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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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Ya tocaba hablar algo de Eurovisión 2010 en este blog. Reconozco que me ha costado, sobre todo porque, un año más, apenas hay canciones que me emocionen. Sin embargo, algunas que me dejaban indiferente al principio, poco a poco, comienzan a gustarme, así que espero que el día de la final pueda vibrar más que aburrirme. No voy a hablar de las 40 canciones, sólo de las que yo recomendaría oír (EL NOMBRE DE CADA PAÍS ES UN ENLACE A LA CANCIÓN EN YOUTUBE).

Si me preguntan por qué canción apostaría para la victoria, yo me jugaría los cuartos por Irlanda. Vuelve a ir la señora que ganó en 1993, y lo hace con una balada típicamente irlandesa en la que no falta el perenne rollo celta. Creo que puede calar bastante tanto en el jurado como en el público. A mí no me enloquece; y hay tanta balada este año que termina aburriéndome. La única de este estilo que se cuela en mi TOP 5 es Croacia. Las Feminnem también vuelven, cantando en croata un tema que adoro. Por cierto, Eslovaquia también lleva este año rollo celta, pero tengo la sensación de que pasará inadvertida (a pesar de que no está tan mal la canción).

En el segundo puesto yo veo a Noruega, que ya quedó segunda la última vez que organizó el Festival. Si no fuera porque es el anfitrión, diría que puede ganar... Es una pedazo de canción, pero nunca termina de arrancar (por cierto, más reminiscencias celtas). Para mi gusto, demasiado a capella y una demostración de vozarrón que sí, que mola, pero atufa a Disney. Es también el caso de España, que espero que quede muy bien, pero actuar los segundos, justo antes de Noruega, no ayuda.

No hay muchas canciones movidas (entiéndase schlager) este año. La que más me gusta es Albania, a la que daba mi 12 hasta que presentaron la versión en inglés. ¡Qué manía de cantar en inglés estropeándolo todo! En albanés era genial. Aún así, está en mi Top. La cantante es muy diva de mercadillo y mola.

Aunque para diva y canción discotequera, la de
Islandia. Hera Björk es muy querida por los eurofans y yo le deseo lo mejor, pero le pasa como a Sakis, que justo va al Festival con una de sus canciones menos impactantes (la han arreglado un poco y ahora está mejor, es de las que te engancha poco a poco). Me recuerda a Kate Ryan y, cómo no, Eurobandid, aunque, para mi sorpresa, la canción más festivalera sea, este año, la de Reino Unido. Lo tiene todo, hasta el típico meneo de caderas al compás (yo la veo al final de la tabla y me da una pena por su cantante...).

Alemania lleva este año la canción indie-pop-rara pero molona. Es la que o fracasa absolutamente o lo hace de miedo y se cuela en el TOP3... pero como es Alemania y están gafados, seguramente quedará phatal. Por lo menos, eso sí, es original. No como Dinamarca, que presenta una canción que es una copia de un tema de The Police (el autor es el mismo que plagió la canción de Bélgica de 1996... que ya le vale). Son favoritos. Ojalá se hundan.

El más gay, no sé si Bulgaria o Suiza (al menos por las pintas de sus respectivos cantantes). Turquía vuelve a llevar una banda rockera (no está nada mal)
. Y no hablo de Suecia, Portugal, Malta y otras muchas porque llevan una balada sosa y prescindible, aunque mejor eso que una mierda gigante como las canciones de Francia, Rusia, Serbia, Eslovenia, Lituania... (lo de Holanda, llevando un tema del creador de Los Pitufos, es ya de chiste).

Yo creo que, si se hace una macarrada, ésta debe ser decente. No pasa nada por llevar algo excesivamente kitsch al Festival, pero, al menos, que sea divertido y respetuoso con el espíritu del concurso, sin llamar a la vergüenza ajena. Es precisamente por el buen rollo que me produce que me quedo este año, junto a Albania y Croacia, con la canción de Finlandia. Tiene su lado folk (como el que lleva Grecia, pero más llevado al extremo), hay acordeones y las dos chicas que cantan van a su bola, como si estuvieran en la fiesta del pueblo. Mola. Pussar och krammar!

