El modisto francés vuelve este año a aliarse con una cantante para que luzca uno de sus modelos en Bakú. Esta vez se trata de Anggun, que representará a Francia. Así, no sólo hace patria chica, sino que también gana un poco más de publicidad en territorio galo por algo que no sean sus queridas camisetas rayadas.

La colaboración entre Gaultier y la cantante se ha plasmado ya en el interesantísimo vídeoclip de la canción 'Echo (You and I)'. No sólo por la presencia real del diseñador al comienzo del mismo, sino también porque él mismo se ha encargado del vestuario del ramillete de modelos merendables que actúan junto a Anggun. Dirigido por Roy Raz (un artista que sabe plasmar cuerpos masculinos), te guste o no Eurovisión, merece la pena el visionado. Pussar och kramar!

El éxito de la campaña publicitaria de D&G ha ido en detrimento de la que, hasta que apareció ese modelazo por las calles, estaba en todos lados: la de Rodilla. La cadena de sándwiches ha creado un nuevo sabor: el de bacon carbonara, y tenía medio Madrid empapelado con sus anuncios. Cómo sería la cosa que uno, que de por sí es fácil para ser influenciado por la publicidad de alimentos calóricos, no tenía otra cosa en la cabeza que probarlo.

Antes de continuar, he de decir que no soy fan de Rodilla. No es que no me gusten sus productos, al contrario, hay algunos que están muy ricos y son muy originales, pero me echa mucho para atrás su precio. Me parece un auténtico timo que por una rebanada de pan de molde sin corteza cortada por la mitad y con un poco de relleno te cobren más de 1€ (incluso a veces casi 2€). No veo la relación de la cantidad con lo que cuesta y no quiero llenar los bolsillos de una empresa que marca unas ganancias sobre el precio de fabricación tan elevados. Es un margen abusivo y ese dinero no revierte en los empleados, ni mucho menos.

Dicho esto, he de decir que el nuevo sabor me decepcionó un poco cuando lo probé frío. Eso sí, se me ocurrió meterlo en la sandwichera de casa y probarlo caliente. Fue una gran idea porque pasó a convertirse en un bocado delicioso. Moraleja: que si te lo pueden calentar, te lo pidas; y si no, te pides el de jamón serrano que está muy rico. Pussar och kramar!

PD: Por cierto, que ayer los de Rodilla nos mandaron a la redacción una bolsa llena de sándwiches que fueron devorados con ganas porque tuvieron el acierto de hacerla llegar justo a la 1 de la tarde, cuando más hambrientos solemos estar. Luego, a la hora de la comida en sí, nos costó terminar el tupper. Y yo llevaba garbanzos con habas, no digo más.

Ya avisé en su día de que la campaña que había preparado Dolce & Gabbana para su colonia The One Sport no iba a pasar desapercibida por los amantes de la belleza, pero creo que me quedé corto. Desde hace unos días estamos sufriendo mucho todos los que nos movemos por Madrid en bus o automóvil, ya que las marquesinas de las paradas han sido ocupadas casi por completo por la foto de Adam Senn mostrando no sólo el frasco de colonia, sino también un cuerpo con sus lunares, su ombligo, su pelito, sus pezones, su TODO... que #madremíademivida!

De hecho, habría que hacer algo porque uno no puede ir por la calle tranquilo ni sereno. Hay mucha gente que tiene el corazón débil (dice mi amigo Fran que no sólo el corazón) e ir viendo a esta belleza de hombre por cada rincón no es bueno porque impresiona demasiado. ¿En serio existe este señor? ¿No es un invento al que han llamado Adam Senn? Porque menudo cuerpazo más perfecto... ¡¡Es que le queda bien hasta el chándal!!

En fin, que si estos días hay más accidentes en las calles de Madrid, que lleven al cuartelillo a los de D&G, que seguro que son los culpables. ¿Tanto les costaba hacer como a Michael Jordan? Con su publicidad no pasan estas cosas... Pussar och kramar!

Hace algunos días descubrí el Tumblr de Mike Orion. Me enganchó desde el primer momento. No sé de dónde saca las fotos, pero es una sucesión de imágenes a cuál más bella de paisajes, con todo tipo de ángulos, vistas y puntos de fuga. Complicado quedarse sólo con una. Merece la pena ponerlo en el Reader y evadirse unos minutos al día, soñando con un viaje a alguno de esos rincones. Yo sueño a diario. ¿Y tú? Pussar och kramar!

