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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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El miércoles fui al cine con el rubio y sus compañeros de laboratorio. Fuimos a ver 'Océanos', un documental francés que me llamaba la atención, pero del que no supe nada hasta que precisamente uno de los colegas del rubio habló sobre el filme durante una cena. La verdad es que lo disfruté, pero dura tanto que había momentos que se me hacían eternos. Además, como prácticamente no hay narración, el estar casi en silencio, oyendo el cantar de mamíferos, anfibios y peces, no ayudaba a mantener la concentración en algunas escenas.

Lo ideal hubiera sido verlo en el Imax, pero el de Madrid tiene en cartel la película 'Alicia en el País de las Maravillas', así que tuvimos que ir a un cine convencional. Como los compañeros del rubio se empeñaron en ir a uno de versión original porque querían oír a Pierce Brosnan, que es el que pone la voz en el audio inglés, acabamos en unos minicines en vez de en unos con pantalla gigante que es lo que hubiera sido más acertado. Especialmente porque nos quedamos todos flipados cuando nos dimos cuenta, al empezar el filme, que éste es francés y, por lo tanto, la versión original era en el idioma de Montesquieu.

Me acordé mucho de Nanyu porque hay unas escenas de un faro en medio de un mar terriblemente arbolado que te dejaban sin palabras. Concretamente, es el de Jument, en la isla de Ouessant, en medio del mar de Bretaña. Aunque para momento 'de miedo', el encuentro de miles de centollos en el fondo del océano del sur de Australia, formando una montaña gigante de patas y caparazones... parecían soldados de un escuadrón de esqueletos vivientes.

Sin duda, espectaculares imágenes. No creo que pueda olvidar nunca lo del faro... y tampoco pienso bañarme tranquilo si veo cangrejos grandes desplazándose por la arena. Más vale prevenir, ¿no? Pussar och kramar!

He descubierto hace poco la web Incredibox y me tiene enganchado. Se trata de una página en la que puedes crear música escogiendo un estilo de percusión, otro de voces, unos efectos... y todo ello mientras forma una coral de personajes animados (los de la imagen de arriba). Para ello, tienes que escoger del menú uno de los estilos (abajo) y la arrastras hasta la camiseta del personaje que va de blanco. En ese momento, la camiseta se vuelve negra y comienza a cantar o hacer el sonido que tú has escogido.

De vez en cuando, se activa un logotipo de color y, si le das, te sale un sonido extra que se añade a la música que estás creando durante un cierto tiempo. Y también puedes darle a 'Shuffle' y se van alternando las diferentes posibilidades automáticamente. Una buena forma de crear tus propias combinaciones chill-out. Cuidado que engancha.
Pussar och kramar!



La web china Hiroburo ha recopilado imágenes del trabajo de los rompehielos de diferentes partes del mundo, de lagos helados y mares congelados que estremecen por su belleza y, al mismo tiempo, su delicadeza, con esas placas de toneladas de hielo resquebrajado. Pocos espectáculos hay más bellos. Pussar och kramar!

La plaza de Alonso Martínez (Madrid) se ha convertido en un importante punto negro para la conducción en la capital. La culpa es del escultural y macizo cuerpo del tenista Fernando Verdasco, que ocupa toda una esquina en ropa interior. Me da que más de uno y una se va a despistar con esos abdominales perfectos y ni caso al paso de cebra o a los semáforos al entrar en la calle Génova. ¿Es que los de Calvin Klein no tienen compasión por los transeúntes? Pussar och kramar!

Una de las cosas que más me molesta como peatón es el poco miramiento que tienen muchos conductores con nosotros cuando llueve. Desafortunadamente, vivimos en un país donde las alcantarillas dejan de funcionar a nada que caen cuatro gotas y los charcos que se acumulan junto a las aceras son muchos y frecuentes. Además, como la mayoría se pasa por el forro lo de la velocidad mínima para vías urbanas, es más que probable que algún hijo de puta acaba mojándote por pasar a toda leche por un charco pegado al arcén.