Mañana me marcho a Calahorra para pasar unos días en la casa familiar del rubio. Es la primera vez en mi vida que visito la casa de unos suegros, así que ando bastante alterado con el tema. No me gusta ser el centro de atención de nada y estos días sé que es justo lo que me va a tocar. Seré presentado a amigos de la infancia y demás y sólo planteármelo ya me paraliza. Igual luego se queda la cosa en nada, pero va a ser demasiado fuerte para mí. Sólo espero poder gritar 'socorro' a tiempo y que el rubio me permita escapar si me da un ataque de claustrofobia y necesito libertad. Pussar och kramar!

Me encanta este mapa. No sé qué tiene exactamente, pero me ha atrapado. Por cierto, que esto me recuerda que el rubio dijo que se encargaba de comprar el marco para el que compré en Monocle y aún no lo ha hecho... Le voy a tener que poner las pilas. Hoy micropost. Pussar och kramar!

Una de mis películas favoritas acaba de ser 'americanizada'. Me refiero a 'Un funeral de muerte', que Hollywood ha convertido en la historia de una familia negra. El guión es prácticamente el mismo, con algún cambio para motivar problemas raciales, el desnudo de James Mardsen (más merendable que el actor británico, pero ya se sabe que es cosa de los genes, que los ingleses están mal hechos) y cambiando el humor sutil e irónico por sal gorda. Sólo repite el enano, Peter Dinklage.

Me pregunto qué necesidad hay de hacer un 'remake' de una película magnífica rodada inicialmente en inglés, como si los estadounidenses no pudieran entender el filme original. También me choca que cojan un filme tan reciente. La británica se estrenó hace apenas tres años, no ha pasado el tiempo suficiente como para tener que volver a producirla. ¿Acaso hay tal sequía de guiones en América que ya no se pueden esperar ni a que los largometrajes británicos se conviertan en clásicos?

No sé si veré la versión 'hollywoodiense', ya que me temo que me sé el final, pero me joderá mucho que venga a España y tenga más éxito que la británica, que seguro es muchísimo mejor, aunque sólo sea porque el insoportable Chris Rock no le llega ni a la punta de los zapatos a Matthew MacFadyen. Pussar och kramar!

La diseñadora balear Carmen March ha dejado los trastos, no se sabe si temporalmente o para siempre, y cierra su taller de costura. No es que me haya tomado la noticia como si fuera algo personal, pero sí ha sido un mazazo en cierto modo. Aunque Carmen llevaba algunos desfiles muy tibios y colecciones que no emocionaban como hace algunos años, seguía siendo un referente de por dónde debe ir la moda española de autor y qué cosas sí se deben hacer para gustar, al menos a crítica y medios de comunicación. Quizás ahí radicaba el problema, que no supo trasladar sus aciertos al público, que se quedó en las alabanzas. ¿Alguien conoce a gente que tenga en su armario prendas de Carmen March que no sean un vestido de novia? Yo no.

He tenido la suerte de entrevistar varias veces a Carmen en los últimos cinco años. No es una persona de trato fácil, y no le cuesta sacar su genio, pero eso no impide que la persona que tiene delante no caiga en su embrujo. Me encanta su franqueza, que llame a las cosas por su nombre. "La moda no es arte, es un oficio", me dijo hace mucho tiempo. Y ese oficio le seguirá, con o sin empresa propia, con o sin tienda propia, porque ella lo lleva en la sangre. De Cibeles (sea lo que sea esa pasarela hoy en día, signifique lo que signifique) pasará al salón de su casa, como las costureras de siempre, que hacían cosas para amigas y conocidas. Y seguirá siendo una maestra virtuosa, con más tiempo para la familia y seguro que meditando el mejor momento para volver (ojalá).

