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El rey de la casa


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Las sorpresas que te llevas cuando menos te lo esperas. Ayer, esos modelos de arriba y yo no teníamos nada en común. Sin embargo, cosas del destino, ahora tenemos una profesión compartida: probadores oficiales de Aussiebum. Sí, resulta que me han llamado de la firma australiana para que pruebe y valore algunos modelos que acaban de lanzar o van a sacar a la venta próximamente. Reconozco que me quedé a cuadros, ¿yo un referente de Aussiebum? Seamos sinceros, no encajo en el perfil de sus clientes tipo ni de coña (aunque pocos son tan fieles como yo, que sólo uso esa marca de ropa interior). ¿Qué pinto yo entonces ahí?

Al principio rechacé la petición. Creo que no puedo ofrecer una opinión tan válida como alguien delgado. Y no, no digo esto por hacerme el mártir, ni mucho menos. Creo que hay modelos de Aussiebum que da un poco igual cómo estés a la hora de llevarlos, ya que hay tallas bastante grandes, pero también estoy convencido, y lo digo por experiencia, que hay piezas, sobre todo los bañadores de slip y algunos calzoncillos muy trendys, que exigen una cintura plana por su baja cintura. Ya con el ofrecimiento me habían hecho feliz, pero no se dieron por vencidos. Con el argumento de que quieren opinión de gente diversa, con diferentes tallas y que expresamente habían pensado en mí, me terminaron convenciendo (y mira que les trataba de explicar por qué no era un buen candidato).

En fin, la cosa es que dentro de unas semanas me empiezan a llegar algunas unidades y tendré que probarlos con ganas y luego contar sobre ellos (igual algunos de esos informes los cuelgo más tarde en el blog, ya veré). Me ha terminado apeteciendo mucho la idea y creo que el equívoco generado en twitter sobre si probaba modelos (ropa) o modelos (chicos, a base de mordiscos en los glúteos) fue la puntilla para que ahora esté feliz de formar parte de la gran familia Aussiebum.¡Mola! Pussar och kramar!

PD: ¿Me tocará alguno de estos?

Gracias a un amigo de Facebook, descubrí el otro día un vídeo promocional de Turismo de Islandia que me tiene enganchado desde entonces. No es muy largo, por lo que no se hace pesado, y la banda sonora ('Jungle Drum' de Emiliana Torrini, que ya le vale con ese nombre ser islandesa) me encanta.



El caso es que me han entrado unas ganas locas de ir a Islandia, que es un país que siempre me ha llamado mucho la atención. Sin embargo, reconozco que en los últimos años lo dejé a un lado como posible destino, especialmente por sus elevadísimos precios y porque es un estado Schengen, y yo quiero que me sellen el pasaporte sí o sí, y allí, como que no. No creo que pueda ir en breve, porque mis planes para viajes futuros van por otros derroteros, pero cruzo los dedos para que me manden a Reikiavik a hacer algún reportaje. Sería fantástico.

No estaría mal tampoco cruzarse con alguno de los islandeses merendables que salen en el vídeo. Por supuesto, el número 1 es el señor que muestra un culazo que es para mordisquearlo durante días, pero no es el único que merece halagos. En ese ramillete están el cocinero, el del caballo, el de las piruetas en las escaleras, el espeleólogo, el que va a casarse... Vamos, que hay que ir. Pussar och kramar!

Tomado del blog Pixfans.com. Pussar och kramar!

Después de la entrada del otro día sobre una agencia de comunicación que se lo montaba especialmente mal a la hora de llevar a cabo su trabajo, he decidido hacer una especie de listado de los principales errores que cometen éstas en España, según mi experiencia personal en los últimos diez años.

1. Desconocer el mercado. Aunque parezca mentira, hay muchas que no ven más allá de Vogue, Telva y Elle. Está muy bien que las revistas más vendidas te saquen, pero el cliente estará mucho más contento si tiene 40 apariciones en 40 medios que en sólo 2, aunque sean los más importantes. Revistas con una buena tirada pero que no son top se pasan el día presentándose a las agencias, algunas como si pidieran perdón por llamar. Eso es inadmisible, tanto como no saber qué revistas lee el público objetivo de tu cliente y no investigar todas las que hay en el kiosco.

