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Hvad er klokken?

El rey de la casa


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En los albores de la regencia de María Cristina, con Sagasta al frente del Gobierno, los españoles son testigos de la ratificación de la Ley de Asociaciones, la instauración del derecho a la libertad de prensa y, algo más tarde, en 1890, la extensión del sufragio universal a los hombres mayores de 25 años. Me encantaría saber cómo acogió la empobrecida, analfabeta y embrutecida población masculina española de finales del siglo XIX la posibilidad de votar a sus políticos. ¿Le haría ilusión al cabrero abulense de toda la vida? ¿Cambiaría en algo el futuro de un jornalero andaluz?

No cabe duda de que, gracias a estas leyes, las clases más bajas comenzaron a tener una ideología política. Poco a poco, sin prisa, tomaron el mismo camino de los primeros burgueses siglos atrás, sobre todo gracias a lo que se llamó 'conciencia de clase'. Eso sí, en las elecciones que siguieron a la nueva Ley Electoral ganaron los conservadores, que el Partido Republicano era aún un recién nacido.

A mí me encanta votar. No he faltado a ninguna cita con las urnas, bien por correo o presencialmente, y espero no dejar de hacerlo. De hecho, me encantaría que aquí hubiera un sistema como el suizo en lo que respecta a las consultas populares por referendum, ya que está más que comprobado que los políticos no gobiernan para el interés general, sino por el particular o el del propio partido. El problema es que, a estas alturas, no sé a quién votar. Siempre lo había tenido más o menos claro, pero ahora...

El caso es que no me convence ninguno de los partidos a los que suelo votar habitualmente. Considero que no se merecen mi apoyo en las urnas por muchos motivos y ya no me vale la excusa de que hay que parar los pies al adversario ideológico, porque no han sabido demostrar estar a la altura de lo que se espera de ellos, ni unos ni otros*. No me hace mucha gracia, pero me veo que, a este paso, tendré que elegir entre votar nulo o en blanco. Eso sí, votar, votaré. Pussar och kramar!

* Es curioso. Leyéndolo como votante de izquierdas o de derechas sigue siendo igual de válido, que tanto unos como otros pueden quejarse de lo lindo de lo que hacen sus representantes.

Quien más, quien menos, todo el mundo conoce 'Las cuatro estaciones' de Vivaldi. Es genial cerrar los ojos e imaginar, según lo que esté sonando en ese momento, campos llenos de flores y vida, veranos cargados de árboles frutados, un manto dorado de hojas secas que se extiende por el monte o el viento gélido pasar entre troncos desnudos. A pesar de ser 100% urbanita, no lo puedo evitar, mi mente siempre se traslada a montes llenos de vegetación cuando empiezan a sonar las notas de los diferentes 'allegros' del maestro.

Bueno, más bien al mismo monte, el que está lleno de hojarasca que vuela por un viento incesante. No sé por qué, pero no lo puedo evitar. Salvo con 'Primavera', el resto de temas se me antojan propios del otoño. Da igual que oiga 'Verano' o 'Invierno', siempre pienso que estoy oyendo 'Otoño' (sobre todo si las voy oyendo en el iPod, que tengo las versiones que hizo Vanessa Mae en su día). Esto no sólo demuestra mi total ignorancia sobre música clásica, sino que soy incapaz de retener cuatro simples temas. O quizás es mi subconsciente, que me dice que no hay nada como retozar entre montañas de hojas secas (por supuesto, libres de bichos y antes de que se comiencen a pudrir, que uno tiene sus excentricidades y fobias).

Sea por la razón que sea, voy a hacer propósito de enmienda y aprender a diferenciar las tres estaciones que confundo. Pero como el que no se consuela es porque no quiere, prefiero pensar que podría ser peor si no me limitara a confundir temas de Vivaldi y metiera en el mismo saco otras canciones de Mae que tengo también en el iPod, como 'Bach Street Prelude' o el 'Toccata And Fugue In D Minor'. A tanto, no llego.
Pussar och krammar!


