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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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Ya es oficial. Desde ayer soy el orgulloso propietario de un teléfono que recibe MMS e incluso se conecta a Internet, por lo que me he podido unir al club de los que usan aplicaciones como WhatsApp o actualizan su twitter con fotos hechas al momento. Eso sí, sólo lo puedo hacer allá donde haya una red wi-fi abierta o en casa, ya que hasta que dentro de una semana no seré cliente de PepePhone, que es la compañía que me facilitará la conexión a la red móvil. No me importa, estos días los dedicaré a aprender a manejar Android, que es mi primera vez y ya he tenido que dar la lata a expertos porque no sabía salir de algún atolladero.

Ayer me llamaron de Movistar para ofrecerme cambios contractuales que me mantuvieran como cliente, pero no me convencieron. Me ofrecían rebajas que seguían siendo el doble de caras que mi próxima tarifa de PepePhone y un porrón de sms gratuitos y un teléfono gratis... a cambio de permanencia obligada y, por supuesto, sin renunciar a la cuota mensual (rebajada de 9 a 6 euros). La decisión estaba tomada, no había nada que hacer, y mucho menos tras descubrir que los sms que mando en España me salen más caros que si me voy al extranjero y los envío desde allí a mis contactos españoles (que son unos timadores y unos aprovechados).

Por supuesto, también me baje los dichosos pájaros del demonio, aunque prefiero jugar con ellos en el ordenador... Pussar och kramar!

Esta semana toca luchar y estoy bastante cansado para ello. No tengo ganas ni me apetece, pero no dejaré que me noqueen. Pienso defenderme y atacar, una y otra vez, porque soy más fuerte y lo sé.

No me da miedo enfrentarme al enemigo a pecho descubierto, porque sé que es un cobarde que no atacará de frente. Lo que él no sabe es que mis flancos y mi espalda no estarán ahí cuando se disponga a rematar cual sabandija, porque ya habré volado a pastos más verdes. No estaré presente cuando quiera pisar mi cabeza y hundirla en el barro, el mismo lodazal en el que se ahogará después.

Será entonces cuando me eche a reír y descanse, que me lo habré ganado. Y desde allá donde me encuentre, me reiré viendo el caos que provocará mi vacío. Las vigas de un edificio son reparables pero, mientras se arreglan, el riesgo de derrumbe es palpable.

Perdonen que sea críptico. Yo me entiendo. Pussar och kramar!



Una tradición en Dinamarca es decorar las casas con móviles de madera. En España sólo se ven en las cunas y en algún cuarto infantil, pero en el país escandinavo es frecuente verlos en todo tipo de habitaciones (aunque abunden más en cuartos de juegos y colegios). Una de las firmas con más tradición es Flensted Mobiles, creada en 1954 por Christian y Grethe Flensted. Además de en madera, también los construyen en cartón piedra y son muy imaginativos y no siempre para bebés. De hecho, algunos de sus modelos no son nada infantiles.

Como siempre que me toca investigar sobre alguna empresa de decoración, me gusta jugar a ser interiorista y pensar qué elementos pondría yo en una casa grande y soleada que jamás podré comprarme. En el caso de esta marca, lo tengo realmente difícil porque me gustan la mayoría de los móviles que ofrecen. En su catálogo hay más de una veintena y hasta la revista Monocle se ha rendido a sus encantos. Por cierto, se venden en España, por si a alguno les interesa, a partir de 20 €. Yo me los quedaba casi todos. Pussar och kramar!



Había oído hablar de ellos: que eran adctivos, que si era una de las aplicaciones/juegos más descargadas, que si los fans del iPhone estaban como locos por él...; pero como no tengo un teléfono de esos tan molones (por ahora), di por hecho que no era para mí. Hasta este fin de semana.

Cansado de oír hablar de los Angry Birds por todos lados, un juego que consiste en matar cerdos verdes con diferentes pájaros (cada ave tiene un poder diferente de destrucción, algo así como 'Dragones y mazmorras' emplumadas), le pregunté a mi compañero de temas de informática si había alguna versión gratuita para jugar en PC. Me dijo que sí, que la había, y me dijo de dónde descargármela. La instalé y no tardé ni cinco minutos en comprender por qué tanta adicción. Lo tiene todo: diversión, vidas infinitas, fácil manejo y entendimiento, muchas fases y una dificultad que crece poco a poco pero no hasta el punto de tener que dejarlo por imposible, es decir, que ganas estrellas (a.k.a puntos) sí o sí, por muy patán que seas o por muchas veces que necesites jugar cada nivel.

