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El rey de la casa


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Laura sabía que ése iba a ser el día. Tenía un presentimiento e incluso había soñado una y otra vez durante toda la noche con el momento en el que por fin se acercaría a Carla y se presentaría. Quería andar con pies de plomo pero, ¿qué hay de malo en acercarse a una compañera y pedirle unos apuntes? Quién sabe, igual hasta podían estudiar juntas el parcial o quedar para ver láminas de cuadros en la biblioteca. Lo tenía todo pensado. Primero estudiarían para que Carla viera que era alguien serio y al rato le diría de salir a tomar algo, para descansar, y poder charlar de otras cosas. Su sexto sentido no le podía fallar. No sabía si Carla era lesbiana o no, pero tenía la certeza de que, entre mujeres, todo es posible. Sí, esa tarde se acercaría a ella al acabar la clase.

El ejercicio no había podido llegar en mejor momento. Cuando el profesor de dibujo dijo que esa semana debían realizar varios estudios de un cuerpo en movimiento, Carla sabía que estaba ante una oportunidad única. ¿Qué mejor modelo que un atleta? Además, así podría dibujar bien cada uno de los músculos. No se trataba de que se desnudara. "No, qué iba a pensar de mí", se decía. Aunque luego, mirando al suelo, pensaba: "Aunque, por qué no, si lo hace sin que se lo pida...". Sí, no cabía duda, tenía que acercarse a Marcos, dejarse de sonrisas bobas y tener por fin el coraje de pedirle que hiciera de modelo. Si le decía que sí, le diría también de ir a tomar algo, para explicarle bien el ejercicio, y quién sabe, igual una cosa llevaba a la otra y a otra... hasta que los dibujos tuviera que hacerlos a última hora, deprisa y corriendo.

No sabía por qué, pero Marcos se sentía sucio. "¿Acaso he hecho algo malo a Miguel?", se repetía una y otra vez para sentirse mejor. No se sentía a gusto cuando pensaba en él, mientras se masturbaba, pero su mente era incontrolable en esos momentos. Incluso una vez se había sorprendido pensando en Miguel mientras tenía sexo con uno de sus amantes habituales. Pero cómo decírselo sin que la amistad se fuera al garete. Miguel nunca tuvo problemas con que el fuera gay, desnudarse en las duchas e incluso le gastaba bromas a él pensando que Marcos era tímido para tocarle el culo, sin saber que lo que estaba era paralizado de miedo y deseo. "Sí, lo mejor será que, después del entrenamiento, me vaya con él a su casa y le saque el tema del amor. Cuando vea que es el momento adecuado, le besaré y, si va todo bien, me lo devolverá". Era lógico, ¿no?

Miguel ya había decidido incluso qué ropa llevaría a la fiesta de Farmacia. Si quería que a Laura se le cayeran las bragas tenía que ponerse la camisa que marcaba bien su pecho y sus brazos. Pocas se resistían a agarrarle por los bíceps y pasear a su lado mientras le metían mano. Él se dejaba y bien que lo disfrutaba, aunque alguna vez que otra tanto sobeteo le provocara algún 'levantamiento' inesperado. Esa mañana se había cruzado con ella y la miró fijamente para mostrarle su mejor sonrisa, pero iba pensando en las musarañas y ni se percató de su presencia. Faltaban dos días para la fiesta y, si se volvían a encontrar, no iba a permitir que Laura no se fijara en él. Si intercambiaban alguna palabra antes del viernes, todo sería mucho más fácil. Estaba decidido.

2 comentarios

  1. MEG  

    ¡¡Emoción, intriga y dolor de barriga para los protagonistas!!.

    Muy bien escrito y muy bien hilado.

  2. Di  

    ¿Al final alguien se atrevió a decir algo????

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