Amante de la tradición y la buena mesa, el primer ministro británico Winston Churchill no dudó en describir a Paxton & Whitfield como “la única tienda en la que un caballero compra su queso”. Y es que pocas queserías pueden compararse a la de este pequeño local de la londinense Jermyn Street, a un paso de Picadilly Circus. En el número 93, rodeada de sastrerías masculinas y prestigiosas barberías, fue durante décadas una parada obligada para los lores camino del Parlamento; y aún hoy sigue marcando la diferencia. Por ejemplo, por su oferta, ya que cuenta con referencias de prácticamente todo el globo (entre ellos, manchegos y menorquines).

Yo ya he decidido que va a ser una de las paradas obligadas en mi próxima visita a Londres (sea cuando sea, que no tengo planes a corto plazo), y es que hay pocas cosas que me gusten tanto como el queso, especialmente las tablas variadas e ir picoteando un poco de una docena de tipos diferentes. Reconozco que no estoy tan versado como el Osezno, el chico de mi admirado Sufur, pero sí que me considero ratón.

La tienda en cuestión abrió sus puertas en 1797, de la mano de Harry Paxton y Charles Whitfield, que compraron una antigua quesería de 1724 a su primer dueño, cambiándole el nombre. La cosa fue bien hasta finales del siglo XIX, cuando los granjeros ingleses prefieren vender su leche a empresas que fabrican natas, cremas y mantequillas, en vez de a las de queso artesanal. Además, el encarecimiento de la matería prima se acompañó de una caída de las ventas de forma constante hasta más allá de la Segunda Guerra Mundial. Fueron tiempos tan complicados, que los herederos de Paxton y Whitfield no tuvieron más remedio que reconvertir la tienda en ultramarinos, vendiendo todo tipo de productos.

Afortunadamente, la afición del público inglés por el queso comenzó a repuntar, y con ello el éxito de la tienda. En los 70, la quesería volvía a despachar sólo quesos y productos relacionados con éste. De hecho, cuentan con una buena colección de complementos (rayadores, cuchillos, queseras, tablas de madera...), muchos de ellos exclusivos. Especializados en los de origen artesanal, tratan de sorprender con sus ‘tartas de quesos’ (diferentes lotes con piezas completas que recuerdan a un pastel de boda), maridajes con vino y aceite... Tampoco faltan quesos modernos, como el azul de Sussex o el Stinking Bishop, por ejemplo.

Además, de la mano de Andrew Brownsword, su actual propietario, han abierto dos nuevos locales, concretamente en Bath y Stratford-Upon-Avon, así como una tienda online desde la que venden sus productos a todo el mundo (a España, desde 67 € de gastos de envío). No me faltaban razones para ir a Bath (unos amigos del rubio se han mudado allí hace poco y siempre que veo fotos de la ciudad ardo en deseos de conocerla), pero ahora ya se tornó en prioritario... Pussar och kramar!

Leía yo la última entrada de 'Sufridores en casa' cuando me vino a la mente una pregunta: ¿Quién demonios es Cuqui Fierro? (la señora de la imagen) Como buen internauta, lo primero que hice fue poner su nombre en Google para encontrar algo que me sirviera de referencia. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, este tipo de personas no cuentan con su propia página en la Wikipedia y no me salía nada que diera algo de luz a semejante duda.

No tuve más remedio, entonces, que recurrir a las hemerotecas digitales de la prensa rosa. Sin embargo, ni aún así logré enterarme de quién es o de dónde ha salido la susodicha. Lo único que me quedó claro es que pertenece a la alta sociedad madrileña (la de los millonarios amigos de Pitita, Cuca, Pochola, BorjaMari y demás) y que su hija murió en unas circunstancias la mar de surrealistas. Vamos, que me cuentan lo de la pobre chica y la cera de depilar y no me lo creo.


Ojo a la crónica que escribió sobre el suceso en 'El Mundo', en noviembre de 1996, el periodista Eduardo Inda, actual director del diario 'Marca'. Resumiendo:

Marta Torróntegui, hija de Cuqui Fierro, falleció dos meses después de sufrir graves quemaduras mientras se depilaba a la cera en el interior de su vivienda. Sufrió quemaduras que afectaron al 80% de su cuerpo. Por un descuido, se le incendió el camisón sobre las cinco de la madrugada. En su intento de desembarazarse de las llamas, la mujer extendió el fuego al resto de la vivienda.

