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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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"Cuando queremos comprar algo sano, algo que nos mantenga alejados del médico, estamos atrapados por el propio sistema globalizado de la gran industria alimentaria. Intente, por ejemplo, comprar manzanas. En los supermercados de Norteamérica y de Europa, las elecciones están restringidas a media docena de variedades: Fuji, Braeburn, Granny Smith, Golden Delicious y quizá un par más. ¿Por qué éstas? Porque son atractivas: nos gusta su piel lustrada e inmaculada y tienen un sabor que, para la mayoría del público, es inobjetable; pero también porque soportan ser transportadas a través de largas distancias y su piel no se daña si son sacudidas en el trayecto desde el huerto hasta la góndola. Además, toleran las técnicas de lustrado y los compuestos que permiten el transporte y que las mantienen atractivas en los estantes, son fáciles de cosechar y responden bien a los pesticidas y a la producción industrial.

Estas son las razones por las cuales nunca encontraremos manzanas Calville Blanc, Black Oxford, Zabergau Reinette, Kandil Sinap o las antiguas y venerables Rambo en los estantes. No somos nosotros los que elegimos por nuestra cuenta porque, ni siquiera en el súper, elaboramos nuestro menú a partir de lo que nosotros elegimos, o de la estación o el país en el que nos encontramos, ni por la amplísima variedad de manzanas existente, ni por la amplísima gama de alimentos y sabores existentes, sino sometiéndonos al poder de las empresas de alimentación".

*Fragmento de 'Una contradicción muy gorda', de Raj Patel.

Hace algunos años conocí a una persona que me cayó muy bien. Y cuando digo muy bien quiero decir MUY BIEN. Me parecía un tipo divertido, muy majo, simpatiquísimo y con el que se podía hablar de todo, sobre todo porque coincidíamos en nuestra forma de pensar con respecto a muchas cosas. Me caía tan bien que reconozco que no me di cuenta de cómo poco a poco se empezó a convertir en una diva cutre y pagada de sí misma. Estas cosas pasan, es decir, cuando alguien te cae muy bien, cuesta ver que éste cambia, sobre todo si tampoco hay un cambio real en tu comportamiento contigo.

El caso es que el susodicho, por una razón que no viene al caso, me mandó bien lejos. Y yo, que soy muy educado, me fui bien lejos... de él. El caso es que no hubo peleas, ni gritos, ni insultos ni nada. Muy civilizadamente, cada uno por su lado y sin necesidad de anuncios públicos. Se da el paso y au.

Lo que no entiendo es por qué su novio de ahora, años después, me mira mal. No salían juntos cuando todo esto pasó y las veces que hemos coincidido desde entonces nos hemos ignorado sin más. Si entre los dos afectados no existe ni un mínimo clima de hostilidad (ya digo que cada uno va a lo suyo y punto), ¿a qué vienen esas miradas de odio? Yo entiendo la lealtad de muchas formas, pero creo que en esta ocasión está tan fuera de lugar que hasta la calificaría de estúpida. Me trae bastante sin cuidado, todo sea dicho, pero no deja de llamarme la atención. Me pregunto si yo actuaría así en su lugar... Quién sabe, el amor nos hace cometer bastantes estupideces, ¿no? Pussar och kramar!


Cuando vi el cartel a lo lejos pedí al chófer que parara. Para un geógrafo aficionado como yo, interesado además en la geopolítica, estar presenciando esas coordenadas me llenaban de exotismo y una extraña alegría. Sí, tengo ansia por recorrer mundo, por estar en todos los países, pero mientras me conformo con que me los señalicen, que me indiquen el camino, aunque no sean precisamente los que prefiera explorar a corto plazo. Sí, pedí parar en medio de la autovía que une las montañas del Caúcaso y la frontera de Rusia y Georgia con Tiblisi para hacerme esta foto. Pussar och kramar!

Mira que es fácil escribir un post sobre viajes que se van a realizar y lo que me cuesta ponerme luego a contar sobre ellos, una vez realizados. No es que no vaya a decir nada de mi EXTRAORDINARIO viaje al sur del Caúcaso, pero ahora toca hablar de una escapada que me llena de ilusión. Hoy es #getariatropical, o lo que es lo mismo, el viaje relámpago (ida y vuelta en el día) al País Vasco de la mano de dos de las mejores bloggers de moda de este país (dudo que haya mejores en el resto de Europa, pero prefiero no parecer exagerado).

El Museo Balenciaga es lo de menos, se trata de la compañía, de pasarlo bien, de reirnos, de hablar mucho, de cotillear más y de ser muy 'humanos'. Eso sí, el precio es salir en un avión a las 6.50 de la mañana... Pussar och kramar!


