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El rey de la casa


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He pasado la mañana más surrealista en mucho tiempo. Desde ayer por la noche estoy en Jerez. Han operado a mi madre dos veces en una semana y media y, aunque no es grave y está bien, he cogido unos días para ayudar en la casa y echar una mano en todo lo que se pueda, ya que ella debe estar en cama sin moverse (las operaciones han sido en las piernas). Se supone que yo me iba a encargar estos días de la comida y de dejar cosas listas para los primeros días de la próxima semana, que ya habré vuelto a Madrid. Mi padre y mi hermano no son muy buenos en cuanto a cocina, así que, al menos por unos días, comerán algo más complejo que freír unas salchichas.

El caso es que a este paso no creo que cocine mucho. Me explico. Esta mañana una amiga de mi madre vino a visitarla. Como sabía que yo estaba por aquí, y no me ve desde hace más de 20 años, me ha traído (a mí, que no a mi madre, que lo ha dejado muy claro) un rollo de carne
mechá (mechada) que NO SE LO SALTA UN GALGO. He comido una tapita, con su salsita y todo, y he tocado el cielo. Pero no se queda ahí la cosa. A eso de las dos de la tarde, otra amiga de mi madre (y madre de un antiguo compañero de colegio) me ha mandado con su marido (ella se ha levantado un poco pachucha y no quería salir de casa y coger frío) una fuente con un paté de cabracho QUE DICE CÓMEME y que está para desmayarse.

¿Eso es todo? Pues no, porque a las tres de la tarde se ha presentado un amigo de la familia de toda la vida, amante de la buena mesa como pocos, y me ha traído un tortillón de patatas de más de 30 CENTÍMETROS DE DIÁMETRO, con pimientos y cebolla, que es la tortilla más grande que he visto en mi vida. Creo que la ha hecho en una fuente gigante para fideuá o algo así. Qué pena que a esa hora ya habíamos comido (un pastel de merluza que me sale muy rico, pero que ante tanta delicatessen está pasando muy desapercibido) porque no podré hincarle el diente hasta la cena.

Dentro de un rato viene una de mis tías. Me pregunto si también me traerá comida, porque el paté y la tortilla, como la carne, no se la han traído a mi madre, sino a mí. Vamos, que a este paso, no tendré que cocina e incluso me llevaré comida a Madrid. Pussar och kramar!

PD: a mí madre le trajeron tanta comida y dulces tras la primera operación que aún quedan en la despensa, así que no se queja de que los regalos vengan ahora para mí, aunque esté sano.

6 comentarios

  1. Sota  

    Endevé...

  2. Peritoni  

    Vaya bacanal! te vas a poner como Kiko!

  3. Sufur  

    Que envidia! :-)

  4. Ladonnabupu  

    ¿La madre der Dioni? No me imagino otra...
    Nos vemos mañana!!

  5. Di  

    Y no te han dicho eso de "te veo más delgado" "pero ¿tú comes?". A mi me lo dicen siempre, y no estoy en los huesos precisamente (aunque mi dieta va fenomenal ^_^)

  6. rickisimus2  

    Como jerezano consorte te comprendo perfectamente.

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