2. Desconocer el funcionamiento interno de cada revista. Puede parecer un trabajo de chinos, pero con paciencia y una buena base de datos, no hay nada imposible. Cada revista es un mundo y cuanto más se conozca, mejor. Si sabes qué redactor se encarga de qué y cómo se dividen las secciones, excelente. De hecho, hay agencias y gabinetes de prensa que por más que insistas se niegan a dividir sus bases de datos por secciones. A mí me parece muy bien que en la revista X la persona que lleva moda se encargue también de relojes, pero en la mía no ocurre así. ¿Tanto te cuesta no mandarme a mí las cosas de relojes y darle al redactor de ese tema la importancia que merece, que para eso se lo curra?

3. No centrarse en amiguismos y jerarquías. Es genial que seas íntimo del responsable de la sección o del director de un medio que interesa mucho a tus clientes. Lo normal es que el periodista, precisamente por esa amistad, esté más al día de esas marcas y cuente con ellas cuando le interese publicarlas en la revista, lo cual es más que positivo a la hora de rendir cuentas. Sin embargo, no basta con quedar bien con los amigos. Hay que llevarse bien y ser simpáticos con todo el mundo, y eso incluye también a los subordinados de esos jefes con los que ya te llevas bien. Primero, por educación, y segundo, por practicidad. Igual el que ahora es un becario, mañana es director; y si tú le has tratado mal o le has ninguneado sistemáticamente, eso no habrá forma de arreglarlo. Esto también incluye el trato educado con personas que trabajan para medios poco importantes, ya que pueden ser los que mañana trabajen en los de referencia para tu cliente.

4. Abusar de confianza. Llevarte bien con un periodista no quiere decir que tengas que exprimir hasta la extenuación esa relación, sobre todo porque acabará haciéndose añicos y generando desconfianza y rechazo. Hay que saber valorar cada relación y estar dispuesto a frenar y no vender un tema o una marca a toda costa, porque se tarda más en recuperar el beneplácito de un medio que en perderlo, y una inserción en un breve, que es lo máximo que conseguirás, no lo vale.

5. Meter todas las cuentas en el mismo saco. Hay agencias externas que admiten una diversidad de clientela bastante amplia. Imaginemos una que tiene cuentas de ropa de bebé, zapatos megacaros, bisutería de latón y relojes de diamantes y titanio. Una revista a la que le interesen mucho los zapatos caros y los relojes, pero el resto le trae sin cuidado, sólo querrá saber de dos de esas cuentas. Por tanto, no envíes comunicación de todo, ajusta la información sólo a aquellos medios a los que va dirigido. Por otro lado, si de repente a esa agencia les entra una empresa de tornillos, por muy chulos que sean, no trates de convencer al periodista de que te los tiene que sacar sí o sí, simplemente porque te han pagado para llevar su comunicación. No sólo no vas a salir, sino que se resentirán las apariciones de las marcas que sí encajaban.

6. Insistir hasta el infinito. Es increíble la capacidad que tienen algunas agencias de no aceptar un 'No' por respuesta, y lo peor es que cuando les razonas porqué no puede ser, es mucho peor que si les dices un simple no, sin más. Por mucho que creas en tu producto, si te explican que no puede ser, no insistas, o al menos tómate un tiempo hasta volver a la carga, con un gancho diferente para no parecer un pesado.

7. Acosar. Si me mandas un mail con una nota de prensa y me interesa, ya me pondré en contacto contigo para pedirte más información. No es necesario que llames más tarde para confirmar si me ha llegado y si me vale o si lo voy a publicar. No sólo no tengo por qué darte esa información, sino que provocas mi rechazo y mi enfado. Mi trabajo no consiste exclusivamente en atender a las agencias al teléfono y ten por seguro que estarás interrumpiendo algo mucho más importante que tu llamada. Si ya te he demostrado que cuando algo me gusta, te llamo y te lo hago saber, entiende que, en ese caso en el que no he dado señales de vida, es porque no me interesa. Yo, como todos mis compañeros, recibo unos 200 mails al día, ¿cómo se te ocurre llamarme una semana o dos después de enviarme un mail para preguntarme si lo recibí y qué me pareció?

