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El rey de la casa


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Tengo amigos que han hecho suya la frase 'Para gozar de los placeres de la vida, hay que arriesgar'. Uno de ellos no tuvo otra cosa que hacer que llevarme el pasado miércoles, en pleno noviembre, a una heladería, a un paso de la llamada 'playa de Madrid' (en Madrid Río). Fuera, en la calle, llovía y hacía frío. Dentro, ante mí, una nevera con una docena de tarrinas de helado, con sabores clásicos y otros no tan habituales como tarta de limón, tarta de manzana o manzana verde.

¿En serio? ¿Un helado ahora, con este frío? Vaya si mereció la pena. Probé uno de los helados artesanos más ricos de Madrid. El mío, una tarrina con la mitad de turrón y la otra mitad de tarta de limón, podía ser catalogado como ambrosía en el Olimpo. Sí, es cierto que no nos quedamos en la heladería, que echamos a andar y que mi mano se quedó congelada de sostener la tarrina bajo un soportal mientras veíamos llover. ¿Pero no son esos momentos los que merecen la pena?

Quedamos en que sería yo el siguiente en descubrirle a él y a su chico una heladería de las de quitarse el sombrero. Concretamente, una que hay en Moncloa, cerca de los arcos, pero no creo que sea en pleno invierno. Voy a esperarme a primavera, que una cosa es jugar a la ruleta rusa con el virus de la gripe una vez, y otra hacerlo cada semana...
Pussar och kramar!

2 comentarios

  1. Di  

    Es que ahora lo que pide el cuerpo es chocolate con churros!

  2. Ladonnabupu  

    Leches, aquí te tomas un helado ahora y hasta se te derrite :D

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