Para cuatro pelos que tendría la pobre...
Esto sí que es para mear y no echar gota.
Pussar och kramar!

Desgraciadamente, son muchas las personas que, cuando se les humilla o se les ningunea, prefieren no hacer nada al respecto. Sencillamente, se quedan ahí, paradas, aguantando el chaparrón y desahogandose, cuando pueden, por las esquinas, quejándose o llorando, pero sin hacer algo bien para cambiar la situación, bien para mandarla lejos y no volver a estar metido en según qué berenjenal.

Salvando las distancias y tomando lo anterior como una abstracción muy general, creo que es precisamente esto lo que está pasando en España con los aficionados a Eurovisión. Desde hace varios años, TVE ha maltratado, apaleado y se ha mofado del festival, y muy especialmente de los 'eurofans'. Estos se rasgaban las vestiduras una y otra vez (nos rasgábamos) ante la impotencia y la rabia de ver cómo se estaban cargando algo que apreciamos, que nos gusta y que, precisamente por ser sólo una vez al año, ensalzamos quizás algo más de lo debido. Al año siguiente, todo volvía a empezar. Los mismos lamentos, los mismos lloros... ¿Es que no se aprende?

Yo tomé la decisión, después de lo de Chikilicuatre, de centrarme casi exclusivamente en las preselecciones de Suecia y Noruega, donde la calidad brilla y se lo toman en serio, independientemente de que las canciones me gusten más o menos. No estoy de acuerdo con el sistema de votación abierta por Internet, ni mucho menos con la relajación que tiene TVE con las normas, que aplica cuando y como quiere. No me gusta prácticamente nada de lo que rodea la preselección, y eso incluye la dejadez, medios técnicos deplorables, presentadores cutres, jurado inoperante, programas eternos, cambio de normas sobre la marcha... así que paso de ella. Así, no me cabreo y no me llevo berrinches. Sencillamente, me mantengo al margen, como si fuera la preselección de Turquía o la de Azerbaiyán. Oiré al ganador cuando se sepa y ya. Lo hice al año pasado y tan pancho.

Este 2010, con lo de Karmele y demás payasos, es que ni me molesté en averiguar sobre los candidatos, salvo alguno del que todo el mundo hablaba y acabé cediendo a la curiosidad. Pero de ahí a votar y demás, involucrándome, como que no. ¿Para qué?

Ayer, cuando se notificó la eliminación de 'Sou un tsunami', junto a otras tres canciones más, me alegré mucho, sobre todo por los eurofans que, al contrario que yo, siguen al pie del cañón con ganas de reivindicar una preselección digna, que no han tirado la toalla y creen que la utopía de que TVE se lo tome en serio es posible. Aún quedan en la lista candidatos que no merecen estar ahí, y es muy triste que los de eurovision-spain.com tengan que hacer de policías del concurso, en vez de las personas de TVE que cobran por ello, pero al menos le han dado la razón en lo que más les duele como eurofans: quién represente a España. Hoy brindo por ellos. Pussar och krammar!

PD: Sobre los candidatos, qué decir. Ayer me puse al día y oí a bastantes. No puedo evitar que me arrastre el schlager y la canción del trío Venus me gusta, pero no sé qué pasa que, cuanto más la oigo, más me cansa (esto en Eurovisión suele ser señal de buen puesto, ya que no hay quien soporte hoy por hoy oír una vez más la que ganó el año pasado). Las de Coral, Lorena, Ainhoa o Anabel Conde no me convencen del todo. En cambio, sí que me gustan la de José Galisteo y, algo que pensé que nunca ocurriría, ¡la de Rebeca! (y los chulazos del vídeo no tienen nada que ver, que conste). Ver para creer.

Hace algo más de un año me dio por subir a YouTube una de las canciones de la película 'Grease'. Ésta:



Después de más de un año, es el vídeo más visto de mi canal (le ganaba uno de 'Love Actually' pero me lo borraron por un tema de derechos, que parece ser que me estaba llenando los bolsillos a costa de una productora de cine o algo así) y, sobre todo el más comentado. Pero que nadie se piense que la mayoría de la gente que decide comentar algo acaba opinando o diciendo algo interesante. No.