8. Enfadarse y perder los papeles. A menos que el periodista te falte al respeto, no hay que olvidar que eres un relaciones públicas y que te debes al cliente y a los medios. Cuanto más simpático, más agradable y más eficiente, mejor. Si surge un contratiempo, párate, respira hondo y trata de buscar el modo de arreglarlo trabajando conjuntamente con el periodista, sin gritarle por muy gorda que haya sido la metedura de pata, porque él ya sabe que la ha cagado. Además, si no funcionan las buenas maneras, siempre puedes acudir al superior del periodista. Formalidad, ante todo, porque un mal día o una mala contestación dan al traste con años de buenas relaciones y es complicadísimo arreglarlas.

9. Amenazar. Un redactor ya sabe los anunciantes que lleva su revista. ¿Acaso crees que amenazarle con la retirada de publicidad si un producto no sale en alguno de los números es una herramienta eficaz? Igual en ese número sales, pero olvídate de que te tengan en cuenta para el siguiente; y sobre todo como dejes de poner publicidad, porque entonces no aparecerás nunca más. Este error es aún más grave si cabe si eres una agencia externa, porque el periodista no va a ceñir a una marca
ese comportamiento de matón, sino a todas las cuentas de la agencia sin excepción, y como el cliente se entere de ello, estás perdido.

10. No saber dónde llamas. Es bastante cutre llamar a un medio para preguntar cómo se llama el director o cualquier dato que aparezca publicado en la propia revista. Estas dejando claro que no sólo no la lees, sino que no te has tomado la molestia ni de comprar un ejemplar y ojearlo. Y peor aún es cuando una agencia te llama para preguntarte 'quién lleva los temas de salud' o 'la sección de agenda cultural', cuando en tu medio ni se publican temas de salud ni existe sección de agenda cultural.

Con la crisis publicitaria galopante de los últimos años, las agencias en España, sobre todo las de moda, parecen haber perdido un poco el norte. Es como si algunos relaciones públicas se hubieran dicho 'esta es la mía, ahora van a aprender esos periodistas quién manda aquí'. De ahí que hayan comenzado a comportarse sacando los pies del tiesto y sin darse cuenta de que la crisis, algún día, pasará, y se volverá a la situación anterior, en la que el redactor tendrá la sartén por el mango (no está muy claro que la haya perdido incluso en plena crisis, la verdad), y que la inserción de publicidad permite exigir en según qué cabeceras, pero no en todas.

Hay relaciones públicas que excusan estos fallos en que su jefe o su cliente les obliga a ser pesados y acosadores. Me temo que no es un argumento válido, porque no son robots y siempre tienen la vía educada a mano. No tienen por qué caer gratuitamente en el mal comportamiento. Además, hay que hacerle ver al jefe o al cliente cómo se consiguen las cosas, y que la forma que proponen no sólo no es acertada, sino que llega a ser contraproducente.

Una pena que no se den cuenta de que vamos todos en el mismo barco y que no hay bandos enfrentados...

Hoy cerramos el número especial de Regalos. Cualquiera podría entender que es nuestro gran especial navideño, pero se equivoca, sólo es el primero... Nuestros grandes amigos del departamento de Publicidad han decidido que este año vamos a publicar un Especial Regalos, un Especial Navidad, un Especial Fiestas y un Especial Año Nuevo, con un Especial Gourmet entre medias. ¿Cuál es la diferencia entre un especial Regalos y uno de Navidad o de Fiestas? Pues no tenemos ni idea, pero, para ir abriendo boca, nuestro director ha decidido que hagamos en el primero de ellos un catálogo de regalos que ríase usted del de juguetes de El Corte Inglés.

Llevamos una semanita que no paramos ni para ir al baño, no vaya a ser que un multimillonario no tenga claro qué comprarle a su familia y necesite de nuestros consejos... Como podréis comprenden, el sentimiento de toda mi redacción por la Navidad es bastante poco parecido al de George Bailey. Vamos, que el Grinch a nuestro lado, el elfo del mes en la factoría de Papá Noel
. Parafraseando a Soziedad Alkohólika, grupo del que desconocía su existencia hasta escribir esta entrada: ME CAGO EN LA NAVIDAD. Pussar och kramar!

PD: Y lo peor está por llegar. En dos semanas comienzan a mandarnos las notas de prensa de San Valentín...