El problema es que, si se retiran los nombres que sí aportaban algo, nos quedan los diseñadores que sólo quieren fagocitar el mundo de la moda española, viviendo de subvenciones, de acuerdos con empresas privadas para 'vestir' una botella o una colección de bolsas de playa y de la caridad de algún mecenas. Son los mismos que no trabajan de verdad por vender sus colecciones, que haya una buena distribución de sus prendas y que las marcas importantes apuesten por colaborar con ellos; los que prefieren patalear por no ser invitados a tal o cual pasarela. La Ley del Mínimo Esfuerzo.

Carmen no era una abanderada de eso, aunque alguna vez se pudo dejar tentar (recordemos ACME y sucedáneos...). Ojalá pronto sepamos de ella. Los que estamos de una forma u otra relacionados con el mundo de la moda nos alegraremos tanto o más que su propio equipo. El talento no puede quedarse arrinconado.
En kram, Carmen. Pussar!

Tenía que pasar. Al final, sucumbí al consumismo y realicé mi primera lobá. Se trata de un mapamundi ilustrado por el japonés Satoshi Hashimoto, edición limitada a 500 copias de la que yo tengo la número 81. Lo compré por Internet en la tienda de Monocle y me llegó a la redacción dentro de un tubo de cartón en el que sigue aún, esperando que compremos el marco para colgarlo. No hemos decidido todavía dónde vamos a colgarlo, pero tenerlo en casa me ha hecho feliz.

El día que lo llevaba a casa, paré un momento en casa de una amiga para tomar café y dio la casualidad que estaba allí otra amiga común, también periodista de moda y lujo pero mucho más capacitada y reconocida que yo (a su lado, soy una hormiguita insignificante). Cuando vieron el tubo con la pegatina de Monocle, lo fliparon... y yo luciéndolo como un pavo real sus alas. Así da gusto gastarse una pasta gansa. Pussar och kramar!

La última vez que estuve en Nueva York, en enero de 2009, cada vez que pasaba por delante de algún kiosco, me decía de comprar la revista de Oprah. Nunca lo llegué a hacer y ahora me arrepiento. Me encanta la portada, creo que nunca he visto un titular más sincero. ¿Alguien se imagina a Ana Rosa Quintana, nuestro ejemplo patrio más cercano, dando el visto bueno a esto?


Es cierto que Oprah ha ganado peso de una foto a otra, y que debería cuidarse más si es una persona que tienda a engordar sin freno (independientemente de que se dedique a salir en televisión o no, que la salud está por encima de ello). Una buena forma de afrontarlo es reconocerlo, y qué mejor modo que gritarle al mundo "sí, me he vuelto a poner como una foca y no tengo ni idea de cómo he podido perder toda mi fuerza de voluntad". Las fotos más recientes de la presentadora indican que algo ha perdido, pero tampoco como para darse por satisfecha. Eso sí, a cambio, ha 'adelgazado' su vestidor, empezando por los zapatos... Me sé de una que, como calce el mismo número que Oprah, va a pasarlo mal presenciando tanto tacón a la basura... Pussar och kramar!

Qué fin de semana más diferente, ¡y cómo costó hacer la maleta de mano! Y es que eso de tener que pasar por Suiza para acabar en el desierto, como que trastoca mucho los planes. Al final, cambio de ropa arriba, cambio de ropa abajo, he vuelto achicharrado (qué calor que hace en Bahrein... y qué frío por las noches cuando refresca...) y, como suele ser habitual, con el estómago bailando bulerías. Poder ver el arranque del mundial de Fórmula 1 ha sido bastante curioso. No diré emocionante o divertido, porque no me lo pareció, pero sí interesante, especialmente porque como el Golfo Pérsico queda en medio de muchos destinos, allí había gente de todos lados. Y como suele ser habitual, todo a lo grande.

