Archives

El rey de la casa


WorldKnown

WorldKnown

Galería de arte

buy posters and art prints

Creo haber aprendido a no meterme donde no me llaman, a dar mi opinión cuando no me la piden o no viene a cuento y, sobre todo, a batallar en luchas en las que un amigo ha tirado ya la toalla o incluso ni siquiera se plantea meterse, pues pasa mucho del tema. Es por ello que, en vez de dejar constancia en casa ajena, lo hago en la mía, que para eso en este blog, para bien o para mal, soy yo el que lleva la voz cantante.

Hace muchos años, mi amiga María me dijo que no entendía a la gente que nos rodeaba en la Universidad. "¿Cómo son capaces de hablar de mí, de cómo soy, si apenas hemos compartido nada salvo que vivimos en el mismo colegio mayor o que vamos a la misma clase?", me decía. Suya fue una frase lapidatoria: "Cómo osan decirme cómo soy si ni yo soy capaz de conocerme a mí misma". Y creo que, en cierto modo, todos podemos suscribir esas palabras. Yo, al menos, llevo usándola desde que la oí y decidí automáticamente adoptarla como mía.

Todo esto viene a cuenta de que tengo un amigo que me maravilla por su complejidad. Es de esas personas que son tan perfectas que nunca llegas a abarcarlas, ni a estar seguro de qué pueden pensar, sentir o maquinar. Puedes acercarte, sí, pero cuanto más lo haces, más tienes la sensación de que ni él sabría anticipar sus pasos. Su complejidad, decía, es tan perfecta que parece simple, pero no. En lo que puede ser simple es en su bondad, en su forma de dar y darse. Hay que ganárselo, como nos pasa a todos, pero sabes que él no duda cuando toca estar ahí a tu lado, que no piensa pros y contras a la hora de ayudarte y, sobre todo, que está dispuesto a más incluso de lo que racionalmente sería admitible. Quizás se arrepienta luego, pero no lo vamos a oír nunca decirlo, ni siquiera te permitirá estar seguro de si daría marcha atrás. Está muy ocupado siguiendo adelante. De hecho, a veces parece que le gusta estamparse con el muro, de lo que te extraña que no viera venir algunas cosas. Pero ¿hay algo más digno y humano que ir a por lo que quieres y amas sí o sí, sin importar nada más? Yo me quito el sombrero. Por eso y por otras mil cosas más. Me gustaría quitármelo por cuatro mil, pero sé que aún no le conozco ni la mitad. Y eso me encanta, porque ojalá nada impida que durante muchos años pueda seguir asombrándome y riéndome con él, convirtiéndolo en mi confidente y serlo si me necesita, no parar de aprender cosas de la vida de las que él ya viene de vuelta y yo casi ni eché a andar.

¿Y aún crees que por tomarte una cerveza y cuatro charlas bobas puedes describir a mi amigo? Vas listo. Pussar och kramar!

5 comentarios

  1. Sufur  

    Lo de presumir de conocer a alguien con quien apenas se ha tenido contacto es un mal muy generalizado. Si te cuento la de veces que me han intentado psicoanalizar por chat... Increíble pero cierto

  2. Fidocho Dunham  

    Mi amigo el psiquiatra dice que la gente está fatal.
    Cinco años de carrera y es toda su conclusión.
    Porque chico, la gente fatal, ¿eh?

  3. Nils  

    Sufur, pues ya tienen huevos, que tú también eres complejo e interesante.

    Fidocho, fíjate que a mí me parece que los psiquiatras de verdad no se dedican a dar ese tipo de veredictos a sus amigos por leer cuatro entradas de un blog, y siendo sus amigos parte interesada, además...

  4. Di  

    Nadie conoce a nadie, ni siquiera a uno mismo como para conocer a los demás.

  5. rickisimus2  

    ¿Alguna vez el cerebro se podrá comprender a sí mismo o a otro cerebro? Creo que no.

Publicar un comentario