Acongojado ante la posible carestía mundial de cacao para 2030, he decidido comenzar a hacer acopio de tabletas o, en su defecto, comprar una parcelita en África para cultivar allí cacao y forrarme. ¿Habrá ofertas en Idealista para Tanzania o Madagascar? Habrá que ir mirando, sobre todo porque a mí me gusta especialmente el chocolate negro (hasta un 70%, que mucho más me amarga demasiado) y no es plan de dejarse el sueldo en chocolates o, peor aún, pedir una hipoteca para hacerme con una tableta de Valrhona.

El caso es que, de la noche a la mañana, ha cambiado mi forma de ver la oferta que hay en el Día de debajo de mi casa de los Kit Kat de chocolate negro a 2x1. Antes, como persona a dieta, lo consideraba un atentado contra los jóvenes que quieren volverse algo atractivos. Ahora, en cambio, lo veo más como un momento histórico que yo he podido vivir y que será una utopía dentro de apenas dos décadas. ¡Seguro que pasará a los libros! Y ahí estuve yo, comprándolos y comiéndolos con todo el deleite del mundo... Pussar och kramar!

Ayer me puse en contacto con una tienda de ropa de Madrid. Tiene productos muy exclusivos y creemos que algunos deben salir en nuestros bazares de Navidad. Como suele ser habitual en estos casos, y ya que era la primera vez que me ponía en contacto con ellos, llamé por teléfono y pregunté si tenían alguna persona encargada de atender a la prensa. Lo normal es que te digan que no, ya que las tiendas no se pueden permitir ese tipo de lujos, pero en este caso, para mi sorpresa, no es que tuvieran a alguien, es que tenían agencia de comunicación externa contratada, con incluso un showroom sólo para medios de comunicación.

Debo reconocer que flipé bastante, porque nunca nadie de esa agencia se había puesto en contacto conmigo y, de hecho, es que no la conocía de nada. Puede que alguno piense que soy un pedante al decir esto, ya que doy por hecho que me tienen que conocer, como si fuera alguien importante. Pero no lo digo por eso. Me explico. ¿Cuántas revistas se dedican en España al lujo masculino? No somos ni media docena. Si una boutique de moda masculina de gran lujo te contrata para que les lleves la prensa y poder salir en muchos medios, ¿no sería obligado investigar qué medios hay en España que se dirijan justo a ese tipo de público? Pues, por lo visto, se ve que en esa agencia tienen otro modo de entender las cosas. Y si trabajara en una gacetilla perdida con una tirada de 25 ejemplares, todavía, pero justo ése no es el caso.

No entiendo la forma de trabajar de las agencias de comunicación de moda. Y mira que tienen que ponerse las pilas sí o sí, porque hay tropecientas y todas en busca de quitarles los clientes a las otras. ¿Cómo se come que tenga que pedirle a la dueña de una agencia que, por favor, me incluya en la base de datos de uno de sus clientes para recibir información y que ella no sepa nada de mi medio, cuando firmas bastante poderosas se dan de hostias por salir en él? Y lo más triste es que, a la hora en la que escribo esto, aún no he recibido respuesta sobre lo que le solicité (por teléfono y por escrito) y aún tuve que aguantar que la susodicha me hablara como si fuera un retrasado que no sabe en qué consiste el cambio de temporada de un showroom.

Está claro que este trabajo nunca deja de darte sorpresas... y la mayoría, negativas. Me gustaría pensar qué opina el dueño de la tienda de todo esto y si sabe por qué hasta ahora no ha salido nunca en mi medio. Pussar och kramar!

Si hay una imagen que impacta, por su belleza, su grandiosidad, su populismo, su cromatismo... ésa es la de la peregrinación anual a La Meca de miles de árabes. Me encantaría poder verlo con mis propios ojos, desde un balcón o algún lugar privilegiado que me permitiera ver el movimiento de las personas que giran alrededor del cubo de la Kaaba, edificio de una estancia vacía, cubierto por una cortina negra que se renueva cada año (a ese tono le llaman fehm, el color del carbón, y alude a la sabiduría, pues quien toca la piedra santa tras un peregrinaje que le ha llevado meses y hasta años, ése ha tocado el eje que une el cielo a la tierra). A pesar de que nunca ha dejado de ser fascinante, no tiene nada que ver la peregrinación que se hacía durante los siglos anteriores al XX y el actual.