Mañana es nuestro último día en Georgia. Dejamos la región vinícola oriental y volvemos a Tiblisi, donde nos espera un día muy largo. El avión sale a las 3 de la madrugada, así que tendremos que hacer tiempo con cualquier cosa durante muchas horas. Luego, a las doce, nos llevan al aeropuerto y tendremos unas tres horas de vuelo hasta Praga. Allí esperaremos mucho tiempo a que salga el vuelo de Madrid. Finalmente, llegaremos a casa a eso de las tres de la tarde. Será entonces cuando duerma bien, que yo en los aviones no lo logro.

Esta semana que he pasado aquí en Georgia no he podido ver a su Mister. Una pena, hubiera podido intercambiar impresiones sobre su país... Pussar och kramar!

Me siento un poco raro en este viaje. Normalmente, suele ser yo el que más habla con los guías y la gente en general, ya que conozco más idiomas que el rubio, o al menos me defiendo mejor que él. sin embargo, en esta ocasión es él el que está dándolo todo gracias a sus conocimientos de ruso. Como suele pasar con los estudiantes de idiomas, uno no se da cuenta de todo lo que realmente sabe hasta que no se ve en la necesidad de practicar sí o sí en tierra extranjera. Así, mi chico me está sorprendiendo y gratamente con su vocabulario y su soltura, relativa, pero algo es algo. Además, aunque los guías hablan castellano, el chófer de Georgia, por ejemplo, sólo habla georgiano y ruso, por lo que en las comidas que hacemos los cuatro juntos soy yo el que a veces se queda un poco out cuando hablan entre los tres en ruso. Y a eso sí que no estoy acostumbrado.

Me encanta que aquí todo el mundo sea eurofán. Tanto en Georgia como en Armenia consideran el festival un asunto de estado y se saben de memoria todas las participaciones de sus países y están muy puestos. En Armenia me contaron que estaban avergonzados de la participación de este año, que la canción era horrible, y que estaban enfadados porque la cantante era una enchufada de un mandamás de la televisión. En Georgia lucen con orgullo que todas sus canciones han sido top 10 desde que están participando. La guía armenia me preguntó por qué España manda canciones tan horribles con la cantidad de buenos cantantes que tenemos. Para mí fue revelador. Si hasta en Armenia se dan cuenta del pastiche que solemos enviar y que no representa la calidad que podríamos mandar, apaga y vamonos. Claro que lo que no terminan de entender es por qué no enviamos a Enrique Iglesias... ¿Pitbull en Eurovisión?
Pussar och kramar!

Hoy tengo pensado echar el día en un avión de Czech Airlines. Qué remedio. Para llegar a Ereván, tendré que coger dos vuelos de esta compañía, así como padecer un trasbordo de cuatro horas en Praga (es cierto que el aeropuerto internacional checo está bastante bien, con muchas tiendas, restaurantes y demás, y que podría ser peor, ya que he tenido que sufrir trasbordos en sitios donde todo estaba cerrado o, sencillamente, no había nada de nada, salvo un vulgar mostradorcito donde vendían refrescos a 6 euros). Al final a las 3 de la mañana hora local (medianoche en España), llegaré a mi destino, por lo que se puede decir que técnicamente, mi aventura caucasiana comienza mañana... Pussar och kramar!


Finalizada la primera etapa de las vacaciones, mañana comienza la segunda. Debo reconocer que los diez días en Jerez, aunque comenzaron bastante mal, han resultado ser de lo mejorcito que he tenido nunca allí. Se ha notado bastante que, en vez de en agosto, he bajado en julio, ya que estaba todo el mundo allí, y no de vacaciones como solía ser habitual. He hecho de todo: desde montar muebles con mi cuñada a mirar dormitorios, comprar pintura en El Puerto, papeleos en El Aljarafe, visitas familiares, mucho tinto con limón, terracitas, papa' aliñá, langostinos...

Lo mejor: que no he parado y he visto a prácticamente todo el mundo. Además, organizamos una barbacoa en casa de la hermana de una amiga en la que nos lo pasamos más que genial.

Lo peor: mi hermano me enganchó de forma machacona e insistente a una canción que me provoca, al mismo tiempo, rechazo y ganas de no parar de oírla. ¿Era necesario? Pues no. ¿Quién demonios es Shantel y por qué he aterrizado en el planeta Paprika? Pusar och kramar!

Una de mis lecturas favoritas es la revista Monocle. En el número de julio publica su ránking de las mejores ciudades del mundo, en una escala de calidad de vida que mide cada año diferentes parámetros. Este 2011, la ganadora ha sido Helsinki, ciudad aburridilla y con muy poco interés turístico pero cabeza de león en I+D, sostenibilidad, respeto por el medio ambiente, gestión política eficiente... y una de las pocas capitales europeas que carecen de un Starbucks. No es que este dato haya sido puntuado por los editores de Monocle, pero sí lo han incluido en una lista de parámetros que analizan las 20 primeras ciudades. Así, me picó la curiosidad por saber cuántas cafeterías de esta cadena hay en diferentes ciudades del mundo.