Como me encontraba entre los afortunados que tenían pase para poder visitar los boxes de los equipos (no entrar en ellos, sólo desde unos metros), aproveché para sufrir en mi piel el impresionante sol del desierto (estoy moreno y sólo me puse al sol tres paseos de veinte minutos en dos días...) y hacer algunas fotos a los muchos mecánicos merendables que había en muchos de los equipos (en el del Hispania, ni uno, todos eran unos viejos y muchos en plan 'Martínez el fache', que daba un repelús...). Me acordé mucho de un antiguo amigo porque estaba prendado de un mecánico de Ferrari... que se ha debido retirar, porque allí no estaba.

Por cierto, esta semana no sé si escribiré muchas entradas o serán más bien gráficas y testimoniales. Para abrir boca, fotos del sábado, que el domingo se me olvidó la cámara en el hotel... Pussar och kramar!

Dentro de unas horas me marcho a uno de esos países que, a menos que te guste la Geografía, nunca terminas de colocar bien en el mapa. Me refiero a Bahrein, en pleno Golfo Pérsico. Allí asistiré al arranque del campeonato 2010 de Fórmula 1, un acontecimiento que no me llama especialmente la atención a priori pero que seguro resultará fascinante (el día que me aburra en un palco VIP gestionado por jeques que pagan con petrodólares...). Pero no me marcho hasta allá sólo para ver unos coches dando vueltas a un circuito, sino también para entrevistar a dos pilotos y, de paso, al presidente de una firma de relojes de esos carísimos que suelen salir en mi revista.

Al principio, estaba previsto que fuera primero a Doha. Sólo la idea ya me emocionaba, ya que, al menos desde el aire, podría ver el hotel Burj Al Arab. Sin embargo, un cambio de planes arruinó esa posibilidad y tendré que hacer escala en Ginebra en vez de en Qatar. Al menos, me consuelo pensando que sí que podré acercarme al World Trade Center de Bahrein (el doble rascacielos de la imagen), que es otro edificio que me llama mucho la atención.

Lo mejor, que será la primera vez que tenga que sacarme un visado (con lo tonto que soy con el tema de los sellos en el pasaporte, estoy que salto de júbilo). Lo peor, que justo ahora que acudo yo a la Fórmula 1, va mi Kimi Raikkonen del alma y ya no corre. En fin, me tendré que 'conformar' persiguiendo a Jenson Button y Nico Hulkenberg... (que Jaime Alguersuari se lo dejo a Peritoni). Pussar och kramar!

Yo crecí con esta revista. En mi casa, no faltaba ni un mes y mi madre era de las lectoras más fieles. Ella participaba en todos los concursos y sorteos; y como de vez en cuando le tocaba el premio, hay por mi casa fotos de mi madre con camisetas promocionales de 'Dunia', con el logo de la manzana (primera época), y otras muchas cosas que hoy llamaríamos merchandising y que en aquella época era, como mucho, 'propaganda'. Una vez incluso le tocó un viaje a Madrid para conocer la redacción, a la gente que allí trabajaba y asistir a una cena de gala.

¡Quién le iba a decir a ella que una de las redactoras que vio en plena vorágine sería, muchos años después, directora de su primogénito (yo)! Me refiero a Charo Izquierdo, actual directora de 'Yo Dona' (fue mi jefa en la web de 'Telva'). Yo no me enteré hasta unos meses después de dejar de trabajar a las ordenes de Charo de que mi madre la había conocido y que incluso la recordaba... (sí, el mundo es un pañuelo), aún así me hizo mucha ilusión. Ahora vuelvo a trabajar a pocos metros de ella, y no sé por qué nunca le he contado esta historia...