Hay un contubernio judeomasónico por el que, cada vez que un instituto o colegio americano decide montar la obra, las aspirantes a actrices escriben comentarios en el vídeo informando de que se presentan al papel de Rizzo (incluso una vez lo escribieron en alemán) y entre ellas se dan ánimo. Y qué decir de los que se creen mega originales transcribiendo lo de 'keep that pelvis far from me'... En fin, que no estoy para niñatadas y que me veo suprimiendo lo de poder dejar comentarios, que agotaron mi paciencia. Aunque se ve que yo también estoy colmando la paciencia de YouTube, ya que me han dado el segundo aviso de uso fraudulento y, a la siguiente, me cierran el canal... Sí, estoy temblando... Pussar och kramar!

Durante las pasadas Navidades, tuve la oportunidad de ver un anuncio de televisión que llamaba, con bastante acierto, a los instintos más primarios de los andaluces. La primera vez que lo vi, se me puso la piel de gallina y un escalofrío recorrió mi cuerpo (no sé si llamarlo orgullo o emoción). La segunda, acabé cabreado y con ganas de meterle un botellín de Cruzcampo al publicista por el culo. Porque sí, es cierto que, en buena medida, Andalucía es tal que así...



Pero también es mucho más. Además de folclorismos y ganas de pasarlo bien, mi región es la reina del desempleo endémico. Hay paro, mucho. Bastante gente en edad de trabajar y muy cualificada no encuentra nada y saca fuerzas de donde no hay para poner buena cara cuando toca salir a "vivir la calle". También hay muchas personas en contra de la popularización como método de actuación política para enmascarar las necesidades reales de los andaluces. Tampoco encuentro en el spot los cientos de investigadores que tratan de convertir el sur de la Península en un referente europeo de I+D+i en algunas parcelas científicas; ni a los artesanos de la almadraba o la marroquinería de toda la vida, incapaces de hacer frente a una competencia cada vez más feroz por parte de países en vías de desarrollo y al handicap de que aún hoy seguimos sin creernos que el 'Made in Andalucía' sí que puede ser sinónimo de altísima calidad. ¿Dónde están las corrientes culturales de vanguardia? ¿Acaso sólo hay flamenco y fusión? Mal andamos cuando los propios andaluces y nuestras empresas permitimos un reduccionismo tan atroz como el del anuncio de Cruzcampo (que encima, de original, no tiene nada, que se adelantaron hace años los gallegos). Pussar och kramar!

Hoy estaré por Elche con la grabadora y el cuaderno, acompañado de uno de los mejores fotógrafos de la prensa española (estoy bastante emocionado por ello), realizando un reportaje sobre un zapatero local cuyas creaciones calzan las clases dirigentes internacionales (y las nacionales también). Me jode no tener tiempo para casi nada más que el trabajo en sí, especialmente para poder conocer al chico que sale en la web del fondo rosa, que para eso vive allí, pero le he prometido que, si me lo cruzo por esas casualidades de la vida en plena calle, pienso decirle esa mítica frase de "Perdona, ¿eres Peibols?". ¡Vamos que si se lo pregunto!

Gracias a la pésima combinación de vuelos entre Madrid y Alicante (sí, ya me han explicado que el aeropuerto de Alicante está en el término municipal de Elche), he de hacer la ida a las 7 de la mañana (mejor no cuento a qué hora ha sonado el despertador), por lo que supongo que llegaré de mal humor. ¿Acaso alguien está para chistes a las 6 de la mañana? Pussar och kramar!

PD: El vídeo no pega ni con cola con la entrada, pero después de muchos años sin oírlo, de repente, ayer reapareció...


Necesito un antropólogo. Sólo él me puede explicar por qué el español medio sufre esos ataques agónicos de estrés cuando se encuentra en un aeropuerto, especialmente cuando se trata de las puertas de embarque. ¿Cómo se ha podido convertir en algo habitual que los pasajeros ya estén haciendo la cola mucho antes de la hora de embarque? Qué digo la hora de embarque... ¡incluso antes de que haya aterrizado el avión que les va a llevar donde sea y que el personal de tierra se haya acercado al mostrador! Como si el avión se fuera a ir dejando atrás al último de la fila...

