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El rey de la casa


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Partíamos de viaje el domingo a las 7.10 de la mañana. El día anterior nos las apañamos para hacer las maletas (en un principio, pensamos llevar una grande y una pequeña, pero cuando vimos que incluso para ir a un sitio de playa 24 horas también necesitas un montón de cosas, decidimos llevarnos dos grandes) y tener pedido un taxi que estuviera a la hora convenida en la puerta. Así, sólo quedaba dormir lo mejor posible y tratar de no olvidarse nada en casa: dinero, pasaportes, desodorante, cargadores, baterías...

El despertador sonó a las 6 en punto. Como siempre cuando vas con prisa, no tardamos en ponernos en pie e irnos directos a la ducha. En este caso, fui yo el que se duchaba mientras Luis ordenaba algo de ropa. "Qué raro... ¿No te huele como a quemado?", le pregunté. Pensé que vendría de fuera, ya que era un olor extraño. Me metí en la ducha y, cuando estaba recién enjabonado, oigo que llaman al portero automático. Eran las 6.10. "A que el taxista se ha enterado mal de la hora y ha llegado una hora antes", comenté en voz alta. Ojalá. "Oye, que son los vecinos, que se ha incendiado el garaje y están evacuando el edificio. Los bomberos ya están aquí y está todo lleno de humo".

Tardé dos minutos en salir de la bañera enjuagado, coger una toalla, tratar de secarme algo para no salir muy mojado al implacable frío de Madrid en enero a las 6 de la mañana y vestirme. Como no sabíamos la magnitud del incendio ni si nos dejarían subir pronto o no, le dije a Luis que nos íbamos para abajo con las maletas y con las mochilas, por si acaso. Menudo show. Fuimos los últimos vecinos en salir, en medio del humo, y los bomberos, al policía y los vecinos nos miraron con caras raras al vernos aparecer con las maletas. "Estos dos son tan locos que tienen maletas hechas por si acaso hay un incendio", pensaría más de uno.

El incendio se sofocó rápido y pudimos subir al piso, terminarme de secar e incluso coger alguna cosa que se nos olvidó antes de que llegara el taxi. En Barajas, para nuestra sorpresa, no pasó nada, salvo el hecho de que Luis comenzó a sentirse cada vez peor, con muchos mareos y un poco de fiebre, lo que le hizo pasarse todo el vuelo bastante mal. Aunque nada comparado con uno de los pasajeros que, no sabemos cómo y nadie se lo explica, se rompió la pierna durante el vuelo. Primera consecuencia: oímos lo de "hay algún médico a bordo" y el capitán informó de que desviábamos la ruta y nos dirigíamos a Bermudas en vez de a Miami.

Qué decir de Bermudas... pues que es un paraíso fiscal, creo, y que está llena de casitas de colores. Como está muy al norte, no tiene pinta de paraíso tropical, sino más bien de una Islandia sin nieve y llena de negros. Pero claro, estuvimos apenas una hora y media allí, no nos dio tiempo a sacar mejores conclusiones, y yo estaba tan enfrascado en el último libro de Sophie Kinsella y su saga 'Loca por las compras' que tampoco me fijé demasiado (lo empecé y acabé en ese mismo vuelo).

La llegada a Miami fue, por tanto, más tarde de lo esperado, pero no había problema porque nuestra conexión a Providenciales (Turcas y Caicos) estaba prevista para dos horas y media más tarde de nuestra llegada. Por cierto, qué impresionante es Florida desde el aire, con sus pantanos y la costa llena de rascacielos. Para pasar el control de pasaportes y aduana tuvimos que andar casi 20 minutos y coger un tren. Cuando llegamos, unas colas tremendas. Pero paciencia, íbamos bien de tiempo.