Y yo me pregunto: si cuando un coche me moja me pongo negro y me cago en todo, ¿en qué estado de ira me dejaría el expreso que pasa por las avenidas Juan B Justo y Córdoba de Buenos Aires? Vídeo verídico y flipante. Pussar och kramar!


Arreglado el tema de Internet. Resulta que un vecino se ha dado de alta en ONO y el que le hizo la instalación, como el par de la caja de línea que le correspondía estaba estropeado, en vez de mandar a arreglarlo y volver a hacer la instalación, decidió usar el par de mí línea, que no daba tono porque tengo sólo datos. Vamos, que por culpa de un flojeras he estado una semana sin Internet. Me cago en todo lo que se menea. A partir de mañana, volvemos a la normalidad. Pussar och kramar!

He pasado la mañana más surrealista en mucho tiempo. Desde ayer por la noche estoy en Jerez. Han operado a mi madre dos veces en una semana y media y, aunque no es grave y está bien, he cogido unos días para ayudar en la casa y echar una mano en todo lo que se pueda, ya que ella debe estar en cama sin moverse (las operaciones han sido en las piernas). Se supone que yo me iba a encargar estos días de la comida y de dejar cosas listas para los primeros días de la próxima semana, que ya habré vuelto a Madrid. Mi padre y mi hermano no son muy buenos en cuanto a cocina, así que, al menos por unos días, comerán algo más complejo que freír unas salchichas.

El caso es que a este paso no creo que cocine mucho. Me explico. Esta mañana una amiga de mi madre vino a visitarla. Como sabía que yo estaba por aquí, y no me ve desde hace más de 20 años, me ha traído (a mí, que no a mi madre, que lo ha dejado muy claro) un rollo de carne
mechá (mechada) que NO SE LO SALTA UN GALGO. He comido una tapita, con su salsita y todo, y he tocado el cielo. Pero no se queda ahí la cosa. A eso de las dos de la tarde, otra amiga de mi madre (y madre de un antiguo compañero de colegio) me ha mandado con su marido (ella se ha levantado un poco pachucha y no quería salir de casa y coger frío) una fuente con un paté de cabracho QUE DICE CÓMEME y que está para desmayarse.

¿Eso es todo? Pues no, porque a las tres de la tarde se ha presentado un amigo de la familia de toda la vida, amante de la buena mesa como pocos, y me ha traído un tortillón de patatas de más de 30 CENTÍMETROS DE DIÁMETRO, con pimientos y cebolla, que es la tortilla más grande que he visto en mi vida. Creo que la ha hecho en una fuente gigante para fideuá o algo así. Qué pena que a esa hora ya habíamos comido (un pastel de merluza que me sale muy rico, pero que ante tanta delicatessen está pasando muy desapercibido) porque no podré hincarle el diente hasta la cena.

Dentro de un rato viene una de mis tías. Me pregunto si también me traerá comida, porque el paté y la tortilla, como la carne, no se la han traído a mi madre, sino a mí. Vamos, que a este paso, no tendré que cocina e incluso me llevaré comida a Madrid. Pussar och kramar!

PD: a mí madre le trajeron tanta comida y dulces tras la primera operación que aún quedan en la despensa, así que no se queja de que los regalos vengan ahora para mí, aunque esté sano.

Menos mal que no tengo que seguir los dictados morales de ninguna religión. Mi falta de fe me permite poder disfrutar de acciones que muchos de mis iguales tienen prohibidas, como esa gula que tanto reconforta a los que ya hemos tirado la toalla por gozar algún día de un cuerpo delgado, o la envidia insana que te hace desear todo tipo de improperios al enemigo, incluso con ira si hace falta.

Trabajo en el mundo del lujo. No hay día que no tenga que escribir de cosas que cuestan un potosí y que aliviarían las penas de muchas familias si tradujéramos ese precio en comida, medicinas o becas. ¿Acaso no le debo al exceso de lujuria y vanidad que pueda comer caliente cada mes? Y ya que me ha tocado en suerte ser editor, qué mejor sensación que esa pose de pereza continua que nos toca poner cuando un gabinete nos ofrece lo que, según ellos, es lo más de lo más. ¡Cómo entiendo a Wilhelmina Slater
!