No sé si todo el mundo tiene una primera vez en la que se dan cuenta de que ya son viejos. Que pertenecen a una generación que no se puede considerar joven porque, definitivamente, no están en la onda, no se enteran, son unos 'carcas'. Yo sí la tuve. Fue hace algunos años. La verdad es que me pilló desprevenido. No esperaba que ocurriera 'tan pronto'. Sí, es cierto que con mi edad mis padres ya tenían dos hijos, casa propia, trabajo para toda la vida y una situación económica que ya la quisiéramos el 90% de los trabajadores de treintaypocos... pero las cosas ya no son como en los 70 y 80. Ahora, el margen de juventud es más amplio, alimentado por la falta de expectativas y futuro a medio plazo que tenemos la mayoría... ¿Entonces por qué ocurrió?

De hecho, vino de la mano de las nuevas tecnologías y redes sociales. Sí, esas a las que estoy apuntado desde prácticamente el primer día y que siempre creí que me librarían de ser un 'carca', ese club oficial de viejales del que ya me han dado carné. El caso es que se trataba de un chiste. Uno de esos que luego comparten cientos de persona y que termina siendo un viral o, cuanto menos, una risa que une a un grupo de amigos en diferentes lugares. El protagonista: un Pokemon. El caso es que no entendí nada. Iba de escoger un bicho de esos y no sé qué más. Es decir, el chiste sólo lo cogías si sabías de que iba la serie. Y yo, que nunca tuve una vídeoconsola, y mucho menos un Pokemon que entrenar, no lo pillé. Mientras a mi alrededor se descojonaban, yo me sentía como la madre patosa que no sabe ni encender el ordenador y a la que tratan con condescendencia los amigos del hijo porque "es de otra generación", por no decir de otro mundo.

El otro día volví a tropezarme con un chiste de pokemons. Sigo sin verle la gracia... ni entenderla del todo. Mejor voy asumiendo mi edad... Pussar och kramar!

Pocas ciudades pueden compararse en belleza como París. Sí, hay mucho detractor de lo francés y, sobre todo, de los franceses, pero pasear por sus calles (las de los distritos centrales, claro) y no emocionarse, es casi imposible. Ayer, una noticia me provocaba un vuelco al corazón. Un incendio en la plaza Vendôme, concretamente en dependencias del Hotel Ritz, provocaba grandes humaredas y la necesidad de desalojar toda la zona, lo que incluye las más importantes joyerías del mundo y algunas de mis pastelerías favoritas de macarons.

Afortunadamente, todo ha quedado en un susto y no hay que lamentar grandes desgracias. Eso sí, gracias a este incidente hemos podido comprobar cómo la belleza de París está ahí incluso en plena destrucción. Las imágenes de las agencias de prensa, pero sobre todo las de los tuiteros que estaban allí en directo, permitieron que se compartieran tomas hermosas. Porque cuando la foto es buena, la belleza resalta, incluso entre espinos. Pussar och kramar!

Pensé que, una vez que comenzara la clase, mis nervios desaparecerían. Fue un error. Es cierto que los primeros minutos estaba histérico y luego bajó, pero a estado de 'nerviosismo permanente'. De hecho, me llamó mucho la atención que la profesora de la asignatura en la que di mi clase/charla me dijera que se me vio muy bien, hablando pausado. Yo, en cambio, me vi dubitativo y poco firme, aunque creo que es más una percepción mía que la realidad, porque luego me recuerdo a mí mismo diciendo frases sobre el mundo de la prensa y las agencias de moda en España bastante rotundas.

En general, la experiencia fue bastante buena. Me encantó y como siempre me ha llamado mucho el ser profesor y dar clases universitarias, me sentía en mi salsa (a pesar de los nervios, claro, que uno era novato y le faltaba seguridad). La parte a la que le tenía más miedo era a las preguntas de los alumnos, pero creo que pude resolverla bien. O al menos eso me dijeron ellos, porque yo siempre les preguntaba si me respuesta les había quedado clara y les resolvía la duda, que yo repetía las veces que hiciera falta.

