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El rey de la casa


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Erase una vez una empresa que tenía muy pocas posibilidades de repartir dividendos entre sus accionistas al final del año fiscal. Como los que más mandaban no estaban dispuestos a renunciar a sus pagas extraordinarias y reparto de beneficios, decidieron hacer un ERE, con la idea de echar a unos 500 trabajadores y, de este modo, ahorrarse sus sueldos, sin necesidad de dejar de producir exactamente lo mismo. "El trabajo de seis bien lo pueden hacer cuatro" decían.

Cuando anunciaron los despidos, se frotaban las manos, ya que pensaban que, aprovechando la coyuntura, podrían echar de la empresa a una docena de empleados 'molestos' que en su día, cuando rendían, se habían enfrentado a ellos. Todos pertenecían al Comité de Empresa y no se les podía echar salvo en el caso de un ERE. Además, ese grupo de personas había decidido que antes muerto que dejar de ser del Comité, y eran elegidos representantes una y otra vez (ayudados por la falta de voluntarios).

El día estaba fijado: el primer lunes de ese mes, se abriría el plazo para quienes quisieran marcharse voluntariamente, sin necesidad de que fueran despedidos. Las previsiones de los gerifaltes era que no más de 100 empleados se apuntaran, ya que la situación laboral no era para tirar cohetes y casi nadie se puede permitir irse al paro sin una perspectiva clara a la vista. Además, para que nadie pudiera echarles en cara que todo lo hacían para quitarse de en medio a los 'enemigos', pusieron unas ventajas extremadamente ventajosas para las bajas voluntarias o no, incluso con un plus de 20.000 € independientemente de la antigüedad.

La Lista Negra ya estaba redactada varios días antes de ese lunes fatídico. Sin embargo, a las 12 de la mañana de esa misma jornada, la sonrisa de los gerifaltes se tornó en la más horrible mueca de pavor. Resulta que muchas plantas por debajo de sus despachos, en las catacumbas de la empresa, en departamentos que no sabían ni que existían, se encontraban varios cientos de empleados que ganaban poco más del sueldo mínimo, trabajando 12 o más horas al día. Con unas perspectivas nulas de que les mejoraran el sueldo, y mucho menos con un ERE de dos años por en medio, todos salían ganando si se apuntaban y dejaban aquella empresa. No se lo pensaron, las solicitudes superaron la cifra inicial de bajas necesarias, pero apenas ninguno de los inscritos ganaba un sueldo que pudiera aliviar las arcas casi vacías de los jerifaltes. Eran mera calderilla...

Por si fuera poca mala suerte, al superarse el número de bajas previstas, tampoco podían despedir a los integrantes de la Lista Negra, ya que la Ley no lo permitía. Los despachos de la última planta se llenaron de pelos que se arrancaban de la cabeza los mandamases al ver que todos sus planes se iban al garete. Pero lo peor estaba por llegar...

Las cuentas no salían. 500 trabajadores de catacumbas menos no iban a sanear las cuentas y el jefe Supremo, desde su villa de estilo italiano, agotó su paciencia. La mitad de los gerifaltes serían ajusticiados. Los que se quedaran, ahora sí, podrían repartirse beneficios suficientes como para no notar la crisis financiera de la empresa. Uno a uno, fue decapitada la mitad de los máximos directivos. Algunos incluso buscaron refugio entre los integrantes de la Lista Negra antes de que les condujeran al cadalso, pero su suerte ya estaba echada...

Nota del autor: Cualquier parecido con la realidad de cierta empresa editorial es mera coincidencia. Pussar och kramar!

5 comentarios

  1. Peritoni  

    Pues no caigo, pero espero que no sea la tuya :-(
    Y me alegro de esas decapitaciones de altos vuelos, pero más me alegro por los que se llevaron esas indemnizaciones! y es que hay gente mu lista.

  2. Nils  

    Peritoni, la mía tuve un ERE hace un año y medio más o menos y desde entonces no paran los rumores de un segundo... que dudo mucho que ocurra. Pero sí es verdad q en el primero, con las indemnizaciones q dieron, mucha gente pudo cuasi-prejubilarse y vivir la mar de bien.

  3. Di  

    Pues si fue así, les estuvo bien empleado.

  4. ace76  

    Jajaja, no sé si será una historia verdadera, pero sí que es muy verosímil. Si en las empresas adiovisuales que conozco, con gente quemadísima que tiene sueldos ínfimos, ofrecen 20.000 euros por irse voluntariamente, estoy seguro de que se apuntan 500 y más en unas horas.

    Da risa, pero no es más que un ejemplo más de lo triste que es la situación en el audiovisual español.

  5. ChicoTóxico  

    que cosas pasan porladiosa!
    algún dia me dirás que empresa es!

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