Pero no sólo a Charo. Conocí a otra de las redactoras de 'Dunia' de los años 80 cuando empecé a trabajar en un semanario para universitarios. Ella era una de las responsables de prensa de la Complutense y me encantaba oírle contar historias de su paso por la emblemática cabecera. Hago lo mismo con parte del equipo de 'Joyce', la revista que comanda la que era por aquel entonces directora de 'Dunia', Maria Eugenia Alberti, y que aún tiene a gente de aquella época trabajando con ella. Es como revivir mi infancia, en cierto modo.

Ahora que estoy en plena crisis por culpa del Especial Moda, que va a acabar conmigo del estrés que me está produciendo (a pesar de que estoy seguro de que me va a dar muchas satisfacciones a posteriori), no puedo dejar de preguntarme cómo era trabajar en aquella época, sin Internet, ni correos electrónicos, ni CD's con imágenes en alta resolución, tirando de hemeroteca y archivo fotográfico de papel, sin ordenadores... Vamos, que no envidio para nada a los profesionales de 'Dunia' y otras revistas de la época. En este caso, eso de que 'cualquier tiempo pasado fue mejor' es toda una falacia. Pussar och kramar!

Esta semana y la que viene van a ser un no parar de trabajar (salvo un paréntesis de esos raros). Toca preparar el Especial Moda de primavera y, dado que la crisis se llevó consigo a la gran mayoría de los colaboradores de la revista, me toca producirlo, escribirlo y editarlo a mí solito. Además, por culpa de ese paréntesis, tengo que correr, y mucho, para poder tenerlo todo al día.

A mí no me gusta trabajar así. Soy muy ordenado y creo que no es necesario tener que dejar nada para el último momento. De hecho, antes del cambio de dirección en mi revista, los especiales de moda solían estar casi resueltos una semana antes del cierre de la edición. Sin embargo, ahora, con nuevos modos de trabajo y empezando a realizar editoriales propias desde este año, todo se ha acumulado irremediablemente y yo hago lo que puedo por adelantar aquello que esté en mi mano.

Ayer me pasé toda la mañana de un lado para otro, recibiendo la ropa de la editorial que se fotografía hoy, ordenándola, poniéndola en perchas, viendo posibles conjuntos... Creo que, al final, va a quedar bastante bien, y me encanta que tanto esfuerzo en solitario esté mereciendo la pena, a pesar de que estoy al borde del colapso.

Como mi almacén es pequeñito y no tengo mucha infraestructura montada aún, tuve que pedir perchas en los almacenes de dos revistas de mi empresa porque no tenía suficientes para tanta ropa como llegó (y eso que hice yo el estilismo...). En una de estas excursiones en busca de perchas, pasé por los talleres de edición gráfica. Un chico merendable, guapo, jovencito y de sonrisa turbadora se me quedó mirando fijamente. Mis hormonas, revolucionadas, me obligaron a mantenerle la mirada. Nos sonreímos, nos saludamos y yo seguí mi camino. ¿Quién era? Ni idea, pero su cara me sonaba y no sabía de qué.

Más tarde, volví a pasar por talleres y le pregunté a una de las chicas de esa sección sobre el chico en cuestión. Resulta que él también le preguntó a ella sobre mí, porque me había saludado sin saber muy bien quién era (le gusto, le gusto jijijiji). Al final, llegamos a la conclusión de que nos sonarían nuestras caras de nuestra anterior empresa, de cruzarnos por el pasillo y el ascensor (ahora está de turno de noche y es imposible que nos veamos, y ayer se pasó por la mañana sólo por un tema de papeles).

Aún así, qué gustazo que chicos guapos y merendables te saluden y te sonrían en una semana en la que todo lo ves azul oscuro casi negro. Pussar och kramar!