El rubio también se lo instaló. No me preocupé porque no suele engancharse a casi nada y no pensé que haría una excepción con un juego. Craso error: se ha pasado ya el doble de niveles que yo, se tiró medio domingo matando cerdos y no hay quien le despegue de su portátil. ¿Le tengo que poner la banda sonora oficial del juego a todo trapo para que vuelva a la normalidad? ¡Ayuda! Pussar och kramar!

En el viaje a Estocolmo se puso de manifiesto la diferencia entre volar con una aerolínea de bajo coste y otra que respeta mínimamente a sus pasajeros. En este caso, Ryanair y Spanair. La ida la hicimos con la segunda, con escala en Barcelona. Teníamos muy poco tiempo para el trasbordo y encima salimos un poco tarde de Madrid, así que salimos escopeteados... o casi. Es decir, los azafatos, muy amables, nos informaron de la puerta de embarque del segundo vuelo antes de aterrizar, pero estábamos en la fila 20 y no hubo forma de salir rápido del avión. La cosa es que empezamos a correr y nos encontramos el embarque a Estocolmo desierto. Sólo una chica de Spanair estaba en el mostrador. Cuando nos vio, nos pregunto si éramos "los del vuelo de Madrid". Le dijimos que sí y nos contestó, "no os preocupéis, que os estábamos esperando". Lo mismo nos dijo la sobrecargo. Llegamos a Arlanda sin problemas.

Arlanda es el aeropuerto de Estocolmo. Me gustaría decir que es el principal, pero no. Y no porque no sea grande e importante en Escandinavia, sino porque es el único que hay en la capital sueca. Sí, por mucho que Ryanair se empeñe. Lo que la compañía irlandesa vende como Estocolmo-Skavsta es, en realidad, el aeropuerto de Nyköping, una pequeña localidad a una hora y media de Estocolmo. También se encuentra más o menos a esa distancia Västerås, otro pueblo cuyo aeropuerto también vende Ryanair como Estocolmo. Para que nos entendamos, es como vender Valladolid, Albacete o Cáceres como aeropuertos de Madrid (Ryanair llegó a vender Valladolid como 'Madrid Norte' hasta que se lo prohibieron).

Pero si sólo hubiera sido el trayecto en autobús por paisajes completamente nevados y la sensación de estar en medio de la nada... El avión estaba congelado, incluso había escarcha en la cabina, junto a los asientos y bajo las ventanas (algo que el sobrecargo dijo que era normal, pero que yo no he visto en mi vida en ningún vuelo, incluidos los que hice en el Ártico). Un vuelo de casi 4 horas que va lleno debería tener el tema de la logística alimentaria más que cubierta. Pues no, subieron comida previendo que sólo un 20% del pasaje pidiera algo. Al final, nos quedamos sin comer el 70% de los viajeros (ellos se lo pierden, que bastante dinero sacan con sus menús a precios astronómicos) y encima perdimos el slot de salida...

Como siempre digo, solo se vuela con Ryanair cuando no haya más remedio o si por casualidad tu destino es la localidad perdida en la que están sus aeropuertos (en este caso, como era un regalo del rubio, volé encantadísimo, que conste). Pussar och kramar!

Pensé que arrasaría con el merchandising del Melodifestivalen, pero justo este año han preferido vender sólo cosas para niños y boas rosas, por lo que me volví sin una triste camiseta. ¡Hasta los pins eran con lucecitas como los que venden los chinos y los paquistaníes por el centro de bar en bar! Yo que iba dispuesto a hacerme con todo...

Por si fuera poco, los dos grandes productos a la venta en las tiendas de música eran unas cajas recopilatorias con las canciones y las actuaciones de los últimos diez años, es decir, material que ya posee cualquier aficionado y que estaba muy caro como para comprarlo por mero coleccionismo. Eso sí, el CD oficial sí que me lo agencié, ya que estaba en oferta y quería, al menos, un recuerdo de un año schlagertástico!
Pussar och kramar!

Si hay algo que he aprendido en mis visitas a Suecia es que allí no saben hacer las cosas de un modo que no sea implicándose de verdad en hacerlo lo mejor posible. Prueba de ello es el propio Melodifestivalen, la mejor preselección eurovisiva de Europa y modelo para el resto de países. Lo que pude ver en el Globe Arena fue una perfecta coreografía que ya se intuye gracias a una más que estudiada realización de cámaras y logística de escenario, luces, etcétera. A la SVT se le puede criticar falta de espontaneidad, una repetición excesiva de las formas o que no varíen los espectáculos casi ni en la propia Eurovisión, pero no su pasión por hacer un gran espectáculo.

