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El rey de la casa


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Una de las mejores cosas de mi trabajo es poder conocer a gente interesante en casi cualquier situación. No siempre son personas a las que has de entrevistar, en muchas ocasiones se trata de gente que se encuentra detrás, en el backstage, pero cuya presencia y experiencia eclipsan al más pintado. Este fin de semana he tenido el honor de cruzarme en el camino de una de estas personas.

Se llama Kate, es británica, de unos cincuenta y muchos, y actualmente es la directora del Iberostar de Budapest. Ha llegado aquí tras pasar por diferentes destinos. El último, el Iberostar de Túnez, en plena revolución. Es una mujer fascinante, con un humor y un saber estar digno de aplauso. No sabe encadenar frases sin meter chascarrillos y frases con mucho sátira y humor inglés, inteligente y refinado. Pero, además, tiene una vida y ha pasado por situaciones tan duras, que su carácter y que sea así de afable sorprende y emociona. Huérfana casi al nacer, sola en el mundo con un abuelo que muere cuando tenía 14 años, abandonar sus sueños escolares por encontrar un trabajo donde además pudiera vivir bajo ese techo, llegar a directora de hotel con 22 años, formarse como buceadora de la armada británica en el Ártico, recorrer todo el planeta buceando en zonas a cuál más exótica, tener dos hijos, formar a nuevas generaciones... Su curriculum vital es para quitarse el sombrero.

Me ha llenado de paz, de esperanzas, de sueños. No pude evitar abrirme a ella, decirle lo frustrado que me encuentro ante cómo se han desarrollado algunos aspectos de mi vida, que tengo sueños aparcados sin fecha de realización y que si no fuera por mi optimismo general ya hubiera descartado hace mucho, que la envidio y no se imagina cuánto, a pesar de lo que ella ha sufrido y que yo, ni me acerco. Pero sus palabras de aliento, sus consejos para afrontar mi futuro, que muchos saben que es incierto, y su fuerza contagiosa, fue una terapia de las que nunca podrás pagar como merece.

Además, para rubricar mi respeto y adoración, tuvo a bien llevarme el domingo a una mesa en la que compartí con ella el mejor plato de huevos benedictinos que jamás haya probado. Sin duda, Kate sabe no sólo ser la mejor anfitriona, sino también hacerse querer como una gran consejera en apenas un fin de semana. Ojalá nuestros caminos se vuelvan a cruzar mi pronto y no pienso volver a Budapest sin darle un fuerte abrazo.

3 comentarios

  1. gratis total  

    que maravilla! esa es de las cosas mejores de la vida, conocer a gente interesante

  2. rickisimus2  

    ¡Qué suerte! ¡Una persona así te anima para mucho tiempo!

    Además es inspiradora.

  3. Di  

    Esa gente debería estar subvencionada o algo. Qué maravilla

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