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El rey de la casa


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Cuando este blog se publique, yo estaré en un avión camino de Chicago. Siempre he tenido mucha curiosidad por conocer esa ciudad, sobre todo por sus edificios emblemáticos. Sin embargo, no será ésta la vez que pueda acercarme a ellos, ya que no estaré más de cinco o seis horas en Illinois. Mi destino real, para el que he de coger un segundo avión, es Louisville, la ciudad más grande de Kentucky (la de la foto de arriba). Creo que es uno de los destinos más exóticos a los que me hayan enviado nunca a hacer un reportaje; en este caso para escribir sobre el proceso de elaboración del bourbon, cuya cuna es precisamente esa ciudad (aunque todos los no entendidos asociemos el whisky americano con Tennessee e incluso pensemos que bourbon y whisky es lo mismo... cómo se nota que yo siempre he sido de Absolut). Me apetece muchísimo ir a este viaje, a pesar de que deteste esa bebida y no me produzca mucha curiosidad el tema. Y si tengo tantas ganas es porque la semana pasada fue bastante estresante con la mudanza, reuniones con ex-caseros y mil cosas más para volverse loco... Menos mal que los aviones me relajan (sobre todo si tengo asiento de Primera Clase).

Nos leemos a partir de la próxima semana. Pussar och krammar!

Ayer comenzó oficialmente la mudanza a mi nuevo piso, motivo por el que esta semana estoy algo disperso con el blog (y que tengo un montón de trabajo que adelantar en la revista, que también influye lo suyo). Por fin el rubio y yo nos vamos a vivir juntos, después de meses y meses barruntando la idea (y que no vamos a ser menos que el Sr. Skyzos y Shepperdsen o Adidas y su Jotagé, claro que no). Será a un piso pequeño que hemos encontrado relativamente cerca de donde vivo ahora. La suerte ha querido que no tuvieramos que pasarnos meses buscando. El primero que vimos era perfecto y apostamos por él.

Ahora tengo el salón lleno de cajas. Mañana espero la visita de un señor y su furgoneta para llevarse un colchón, un somier, un sofá y una mesa. El resto, gracias al coche de mi amigo Juanjo, lo llevaremos al nuevo piso por la tarde, aunque ya me encargaré yo de adelantar hoy bastante, cargado como una mula en el autobús. Ayer, en plan simbólico, llevé los imanes del frigorífico y un poco de comida.

Espero que no tengamos que comprar muchas cosas, que tengo casi de todo, pero ya empiezo a tener una lista mental de objetos necesarios... Sólo deseo no acabar en Ikea, que eso de que todas las casas habitadas por pobres como yo tengan la misma decoración... ¿Era esto lo que pretendían los padres del Comunismo? ¿Todas las casas con muebles de nombre sueco en Europa? Pussar och krammar!

PD: acabo de enterarme que es el antiguo piso de Jotagé, el chico de Adidas... ¡muerta Sánchez en la bañera!

La última vez que seguí Operación Triunfo, terminó ganando una chica llamada Ainhoa de la que poco más se supo a partir de entonces. Era la segunda edición del programa y ya en aquel momento, a pesar de estar enganchadísimo e incluso votar en muchas de las galas (sí, yo voté por Ainhoa), tenía la sensación de que estábamos ante un formato sobreexplotado que acabaría siendo perjudicial para quienes buscaban un trampolín para dedicarse al canto. Después llegaron nuevas ediciones, cambio de cadena, un presentador no tan lamentable como Carlos Lozano, miembros del jurado que le quitaron el protagonismo a los concursantes... y se confirmaron mis malos presagios.

El formato de OT me parece muy bueno, pero creo que debería emitirse sólo una vez cada tres o cuatro años, para así dar tiempo a que haya nuevas hornadas de candidatos que den la talla. Además, el mercado no se saturaría de 'triunfitos' y los propios concursantes tendrían más oportunidades para hacerse un hueco en el mercado, sin necesidad de luchar unos contra otros por unas migajas de promoción o unos minutos en un programa mediocre de karaoke.