Lo mismo puede decirse de los fans suecos. No es que estén movilizados, es que realmente se dejan la piel en vivir en hermandad su pasión: el Melodifestivalen. Ellos crearon hace unos años el Melodifestivalklubben, una asociación vinculada a OGAE (Eurovisión) en la que los socios de verdad de implican. Hacen concursos, organizan viajes, celebran fiestas (en la última daban pequeños paquetes de caramelos como si fueran medicinas que curaban falsas enfermedades relacionadas con el schlager) e incluso encargan pasteles-melodi.

El año pasado fue Shirley ClampPero nada como el MelodiKlub, una discoteca que alquilan en el centro de Estocolmo que durante todo el día solo pone canciones y vídeos del Melodi y Eurovisión. Antes de la final, celebran una comida fría bufé y actuaciones de artistas invitados (este año fue Velvet), pero también hay espacio para bailar, reír, charlar... Tras la final, se convierte en un club privado (para acceder hay que comprar la entrada con antelación, hasta llenar el aforo permitido) donde eurofans de todos los países acuden fieles cada año.

¡Qué decir! En mi vida me lo he pasado tan bien en una discoteca. Normalmente me suelo aburrir y me entra sueño cuando ponen tres canciones seguidas que no me gustan. Aquí me quedé ronco de tanto cantar, gritar, bailar... lo que unido al frío clima de Estocolmo aclarn que llegara casi con faringitis a Madrid. Eso sí, no lo cambio por nada. ¡Qué noche! Continuará... Pussar och kramar!

Sí, creo que era un sueño, por mucho que me pelara de frío (y eso que tuvimos suerte y no nevó ni llovió). Porque no podía ser realidad. Yo estaba allí, en medio del Globe Arena, y no como turista, sino como espectador privilegiado de la final del ¡Melodifestivalen! Era impresionante. Todo un recinto inmenso hasta la bandera, y daba igual que fuera la final o un ensayo general, se vendieron todas las entradas (de hecho, costaba lo mismo presenciar un ensayo que la finalísima) y la gente acudía en masa a disfrutar de la catarsis colectiva de la música schlager. Ya en el metro te encontrabas con este anuncio de pastelerías.

No era para menos tanta expectación. Este año, buena parte de las canciones eran rítmicas, con estribillo de los que enganchan y con opciones de ser nuevos himnos para el aficionado a la música sueca. Linda Bengtzing, Sanna Nielsen, Eric Saade... y estaban ahí, delante nuestra, dándolo todo con una profesionalidad para quitarse el sombrero, cantando en directo como si fuera música de estudio, en una perfecta coreografía montada por la SVT. Es emocionante ver cómo cambian los escenarios, cómo controlan hasta el último movimiento... y muy divertido los ratos que están poniendo vídeos, porque presentadores, artistas y demás hacen chistes y bromean para que el Globe se venga abajo con risas, a pesar de los nervios del momento.


Nosotros fuimos pertrechados con banderas españolas y muchas ganas de pasarlo bien. ¡Y vaya si lo pasamos bien! Ya que no sólo estuvimos en el Globe Arena, sino que también pasamos buena parte del día con mis amigos y sus correspondientes del Club Oficial de Fans del Melodifestivalen, gente de OGAE y muchos más eurofans de diferentes países en el Meloclub, una discoteca donde sólo tenía cabida Melodifestivalen y Eurovisión. ¡El paraíso! Pero de eso hablaremos en otro post... Pussar och kramar!

Sé que esta semana iba a escribir sobre mi viaje a Estocolmo, del que me he traído muchos grandes recuerdos y un mal de garganta, pero resulta que estoy en pleno cierre del Especial de Moda, con muchas páginas que me voy a tener que escribir yo solito, y no tengo apenas tiempo. Pero no sólo es por el especial. Resulta que mi revista va a lanzar página web y mi director quiere que para el día del estreno haya una buena hemeroteca, no sólo los últimos números. Es un trabajo que hay que hacer a mano y mi compañera de la web no da abasto, así que estamos todos echando una mano, trabajando horas extras e incluso este fin de semana se espera que el sábado y el domingo lo pase en la redacción. Además, nos han puesto nada menos que a tres becarios de ayuda, algo que nunca se había visto en mi revista. Aún así, no las tenemos todas con nosotros de que para la fiesta de inauguración de la semana que viene esté todo listo...