¿Y si hubiera tomado el camino de la izquierda en vez del de la derecha? ¿Y si me hubiera quedado en aquella ciudad? ¿Y si no me hubiera levantado de la silla? ¿Y si no hubiera estado aquel día en ese bar? ¿Y si no le hubiera conocido? ¿Y si le hubiera elegido a él? ¿Y si mañana sigue sin llegar esa noticia? ¿Y si esa llamada nunca se produce? ¿Y si lo dejo todo y mando al mundo a tomar por culo? ¿Y si decido hacer algo? ¿Y si me doy un buen consejo por una vez? ¿Y si tiro las zapatillas que me hacen resbalar? ¿Y si hago las maletas? ¿Y si me planto? ¿Y si no lo hago feliz? ¿Y si está condenado a estar triste? ¿Y si dejo de hacerme preguntas? Pussar och kramar!


Ni me acordaba de que la foto ya había sido publicada por Sota...

El waterpolo es un deporte de esos que, aunque nunca lo veas ni te interese, siempre te provoca muchos sentimientos encontrados. Por un lado, lo de chapotear en una piscina está bien, pero estar todo el tiempo de un lado para el otro tratando de no sumergirte y aguantando patadas, golpes, cabezazos y demás, como que no mola. Además, está la recompensa de las duchas; aunque este punto no es igual de interesante si estás en el club de waterpolo de Albacete (aunque la fila de abajo esté llena de jugadores merendables), o en la selección griega (a los que no le hace falta ni las duchas para apelotonarse todos a meterse mano). Lo que no sé cómo tomarme, si como positivo o negativo, es el hecho de que Aussiebum tenga una línea pensada específicamente para la práctica de este deporte... Pussar och kramar!

Sprinkles no es una pastelería más. Situada en Beverly Hills, es la favorita de muchas celebridades norteamericanas, que no dudan en saltarse por un momento la dieta (en el caso de Oprah, es seguir sin hacerle caso al endocrino un día más) si se trata de probar una o dos de sus deliciosas magdalenas hechas a mano. Como son pequeñas, no da tanta mala conciencia comerse una (si es que uno es capaz de no pasar de la simple unidad). Además, son un capricho que se puede uno dar a diario sin miedo a pensar en tallas XXL a nada que hagas un poco de ejercicio.

En la lista que da Luxist sobre los famosetes que se rindieron a los encantos de esta pastelería se incluyen nombres que nunca pensé que comieran chocolate, como Paris Hilton, Katie Holmes o Teri Hatcher. Los que no me sorprenden, además de Oprah, son Tyra Banks y Russell Crowe (sobre todo éste último, al que tengo por un amante de las buenas cosas de la vida, engorden o no). Ellos, como el resto de clientes, se gastan 3,25 dólares en cada pieza (lo bueno de que sean algo caros es que así no se abusa y basta con comer uno al día).

Como declarado chocolateadicto que soy, reconozco que fue ver las fotos de los pastelitos en cuestión y tener unas ganas locas de ir a Los Ángeles para comprar media docena (que no me da la paga para pedir una docena entera). Tienen más de 20 sabores diferentes, aunque sólo venden 15 de ellos al día. Chocolate negro, canela, limón, coco, jengibre, 'chai latte', plátano, zanahoria... imposible escoger sólo uno (aunque no me importaría tener que catarlos todo para escoger mi favorito). Pussar och kramar!

Una de las cosas que más me llama la atención del inglés es que haya tantos nombres que se usen tanto para hombres como para mujeres indistintamente. No nos extraña, por ejemplo, que en una serie aparezca un señor que se llamaban exactamente igual que la protagonista femenina de la que viene a continuación. Incluso me cuenta CLouD por Twitter que, por lo visto, una chica llamada Kelly Hildebrandt, puso su nombre en Facebook y encontró a un chico de nombre Kelly Hildebrandt, que ha acabado siendo su marido (obvio, porque está merendable el chico y no era plan de dejarlo escapar).

Últimamente confundo a Reese Witherspoon y Reese Rideout. Más bien, al segundo me ha dado por llamarle como a la primera (apellido incluido), porque es decir Reese y mi mente irse a la rubia más legal de todas y no al actor porno que más está durando en el candelero en mucho tiempo (el chico no para, cada dos por tres está en alguna película; como si hubiera déficit de bollitos voluntarios). Es un error que me hace mucha gracia porque no me imagino a la pobre chica siendo empotrada por algunos de los que comparten cartel con su tocayo...