¿En serio alguien apuesta porque uno solo de los que entraron hace pocas semanas en la academia conseguirá una carrera musical sólida? A excepción de unos pocos de la primera edición, ¿alguno más ha tenido éxito? Alguno dirá que Soraya pero, ¿qué hacía antes de lo de Eurovisión? Prácticamente desapareció después del éxito de 'Mi mundo sin ti'.

Hoy por hoy, 'Operación Triunfo' es un programa que, tras la emisión de la última gala de cada temporada, fulmina las posibilidades musicales de quien se sube a su escenario. Entiendo que alguien que quiere cambiar por unos meses su vida, probar algo nuevo para luego volver a su rutina o que no tiene otra vía que no sea la de OT, se presente al casting; pero el que busca triunfar en el mundo de la música de verdad sabe que es un suicidio poner un pie en esas pruebas y que hay que buscarse la vida de otro modo.

En este tipo de programas, ya no se trata de buscar cantantes con futuro, sino concursantes que den juego televisivo durante unos pocos meses. Lo malo es que el año que viene, una vez más, las pruebas de selección estarán llenas de jóvenes que ponen todas sus esperanzas en OT... una pena. Pussar och krammar!


Hoy entrevisto a Daria Werbowy, de cuya existencia no era consciente hasta hace sólo unos días. Luego resultó que la tenía incluso más que vista, pero ya se sabe lo malo que soy yo para los nombres.

Los chicos de Lancôme son los que la traen de promoción a España y yo uno de los afortunados que podrán charlar con ella en persona, sin nadie que nos moleste (se supone que esto lo digo para dar envidia a los lectores cuyas hormonas se revolucionan ante mujeres exhuberantes). Como las top models internacionales no tienen ni un pelo de tontas y la entrevista debería ser amena, espero volver a la redacción con una gran sonrisa y rendido a los pies de la chica. Pussar och krammar!


Daria WerbowyDaria WerbowyDaria Werbowy

Una compañera de profesión a la que quiero y admiro adoptó hace varios años a una niña etiope que ha dado una nueva dimensión a su vida (no sólo por el hecho de ser madre, sino que participa activamente para varias ONG e incluso se va a África en sus vacaciones para ayudar a construir escuelas, hospitales... lo que haga falta). Como en mi revista solemos reseñar de vez en cuando libros infantiles (puedo asegurar que reseñar 'La caja de cartón de Pipo' no es nada fácil), me gusta quedarme con alguno y dárselo para que la pequeña se entretenga. Nunca está de más recibir alguno gratis, ¿verdad?

El último se lo envié hace unos días. Me hacía gracia poner en el sobre el nombre de la niña, en vez del de la madre, pero cuando me puse a ello me di cuenta de que no sabía cómo escribirlo (es africano, bastante raro). Busqué en Internet y encontré casualmente un precioso texto de mi compañera en el que narraba cómo fue conocer en persona a la madre de su hija adoptiva. Transcribo los primeros párrafos (ojo, impresiona).


Hace apenas una semana que conocí, por fin, a la madre de mi hija. Y ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida. Y, sobre todo, creo que lo será también para mi pequeña. Ahora sé más sobre ella: el nombre de sus abuelos, de sus tíos... Lo que sintió su madre al tenerla. Cuánto lloró al entregarla para siempre y, también, al volver a saber de ella. Sé que, si quiere, podré darle respuestas. El nombre de su familia etíope… Lo que sintió su madre por ella, al dar a luz, al entregarla… Cuando quiera saber a quién se parece, tendrá respuestas. Podrá ir juntando las piezas de sus dos familias, recomponer una historia que cambió de rumbo un día para llevarla a otro mundo, a otro continente, sin que ella pudiera decidir al respecto. Es curioso: al mirar a su madre, no hacía más que reconocer gestos, expresiones. Eran iguales y, a la vez, diferentes. Y cuando volví a casa, a sus brazos y a sus abrazos, veia en mi hija los rasgos de su madre. La forma de la frente… El rizo grande y abierto de su pelo… El ángulo de inclinación entre la nariz y la boca… La forma en que su labio superior y la nariz se curvan ligeramente hacia arriba cuando está de lado… Al llegar a casa, dormí con ella la siesta y, al despertar, la miraba dormida y reconocía a su madre en sus rasgos. Me hizo sentir bien. Me gustó saber que en un futuro le podré decir de quién tiene su sonrisa, su forma de inclinar la cabeza un poco hacia un lado y hacia atrás cuando se ríe. Su diferencia hizo que la sintiera más cercana, más real. Mi hija es mi hija porque llevo sus rasgos grabados en el alma, y ahora que sé cuáles son sus raíces, la siento aún más mía.