Yo pasé la aduana primero y, como no te dejan esperar a otro pasajero, me tuve que ir a la planta de abajo a por las maletas, ya que nos informaron en Madrid que teníamos que recogerlas y volverlas a entregar a otra cinta. Primer momento de tensión en Miami: las maletas no están. Busco y rebusco y no aparecen. Angustiado, voy donde el servicio de asistencia de American Airlines y una cubana simpatiquísima llamada Tilna (!!!) me dice que me informaron mal en España, que las maletas para Providenciales no necesitan de ese paso y van directas al destino final. Uff, qué alivio.

Pero, un momento, ¿y Luis? Ya llevaba yo 25 minutos donde las maletas. Había tenido tiempo de sobra para pasar el control. Me temía lo peor. Cuando volamos a Nueva York ya le pararon en la aduana y le llevaron a un cuarto con posibles terroristas y enemigos de los USA. ¿Había vuelto a pasar? Llevaba esperando 40 minutos. Fue donde un policía y casi que me escupió en vez de atenderme, así que reculé y me volví a ir donde Tilna. La mujer me dijo que me preparara porque, de ser cierto, podía esperar hasta 5 horas... Llamó a una compañera y le pidió que le confirmara si Luis estaba o no retenido con los terroristas. Efectivamente, para mi desesperación, allí se encontraba.

El vuelo era lo de menos, pero lo perdimos, así como el resto de aviones que se dirigían ese día a Providenciales. Un compañero de Tilna me comentó que "no me preocupara, que máximo a la medianoche le soltaban, ya que cerraban a esa hora". Al final fueron las proféticas cinco horas las que pasó Luis en el cuarto y yo en las cintas de recogida de equipaje esperando sin nada que hacer, angustiado, temiendo lo peor y sin cobertura en el móvil ni monedas para llamar desde una cabina. No recuerdo haber pasado nunca en mi vida tanta angustia ni desesperación.

Cuando por fin lo ví, salí corriendo a darle un abrazo. Como podéis imaginar, Luis no paraba de definir a Estados Unidos y a su policía de aduanas con adjetivos que harían palidecer a un bárbaro. Fuimos donde el mostrador de American Airlines y nos cambiaron el billete para el primer vuelo del día siguiente, el lunes a las 11 de la mañana, y llamamos al hotel para pedir que no anularan la reserva, que llegaríamos 24 horas tarde. ¿Y esa noche, qué? Pues tocaba pernoctar en Miami.

El hotel del aeropuerto pedía 196$ más impuestos por noche, así que lo descartamos. En el mostrador de American nos ofrecieron unas ofertas especiales para pasajeros en nuestra situación extraña y nos dieron un talón para pasar la noche en un sitio llamado Hotel Howard Johnson que, según la empleada de la aerolínea, estaba a 5 minutos. Sólo había que salir a la calle y esperar el bus con el logotipo del hotel. Durante media hora pasaron muchos, pero ninguno era el de nuestro destino. Por fin, tras 45 minutos de espera, llegó. Ya incluso nos habíamos planteado irnos a cualquier otro, costara lo que costara. No hizo falta e incluso nos salió algo más barato de lo que decía el talón: 85 $/hab. Aprovechamos para cenar algo en el hotel y a la cama directos, que no habíamos descansado nada durante 28 horas.

Al día siguiente, nos levantamos sin hambre, con el estómago cerrado, y fuimos al aeropuerto. Allí las máquinas de autochecking no funcionaban y tuvimos la suerte de hacernos amigos de una empleada de American Airlines que nos hizo ella misma las tarjetas de embarque, e incluso nos dijo dónde podíamos entrar en la Terminal D sin hacer la cola kilométrica que había a nuestro lado (¡gracias, Isabel!). Parecía que las cosas pintaban bien por fin. En el control de equipajes de mano casi nos quitan una vela aromática, pero al final nos la dejaron. Dentro pude comprar un montón de tipos diferentes de M&M's (prometo foto cuanto antes con todas las bolsas) y embarcamos rápidamente y puntuales. Ahora, ¿y nuestras maletas?