Habrá quien diga que esto pasa en todos lados y bla, bla, bla. Pero por más que viajo, yo sólo lo veo en vuelos con procedencia o destino en España. El ejemplo más claro, ayer en Dublín. En la misma zona de embarque, dos vuelos de Aer Lingus. Uno, con destino Madrid. El otro, Viena. Ambos salían a las 16.20 horas. Analicemos el comportamiento de los pasajeros del que iba para Austria:

15.35 Aparcan el avión que va para Viena y desembarcan los pasajeros que acaban de volar en él.
15.45 Llegan los empleados de tierra de Aer Lingus que harán el embarque.
15.55 Anuncian la salida del vuelo y el embarque. Los viajeros se levantan (han estado todo el tiempo sentados o en la cafetería) y forman dos colas.
16.03 Finaliza el embarque.

Ahora vamos a ver el de Madrid.

15.35 Los primeros viajeros se disponen a hacer cola delante del mostrador de la puerta de embarque.
15.40 En la cola ya hay al menos 40 viajeros.
15.45 Llegan los empleados de tierra de Aer Lingus que harán el embarque.
15.46 El 85% o más de los pasajeros ya se encuentran en la cola.
15.58 Anuncian un retraso en el vuelo y que dirán algo en 10 minutos.
16.08 Aparcan el avión que nos llevará a Madrid y desembarcan los pasajeros que acaban de volar en él (efectivamente, aún no había ni avión).
16.15 Anuncian un nuevo retraso y que volverán a decir algo en 10 minutos. El 85% de los pasajeros sigue en la cola sin moverse.
16.20 El rubio y yo nos descojonamos viendo por enésima vez el vídeo de Luján en APM y algunos de la cola nos miran con cara rara.
16.25 Anuncian que, definitivamente, el vuelo saldrá a las 17.00 horas y que el embarque comenzará a las 16.45. Algunos pasajeros que se encuentran al final de la cola se sientan en la sala de espera, donde sólo estábamos unas diez personas.
16.40 Comienza el embarque. El 90% del pasaje hace cola en ese momento.
16.55 Cierran la puerta de embarque.

El rubio y yo embarcamos de los últimos y no tuvimos problemas para colocar nuestras maletas de mano en los compartimentos superiores. De hecho, ningún pasajero tuvo problemas para conseguirlo porque, aunque el vuelo iba casi completo, los azafatos eran unos expertos en Tetris y consiguieron meter hasta una maleta que parecía imposible que cupiera.

No entiendo cómo hubo gente que pudo estar más de 80 minutos haciendo cola, a pesar de los dos avisos de retraso. Y tampoco entiendo qué puede pasar por la cabeza de esas personas para estar tan ansiosas por ser los primeros en embarcar, como si les fuera el mundo en ello. Puedo prometer y prometo que, al final, todos los pasajeros aterrizamos en Barajas a la misma hora... Pussar och kramar!

Dicen que el amor no dura más de dos años, o más concretamente ése sentimiento del amor brutal, 100% irracional, el enamoramiento que llena de mariposas el estómago, el balbuceo cuando has de hablarle por primera vez a esa persona que te gusta de siempre, que te vuelve loco y te hace ver la vida de color de rosa. Hay teorías que sólo le dan tres meses de vida; otras, hasta cuatro años, y Helen Fisher, no más de tres. Sea cual sea la verdadera... ¡que se enteren todos que les pienso demandar por timadores!

Si no, cómo se explica que el rubio, concinco años de novios recién cumplidos ayer, siga aún haciéndome padecer cursilerías, caritas de bobo enamorado, deseos continuos de tocarme, acariciarme, mesarme, besarme... por no hablar de su falta de freno pasional. ¿Es que no piensa desenamorarse un poquito nunca y dejarme respirar aire puro y no tanta ñoñada? A ver, que no es que no me gusta que me quiera... ¡pero no como el primer día desde hace 1.826!

Así, para conseguir apaciguar un poco su cariño, he pensado llevármelo este fin de semana a Irlanda, donde le emborracharé como una cuba le someteré a un tratamiento de choque a base de baladas del país en Eurovisión y pintas en pubs mientras vemos partidos de rugby. Una de dos, o consigo mi propósito o se me va el tema directamente de las manos y se me enamora aún más. A ver qué pasa. Pussar och kramar!