Reconozco que yo no sería capaz de conocer a los padres naturales de un hijo adoptivo. Igual es porque la conozco en persona, pero la sinceridad y la valentía de lo que ha escrito me dejó impresionado y con los pelos de punta cuando lo leí por primera vez. El resto del texto lo podéis leer aquí. Pussar och krammar!

Si creyera firmemente en eso de que las cosas nunca ocurren porque sí, que todo tiene un porqué, ahora estaría devanándome los sesos para tratar de explicar el motivo de que haya dos destinos a los que, por una razón u otra, nunca llego a viajar. Afortunadamente, prefiero pensar que son cosas que pasan sin más, que uno ya está mayor para buscar conspiraciones en la sombra.

Uno de esos destinos que se resiste es Dubai. Desde que trabajo en mi actual revista, ya he tenido que renunciar a cuatro viajes a la ciudad del Burj al-Arab, quizás el edificio que más ganas tengo de ver con mis propios ojos. Problemas de agenda, cambios de última hora, cancelaciones... No me queda más remedio que consolarme pensando que los Emiratos siempre estarán ahí y que tarde o temprano llegará una nueva oportunidad para hacer un reportaje junto al desierto (el próximo Mundial de Snow Polo se va a realizar allí el próximo enero, en una macrocancha de nieve artificial, y yo podría ir a cubrir el evento, ¿no?). Pero eso no quita para que me dé mucha rabia tener que quedarme en tierra.

El segundo destino es nuevo, pero ha entrado con fuerza. Me refiero a México. Supuestamente, yo debería estar ahora volando para allá, concretamente a la inauguración de un superhotel en Yucatán. Sin embargo, la organización estuvo dos semanas sin concretar la fecha exacta del viaje y mi jefa decidió que pasábamos de ir, que no era serio tanta incertidumbre.

Como le puse cara de pena, me dijo que no me preocupara, que, en vez de Yucatán, mejor me iba a hacer un reportaje a Nayarit, una región costera del Pacífico mexicano, durante la última semana de mayo. Yo nunca había oído hablar de ese sitio antes, pero resulta que es el destino preferido de muchos millonarios que prefieren huír de las aglomeraciones turísticas del Trópico sin llegar a salir de éste.

No sólo cuenta con una buena infraestructura hotelera de lujo, sino que la costa apenas está explotada y son abundantes sus zonas de selva, playas vírgenes, islas de cocoteros... Sin duda, salía ganando con el cambio, porque siempre es mucho más interesante un reportaje amplio sobre una región poco conocida que probar un hotel de lujo, por muy impresionante que sea. Pero claro, luego llegó la gripe porcina, se canceló el reportaje y tuve que decir adiós a mi segundo viaje a México en menos de una semana...

En fin, ahogaré las penas en bourbon, que dicen que es bueno para olvidar...
Pussar och krammar!

Pocas veces me he sentido tan frustrado con el resultado de España en Eurovisión como ayer. La actuación de Soraya fue soberbia (no así el montaje) y la canción no merecía quedar en el penúltimo puesto (si 23º ó 24º es indiferente), pero así son los concursos y no creo que tenga sentido buscar porqués. 'La noche es para mí' tiene un ritmo y un estilo muy similar a canciones que quedaron entre las diez primeras. Teorizar sobre los motivos por los que no consiguió apenas votos o buscar enemigos es perder el tiempo.