Una exposición en Dubai recoge las fotografías que hizo el antropólogo y naturalista Christiaan Snouck Hurgronje en 1885. Las imágenes son impresionantes, pero sobre todo por el contraste, por cómo todo se ha magnificado, exagerado y no sé si perdido parte de su espíritu y misticismo (esto lo tendrían que decir los expertos en el tema). Ahora incluso hay hoteles de gran lujo en La Meca, una ciudad que vive por y para esa peregrinación, ya que está en pleno desierto arábigo. Como informa Javier Espinosa para El Mundo desde Beirut, no faltan voces críticas en la propia Arabia Saudí sobre el 'estilo dubaití' que está adquiriendo el lugar sagrado. Juzguen por sí mismos...

Pussar och kramar!

Me gusta mucho la rutina. Entiendo que haya quienes la detestan, quienes la ven como un sinónimo de aburrimiento, de desperdicio, pero yo creo que es porque no saben ver su parte positiva. Tener una vida rutinaria no quiere decir que ésta tenga por qué ser un rollo, o que sea sinónimo de haber perdido todo interés por hacer cosas distintas. A mí me gusta saber qué voy a hacer con antelación, porque creo que así se disfrutan mucho más las cosas que terminas haciendo de improviso, por sorpresa o de forma excepcional. No llego al extremo de que la rutina llegue incluso a qué plato se come cada día de la semana o qué restaurante toca o qué cine y cuándo y a qué sesión. No. Pero creo que la rutina, cuando eres tú el que la crea, es señal de que sabes encauzar tu vida o, dentro de las limitaciones impuestas (horario laboral, ciudad en la que vives, infraestructuras, logística...), que has sabido, al menos, organizarla.

Sin embargo, las rutinas que más me gustan son las que hago sí o sí en el extranjero. Por ejemplo, acabo de volver de un fin de semana en París. Siempre que voy allí, hay cosas que hago y que no puedo perdonar dejar de hacerlas porque son las que me hacen feliz: entrar en el Virgin de los Campos Elíseos, echar una ojeada a la tienda de Louis Vuitton de la misma calle, ir a la Torre Eyffel de noche, pasear por el mercadillo del domingo de la Plaza de Italia y comer macarons. En Londres también tengo mis rutinas, y en Atenas y en Copenhague y en Nueva York (aquí ya me quedé sin ir al Virgin de Times Square) y en Barcelona... Me encanta esa sensación de que te has hecho con una ciudad ajena hasta el punto de que puedes llegar a tener ese tipo de costumbres de viajero frecuente. Pussar och kramar!

En unas horas, me marcho a pasar el fin de semana a París. El objetivo es claro: comer macarons. Además, espero tener tiempo para arrasar un poco en el Virgin Megastore (si alguien quiere que le compre el calendario 2011 de Dieux du Stade, que lo diga ahora) y visitar el mercadillo de la Plaza de Italia (que en realidad es el del Boulevard Auguste Blanqui, pero yo me entiendo). Por supuesto, no faltarán muchos paseos, cenitas en las callejuelas cercanas a Notre Dame, copichuelas en le Marais y alguna que otra compra sorpresa en les Champs-Elysees. Vamos, como para querer volver... Pussar och kramar!

Esta semana me he enfrentado a un reto profesional que me ha resultado muy interesante. Como periodista de moda y belleza que prefiere vivir algo alejado de las tendencias, es fácil imaginar que mi vida laboral no está precisamente llena de temas interesantes, sobre todo porque la mayoría suelen ser cíclicos y terminas un tanto hastiado de hacer cada año más o menos lo mismo. Sin embargo, como en mi revista somos tan pocos, hay que echar una mano en el resto de secciones cuando toca. Así, esta semana andamos con el Especial Vinos, y yo llevo un tema sobre los vinos que sirven en Primera Clase las líneas aéreas. Para el que no lo sepa, en un avión no se puede embarcar cualquier vino. Es necesario una cata previa, mejor si es en altura, para comprobar su comportamiento a 12.000 m. sobre el suelo.