Durante los últimos días hemos visto una serie llamada 'Worst Week'. Cuenta la historia de Sam, un chico que, en su afán por agradar a la familia de su novia, no hace más que meterse en líos. La historia no sólo se convierte en el rey de los desgraciados, sino en el recordman mundial de jaleos provocados por minuto en una serie de televisión.

Reconozco que el primer capítulo nos dejó un tanto fríos. ¿Era una serie estúpidamente mala o deliciosamente estúpida? Afortunadamente, le dimos una oportunidad y acabamos desternillándonos de risa en el sofá con cada uno de los 16 capítulos de apenas 20 minutos de los que consta. Además, como en principio parece que no va a haber segunda temporada, los guionistas tuvieron el detalle de concluir la trama para que la historia fuera redonda (que no hay nada que me guste menos que los finales abiertos cuando no hay seguridad de que la serie vaya a continuar).

A ratos surrealista, a ratos sarcástica, y sin un plantel de artistas muy conocidos ni actores merendables (la primera vez que veo algo así en una serie americana), nos metió en su bolsillo, ¡y eso que tampoco faltaba humor de sal gorda! La descubrimos por casualidad. Ojalá la próxima serie que veamos sin saber nada de ella ni de qué va sea tan genial. Pussar och kramar!

Un ejemplo (y todo lo que cuenta es lo que le ha pasado en el capítulo):

El otro día leí en el diario 'El Mundo' que Patrick-Louis Vuitton (el señor de la imagen), tatara-tataranieto del fundador de la manufactura de baúles (quinta generación, vamos), ha sido multado con 1.300 euros por adentrarse sin permiso en los terrenos de la aristócrata Laurence Dourdin durante una cacería. Como enemigo declarado de la caza por diversión, me alegro, y mucho, de que le hayan aguado la fiesta. De hecho, me parece que la Justicia francesa se ha quedado corta. ¡Qué menos que el precio de un juego de maletas de las que vende!

Según cuenta la misma noticia, Dourdin lleva años enfrentada a Vuitton porque, según ella, éste maltrata a los animales durante sus jornadas de caza. De hecho, parece ser que en el juicio quedó demostrado que se cebaron miserablemente con unos venados, a los que acosaron hasta que se ahogaron en un lago.

Hace poco más de un año, tuve la oportunidad de entrevistar a Patrick-Louis Vuitton en Madrid. Aunque la manufactura ya no pertenece a su familia, él es la persona al frente del departamento de Pedidos Especiales (al que pienso contratar para que me hagan un backgammon personalizado en cuanto me haga rico, pues sus artesanos no tienen culpa de tener un jefe sin escrúpulos). Además de sobre su trabajo, estuvimos hablando bastante rato acerca de sus aficiones, entre las que destacó precisamente la caza. Según me comentó, no era matar animales lo que le gustaba, sino el proceso en sí, la espera, la persecución, la búsqueda de la presa... Llegó incluso a decirme que, en muchas ocasiones, dejaba al animal vivo, que no era de su interés acabar con su vida. Vamos, que mintió como quiso y más.

No sé si ahora toca poner el grito en el cielo, descolgar el teléfono y llamar a la jefa de prensa de Louis Vuitton para informarle de mi indignación; pero no lo pienso hacer. Prefiero quedarme con una expresión sarcástica en mi cara y con la seguridad de que no será ni el primer ni el último capullo que representará, delante de mi grabadora, el papel del perfecto 'bon vivant' con ideas ecologistas, aunque ni él mismo se crea sus patrañas. Lástima que las suyas vengan estampadas con el maravilloso 'Monogram'...
Pussar och kramar!

A veces tengo la necesidad de una buena llorera. No se trata de ponerse a llorar sin más. Hace falta un revulsivo que abra la compuerta de unos lagrimales que, en mi caso, suelen estar muy poco utilizados (hasta el punto de que cada día creo que tengo menos empatía por los problemas de los demás). De repente y sin previo aviso, aterriza en mis manos una historia que explota esa costra de indiferencia, conmueve mi interior y me desarma, permitiéndome gozar de horas de lágrimas, bien en soledad o en la mejor de las compañías.