Y sí, cuando algo me gusta, pocas veces tengo suficiente. Soy avaricioso, aunque la acumulación de cosas sea para regalarlas (me paso la vida haciendo regalos), y no creo que pueda cambiar (eso si, codicioso con mesura, que síndrome de Diógenes, ninguno).

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, incluso teniendo muchos más vicios (algunos más ocultos que otros) que los que lista la tradición católica, me considero buena persona, amigo de mis amigos y gentil. Me encanta hacer feliz a los demás y serlo yo, querer y ser querido, recibir y entregar desinteresadamente. No creo que haya que evitar actitudes viciadas, sino saber llevarlas de modo que no hagas daño a los demás. Porque, a fin de cuentas, mi gula, mi pereza, mi avaricia, mi vanidad, mi ira y mi lujuria, si afectan negativamente a alguien, no creo que sea a nadie más que a mí, y con ellas es como he decidido vivir.

Me gustan mis pecados, me definen tanto como mis virtudes (de esas también tengo más de siete). Pussar och kramar!

Cada día, sin faltar prácticamente ni uno, voy al trabajo en metro. Cojo la línea 1 y luego la 4, un trayecto de no más de 20 minutos (a menos que se estropee o haya retraso en esos vagones 'que vuelan'). Sin embargo, hay días que no cabe un alma, otros que voy solo en el vagón, algunos que se llena en Chamartín y otros que más bien se vacía. A veces, sólo a veces, sube un chico merendable y guapérrimo. Eso sí, nunca será el mismo. Siempre gente diferente. Con los que coincido, no suele ser más de dos veces por semana, aunque me consta que hacemos ese recorrido de lunes a viernes.

Me recuerda a una tirada de dados en un juego de rol. Apenas hay cuatro o cinco dados, pero las combinaciones son tantas que la probabilidad de que se repita el mismo resultado es prácticamente imposible. ¿Qué me deparará hoy el vagón? El otro día, al subir al de la línea 4, topé con uno de los chicos más guapos que haya visto en mi vida. Vestía traje y hacía gala de una sonrisa EN CAN TA DO RA. ¿Querrán los dados que lo vuelva a ver? Pussar och kramar!

Estoy un poco cansado de que en el mundo de la moda, cada vez que un fotógrafo quiere reivindicarse como 'alternativo', 'transgresor', 'creador de tendencias', etcétera, la solución sea desnudar a los modelos. Normalmente, las dinámicas son mostrar modelos masculinos en bolas junto a chicas que llevan la ropa de la editorial; chicas que enseñan una teta, además de la ropa de la colección; o un poco de todo lo anterior, con más o menos pubis, con más o menos pelo. ¿A quién quieren engañar? ¿En serio es necesario que una revista, para que sea considerada 'de tendencias', muestre al menos dos pechos, un pene, cuatro culos y un pubis peludo?

Decía Sota en el Twitter que cómo es posible que yo me queje de ver carne fresca en una revista, con lo que me gusta. Y sí, es cierto, las raras veces que los modelos masculinos que salen desnudos en esas páginas no son huesudas calaveras andantes o andróginos con pinta de quinceañeros lo disfruto bastante, pero para eso ya hay mucho porno en Internet. Las editoriales de moda están para otra cosa, para crear arte con la combinación de la ropa perfecta en el modelo perfecto por la cámara de fotos perfecta manejada por un artista de la imagen y su equipo.

Fotografiar un pene no va a ningún lado. Sobran páginas en Internet que muestran lo fácil que es enseñar un miembro. Pussar och kramar!