Lo dicho, que con jornadas de 12 horas y fines de semana, no estoy para escribir entradas sobre mi experiencia en el Melodifestivalen, o al menos no como me gustaría, con fotos, vídeos y demás. Pero a partir del 25 espero empezar a tener vida y narrar un fin de semana único. Pussar och kramar!

Ayer fui al médico. Hacía muchísimo que no iba al Centro de Salud, pero la costumbre de ir con retraso seguía intacta, por lo que tuve que esperar más de una hora a que me llegara el turno. El que no estaba allí era mi médico, el que me ha atendido los últimos cinco años. Cuando entré en la consulta, había otro señor. Pensé que sería algún sustituto y también que mi doctor es un poco raro por cogerse vacaciones en marzo... Pero no, resulta que el que tenía delante era mí médico.

No, no es que se haya sometido a una operación de estética y no lo reconociera. Parece ser que el señor que me atendió todos estos años no era el titular de la plaza y que éste último se incorporó por fin, tras un largo asueto, hace nueve meses. Como hace más de un año y medio que no iba por allí, normal que no me enterara de los cambios; y como la petición de cita se hace automática, sin que te pregunten por tu médico, tampoco iba prevenido a encontrarme a otra persona.

Echaré de menos a mi antiguo doctor. Le tenía bastante aprecio porque, aunque era muy puñetero para darme la baja y no entendía que yo puedo estar muriéndome y aún así no tener fiebre (¡quiero esos antibióticos!), no había conocido a nadie tan detallista en su trabajo y atento. Cada vez que ibas te miraba de arriba a abajo, te auscultaba y realmente intentaba dar lo mejor de sí para comprender qué te pasaba y cómo curarlo.

Desde que me mudé, ya no me tocaba ese centro de salud pero, como aún lo tengo cerca de casa, preferí no cambiar de médico y seguir con el que tanto me gustaba. Ahora ya no tiene sentido que continúe en el que no me pertenece por zona. Tardaré unas semanas en escoger nuevo médico. El de ayer me mandó al otorrino y prefiero que sea él quien dé carpetazo a mis problemas de garganta.

Me pregunto cómo será mi nuevo médico. ¿Se parecerá a Alex Karev? Pussar och kramar...

Cuando esta entrada se publique, estaré en el aeropuerto con el rubio a punto de hacer realidad un sueño: vivir en primera persona la final de un Melodifestivalen. Por si queda alguien que no sepa qué es eso, lo explicaré en pocas palabras: un festival de música sueco que escoge el que será el representante de ese país en Eurovisión. Después del fracaso del año pasado, éste se han puesto las pilas y se nota. De las 10 canciones finalistas, sólo dos me horrorizan; y el resto tengo bastantes ganas de verlas en directo, sobre todo las que están llamadas a convertirse en himnos schlager, es decir, las de Linda Bengtzing y Sanna Nielssen.

Otra razón por la que es un año atípico para mí es que no tengo una clara favorita. Me ha costado mucho tener que votar como jurado internacional y sigo sin tenerlo claro. Por supuesto que me encantan las dos canciones anteriores, pero también la de Swingfly, que consigue que me levante de la silla y me ponga a bailar. Creo que sería una apuesta buena para Suecia porque no suena a ABBA a oídos no acostumbrados al sonido sueco, algo que puede jugar en contra de las de Linda y Sanna. Aunque para ganar tendrá que pedir permiso a los dos favoritos, a priori: Danny Saucedo, con una canción que deja mucho que desear, y Eric Saade, que no va con un tema tan rotundo como 'Manboy', pero que no está mal.

La que voy a echar mucho de menos en el Globe Arena será la canción que mandaron los productores RedOne a la televisión sueca: 'Dance Alone', de Love Generation, que estoy seguro que en breve comenzará a sonar por toda Europa. Y si no, al tiempo. A la vuelta, prometo fotos y una crónica decente. Pussar och kramar!

Algunos hacen cientos de kilómetros para orar en La Meca...

Otros se acercan al muro de las Lamentaciones...

Incluso los hay que van al Vaticano a vivir su propia epifanía...

Yo soy de los que acuden al único templo verdadero...

Pussar och kramar!

