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El rey de la casa


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He de confesar que le he cogido asco y manía a las reuniones de trabajo. Concretamente, a las que implican reunirse con mis jefes y otros compañeros. Hace mucho tiempo, estuve trabajando en una revista con un director que era un obseso de las reuniones. Raro era el día que no tenía un mínimo de dos, algo completamente inoperativo porque estabas tanto tiempo hablando sobre lo que hay que hacer que no llegas a disponer del tiempo necesario para hacerlo con el margen idóneo para que el resultado sea el mejor. También recuerdo que tuve otro director que nunca me llamó a una reunión, lo cual era hasta agradable, ya que me limitaba a preguntar a mi subdirector, cuando salían del 'cónclave', si tenía que escribir algo o no en el número de esa semana; y un tercero sólo me reunía una vez por semana, pero se dilataba tanto que casi parecía un seminario de empresa que una reunión de temas.

Ahora he de reconocer que no se me suele llamar a reuniones. Ni semanales, ni diarias. Casi no hay, pero cuando suceden la pereza me puede. Sobre todo porque yo creo que una reunión sólo funciona si, al menos de facto, todos los que están allí tienen potestad para proponer, comentar, decir, opinar... y que luego eso sirva para algo. Si se te llama para que te limites a tomar notas y decir dos frases vagas para demostrar que sigues vivo, pues mejor que no te llamen. Vamos, que ir pá ná, es tontería... Pero el problema se hace mayor cuando formalmente se supone que estás ahí para aportar algo, pero la experiencia te ha demostrado que ni tu opinión se tiene en cuenta ni se te valora lo más mínimo, por lo que ya pasas de todo. Si ir para nada ya era malo, ir para constatar que eres la última mierda independientemente de que estés convencido de que puedes echar una mano valiosa, es un horror.

Sólo queda la excusa de que, al menos, sólo te llaman una vez cada varias semanas y que no se alargan más de media hora... Pussar och kramar!

1 comentarios

  1. Sufur  

    ¿Estás aburrido? ¿Tienes ganas de echar una siesta? ¿De pasar el rato hasta la hora del almuerzo? ¿Te gusta evitar responsabilidades? Entonces... ¡convoca una reunión! Mano de santo

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