La clase, que fue de 1 a 4 con parada a comer, estaba compuesta por unos 45 alumnos. Como suele ocurrir cuando se trata de temas de moda, sólo cinco eran chicos y el resto, chicas. De los chicos, algunos eran bastante monos, y encima de los que más preguntaron. De todos modos, se veía interés en la charla y eso lo agradezco muchísimo. Yo me acuerdo cuando estaba en su lugar y los mejores momentos era cuando venían profesionales a contarnos su trabajo, porque era lo más cerca que podías estar en ese momento de la vida que nos aguardaba tras la carrera. Como la mayoría eran de Publicidad y Relaciones Públicas y pocos de Periodismo, le di a la charla un giro más enfocado a las RRPP, aunque también llevé vídeos y ejemplos de reportajes.

Me encantaría poder repetir el curso que viene, o hacer lo mismo en alguna otra Facultad, escuela o centros de estudios. Es cierto que me hace falta la confianza del profesor que lleva mucho tiempo, pero eso es algo que sólo se consigue con la experiencia. Es mi nueva aspiración. Ojalá dentro de unos años pueda decir que formo parte de un claustro. Sería genial. Pussar och kramar!

Durante mis vacaciones navideñas aproveché para ver la primera temporada de 'Juego de tronos', una serie de la que había leído muy buenas críticas. Normalmente no soy muy amante de la épica y aunque me fascinan los decorados y el vestuario que se usa en este tipo de historias, no termino de engancharme. Sin embargo, en esta ocasión era diferente. Por casualidad, vi un capítulo suelo en Canal+ y no llevaba ni cinco minutos que ya había visto a uno de los protagonistas mostrando un desnudo frontal bastante interesante y, al poco, un efebo afeitaba el cuerpo a uno de los señores (bastante merendable, por cierto). Vamos, que poco más necesitaba para darle una oportunidad.

Para mi desgracia, creo que vi prácticamente las dos únicas escenas que merecieron la pena. Tras tragarme toda la primera temporada, acabé aburrido, con la sensación de que la historia la iban a liar muchísimo durante la segunda y que ya me podía ir olvidando de más desnudos frontales. Encima, algunas veces hasta me lié con la trama, y no entendía cómo los guionistas mataban personajes con tanta ligereza. Así no había quien se enterara de nada. Menos mal que los más guapos no mueren... (¡uy!, ¡¡spoiler!!).

El caso es que, aunque la historia no me enganchara, reconozco que tiene una de las introducciones más bonitas que jamás se hayan hecho para una serie. La sintonía y las imágenes del mundo imitando un mecanismo de cuerda son, sencillamente, mágicas y hermosas. Cómo será, que hasta Los Simpsons la han imitado... Pussar och kramar!

Hoy voy a convertirme en Sufur. No, no me refiero a que voy a transformarme en un científico de sonrisa turbadora, sino que voy a dar clase en una Universidad. Eso sí, él lo hace mucho más a menudo que yo, que me estreno hoy y sólo para una clase concreta, lo que los modernos llaman 'master class'. Como el hijo pródigo, vuelvo a mi antigua Facultad para tratar de explicar a los alumnos de una asignatura sobre Comunicación de Moda en qué consiste el trabajo diario de los que nos dedicamos a ese sector periodístico. Estoy bastante nervioso porque, por un lado, es toda una responsabilidad el hacerlo bien y, encima, en mi Universidad. Por otro, supone el reencuentro con gente que hacía siglos que no veía y con una ciudad, Pamplona, a la que no voy desde hace muchísimo tiempo.

Llevo semanas preparando la charla y viajo con vídeos, reportajes que pueden servir de ejemplo a mis tesis y, sobre todo, muchas ganas de explicarme bien y de mostrarles la realidad de un mundo mucho más idealizado de lo que parece. El periodismo de moda, como el de cualquier otro sector, si se quiere hacer bien, exige mucho más trabajo que lo que algunos creen. No es ir a un desfile, un cóctel y montar una página con cuatro prendas (aunque no dudo que algunos, por el bombo y platillo público que le dan a sus agendas, aspiren a ello).

No es la primera vez que doy clase, pero sí en una Facultad (no creo que mi experiencia de una semana en un instituto de Bachillerato como profesor de Geografía sirva de algo) y me conformo con que se me quiten los nervios rápido para poder hablar con soltura y no trabarme con las cosas. Menos mal que llevo chuleta... y qué pena que no pueda cargar un autocue! Pussar och kramar!

Como el pegamento industrial. Si hay un mensaje que debe ser grabado a fuego, es que las dictaduras no pueden quedarse impunes, que la barbarie de un loco y sus seguidores no se han de aplaudir, ni enterrar bajo la alfombra. Da igual lo que cueste, que sean cinco o cincuenta años, NO PUEDEN GANAR LA PARTIDA.