¿No te ha pasado alguna vez que te ocurre algo bastante surrealista que te enfurece hasta enrojecer, aún a sabiendas de que se convertirá en una de esas historias de las que te reirás toda la vida? A mí me pasó este fin de semana. Llevaba varios días con antojo de bizcocho casero, así que el sábado compré los ingredientes que me faltaban y, después de llegar de Aranjuez, de pasar el día con unos amigos, me puse manos a la obra. ¿Has probado a consultar en Internet la receta del famoso bizcocho de yogur de limón? No lo hagas. Varía en cada web que mires, por lo que acabarás haciendo una mezcla de todas.

Como no quería hacerlo solo, y me gusta que el rubio me ayude, le pregunté si quería hacer de pinche. Siempre dispuesto, se encargó de lo más pringoso: embadurnar el molde de mantequilla. Luego le pedí que picara almendras, mientras yo me dedicaba a mezclar y batir ingredientes. Normalmente lo hago sin almendras, pero quise innovar un poco. Además, aún no habíamos utilizado la picadora (el accesorio que venía con la batidora), así que podía ser un buen momento para estrenarla. Como suele ser habitual, las cuchillas venían con un plástico protector... que no fue retirado antes de hacer polvo las almendras.

Y es que el rubio no sabía que había que retirarlo. Como me dio el resultado directamente de la picadora, sin sacar la cuchilla, no se dio cuenta de que el plástico había desaparecido... o más bien integrado con las almendras. Yo lo eché todo a la mezcla y seguí batiendo. No nos dimos cuenta de nada. Yo no pregunté por el plástico porque pensé que el rubio lo habría quitado; y él no me dijo nada porque dio por hecho que yo lo había tirado a la basura cuando retiré la cuchilla para lavarla y prefería tener las cuchillas 'sin protección'.

El resultado es que el bizcocho salió fenomenal, perfecto, con un sabor genial gracias a las almendras y al cacao en polvo que eché a la mezcla... pero salpicado de trocitos de plástico de entre uno y dos milímetros por toda la masa. Un desastre...

¿Lo más fuerte? Que me di cuenta de la catástrofe al ir a pegar el primer mordisco... una hora después de que el rubio se hubiera comido ya dos generosos trozos durante el desayuno. Pussar och kramar!

Ayer tuve que ir a la tienda de ·ES· para que me dejaran unos calzoncillos. Estoy preparando un tema sobre ropa interior y me gustaría poder incluir algo de ellos. Se lo merecen, sobre todo, por la publicidad que llevan realizando desde hace algunas temporadas y que me hacen perder un poquito el norte al revolucionar todas mis hormonas (las pocas que quedan, que me hago mayor). Como había acordado con el responsable de la firma el día anterior que me pasaría por allí, fue llegar a la boutique y ya me tenían preparada la bolsa. Ahora toca fotografiar los productos junto al resto de marcas ¡y al horno! Pussar och kramar!

Uno de los errores más frecuentes en los que caemos los periodistas es el de fiarnos, sí o sí, de los estudios supuestamente científicos con el que nos bombardean cada día nuestras 'fuentes'. El problema es que, en muchas ocasiones, además de no contrastarse, se desconoce quiénes son los responsables de estos trabajos de investigación.

Por norma general, uno no debería fiarse de nada que diga, sin aportar más datos, eso de 'según prestigiosos estudios', 'según un panel de científicos' o fórmulas parecidas. Es obligado que el artículo, publicidad, reseña, noticia... indique claramente quién ha hecho ese estudio, cuándo y sobre qué muestra, así como dónde se ha publicado. Puede que poner todos esos datos emborrone mucho el texto, pero si hay que renunciar a alguno, nunca debe ser quién firma ese estudio. Si nos creemos las cosas porque sí, porque el periodista o el publicista de turno ha puesto eso de 'según científicos', pueden pasar cosas como la de la siguiente imagen:


Recuerdo una campaña de Actimel que venía avalada, y en el spot así lo decían, por la Universidad de Navarra y la Universidad Juan Carlos I de Madrid. Al margen de la credibilidad que tengan estas dos instituciones para cada uno, el hecho de el anuncio las nombre aporta a las tesis de los beneficios del producto una consistencia real. Lo mismo ocurre con un texto informativo. Y a ti, ¿a qué edad te dieron tu primera soda?
Pussar och kramar!