El sábado disfruté de uno de estos momentos viendo con el rubio la película italiana 'Ex'. La mejor forma de definirla es como la 'Love Actually' transalpina, es decir, varias historias paralelas en torno al amor (en este caso, el fin del amor) con personajes que se entrelazan tejiendo una hermosa trama. No falta de nada, desde el amor que se encuentra al que acaba, el que renace de sus cenizas vida después de la muerte de uno de los cónyuges, el que bate todas las distancias geográficas, el que se reencuentra gracias a unos hijos repudiados, el que se ofusca tras los celos...

[momento militante ON] Bueno, sí que falta algo. Al igual que en la película inglesa, falta una historia homosexual. En el caso de 'Love Actually', la pareja de lesbianas fue eliminada del montaje final; y no sé si ocurriría lo mismo con el guión italiano, pero no hubiera estado de más mostrar que, cuando se trata de sentimientos, no hay diferencias entre unos y otros. [momento militante OFF]

También al igual que en 'Love Actually', la banda sonora está extremadamente cuidada. No faltan grandes éxitos italianos, como el 'Fiumi di Parole' de Jalisse, ni canciones americanas o británicas tan diversas como el 'Sex Bomb' de Tom Jones o alguna balada del insoportable James Blunt. De todas, me quedo sin duda con la versión de una canción de 1968 que hace Franco Battiato llamada 'La canzone dell'amore perduto', que aún no he conseguido oír sin llorar.

Creo que 'Ex' es una grandísima elección, para enamorados y para los que no, para los que quieran carcajadas y los que busquen un momento de llanto. Como me está pasando últimamente, llegó casi por casualidad a mis manos, sin saber qué me esperaba con su visionado. Ojalá las sorpresas siempre sean así de bonitas.
Pussar och kramar!



Vía Delirios! RT. Ab. The One & Only.

Reconozco que soy bastante escéptico a la hora de fijarme en una colección creada por un diseñador respetado o reconocido para una marca de moda comercial. Sin embargo, una de estas últimas colaboraciones, concretamente la de Jean Paul Gaultier para Levi's, me ha sorprendido gratamente. Y me gusta, sobre todo, porque respeta bastante la filosofía de la firma (aunque en pasarela sacara cosas imposibles, lo que se va a vender se ciñe a los patrones clásicos) y, también, por cómo ha integrado el modisto los detalles de color rojo y las rayas marineras tan suyas con la tela tejana.

Nunca le recomendaría a nadie que usara más de una prenda de esta colección al mismo tiempo, ya que estoy seguro de que puede llegar a provocar un problema ocular (esto son teorías mías, claro...), pero creo que, combinadas con gusto, pueden quedar bastante chulas. Quizás la mayor pega que le encuentro es que son piezas demasiado juveniles y Levi's se cierra las puertas de este modo a un segmento de edad que sí asume su edad y no viste a los 30 como si fuera un chaval. Si a alguno les interesa, están ya a la venta en Isolée (Madrid) y Jean Pierre Bua (Barcelona) por 270€, las cazadoras; y 220€, el pantalón. Pussar och kramar!

Como para despistarse... Andaba yo buscando unos datos de las Olimpiadas de Vancouver cuando me da por ver cuál es el logotipo del evento. Así, lo primero que encuentro en Google son estos dos:


Que no sé de dónde han salido porque no son los oficiales. Y menos mal que miré bien, porque llego a cogerlas para ilustrar un artículo y menuda metedura de pata más gorda (y eso que las he tenido peores). El verdadero es éste:

No sé vosotros, pero yo ya me he cansado de los logotipos que tratan de exaltar valores como la amistad, la alegría, la concordia, el buen rollito entre los pueblos y ese bla bla bla general que tanto se escucha cuando se habla de Olimpiadas y deporte. En el caso de los juegos canadienses, la imagen que realmente expresa el espíritu olímpico del siglo XXI es el logotipo revisado que circula también por Internet, con un sutil tributo al 'leitmotiv' oficioso del COI: 'Todo por la pasta'. Sólo echo de menos la botella de Coca-Cola en el muñeco... Pussar och krammar!