El caso es que este especial se comparte con otro de los suplementos de mi empresa, por lo que la mitad la hacemos nosotros y la otra mitad, los de Magazine. Mi tema de los aviones va en los dos y me propuse hacer sendos textos completamente diferentes, en vez de hacer sólo uno y cambiarlo un poco para que encajara en la otra revista (ellos lo publican a dos páginas y nosotros a cuatro). Manteniendo sólo los datos más importantes y alguna declaración clave, conseguí dos artículos bastante diferentes, tanto en estilo como en información. Es decir, si alguien se lee mi texto para FdS y, dos días después, el de Magazine, podrá decir que se ha informado muchísimo sobre catas en altura. Por supuesto, el que sólo lea uno de ellos no dejará de estar enterado ni se perderá lo esencial, ya que parte del reto era no terminar haciendo un texto de dos 'capítulos'.

Por lo que a mí respecta, prueba superada (ahora a esperar las opiniones de los demás). Ya tengo ganas de saber qué tema es el próximo que consigue emocionarme, zarandearme un poco para quitarme las telarañas que, quieras o no, siempre se forman cuando tienes que especializarte durante años en la misma materia, por mucho que quieras innovar, aportar temas nuevos, etcétera cada semana. Pussar och kramar!

Hoy, leyendo la más que interesante entrada de Diana en su blog, he llegado a la conclusión de que la fama que tienen los José como nombre comodín es inmerecida. Si hay un nombre que no falta en ninguna casa, ése es Antonio, y en algunas familias se pasan mucho, mucho.

No, no lo digo por Antonio Cánovas del Castillo, el político; ni por Antonio Cánovas del Castillo, el modisto; ni por Antonio Cánovas del Castillo, el fotógrafo. En este caso, lo digo por la mía propia. Actualmente, tengo un padre Antonio, un hermano Antonio, una tía Antonia, un tío Antonio, un primo Antonio y un abuelo-tío Antonio. Salvo el último, con el que no tengo contacto, el resto bien pueden coincidir en una reunión familiar. Pero que nadie se asuste. Al final, sólo hay un Antonio (mi padre), porque el resto son Antoñito, Toni, Coli y 'el niño'. Será por soluciones prácticas... Pussar och kramar!

PD: mi casera también se llama Antonia... y le llaman Toñi ; )

Recuerdo cuando me emocionaban los European Music Awards de MTV. En aquella época, la mayoría del tiempo emitían vídeos musicales y daba gusto ver el despliegue de originalidad que derrochaban en cada ocasión. Además, los artistas que reunían sobre el mismo escenario se lo curraban y no veías lo mismo de siempre. De hecho, mira que había premios por todos lados, y aún así todos se diferenciaban y me encantaban. A finales de los años 90, entre los EMA, los Brit Awards, los VMA (también de MTV, pero en Estados Unidos), los que organizaba VIVA en Alemania, etc. no parabas de flipar con cada gala.

Ayer no vi los premios que se otorgaban en Madrid. Tuve un empacho feroz de tuiteos sobre el tema y fue más que suficiente. Dejé de leer cuando vi que le habían dado uno de los galardones a Justin Bieber, y que Alaska y uno de 'Muchachada Nui' estaban también por allí. No tengo nada contra el cantante, ni contra los otros dos, pero mi interés por ellos es cero, así que comprendí que con el visionado tardío de esa gala no iba a ser más que una pérdida de tiempo. Qué lejos queda esta actuación de los Brit Awards del 97...



Actualmente, y no es por resultar pedante, los únicos premios que llaman mi atención son los que otorga el canal MAD TV de Grecia. Creo que son los que mejor mantienen ese espíritu fresco por hacer cosas que te dejen con la boca abierta de principio a fin. Todos los cantantes griegos (y también invitados extranjeros) se vuelcan en que su actuación sea lo más espectacular de la gala, y se forman grupos y remixes especiales solo para esa noche. Bien sea 'helenizando' canciones, como ocurrió este año con el 'Chica Bomb' de Dan Balan y Eleni Foureira, con dúos extraños como el de Kalomoira con Fatman Scoop o con actuaciones que engrandecen aún más a los consagrados, como la de Sakis Rouvas y su 'Pio Dynata' del año pasado.



Lo gracioso es que no envidio algo así en España, porque creo que nos falta materia prima para llenar una gala como esa. Faltan ganas, buenos guionistas, productores que quieran hacer algo distinto y, sobre todo, cantantes superventas que quieran participar de verdad. Imaginad un remix a cuatro voces entre Conchita, Amaya Montero, Dani Martín y Melendi. ¿A que da miedo? Y encima, seguro que acaban sacando las mesas camilla, un escenario con cuatro láseres y cinco leds y mucho altavoz gigante a los lados... ¿Alguien recuerda con emoción alguna gala de premios de Los 40 o Cadena 100? Pues eso. Pussar och kramar!

