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El rey de la casa


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Ayer seguí con bastante interés las elecciones griegas y francesas. Nunca hasta ahora me había sentido seducido por este tipo de eventos políticos, y estoy seguro de que no fui el único que se 'estrenó'. Es cierto que, en su día, preferí que ganara Ségolène Royal, pero tampoco me interesé mucho por esas presidenciales. Este 2012, en cambio, tenía muy claro que todo mi apoyo iría a Hollande, candidato por el que nadie daba ni un duro, cuando todo el mundo estaba convencido de que Strauss-Kahn sería el que sucediera a Sarkozy en el Palacio del Elíseo.

Al principio estaba bastante enfadado con la cobertura que daban los medios españoles a Francia, en comparación con las griegas, ya que los resultados que realmente me interesaban eran los del país heleno, que sí que castigaban o no a Europa y sus políticas equivocadas; y que fueron muy ignorados. Sin embargo, poco a poco empecé a ver lo que pasaba en Francia con otra óptica: la de la envidia sana. Envidia de una democracia mucho más consolidada y real que la española, un país en el que los políticos son elegantes, donde no todo es pancarterismo de tercera, como en España. Esperar que un candidato a La Moncloa dé un discurso como el que ofreció Nicolas Sarkozy apenas 30 minutos de saber el resultado de las encuestas es imposible. ¡Ni siquiera esperó a los resultados oficiales! y habló como un hombre de Estado. Salvo la coletilla final, fue emocionante; tanto como la actitud de los simpatizantes presentes, que también supieron tener estilo hasta para los cánticos.

Aquí da igual que ganen unos u otros. No podemos aspirar a más que a Fátima cheerleader Bañez dando gritos y palmas, un DJ de verbena, gente coreando eslóganes de programas de televisión ("tú sí que vales") y recién electos presidentes del Gobierno botando en un balcón. Porca miseria!

1 comentarios

  1. Sufur  

    Yo nunca lo repito lo suficiente: ojalá que cuando los ejércitos napoleónicos nos invadieron, se hubieran quedado. Nos iría mucho mejor. Soy un afrancesado convencido

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