En Europa, Londres se lleva la palma, muy por delante incluso de Nueva York. Entre las capitales escandinavas no tienen tanto éxito como en España. De hecho, prácticamente en ningún sitio tiene la misma aceptación por ratio de habitantes que Madrid o Barcelona, a excepción de Zurich.

Con respecto a Asia, hace mucho que Japón se rindió a la cultura estadounidense, pero ¿hasta el punto de preferir el café al té? Y Corea, para variar, se pone las pilas y va a la zaga. Llama la atención que Pekín esté por detrás de varias ciudades chinas en número de cafeterías, aunque para exageración, lo de Singapur, que no deja de ser una isla de 700 km2, buena parte de ellos reserva natural.

America del Sur es un páramo. Muy pocas ciudades tienen Starbucks y éstas suelen ser las grandes capitales (a excepción de Montevideo, Bogotá y Medellín; donde no hay ninguno). En Río de Janeiro, por ejemplo, sólo hay 4; y sorprende que Buenos Aires y Santiago empaten hasta en esto. Tampoco Australia es muy fan, aunque lo compensa Nueva Zelanda, con cifras aún así muy modestas.

Para sorpresas, sin duda, las de Arabia Saudí. ¿Alguien se imaginaba que su capital y La Meca superaran los 20 Starbucks? ¿Acaso que hubiera uno? Donde no hay es en Israel, ¡y eso que los dueños son judíos! Que haya muchos en Kuwait, con el ejército americano allí, es comprensible, pero lo de Beirut necesita una explicación. Del mismo modo, ¿cómo es posible que en Portland haya los mismos que en Nueva York? ¿Y qué pasa con Miami, no les gusta el café? Ahora, que para cifra récord, la de México DF, en el TOP 5 mundial.

Sólo espero que al Grupo Vips no le dé por picarse y querer poner a Madrid en el número 1. A saber qué hace para abrir los 236 Starbucks que nos separan de Tokio...
Pussar och kramar!


PD: Los datos son de Monocle y Starbucks. África no está recogida porque sólo Egipto tiene Starbucks, ni siquiera Sudáfrica o Seychelles cuentan con uno.


Dado que huyo del culjantismo y no me importa llegar a algunos sitios tres años después de cuando dictaba el dios de las tendencias (a otros sitios sí que prefiero llegar el primero), he tardado tres años y medio en descubrir la serie Vogue Patterns de Steven Meisel, un fotógrafo conocido por su trabajo en Vogue (en este caso, para el Vogue Italia de 2007). Es una serie de imágenes donde se trata de crear una ilusión óptica con diferentes telas y estampados que, y creo que ahí está la maestría, no pegan entre ellos ni con cola, y mucho menos con los vestidos imposibles de las modelos. No son bonitas, ni lo pretenden, pero el caos que muestran, engancha.



Meisel es para muchas un símbolo de una época en la que las revistas de moda eran faros de estilo y modernidad. En sus trabajos modernos tiene retratos diferentes y bellos como el que le hizo a Madonna con un Vuitton. Eso sí, tampoco él se libra de hacer mamarrachadas, que a saber qué se le pasó por la cabeza cuando pensó que eran buenas ideas fotos como las siguientes para una editorial de moda...

Sí, para gustos, los colores, pero donde esté el estilo clásico y rotundo, el que no da lugar a interpretaciones sobre si es bueno o no, porque el dejarte boquiabierto lo dice todo, que se quiten las tonterías por escandalizar o hacer algo diferente sin gusto alguno. Como dice Di, cuando algo funciona, no lo toques. Pussar och kramar!

Está India revolucionada con el tipismo español. La película 'Zindagi Na Milegi Dobara' (Sólo se vive una vez) se ha estrenado en Bollywood hace unas semanas y anda el país medio loco con las costumbres de la 'piel de toro'. Cómo no, lo que más les ha llamado la atención es la tomatina de Buñol, tanto que, según informa El País, van a realizar una igual en Nueva Delhi, con las consiguientes y lógicas críticas de tirar comida en un país donde tanta gente muere de hambre.

En esta 'road trip' abundan las tomas en pequeños pueblos, en grandes latifundios y carreteras de interior. Por supuesto, no faltan ni el flamenco ni los sanfermines. Pamplona revivió sus fiestas patronales sólo para el rodaje, que dejó pingües beneficios en la capital, del mismo modo que en Buñol o en Alajar (Huelva), donde ampoco importó repetir fiestas o hacer de extras improvisados, baile punjab incluido. ¡Ah! tampoco faltaron protagonistas muy guapas y actores cachas, que es lo más molón del nuevo cine hindú.

Por cierto, que la canción principal de la banda sonora es una mezcla de hindú y flamenco la mar de exótica que se llama 'Señorita' y que está, por lo visto, arrasando. Sería genial que España se llenara de turistas con saris, que es por lo que nuestro servicio nacional de Turismo ha subvencionado en parte la película. Lástima no haber podido hacer de extra, ¡hubiera sido genial!
Pussar och kramar!