Las fragancias bautizadas con el nombre de algún famoso son, de entrada, las de escalafón más bajo en el mundo de la perfumería. Nenuco o Johnson & Johnson están mejor valoradas y no cuentan con tantas críticas negativas a priori como las de personajes de la talla de David Bisbal, Shakira o Britney Spears. Como es fácil de adivinar, salvo casos muy puntuales en los que sí se implican en su formulación junto a los expertos, el famoso en cuestión se encarga sólo de vender los derechos de utilización de su nombre, dar el visto bueno al resultado final y posar durante la presentación de la fragancia. Dado que suelen ser herramientas de márketing, que luego sólo duren un par de años en el mercado también es lo habitual. Casos como el White Diamonds de Elizabeth Taylor, que lleva muchísimo tiempo a la venta, no abundan.

En España, Carmen Sevilla y Antonio Banderas pueden presumir de haber vendido miles de unidades de sus diferentes fragancias. Pocos más; y no será porque distribuidoras como Idesa o Puig no lo intenten cada año con nuevos personajes. A veces, para nuestra sorpresa, algunos de ellos huelen bien. Ayer estaban sorprendidos en Fashionista.com ante el hecho de que lo último de Jennifer Aniston era bastante decente. En nuestro país, si alguien se ha querido arriesgar a oler la colonia masculina marca Alejandro Sanz o algunas de Rosario Flores, habrá podido comprobar que huelen bastante bien.

Estos casos me dan pena (por los narices que las crearon, seguro que invirtiendo mucho tiempo y ganas en ellas), porque son pirámides olfativas que, de haberse creado para grandes marcas y no para un famosete, estoy seguro de que hoy serían referencias de la talla de 1 Million de Paco Rabanne, Nº5 de Chanel o Ck One de Calvin Klein, por citar algunas de las más vendidas. Porque a ver quién es el listo que tiene a Bisbal o a Liz Hurley como aroma de cabecera. Pussar och kramar!

El programa How hard can it be? de National Geographic TV se propuso un reto: hacer volar una casa de madera similar a la de la película Up! en el desierto del sur de California. Un grupo de voluntarios se pasó la noche inflando 300 globos de helio y por la mañana la casa despegó, alcanzó 3 kilómetros de altura, estuvo una hora suspendida en la estratosfera y empezó su lento descenso. Hay que decir que la casa era de dimensiones más reducidas que una de verdad, y que estaba vacía por dentro (por no haber, ni tabiques); pero aún así, otro gran momento que me he perdido por no estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Pussar och kramar!



No creo que a nadie le sorprenda, sobre todo si me conocen personalmente, que yo diga que me encanta la geografía y que soy feliz viendo mapas durante horas. Me encantan también las banderas y todo lo relacionado con ellas, desde las nacionalidades de las compañías aéreas a las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos. Una de las cosas que más me motiva en este vida es ir tachando países en mi lista de 'Pendientes' e ir añadiendo su bandera en el cuadro de la izquierda de este blog y el sello aduanero correspondiente en mi pasaporte.

Me fastidia mucho cuando me encuentro una bandera mal puesta. No he visto en ningún país extranjero tantos errores con las enseñas nacionales ajenas como las que he sufrido en España. ¿Cuántas banderas alemanas con la franja amarilla en medio habré tenido que ver? ¡Los hay incluso que llegan a poner las franjas rojas de nuestra propia bandera tan anchas como la amarilla! Pero el colmo se lo lleva la página web Destinia.com. Suelo comprar mucho en ella porque tiene realmente buenas ofertas y los gastos de comisión son ridículos o inexistentes, pero es ver su cuadro de teléfonos de información y echarme a llorar...

Me pregunto qué pensarán en Israel sobre la libre interpretación que han hecho de la estrella de David, o en Arabia Saudí con ese churro blanco que recuerda vagamente a su bandera, aunque ponga Emiratos Árabes Unidos... Pero sobre todo me gustaría saber qué piensan en Esquerra Republicana y en el Partido Popular sobre la bandera española... Pussar och kramar!

Creo que hay pocas cosas que no me atraigan físicamente de Aaron Hill. Este tiarrón rubio es actor y ahora lo veo todas las noches interpretando a uno de los Kappa Tau Gamma en la serie 'Greek'. Me encanta su perfil, su mirada, su voz, su cuerpo grandote y, sobre todo, su sonrisa llena de franqueza. Creo que nunca he visto a nadie en la pantalla sonreír de ese modo y derretirme. En 'Greek' hace de amigo tontorrón de uno de los protagonistas, pero incluso así no he podido dejar de fijarme en él y en su cuerpazo.