El día anterior nadie sabía nada de ellas. Supuestamente, las habían desembarcado de nuestro avión y estarían esperando en algún almacén hasta que nuestras nuevas reservas de vuelo indicaran en cuál iríamos a Providenciales. Cuando me senté en mi asiento, desde donde veía cómo cargaban el equipaje, me llené de desesperanza. Ahí no estaban nuestras maletas... Ya tenía el cuerpo hecho a tener que reclamar nada más llegáramos a Turcas y Caicos, por lo que, cuando vi que no salían más maletas en la cinta, fui a reclamar. Un empleado nos hizo esperar un poco en una zona del aeropuerto y, para nuestra sorpresa, apareció con ellas. ¡Volaron el día antes! Nunca las bajaron del avión en el que debíamos haber llegado el día antes. Estábamos tan contentos que nos pusimos a bromear y todo con las funcionarias de aduanas, que no paraban de preguntarme si era un 'paparazzi' cuando les dije cuál era mi profesión.

Una hora después estábamos con una piña colada en la mano, junto a la piscina, tratando de descansar por fin de tanto calvario. No hacía día de playa por el viento, pero no importaba, se trataba de relajarse, tumbarse en una hamaca y olvidar el día más largo y horrible de nuestras vida: el 15 de enero de 2012. Pussar och kramar!

10 comentarios

  1. Sufur  

    Uf no me hagas hablar de las aduanas estadounidenses... a mí me mandaron una vez de vuelta tras tenerme retenido e incomunicado varias horas, no te digo mán nada... ¡Disfruta del sol!

  2. Di  

    Madre de Dior! Qué aventura!

  3. gratis total  

    Yo espero no tener algo así,xq tu al menos tienes el consuelo de tirarte a la tumbona a beber, pero a mi me empieza la locura!

  4. Peritoni  

    Y después de todo el paripé dejan a un avión despegar con maletas dentro que no tienen dueño.
    Eso es una gran irregularidad y una grieta enorme en la seguridad. Aún recuerdo un vuelo en el que nos hicieron bajar del avión una vez sentado, a la pista, bajaron todas las maletas y cada uno de nosotros tuvo que coger la suya!

    En fin, que nada, ahora a relajarse y disfrutar del paraiso.
    Besos.

  5. Max de Winter  

    Bueno, ¡ya nada puede ir a peor!!Enhorabuena y ¡a disfrutar!

  6. rickisimus2  

    ¡Vaya aventura! Lo del incendio es terrible, lo sé por experiencia. ¿No fuisteis oliendo a humo en el avión?

    ¿Cómo está tu costilla de su fiebre? Porque aquí nos das envidia y nos acordamos de la playita, pero el pobre Luis si está malito no disfruta mucho.

  7. Nils  

    Sufur, a ver qué pasa a la vuelta, si podemos eludir el control de pasaportes o no.

    Di, ya te digo!!

    Gratis, no te lo deseo. Si en USA ya es complicado, no quiero imaginar en China!

    Peritoni, eso es lo que más me flipó!

    Max, eso sí, ahora estamos de playita y cócteles. : )

    Rickisimus, pues tiene diarrea el pobre, pero la lleva bien.

  8. Chico Tocsico  

    Muy fuerte lo de la aduana... pero... que narices haceis volando con una vela aromatica!!! o_O

  9. A.  

    Hola! sé que la entrada no es para reírse, pero me lo he pasado genial leyéndote y quería decirlo! :)
    Os envidio muchísimo, y no por los problemas con Aduanas, obviamente.

  10. Nils  

    CT, no me creo que a los más queru-románticos de la blogosfera os tenga que explicar para qué se necesitan velas aromáticas en una luna de miel...

    A., claro que te puedes reír! De hecho, está escrita para crear sorpresa, risa, interés... eso depende de cada uno. Me alegra que te haya gustado.

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