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El rey de la casa


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Leo con estupor que Mercedes-Benz va a volver a patrocinar la Pasarela Flamenca de Jerez de la Frontera (Cádiz), pero esta vez incluyendo la marca en el nombre oficial del evento. Y me froto los ojos porque no entiendo este patrocinio más allá de la mera inyección económica. ¿Qué le puede aportar a la casa alemana estar presente en una pasarela de moda tan poco cosmopolita? ¿Que le puede aportar a las firmas de trajes de gitana que Mercedes-Benz bautice con su nombre el evento? Creo que ambas se equivocan. La marca de coches porque no redunda positivamente en la imagen internacional, cercana a las tendencias más glamourosas del mundo de la moda, que busca con los patrocinios de pasarelas como la de Nueva York. Por otro, el mundo del textil andaluz, renunciando a sus valores ante el primer adinerado que pone su fajo de billetes en la mesa. Es como si Gucci patrocinara una verbena popular o como si una cooperativa de artesanos de Ubrique hiciera lo propio en la producción de una película sobre fútbol americano. Sencillamente, no encajan.

No quiero con estas palabras dejar en mal lugar a las pasarelas de moda flamenca. Nada más lejos de mi intención. Me ciño a lo exclusivamente publicitario, ya que creo que estos eventos son los más puros del mundo de la moda en España. Las dos más importantes, las de Sevilla y Jerez, son pasarelas en las que realmente se aprecia la pasión por el trabajo del modisto y el sastre. ¿Qué tiene que envidiar un traje de flamenca bordado a mano en materiales preciosistas a uno de los que sacan cada semestre a desfilar Dior o Chanel en la Semana de la Alta Costura de París? NADA. De hecho, estos encuentros son lo más cercano que tenemos en España precisamente a la Alta Costura parisina entendida como lo que es: trabajo pasional e imaginativo que da una vuelta de tuerca real cada año a lo mismo: la ropa, que en el caso andaluz es a la que se lucirá luego en las ferias de cada ciudad o pueblo y por la que las clientas de esas modistas y firmas pagarán mucho dinero. Quien lo busque en Cibeles, El Ego o Barcelona, se equivoca.

Pero es que, además, hablamos de profesionales que no se venden como algo que no son. Salvo excepciones, son modistos humildes que trabajan con ahínco y pasión los doce meses del año, que no se pueden permitir preparar todo en dos semanas y rematar las costuras mal como en Cibeles para conseguir una subvención. En sus talleres no entra más dinero que el que las clientas dejan cuando compran sus trajes, y no tienen tiempo para diseñar etiquetas de botellas de vino, transportines para perros o llaveros de metacrilato. Como en todo, hay clases y calidades variopintas, pero las mejores merecen un Olimpo que, desgraciadamente en el caso de España, está lleno de personajillos que no lo merecen, que no están dispuestos a ceder su silla y que mirarán por encima del hombro a nombres como Amparo Macia o Rocío Martín, que saben mucho más de costura que lo que ellos jamás aprenderán. Pussar och kramar!

2 comentarios

  1. Ladonnabupu  

    Los trajes de Amparo Macía son impresionantes. Carísimos, también. Lo cierto es que no pegan ni con cola, por más que lo intento sólo consigo imaginarme a una gitana con el romero y los claveles intentando leerle la mano al dueño del mercedes :(

    Besitos!

  2. Di  

    Mercedes Benz Quintanilla de Onésimo Fashion Week

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