PD: otros logotipos 'críticos' aquí y aquí.

No se trata de qué te han dejado junto a los zapatos los Reyes Magos, sino de qué tres reyes se han encargado de traerte los presentes y cómo quieran cobrarse el viaje desde Oriente hasta el salón de tu casa. Que digo yo que las horas de desplazamiento, la comida de los camellos, las dietas de los pajes y el compromiso de entrega puntual valdrán mucho más que el precio en el mercado de lo último de Marian Keyes y unos calcetines; y deberán sacarle el beneficio de algún modo a tanto trajín, ¿no?

Pues como los reyes que me hayan traído los regalos este año sean como los de abajo, que sepan que pueden volver esta tarde, que tienen barra libre. Sí o sí. Pussar och kramar!


La de la izquierda es Susana Martínez. Para la inmensa mayoría, una completa desconocida, pero tiene a bien ser la directora de la revista femenina 'Elle', un hecho que, según ella, le debe convertir en una especie de semidiosa reencarnada o algo parecido. Si no, es complicado entender su modo de ir por la vida. Adalid de la prepotencia extrema, la semana pasada le llegó la quinta denuncia por acoso laboral que interpone contra ella un miembro de la redacción de la revista (y cinco, en un medio en el que son bastante pocos, es mucho).

En esta ocasión, una redactora ha denunciado que venía siendo sometida a vejaciones desde hacía varios años, si bien se agudizaron en los últimos meses. Hasta en dos ocasiones comunicó su situación al Director de Recursos Humanos de la empresa, pero Hachette España, la editorial de 'Elle', no hizo nada por intentar evitarlo, del mismo modo que con los otros empleados (sólo los que han conseguido una baja por depresión se han librado de soportar a esta tipeja a diario). Pero no sólo RR. HH., también el comité de empresa, que tenía fama en el sector de ser de los más combativos, mira también hacia otro lado (al igual que muchos de la propia redacción, que prefieren mirar hacia otro lado mientras rezan para no ser los siguientes). Mientras, Martínez se aprovecha de una protección sin sentido desde la cúpula de Hachette.

Como prácticamente todas las revistas femeninas, 'Elle' no se distingue por tratar bien a sus empleados en cuanto a horario u honorarios (es indignante lo que llegan a cobrar algunos redactores, ciegos porque escriben en una revista de las más punteras, como si eso te llenara el frigorífico), y no es la única redacción famosa por el mal genio de sus directoras, aunque la mayoría se limita a pegar gritos en medio de la redacción, sin llegar al acoso. Ojalá las cinco demandas sean llevadas a trámite lo antes posible y se eche de esta profesión a gentuza de la calaña de esta 'señora'.

Y para terminar, una pregunta-concurso: ¿En la web de qué revista hay un foro sobre acoso laboral y apoyo a los que lo sufren? Efectivamente, en la de 'Elle'. Pussar och kramar!

Pocos juegos son tan populares y adictivos como el Trivial Pursuit y he de reconocer que a mí me chifla hasta la extenuación. Me gusta cuando gano y me cabreo cuando no caigo en los quesitos por más que tire el dado. De hecho, creo que es el único juego en el que me llego a enfadar (¡con el buen perder que tengo!).

La casa de juegos Zontik le da una vuelta de tuerca y lo convierte en objeto de colección gracias a una edición especial que consta de un tablero de cuero hecho a mano en el que la serigrafía se ha realizado con oro de 24 quilates, al igual que los cantos de las tarjetas de preguntas (también cabe la opción de que sea de plata, pero es mucho más bonito si se encarga de oro). Las fichas pueden pedirse también de plata de ley con laca de color para diferenciar las categorías y los cubiletes y las cajas para las tarjetas son de piel de becerro.

Para que no sean todos iguales, la gente de Zontik puede fabricar el juego, que viene con un peralte bastante chulo, en once colores de cuero diferente. Mi favorito es el malva, pero el marrón clásico, el de las fotos, me tira mucho también. No sé si Gaspar es lector o no de este blog, pero, si le sobran 4.300 euros, bien que podría hacerme feliz dejándomelo junto a los zapatos el próximo día 6. Pussar och kramar!