Independientemente de lo hormonalmente excitado que el chico consigue en mí, una de las cosas que más me llama la atención es que, al ver su carrera en Imdb, resulte que sea uno de los más experimentados de toda la serie. Lleva desde pequeño haciendo papeles secundarios en infinidad de series y películas ('Mad Men', 'Malcolm in the middle'...). Ahora que no sería extraño no reconocerle, en tanto que el chico, hasta hace unos años, era cuatro veces lo que es hoy. Comparen:

La pérdida de peso del chico ha sido espectacular. Es cierto que es un hombre grandote, alto y será propenso a engordar toda la vida, pero lo que ha logrado es para quitarse el sombrero. En algunos capítulos se le ve más gordo que en otros, pero más bien bascula entre fuerte y normal, que gordo y delgado. En su web es posible incluso ver muchas fotos de cuando estaba obeso, ya que no es un tema que le avergüence. Sin duda, todo un héroe para los que no conseguimos hacernos con fuerza de voluntad ni para un triste régimen. Pussar och kramar!

Cuando salió el último disco de Take That, con la vuelta de Robbie Williams, tardé muy poco en oírlo. Me había encantado el single de presentación, 'The Flood', y esperaba grandes cosas de los cinco británicos, pero las expectativas no se vieron recompensadas. Me pareció un trabajo correcto, pero lleno de canciones muy parecidas, algo plano y fantástico como música de fondo, de esa que te pones para no prestarle mucha atención y que sólo te acompañe. Lo oí un par de ves y lo abandoné en el baúl de los olvidos (aka Papelera de Reciclaje).

Sin embargo, el otro día, viendo los Premios Brit, no tuve más que quitarme el sombrero ante la asombrosa actuación de Take That con una canción que no recordaba de nada y de la que pensaba que sería de algún disco anterior, porque me gustó muchísimo. Pero no, resulta que también era del último trabajo. Se llama 'Kidz'.



Me surgió la duda de cómo se me había podido escapar esta canción. ¿Le tenía que haber dado alguna escucha más al disco? He llegado a la conclusión de que si no hubiera oído todas las canciones seguidas, otro gallo hubiera cantado, que me saturé de oír el mismo estilo. Ahora han sacado el videoclip oficial de 'Kidz' y me ha encantado tanto o más que la actuación y ese momentazo con la bandera británica y Mr. Owen (creo que se le trata injustamente a este chico, demasiada crítica mala y a mí me parece un gran artista). El vídeo está a la altura del del primer single. A ver si aprende el resto de artistas. Son obras de arte. Cortometrajes con música. Pussar och kramar!

El chico de la izquierda está macizo. Sí o sí. El bañador le sienta fenomenal (aunque seguro que sin él estaría mejor) y tiene un cuerpo merendable en el que no falla ni el ombligo. Se llama Boris Boillon y es el nuevo embajador francés en Túnez (anteriormente, lo fue en Iraq). Su ascendencia argelina le ha permitido desenvolverse sin problemas en las relaciones internacionales de Oriente Medio y el Magreb; y seguro que su porte le ha abierto más de una puerta.

Debo reconocer que la mía la tiene de par en par, si quiere entrar, pero debe comprometerse a hacer un voto de silencio. Y es que todo lo que tiene de buenorro, lo tiene de capullo. Ahí donde le ven, es noticia por unas declaraciones que ha hecho en la televisión francesa en las que dice que Gadaffi es "un buen hombre" por el que siente admiración. El dictador libio, de hecho, le llama "hijo" a Boillon. Esto llega, por si fuera poco, después de que tuviera que pedir disculpas al pueblo tunecino tras una rueda de prensa en la que fue prepotente y trató de restar importancia a la revolución que acaba de vivir el país, al ser preguntado por el nulo papel de Francia en todo el proceso. Vamos, un pieza.

Por cierto, que el señor embajador ha pedido que se prohíba la publicación en medios de comunicación de su foto en bañador. No entiendo por qué. Creo que mostrar un cuerpo así es lo único que le daría buena publicidad en este momento, sobre todo tras como ha dejado el patio con sus palabras inoportunas y fuera de lugar. ¿Preferiría una foto así?

Si es que Sarko afea a cualquiera que se ponga a su lado (Carla Bruni incluida). Pussar och kramar!