Noruega ha sido una justa ganadora. La canción reunía muchos requisitos para hacerse con puntos por todo el continente, con guiños a múltiples afinidades culturales, y fue precisamente lo que pasó. España le otorgó 12, por lo que sería absurdo salir con el discurso de siempre del 'vecinismo' (a menos que ahora resulte que Noruega, Islandia y Azerbaiyán tengan 42 vecinos, tantos como países votaron anoche). También creo que es motivo de alegría que baladas como la de Islandia o la de Reino Unido quedaran en tan buena posición, o una preciosa melodía como la que llevó Estonia, que fue sexta.

Más en desacuerdo estoy con la tercera posición de Azerbaiyán, que no creo que lo mereciera, y el séptimo lugar de Sakis, que sólo le falto despelotarse en el escenario. También me parece injusto el puesto 21º de Suecia. Está claro que los suecos han perdido el toque eurovisivo y, si quieren volver a quedar bien, han de reinventarse (sobre todo teniendo en cuenta que canciones compuestas por compatriotas o extranjeros residentes allí quedan mejor que ellos incluso llevando un estilo 100% sueco).

Yo voté por Turquía, que fue mi favorita desde el primer día y que, tras la decepcionante semifinal, supo volver a engancharme con su actuación; y por Portugal, que desde que la oí el martes pasado no puedo dejar de escucharla una y otra vez. Me gusta su sencillez y el candor de la voz de la cantante. También quise votar por Dinamarca, Estonia, Israel, Reino Unido, Suecia, Noruega o Armenia... pero como soy pobre, con dos países me di por satisfecho.

Rara vez me pasa que quiera votar por tantos. La calidad de esta final ha sido mucha y me sobraron pocas canciones. Casi todos se crecieron en el escenario, que fue impresionante, y sólo por eso ya mereció la pena ver el espectáculo. A ver quénos depara el año que viene. Pussar och krammar!



Esta está siendo una semana muy intensa por muchos y variados motivos, todos ajenos a Eurovisión. De hecho, no me extrañaría que ganara Soraya, porque después de la racha de acontecimientos dignos de un ataque cardiaco que llevo, lo único que creo que me falta es que España se alce mañana sábado con el triunfo.

Ya estoy en Jerez y he podido ver la soporífera segunda semifinal. Me he aburrido muchísimo, y no creo que tenga nada que ver el hecho de que viera primero los resultados que las canciones, gracias a esa vergüenza de TVE y su 'me paso for el forro la normativa de la UER'. Apenas vi sobre el escenario canciones que me resultaran atractivas. Dinamarca, Azerbaiyán y Noruega me parecieron correctas, pero tampoco para emocionarse. La clasificación de Grecia estaba clara, entre tanto bodrio, y Ucrania, nada más que por volver a ver a los romanos, tenía que estar en la final. Los que me sobran son, sin duda, Moldavia (la cantante era idéntica a Shirley Clamp) y Lituania, que invitan a irse a mear o cualquier otra cosa antes que estar tres minutos frente al televisor.

Si esto fuera una dictadura de Nils, la única canción que me llamó la atención de la noche, que fue Irlanda, estaría mañana en la final. Una lástima que no se premiara un tema fresco y diferente que pasa del rollo típico irlandés en Eurovisión. No me llamaba mucho la atención el tema de Sinéad Mulvey en estudio, pero me convenció y mucho el directo. Siempre me pasa lo mismo con Irlanda: cuando me gusta, queda mal. En fin, será mejor que no me fichen de jurado para su final nacional... Pussar och krammar!


Hace mucho, cuando no existía Internet y hacía furor una cosa llamada vídeo VHS, pedirle a alguien que te grabara un programa que no querías perderte era casi como jugártelo todo a una carta, porque si a esa persona se le olvidaba o no ponía el canal correcto o la cinta que cogía era de menos duración de lo esperado... te quedabas chafado sin remedio. Afortunadamente, esos tiempos se fueron para no volver, por lo que no me preocupa si a mis padres se les olvida grabarme esta noche la segunda semifinal de Eurovisión, que me pilla en pleno vuelo a Jerez (los mamones de Iberia me cambiaron la hora del vuelo y toca joderse), ya que sé que podré verla en la propia web del festival.