Un mes de abril, como éste pero en 1972. Un jovencísimo Narciso Ibáñez Serrador, 'Chicho' para toda España, se ponía al frente de un programa concurso llamado '1, 2, 3... responda otra vez'. Después de éxitos televisivos como 'Historias de la frivolidad' o 'Historias para no dormir', los directivos de TVE confiaron en él para sacar adelante un programa de un género tan denostado como el concurso. De hecho, según Chicho, "lo que hizo al programa tan atractivo fue la mezcla de imaginación y sorpresa, todo en cuidadas dosis, que permitió gustar al máximo público posible". El éxito perduró durante más de 20 años y sólo la primera edición de 'Operación Triunfo' consiguió superar las audiencias semanales medias de '1, 2, 3...'.

El presentador escogido para su primera época fue el peruano Kiko Ledgard. Rodeado de las que fueron las primeras azafatas-secretarias de la televisión española, supo conseguir que, "por 25 pesetas", todo el país se pusiera a pensar en utensilios que se venden en una ferretería o nombres masculinos que no terminaran con la letra 'o', "como, por ejemplo, Jorge".

Pero si hubo una presentadora que encumbró al concurso a sus máximas cotas de éxito ésa fue sin duda Mayra Gómez Kemp, quien ya coincidió con Ledgard en los años 70. Mayra se hizo cargo del programa a principios de los 80. Sus saludos al público mientras bajaba las escaleras se convirtieron en épicos, así como sus fingidas carcajadas con los humoristas. "Ha sido el programa más difícil que he hecho. Tenías que estar pendiente al mismo tiempo de los concursantes, el concurso en sí, los actores y el público a la espalda", aseguró.

La impronta de los dos primeros conductores del programa fue un referente para los que le sucedieron. Miriam Díaz-Aroca declaró que nunca bajó las escaleras del programa por respeto a Mayra; al igual que Jordi Estadella aseguró que no entraba en plano desde detrás de las cámaras como homenaje a Ledgard.


También la época de Mayra coincidió con las azafatas estrella. A parte de Victoria Abril (de la época de Kiko Ledgard), compartieron etapas nombres tan famosos como Kym Manning, Lydia Bosch, Isabel Serrano, Silvia Marsó o Nina. Los humoristas, por su parte, tampoco fueron a la zaga durante esos años. Beatriz Carvajal (La Pelos), Fedra Lorente (La Bombi), el Dúo Sacapuntas (El Pulga y El Linterna), Tricicle, La Trinca o, más tarde, Ángel Garó pasaron por 'la subasta' para dejar en la mesa sus objetos con 'tarjetita'.

La mecánica del concurso era sencilla, y fue igual durante más de 20 años. Como dijo Chicho Ibáñez, "el público de 1, 2, 3... rechazaba grandes cambios". Es por ello que siempre había guapas secretarias, humoristas y personajes malos. Don Cicuta, el entrañable personaje interpretado por Valentín Tornos, fue el primer 'malo' en la historia de la televisión de nuestro país. Más adelante fueron las Hermanas Hurtado las que recogieron el testigo de los Tacañones. Poco pudieron hacer para que el programa no fuera creciendo en espectacularidad y grandes premios como el 'azulejo de Porcelanosa', 'el libretón del BBV' , el imperecedero coche o el famosísimo chalé en Torrevieja.

Demasiado espectacular incluso para el propio Chicho. En el programa especial del XX aniversario del concurso, en 1992, con Miriam Díaz-Aroca y Jordi Estadella de copresentadores, se lamentó de haber perdido el toque de sencillez inicial de los primeros tiempos, algo que no perdió, según dijo el realizador, la versión portuguesa del concurso. '1, 2, 3...' fue exportado a Portugal, Holanda, Alemania y Reino Unido (donde cambiaron el nombre por 'Three, two, one'). Fue, hasta el éxito de 'Operación Triunfo', el único programa 100% español exportado a otras televisiones.