Acto y seguido, siempre pienso en qué enfermo decidió llamar a su hijo o hija con un nombre del sexo contrario por primera vez (por no hablar de los que ponen a sus vástagos nombres de estados de Norteamerica, que si Dakota, que si Montana, que si París.. ¡huy, que eso no está en los USA!)
y, sobre todo, ¡cómo fue posible que creara escuela y el uso de ese nombre se extendiera! Me pregunto si esto cuenta como dislexia... Pussar och kramar!

Los maharajás hindúes han sido desde siempre los mejores clientes del departamento de Pedidos Especiales de Louis Vuitton. Algunos de ellos están expuestos en el museo que la manufactura tiene en Asnières (y que tuve el inmenso placer de visitar hace unos años), como el elegante baúl para el té del Maharajá de Baroda, creado en 1926. Entre los clientes más conocidos de principios del siglo XX, destacan el Maharajá de Holkar, el Príncipe y la Princesa Pudokota, el Maharajá Bahadur de Jammu y Cachemira, así como Jagatjit Singh, Maharajá de Kapurthala. Entre todos suman objetos tan extraños como un baúl portador de equipación completa de polo o una valija de lona para un dictáfono.

Una exposición ha recorrido el pasado mes de enero algunos museos de India mostrando la relación entre la nobleza del país y Louis Vuitton. Por supuesto, además de los objetos, no faltaban imágenes de los nobles millonarios, sus séquitos y sus baúles. Gracias a que he tenido que hacer un reportaje sobre la muestra, me mandaron algunas de las fotografías que se exhibieron y he de confesar que muchas no tienen precio. Me encanta esa mezcla de exotismo asiático y lujo occidental, aunque tanto derroche me parece excesivo.

Para saber más del tema, pulsa aquí. Pussar och kramar!

Cuando el sábado abandoné México, todo el mundo andaba algo histérico con la alerta por tsunami que habían declarado en toda la costa del Pacífico. Desconozco el riesgo real que podría provocar allí, a varios miles de kilómetros al norte de Chile, el seísmo que asoló durante la madrugada del sábado al país andino. Los lugareños decían que notaban la marea algo más alta y agitada que de costumbre, pero de ahí a prohibir el baño... Nuestro guía puso en el coche, camino del aeropuerto, una emisora de radio en la que la gente pedía canciones mandando SMS. Los oyentes no paraban de pedirle datos sobre la alerta a la presentadora. Como ella misma decía, ¿no será mejor informarse por Protección Civil o el servicio de emergencia que haya en México?

Me enteré de la noticia cuando me desperté el sábado a primera hora (serían las tres de la tarde en España). La CNN en esos momentos apenas tenía mucha información: unos 70 muertos, casi todo el país afectado, Bachelet coordinando la actuación, Obama leyendo un comunicado de apoyo... La verdad es que, ante este tipo de catástrofes, no puedes quedarte indiferente. Me conecté un momento a Internet y le escribí un mail a un amiguete chileno con el que comparto música de vez en cuando. Sabía que las conexiones a Internet en Chile se habían casi caído del todo, así que no esperaba que diera señales de vida rápidamente... pero puedo asegurar que han sido 48 horas de infarto hasta que ha contestado al mail.

Es curioso esto de Internet. No lo conozco en persona ni creo que nunca pueda hacerlo, pero si le hubiera pasado algo, sé que me hubiera afectado bastante. Es un chico genial y leer en su mail frases duras, en las que me cuenta cómo lo están pasando me hace sentir muy impotente y muy rabioso. Ojalá pronto puedan seguir con su vida diaria en Chile, que ya tuvieron bastante con Pinochet. Por cierto, impactantes las fotos que ha seleccionado Boston.com sobre el seísmo. Pussar och kramar!