Voy a pasar San Isidro y el cumpleaños de mi hermano en casa. Además, coincide con la Feria del Caballo, así que pienso disfrutar a tope este fin de semana largo y eurovisivo. La única pega es que me da pena no poder votar esta noche. Espero que pasen Serbia, Noruega, Dinamarca, Irlanda y Azerbaiyán; y no me importaría que Sakis se volviera para Grecia sin pasar por la final, que menudo truño de canción lleva este año. Al menos, seguro que hará un gran espectáculo que maquille el tema y que encima lo haga hasta interesante. Eso que ganamos.

A Sakis Rouvas lo descubrí en mi primer viaje a Grecia. Justo había recién sacado un disco lleno de temas bastante buenos. Desde entonces, no le he vuelto a oír nada que me convenza tanto. Y no será porque 'Disco Girl' sea un tema insuperable... Pussar och krammar!



Montenegro, Rumanía y PortugalLa emoción de una semifinal de Eurovisión no pierde enteros llueve, truene o granice. Ayer, ni un sinfín de problemas de sonido ni los dos peores presentadores de la historia consiguieron restarle un ápice de suspense al concurso, que se celebró sobre el escenario más impresionante que jamás hayamos visto en un festival de música.

Cuando comencé a trabajar en televisión fue cuando me enteré que el sonido se acopla a las imágenes por dos canales: el 1 y el 2. El primero se reserva para las voces principales, las declaraciones, los presentadores... y el segundo para el sonido ambiente. En una retransmisión musical, por lo que me explicaron, corresponden al cantante y los coristas, respectivamente. Cada uno tiene su propia potencia de sonido y el espectador los percibe empastados. Pues bien, no sé vosotros, pero yo sufrí la mayoría de las canciones con el canal 2 muy alto y el 1 bastante bajo, por no decir que el comentarista de TVE apareció cual fantasma en la quinta canción... Esperemos que se arreglen estos problemas mañana.

Quería que pasaran ocho países y sólo fueron seis los que lo hicieron. Genial por Turquía (un show increíble, lástima del sonido), Finlandia y Suecia (Malena estuvo muy flojita, tiene que espabilar para el sábado). Me sorprendieron sobre el escenario y entraron en mi grupo de favoritas Islandia (una balada muy bonita), Israel (me encantó cómo unieron las voces y no me esperaba que pasaran a la final) y la gran sorpresa: Portugal, que supo enganchar a todo el público. Bien por lo distinto con estilo.

No entiendo que Rumanía pase lleve lo que lleve. Su cantante me impresionó por su belleza, sin duda la más guapa de la noche, pero esa canción merecía quedar la antepenúltima (por detrás de Chequia y Bulgaria). Bosnia era bastante predecible y Malta me dejó indiferente (de hecho, me hizo más gracia que pasaran las chicas de Armenia, con un vestuario que hacía más creíble la canción). Al final, sólo tres países del Este consiguieron el pase, por siete de los clásicos (me gusta este sistema). Sólo lo siento por Andorra, que no estuvo tan mal, y, sobre todo, por Montenegro, que fue de las que más mereció pasar a la final. Y no sólo por el chulazo... Pussar och krammar!

Por fin llegó el día de la primera semifinal de Eurovisión. Tendremos que verla por Internet, pero dará lo mismo. Para los eurofans, no hay impedimento que nos impida disfrutar de una de las noches más mágicas del año. De los países que participan esta noche, me gustaría que se clasificaran Montenegro, Bélgica, Suecia, Turquía, Finlandia y Andorra (no es que me convenza mucho el tema de nuestros vecinos, pero me haría ilusión que pasaran por primera vez a la final). Luego, viendo el directo de cada uno, suelo variar mi quiniela, así que ya veremos que ocurre finalmente.

Yo no soy muy dado al suspense, pero me encantaría que esta noche se repitiera lo del año pasado con Portugal. La canción lusa era una de mis favoritas. Me encantó la soberbia actuación que hizo Vânia Fernandes sobre el escenario; y el tema, de casi no hacerle caso las semanas previas, pasó directamente a mi Top3.