El concurso también fue el 'inventor' de cosas tan normales hoy día en televisión como el gran "¡oooh!" del público cuando se perdía un gran regalo durante la subasta o la presencia de mascotas, tanto buenas como malas. La primera de ellas fue la calabaza Ruperta, que dejaba a la pareja de concursantes sin premio alguno. Después vendrían la bota Botilde, el Boom y el Crack o el Chollo y el Antichollo; para volver con Ruperta en los años 90.

Con 'Operación Triunfo' asistimos a una proliferación excesiva de productos de marketing y merchandising que coparon estanterías en muchos comercios. Sin embargo, en cantidad y variedad no alcanzó ni de cerca a '1, 2, 3...'. Mascotas convertidas en caramelo, juegos de mesa, 'rupertitas' de la suerte, libros, discos en los que cantaba todo el equipo del programa, perfumes, jabones, champús, discos voladores, chicles... la lista es inmensa, reflejo de que el concurso no fue nunca un programa más.

Pero no todo iban a ser buenos tiempos. Una mala política de programación en TVE forzó la vuelta del concurso a mediados de los años 90, con la lectura como trasfondo. Fue un gran error. La audiencia no acompañó al programa en esta ocasión y apenas duró medio año en antena. Afortunadamente, la simpatía que el público tenía hacia el '1, 2, 3...' no se defenestró, manteniéndose inalterable a pesar de todo, algo que se pudo comprobar años después, por ejemplo, en el anuncio de Coca Cola que rememoraba la década de los 80.

Como dijo el propio Chicho Ibáñez Serrador, "el público siente un gran respeto y cariño por el '1, 2, 3...'. Es un entretenido juguete para todos".


Nota del autor: Este reportaje fue publicado originalmente el 23 de septiembre de 2002 en la revista 'Cambio 16'. Ha sido adaptado y actualizado para este blog. Pussar och kramar!

Estas últimas semanas he participado como 'probador' oficial del nuevo suavizante que Vernel sacará en breve al mercado. Llevo varios meses apuntado a trnd, una web mediante la que empresas piden a internautas que prueben gratuitamente sus productos a cambio de informes de opinión, y es la primera vez que me cogen para alguna de sus campañas. Me ha hecho bastante ilusión y la llegada de la caja a casa cargada de detergentes fue celebrada por todo lo alto (como si fueran jamones jajaja).

Se trata de un suavizante que, en vez de ser líquido o pastoso, se compone de pequeños cristales que se deshacen durante el lavado. Además, para hacerlo más práctico, se introduce en la lavadora junto al detergente, bien directamente en el tambor (y el detergente en su lugar correspondiente) o los dos juntos en la cubeta del detergente. No es que me fuera complicado encontrar el sitio del suavizante, pero como soy poco amo de casa y las tareas domésticas no me llenan, cuanto más fácil, mejor. Además, que eso del 'todo a saco', siempre mola.

Hay tres olores diferentes: el clásico de Vernel (de color azul), uno floral (rosa) y el oriental (amarillo). Al principio, el que más me molaba era el azul, pero luego cambié al amarillo, que dejaba en la casa un olor bastante agradable. Sí, en la casa, porque resulta que los cristales se deshacen en la lavadora pero impregnan la ropa de un olor que dura incluso cuando está tendido y la ropa seca (esto está genial excepto si usas el rosa, que huele tanto a flores que acaba por saturar mi nariz y no me ha gustado nada de nada) y como tendemos en el minisalón o en el minipasillo, acaba por oler todo.

En la caja venían muchas muestras individuales que nos pidieron que repartiéramos entre amigos, familiares y compañeros de trabajo. En el curro, todos lo han probado, y como somos pocos acabé repartiendo entre los más cercanos.

Como me tienen luego que contar qué tal les fue, me he tirado unas semanas hablando sin parar de lavadoras y suavizantes, ¡y vaya si me han enseñado trucos!
Lo mejor fue cuando le di a una compi unas muestras para ella y una amiga de su barrio y empezó a darme consejos para quitar las manchas de grasa de la lavadora.

