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El rey de la casa


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Amante de la tradición y la buena mesa, el primer ministro británico Winston Churchill no dudó en describir a Paxton & Whitfield como “la única tienda en la que un caballero compra su queso”. Y es que pocas queserías pueden compararse a la de este pequeño local de la londinense Jermyn Street, a un paso de Picadilly Circus. En el número 93, rodeada de sastrerías masculinas y prestigiosas barberías, fue durante décadas una parada obligada para los lores camino del Parlamento; y aún hoy sigue marcando la diferencia. Por ejemplo, por su oferta, ya que cuenta con referencias de prácticamente todo el globo (entre ellos, manchegos y menorquines).

Yo ya he decidido que va a ser una de las paradas obligadas en mi próxima visita a Londres (sea cuando sea, que no tengo planes a corto plazo), y es que hay pocas cosas que me gusten tanto como el queso, especialmente las tablas variadas e ir picoteando un poco de una docena de tipos diferentes. Reconozco que no estoy tan versado como el Osezno, el chico de mi admirado Sufur, pero sí que me considero ratón.

La tienda en cuestión abrió sus puertas en 1797, de la mano de Harry Paxton y Charles Whitfield, que compraron una antigua quesería de 1724 a su primer dueño, cambiándole el nombre. La cosa fue bien hasta finales del siglo XIX, cuando los granjeros ingleses prefieren vender su leche a empresas que fabrican natas, cremas y mantequillas, en vez de a las de queso artesanal. Además, el encarecimiento de la matería prima se acompañó de una caída de las ventas de forma constante hasta más allá de la Segunda Guerra Mundial. Fueron tiempos tan complicados, que los herederos de Paxton y Whitfield no tuvieron más remedio que reconvertir la tienda en ultramarinos, vendiendo todo tipo de productos.

Afortunadamente, la afición del público inglés por el queso comenzó a repuntar, y con ello el éxito de la tienda. En los 70, la quesería volvía a despachar sólo quesos y productos relacionados con éste. De hecho, cuentan con una buena colección de complementos (rayadores, cuchillos, queseras, tablas de madera...), muchos de ellos exclusivos. Especializados en los de origen artesanal, tratan de sorprender con sus ‘tartas de quesos’ (diferentes lotes con piezas completas que recuerdan a un pastel de boda), maridajes con vino y aceite... Tampoco faltan quesos modernos, como el azul de Sussex o el Stinking Bishop, por ejemplo.

Además, de la mano de Andrew Brownsword, su actual propietario, han abierto dos nuevos locales, concretamente en Bath y Stratford-Upon-Avon, así como una tienda online desde la que venden sus productos a todo el mundo (a España, desde 67 € de gastos de envío). No me faltaban razones para ir a Bath (unos amigos del rubio se han mudado allí hace poco y siempre que veo fotos de la ciudad ardo en deseos de conocerla), pero ahora ya se tornó en prioritario... Pussar och kramar!

9 comentarios

  1. Ángel  

    ¡Una entrada dedicada a mí! ¡Por fin!

  2. Ladonna  

    ¿Pero tienen quesos de tetilla? Es que los menorquines no me llaman...

  3. nanyu fonseca  

    nils, esto mismo no lo he leido yo en otro sitio????

  4. Nils  

    Ángel, qué cosas.

    Ladonna, tendrán, seguro.

    Nanyu, efectivamente, responde a un fenómeno que se llama 'sinergia'.

  5. ace76  

    Voy a hacer el comentario paleto del día: ¿Y no tienen quesos del Roncal? :-D

  6. Nils  

    jajajajaja ya te vale

  7. Fisher Sapphire  

    Qué rico!!! Parada obligada en mi próxima visita...

  8. rickisimus2  

    ¿Has estado en Poncelet? (Calle Argensola 27, junto a Alonso Martínez)

    http://www.poncelet.es/

  9. Nils  

    juraría que sí. las queserías de madrid no están muy bien surtidas (salvo algunos hipermercados) y son taaaaaaaaan caras que aburren.

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