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El rey de la casa


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Esta semana y la que viene van a ser un no parar de trabajar (salvo un paréntesis de esos raros). Toca preparar el Especial Moda de primavera y, dado que la crisis se llevó consigo a la gran mayoría de los colaboradores de la revista, me toca producirlo, escribirlo y editarlo a mí solito. Además, por culpa de ese paréntesis, tengo que correr, y mucho, para poder tenerlo todo al día.

A mí no me gusta trabajar así. Soy muy ordenado y creo que no es necesario tener que dejar nada para el último momento. De hecho, antes del cambio de dirección en mi revista, los especiales de moda solían estar casi resueltos una semana antes del cierre de la edición. Sin embargo, ahora, con nuevos modos de trabajo y empezando a realizar editoriales propias desde este año, todo se ha acumulado irremediablemente y yo hago lo que puedo por adelantar aquello que esté en mi mano.

Ayer me pasé toda la mañana de un lado para otro, recibiendo la ropa de la editorial que se fotografía hoy, ordenándola, poniéndola en perchas, viendo posibles conjuntos... Creo que, al final, va a quedar bastante bien, y me encanta que tanto esfuerzo en solitario esté mereciendo la pena, a pesar de que estoy al borde del colapso.

Como mi almacén es pequeñito y no tengo mucha infraestructura montada aún, tuve que pedir perchas en los almacenes de dos revistas de mi empresa porque no tenía suficientes para tanta ropa como llegó (y eso que hice yo el estilismo...). En una de estas excursiones en busca de perchas, pasé por los talleres de edición gráfica. Un chico merendable, guapo, jovencito y de sonrisa turbadora se me quedó mirando fijamente. Mis hormonas, revolucionadas, me obligaron a mantenerle la mirada. Nos sonreímos, nos saludamos y yo seguí mi camino. ¿Quién era? Ni idea, pero su cara me sonaba y no sabía de qué.

Más tarde, volví a pasar por talleres y le pregunté a una de las chicas de esa sección sobre el chico en cuestión. Resulta que él también le preguntó a ella sobre mí, porque me había saludado sin saber muy bien quién era (le gusto, le gusto jijijiji). Al final, llegamos a la conclusión de que nos sonarían nuestras caras de nuestra anterior empresa, de cruzarnos por el pasillo y el ascensor (ahora está de turno de noche y es imposible que nos veamos, y ayer se pasó por la mañana sólo por un tema de papeles).

Aún así, qué gustazo que chicos guapos y merendables te saluden y te sonrían en una semana en la que todo lo ves azul oscuro casi negro. Pussar och kramar!

9 comentarios

  1. nanyu fonseca  

    :-)

    (yo tb te sonrio al pasar!)

  2. starfighter  

    Y que lo digas, que te sonrían en el curro anima, y si encima es un chico estupendo te pone como en una nube. Hala ;)

  3. Sota  

    Vamos, que eres capaz de dejar para el último momento cualquier cosa menos un chico merendable, no?

    Endevééé...

  4. Nils  

    Nanyu, es que eres muy mono, normal que sonrías.

    Starfighter, en una nube, claro que sí jejeje

    Sota, justo he dicho que no dejo las cosas para el último momento, ni chicos merendables ni trabajo ; )

  5. Ladonnabupu  

    Pues yo soy de llegar corriendo en el ultimo momento. Y mira que lo odio, pero no puedo evitarlo.

    ¿Se supone que vamos a ganar Eurovision con esa cancion? :O

  6. Nils  

    Ladonna, pues todo puede ser, quién sabe!

  7. Sota  

    No, has dicho que no te gusta dejar las cosas para el último momento.

    Pero puestos a escoger...

  8. Di  

    Estás hecho un ligón :)

  9. Nils  

    Sota, mmmm escojo merendables!!

    Di, no creas jajaja ya quisiera yo!

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