Miedo me da como lo siguiente que me toque repartir sean condones con sabor a frutas... que hay trucos que uno prefiere no conocer... Pussar och kramar!

La práctica de una de mis asignaturas de 2º de carrera consistía en escribir una columna de opinión a partir de una noticia sucedida ese mismo día. En menos de 45 minutos, debíamos entregar un mínimo de medio folio argumentando nuestro parecer, y siempre debíamos escoger una noticia de la misma sección del mismo diario. Como me gusta ser original, o al menos no ir en plan rebaño, escogí la sección de Local de La Vanguardia. Así, tenía que estar al día de lo que pasaba en Barcelona.

Hoy vuelvo a mirar hacia el diario catalán, pero en esta ocasión a las tribunas de opinión. En ellas, el escritor Quim Monzó lleva varios días narrando por qué no va al teatro. Hay algunas frases que son geniales. Aquí va un breve resumen:

"No voy al teatro desde que se puso de moda que los actores bajasen del escenario y se metiesen con los espectadores" (...) "Porque se nota que fingen" (...) "Porque nunca me han gustado los grupos. No me gustan las cenas con más de cuatro personas, ni las reuniones, ni las fiestas. ¿Cómo me va a gustar el teatro, si está lleno de gente que a veces tose, estornuda y carraspea? (...) "Porque el escenario ejerce de altar. Y esa sacralización me hace pensar en Carme Ruscalleda". (...) "Porque, cuando acaba la obra, los actores y el director esperan a que el público aplauda. Aunque aplaudan poco, salen al escenario corriendo, con un trote de gacela ensayado mil veces, y saludan. A veces parece que dedican más tiempo a ensayar el saludo que algunas escenas de la obra".

En las tres columnas desarrolla la que, en mi opinión, es una mordaz e interesante crítica al teatro. No son muy extensas y me he reído bastante. Además, no deja títere con cabeza y coincido con él en buena parte de sus razones. Eso sí, como pueda repetir 'Sonrisas y lagrimas' en Londres, no seré yo el que diga que no. Pussar och kramar!

Ayer hice una de esas cosas que uno no debe llevar a cabo, salvo si está siendo obligado por un psicópata armado: enlazar vídeos bizarros en YouTube. Todo comenzó cuando alguien en el Twitter puso el vídeo de una canción de Fangoria que le encantaba. Fue oír los primeros diez segundos y decidir que jamás había oído algo más cutre (y no porque tenga algo contra el dúo, que en mi iPod suenan de vez en cuando temazos como 'Retorciendo palabras' o 'Inocente'). Iba a cerrar la ventana cuando me fijé en que había un enlace a una versión de 'Sorry, I'm a Lady' de Baccara perpetrada por Alaska y Dover. Mis oídos comenzaron a sangrar. ¡Cómo es posible que nadie haya denunciado a esta gente por cometer semejante horror con un clásico!

Rápidamente, le di al primer enlace que vi... Casi me caigo de la silla ¿Me puede explicar alguien quién mandó a Raphael hacer con Jeanette una versión del 'Yes, Sir, I Can Boogie'? A ver, que para una fiesta muy bizarra y con la gente a punto del coma etílico, me parece perfecta, pero yo estaba sobrio y empecé a temer por acabar con convulsiones en el suelo. ¿Acaso nadie puede hacer una versión decente de Baccara? Ni que fuera tan difícil, que las chicas y su particular tributo al inglés de Shakespeare deja bastante que desear...

De pronto, un enlace comenzó a parpadear en la pantalla. ¿Un milagro de Jueves Santo? ¿Un defecto del monitor? Sea como fuera, ahí estaba. La, en mi opinión, mejor versión de Baccara que he oído en mucho tiempo. Como dicen en la televisión británica, esa canción es 'a guilty pleasure classic'; y en la voz de Sophie Ellix-Bextor, una maravilla (te la bajas aquí). Pussar och kramar!