Fue una semifinal reñidísima, con países como Ucrania, Suecia o Turquía. Ya habían abierto nueve de los diez sobres que daban el pase a la final y sólo quedaba por conocer un país. Suiza, una de las favoritas, y Macedonia, que siempre conseguía estar en la final, parecían disputarse la última plaza, a pesar de que todo el estadio gritaba "¡Portugal, Portugal, Portugal!". Nosotros estábamos viendo la retransmisión precisamente por la RTP, así que os podéis imaginar los nervios que teníamos, que se transformaron en aplausos cuando la presentadora dijo el nombre del país que todos queríamos oír. Es por momentos como éste por lo que Eurovisión merece la pena. Pussar och krammar!



Comienza la semana eurovisiva por excelencia y este blog se engalana para la ocasión con un amplio despliegue de entradas 100% festivaleras. De hecho, no creo que se hable de otra cosa los próximos días por aquí... o eso espero, que uno no gana para sustos. Mañana entraremos en faena. Pussar och krammar!

PD: Me he dejado contagiar por el optimismo de Manu y, aunque sé que no ganará, deseo con todas mis fuerzas una gran cosecha de puntos para Soraya.


He estado los últimos dos días en Sevilla y puedo afirmar que el verano ya llegó a esa ciudad. Estar a 35ºC buena parte del día, pasando calor hasta en la sombra, no puede ser mejor muestra de ello (¡bendito aire acondicionado!, el mejor invento tras el ascensor). No quiero ni pensar cómo puede ser ese sitio en agosto...

Por una vez, y sin que sirva de precedente, me he divertido muchísimo en la capital hispalense. Fui a entrevistar a
Nicolas Boudelet, que es el director creativo de la marca El Caballo y un experto en Alta Costura (íntimo de Lacroix, Gaultier, Jacobs, Galliano...). Me encontré en él a un tipo genial, divertido, simpático y muy cordial. Me ha encantado conocerlo y nos ha tratado en todo momento a mí y al fotógrafo como si fuéramos sus amigos de toda la vida. Vamos, que me he quedado con ganas de volver a Sevilla y salir con él de marcha... a una hora fresquita, claro, porque, entre las doce del mediodía y las siete de la tarde, el único look permisible es éste:

y a mí las camisas blancas no me quedan muy bien. Si fueran polos, otro gallo cantaría. Pussar och krammar!

Leo a Maggie y me acuerdo de un tema que siempre me ha provocado 'ira sosiá': el de los cambios de nombre.

En España, si quieres cambiar tu nombre al correspondiente en alguna otra lengua del Estado (por ejemplo: de Jaume a Jaime, de José a Xosé, de Xabier a Javier...) o al de alguno de tus progenitores, no hay ningún problema administrativo que te lo impida. Sólo has de ir al Registro Civil y es prácticamente automático. Si lo que quieres es un cambio de nombre radical (por ejemplo: de Carlos a Ignacio o de Carme a Patricia), el proceso se complica un poco y has de solicitarlo a un juez que, por lo habitual y tras oír al solicitante, suele dar su visto bueno (a menos que haya motivos reales que lo desaprueben, es cosa hecha).

Sin embargo, hay un tercer caso en el que es casi imposible que el juez apruebe la solicitud: la alteración del nombre. Es decir, pasar de ser Ruth a Rut, Debora a Deborah... Lo normal es que un juez niegue esta posibilidad y me parece la mar de injusto. Yo entendería que desaprobará cambiar un Camilo por Kamilo, un Ignacio por Hignacio o una Sandra por Sandrah. Sin embargo, en el caso de Rut o Debora hay registros tanto con hache como sin ella, por seguir con los ejemplos iniciales, y no tiene que venir un juez a fastidiar los deseos de nadie.

Igual esto de los cambios de nombre ya no es así y mi información anda algo desfasada (Meg, manifiéstate) pero, ¿por qué no tenemos derecho a poder llamarnos como nos dé la gana, dentro de un orden? Otra cosa en la que no somos libres... En fin... Pussar och krammar!

Ya estamos inmersos en plena vorágine eurovisiva. Este año, como en los últimas ediciones, apenas hay canciones que me gusten. Las que me convencen se pueden contar con los dedos de una mano por lo que el panorama, si tenemos en cuenta que hay más de 40 candidatas, es bastante penoso.