He visto 'Rumores y mentiras'. Es de sobra conocido que me pirran las películas de institutos americanos y falsos adolescentes protagonizados por actores que en la vida real tienen más de 25 años. Me pirran esas tramas que no son más que una introspección en las grandes preguntas del joven estadounidense de clase media-alta: qué popular soy, qué reputación tengo y cuándo voy a follar.

El caso es que el filme me gustó, y mucho. Incluso me reí más de lo que esperaba (porque estas películas siempre me entretienen, pero de ahí a que me carcajee...). Y no, no me gusto sólo por las escenas del chico que hace de Príncipe Azul,
Penn Badgley, sin camiseta. Es que me gustó de verdad.

Para empezar, me pareció una trama original y con una dosis de moralina americana mucho más baja de lo habitual. De hecho, la familia de la protagonista no le da importancia a los rumores que se ciernen sobre su hija, ni tienen problemas en admitir sus escarceos homosexuales de juventud. Eso sí, no hay quien se libre de la tontería constante de que practicar sexo es malo, aunque sea para criticar a los ultracatólicos del instituto. (Por cierto, papelón el de Amanda Bynes, que me tiene enamorado desde que la vi en 'Ella es el chico', sí, esa peli en la que sale Channing Tatum sin camiseta).

Como película para pasar la tarde, en el cine o en casa, es más que una buena opción, y la chica que la protagoniza, Emma Stone, es muy graciosa y convincente, si obviamos que tiene ya 22 años... Y, además de Badgley, hay más chicos sin camiseta, pero no siempre tan agradables de ver como los de otros filmes... Pussar och kramar!

PD: ¿En serio no viste a Tattum en 'Ella es el chico'? Aquí va un adelanto...


Los dos grandes nombres de la perfumería actual son Jean-Claude Ellena y Serge Lutens. El primero trabaja, sobre todo, para Hermès, mientras que el segundo lo hace para el Grupo Shiseido. Ambos acaban de lanzar novedades este otoño y puedo decir que son perfumes rotundos, originales y merecen la pena de verdad (siempre y cuando el aroma convenza al que lo vaya usar).

En el mundo de las fragancias, estamos acostumbrados a ver mucho rocho marketiniano, con descripciones absurdas en las que se repite hasta la saciedad que un aroma es para "hombres/mujeres que saben lo que quieren, divertidos, seguros de sí mismos, deportistas, con espíritu ganador...". Patrañas. ¿A qué huele el espíritu ganador? ¿Y la seguridad en uno mismo? Chorradas (y los de Procter & Gamble se llevan la palma, sirva como ejemplo la tontería de las cartas del tarot que sacó hace tiempo Dolce & Gabbana, una de sus marcas).

El caso es que la novedad de Serge Lutens me ha cogido con el paso cambiado. Cuando empecé a leer la descripción para escribir sobre ella, me llamó la atención que el nariz francés la definía como un "antiperfume". No, no lo hizo porque oliera mal o porque se tratara de un experimento para personas sin sensibilidad olfativa. El hecho de que Lutens lo calificara de ese modo se basa en que no ha tratado de crear un olor típico, ya sea floral o amaderado. No busca enmascarar un olor corporal o añadir uno que sea muy bonito. Lo que quiere es, sencillamente "oler a limpio".

Así, su 'Bas de soie' no tiene una pirámide olfativa y sus ingredientes se han mantenido en completo secreto (sólo se sabe que lleva jacinto y lirio). Cuando la hueles (y no me creía nada hasta que la olí y me tuve que quitar el sombrero) es verdad que te llega un olor que tu mente asocia automáticamente con la limpieza, con el jabón que usaban nuestras abuelas... A mí y a mis compañeras nos ha encantado y, como no tiene un aroma normal, puede usarse como fragancia masculina, femenina o incluso para el hogar.

Por una vez, y hacía mucho tiempo que no ocurría, la maestría y la originalidad le han ganado la batalla al márketing. Pussar och kramar!

Como loco estoy desde que me dieron la noticia: ¡Los Oesch quieren representar a Suiza en Eurovisión! ¿Cómo? ¿Que no sabes quiénes son los Oesch? Sí, hombre, los herederos de los Von Trapp, mucho más limpios que la Kelly Family y con un gusto y una pasión por la tierruca tan fascinante que dejaría a Miguel Ángel Revilla como enemigo de la anchoa del Cantábrico si compitieran.

La familia la componen un padre, una madre, una hija (solista) y dos hijos (no muy merendables, la verdad, pero el más mono es campeón de esquí). Luego hay un sexto señor, pero no sé quién es. Han consagrado su vida a reivindicar el folklore suizo y, sobre todo, el canto alpino con sus gloriosos gorgoritos (en su página web puedes encontrar sus discos y hasta una sección de merchandising). Ahora, quieren mostrarle a Europa que no sólo Austria es capaz de hacer el mamarracho llevando a Eurovisión una canción de estilo tirolés, sino que Suiza, también.

El tema en cuestión, cantado en diferentes idiomas (toda una metáfora del país de Heidi), se llama 'Jodel Time'. He de reconocer que el vídeoclip tiene su punto a pesar de la caspa y es hasta divertido si aceptamos 'humor suizo' como 'animal de compañía'. A mí siempre me ha gustado el folk alpino, pero me da que disfrutaré mucho más de los éxitos de los Oesch cuando se sepa que no van a Düsseldorf... Ahora, temblad dándole al play. Pussar och kramar!

Este largo fin de semana lo he aprovechado bastante bien, sobre todo porque he podido quedar con gente que me apetecía mucho volver a ver. Uno de ellos ha sido @Jonipod, que tuvo un comentario durante la conversación que me llamó la atención: en el periodismo de tecnología se debate sobre la figura del bloguero y su comparación o no con los periodistas de prensa 'de verdad'. De hecho, lo que más me llamó la atención es que los términos de ese debate eran prácticamente iguales a los que tenemos en la prensa de belleza; y no me lo esperaba.

Tanto en tecnología como en belleza, las firmas están cada vez más interesadas en que los blogueros influyentes usen sus bitácoras para hablar (bien) de sus productos, ya que ven en ellos un canal de información del mismo modo que un periódico o un programa de televisión. Es cierto que hay muchos matices, que no es lo mismo un gurú de un diario que un bloguero, etcétera; pero, en abstracto, es publicidad, tanta o mejor incluso que la que reciben de otros soportes. Sin embargo, ningún periodista quiere que se le mezcle con blogueros en una rueda de prensa, y creo que por una razón muy sencilla: PROFESIONALIDAD.

Una cosa es que te encante un tema, te guste profundizar en él y tengas un blog que incluso te pueda reportar ingresos; y otra muy distinta que trabajes y te ganes el pan gracias a ese tipo de información, haciéndolo para algún medio (aunque éste sea una web propia, convertida en portal de información). De hecho, cuando se acaba la jornada laboral, toca hacer lo que te apetece en tu tiempo libre, que puede ser seguir ahondando en tu mundo laboral, porque sea una pasión, o hacer cosas que no tengan nada que ver.

En la Asociación de Periodistas de Belleza lo tenemos claro: un redactor y un bloguero no son lo mismo, ni podemos permitir que haya marcas que lo equiparen, y mucho menos que traten por igual las ediciones digitales de una revista que un blog de una persona ajena a la profesión, por muy buen ojo que tenga para criticar algún producto. Así, como en todo, hay muchos tipos de expertos, y los blogueros especializados lo son, pero eso no les convierte en periodistas.

Un caso curioso es el de Isasaweis, conocida por sus consejos y críticas de cosmética en YouTube. Acaba de ser fichada por Antena 3 y sería un error convertirla en periodista de la noche a la mañana. No. Ella es como los antiguos jugadores de fútbol que comentan los partidos, pero explicando cómo aprovechar mejor una crema hidratante o un pintalabios. Algo que podría hacer cualquier redactor de belleza, pero que la cadena de televisión prefiere aprovechar el tirón de la chica y que sea ella quien lo haga. Está en su derecho, pero igual que Kiko Hernández y el resto de la panda de Sálvame no son periodistas por muchas exclusivas que den en su programa, Isasaweis no deja de ser una bloguera que da su opinión y consejos, sin profesionalidad por en medio. Pussar och kramar!