Si tuviera que apostar por una canción ganadora, sin duda lo haría por Noruega. Creo que la canción de aires zíngaros de Alexander Rybak gustará en ambos lados del continente. Es rítmica, pegadiza y, como sólo se oirá una vez sobre el escenario, no llega a ser pesada (otra cosa es oírla a menudo). A mí me convenció ya durante la final nacional noruega, pero hay otras dos canciones que me gustan más: la de Turquía y la de Dinamarca.

Hadise, la cantante otomana, fue de las primeras en hacer pública su canción, y ya entonces pudimos ver un pelotazo en potencia. Quizás precisamente porque la conocemos desde hace tanto tiempo, su 'Düm Tek Tek' ha perdido algo de frescura, pero para la inmensa mayoría de los votantes será en Moscú donde la oigan por primera vez, así que todo a favor para cosechar un buen resultado.

La canción danesa está escrita por Ronan Keating y es fiel al estilo del irlandés. La melodía me encanta, sobre todo cómo va subiendo poco a poco, pero Brinck, el cantante, no terminó de llegar a las notas más agudas durante su actuación en la final de su país y puede arruinar toda la canción si sigue soltando esos gallos y descontrolando el estribillo. Nadie, excepto él mismo, tiene en su mano que la canción sea un éxito o un considerable fracaso escénico.

Después hay un grupo de canciones que espero que queden bien. Por supuesto, España, que creo que este año ha acertado enviando un tema decente y una cantante que realmente quiere hacerlo bien y ganar. Me gusta Suecia, y es una incógnita si saldrá del pozo de los últimos años o si volverá a estar entre los mejores. También el tema de Montenegro, un schlager clásico (normal, siendo su autor Ralph Siegel), y la fusión de Azerbaiyán, aunque creo que hubiera quedado mejor en un idioma que no fuera el inglés (letristas que no tienen apenas vocabulario se empeñan en escribir versos con las mismas cinco palabras de siempre, así sale lo que sale).

Tengo ganas de saber qué pasará con el Reino Unido, que lleva una canción que parece sacada de la banda sonora de un musical de Disney. Es un baladón, pero las primeras veces que la oí, me aburrí (no tanto como oyendo la soporífera canción que lleva Francia, claro). Y dentro de lo estrafalario (afortunadamente, este año no hay freakys), me resultan simpáticas las canciones de Finlandia y la del vídeo de abajo, que es lo que lleva Serbia. Hace algunos años, a Lituania le fue bien sacar peluconas como la que se calza el cantante en Eurovisión, ¿le dará suerte esta vez? Pussar och krammar!


Hoy es uno de esos días en los que siento especialmente no poder estar en Jerez, porque ver a dos locos del Barça (mi hermano y mi padre) mientras sus ídolos se juegan la liga en el Santiago Bernabéu no tiene precio. Un ejemplo de hasta dónde llega su fanatismo es que a mi madre no la dejan entrar en la sala de estar porque opinan que es gafe, así que la pobre debe eludir durante dos horas ese cuarto. ¡Como regaderas!

Yo creo que esta noche ganará el Real Madrid, pero ojalá me equivoque y los tres puntos acaben siendo para el FCBarcelona, porque el campeonato se lo merecen los blaugranas y sería muy cruel que acabaran perdiéndolo en la última jornada. Nunca me gustaron los finales con excesivo suspense, ni en las películas, ni en Eurovisión, ni en nada de nada.

Si hay alguien que se merezca la Liga especialmente, ése es Guardiola
(toda la vida pensando que era gay y resulta que está felizmente casado desde hace un montón...) que me cae fenomenal y cuya forma de entender el fútbol y de cómo tiene que comportarse un futbolista dentro y fuera del campo es digna de alabanza. No como los muchos que salieron defendiendo a ese energúmeno que se lió a patadas y puñetazos el otro día. Una pena que no le castigaran por dos años, que es lo que merece este tipo de acciones. Al final, va a ser cierto que con pedir falsas disculpas se soluciona todo en el fútbol.



Y si gana el Barça, ¡a celebrarlo en Cibeles! Pussar och krammar!