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El rey de la casa


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Si hay una familia televisiva que siempre me ha parecido repulsiva, ésa es la de 'Padres Forzosos'. Otras, como la de 'Médico de familia', no es que se quede atrás. Si será por ejemplos... No me gustan esos retratos esperpénticos de núcleos familiares edulcorados hasta decir basta, donde los padres quieren ser enrollados, soltar su cantinela moralista en cualquier momento y, sobre todo, tratar de ser amigos, en vez de padres. Incluso en series como 'Malcolm' o 'Frasier', donde los padres se supone que son la antítesis, acaban cayendo en las mismas patrañas almibaradas. ¿Tan difícil es mostrar una familia de verdad?

Yo me creía a Concha Cuetos en el papel de Lourdes Cano, pero no colaba el rol de padre de Carlos Larrañaga. Me gusta el papel de madre de Claire Meade en 'Betty', pero la familia Suárez... ¡Y qué decir de mis adoradas 'Mujeres desesperadas'! Me toca una madre como Lynette Scavo y me pego un tiro.


Todos los psicólogos lo dicen. Los padres, han de ser padres, no amigos, pero en la televisión parece que se han olvidado de ello. Se trata de convertirlos en colegas, que se enrollen y miren a otro lado. Hacer lo contrario implica presentarlos como tiranos maltratadores que no saben apreciar lo mucho que vale ese cisne que tienen en casa y que sólo ven como patitos feos. Patético.

De hecho, si por alguna razón soy fan a ultranza de 'Supernanny' y 'SOS Adolescentes' (la versión española, porque la americana es lamentable, con ración triple de sirope de caramelo y tortitas) es precisamente porque ambas psicólogas saben poner a los padres en su sitio. La pena es que a veces se quedan cortas, como aquella vez que un padre se descojonaba mientras su hijo de 2 años llamaba 'puta' a la madre y le escupía. En ese momento, hubiera dado una somanta de hostias al padre, y de paso al niño, que menuda pieza estaba hecho. No sé si Rocío, la Supernanny, consiguió reformar al padre. Afortunadamente, lo hizo con el hijo, que menudo ángelito. ¿Te lo perdiste?




Es cierto que no existen los padres perfectos, pero sí los padres reales. ¿Tan difícil para un guionista es crearlos en una serie de televisión? Pussar och krammar!

En mi oficina, como en la de la inmensa mayoría, no se puede fumar. Los fumadores, más por impedimento legal que porque tengan el más mínimo miramiento por la salud pulmonar de los demás y por procurar un ambiente que no apeste, se tienen que ir a la puerta del edificio si quieren encender un cigarrillo. Por supuesto, entrar o salir de la sede de mi empresa implica tener que dejar de respirar unos segundos para no ingerir tamaña nube de nicotina y alquitrán como se forma algunas veces. Cuando llovía, algunos se iban a fumar a la zona de los garajes, pero Recursos Humanos ya mandó el correspondiente aviso de que también allí estaba prohibido.

Desgraciadamente, como en casi todos lados, hay dos o tres que fuman a escondidas en el cuarto de baño. Estas personas me producen mucha tristeza. Es cierto que también siento por ellos repugnancia social, pero sobre todo me dan pena. Pena porque ellos ya no son dueños de sí mismos, sino del tabaco. Porque el mal hábito de fumar les lleva a actuar como delincuentes, a encerrarse como bestias en un cuchitril, a sabiendas de que está prohibido y de que están manchando (porque siempre dejan rastros de ceniza los muy guarros), sólo para llenarse los pulmones de un humo que les acabará matando. El vicio les ha anulado como personas.

En mi trabajo, las dos personas que sabemos que son 'fumadores de aseo' son una mujer de bastante edad, operada de un cáncer (que tiene delito); y un señor de cuarenta y muchos que, esto sí que tiene delito, es el encargado en el comité de empresa de los temas de salud y seguridad en el trabajo. Al final, se aprovechan de que nadie les denuncia y los directores de sus cabeceras, que sí podrían llamarle la atención, pasan de decirles nada. Hasta que se jubilen, tocará aguantar sus humos. ¡Así les arda la ropa en un descuido! (sí, ya me temía yo que saldría mi irasosiá en algún momento). Pussar och krammar!

Hace algunos meses dije que quería convencer al rubio para que se apuntara conmigo al curso de introducción al baile de Bollywood de Casa Asia. Al final, como suele pasar, no me apunté. Mandé un mail para informarme, nunca me respondieron y me olvidé del tema... ¡Quién iba a imaginar que el rubio acabaría matriculándonos en secreto! No me lo dijo hasta el pasado domingo y la sorpresa fue mayúscula. Así, desde ayer puedo decir que soy un chori-chori oficial, que es como llamo yo a los blancuchos europeos que se ponen a emular a los del Rajastán de toda la vida.

De los doce alumnos, somos los únicos chicos de la clase y andamos igual de perdidos que el resto, así que, por ahora, no sobresale casi nadie (igual dos hermanas que lo hacían bastante bien...). La profesora, una bailarina hindú de toda la vida, muy maja, demostró tener mucha paciencia, porque ni gritó ni se sulfuró ninguna de las veces que la cosa estaba más cerca del desastre que del éxito. De vez en cuando nos iluminaba un foco mágico y la cosa salía, pero era tan cansado repetir una y otra vez lo mismo que, de tanto tener las manos levantadas, uno acababa hecho polvo.

Nuestra primera coreografía nos llevará tres clases. Es de una canción de la banda sonora de 'Slumdog Millionaire' y ya hemos aprendido los primeros 90 segundos. Reconozco que es bastante interesante y, salvo dos pasos que son imposibles, la pillas con algo de destreza (otra cosa es que te salgan los movimientos armoniosos, claro). Estoy la mar de contento y mi jefa me ha dejado salir media hora antes los lunes para llegar a tiempo.

Pero la experiencia no sólo me va a servir para aprender destrezas de baile de Bollywood, también para conocer algo más del rubio. Nunca lo había visto en el rol de compañero de clase y he de decir que no podemos ser más opuestos. Yo soy más bien serio, callado y, aunque participo, antes muerto que ser el centro de atención. El rubio, en cambio, es el típico payaso de clase, ése que cada vez que acabábamos la coreografía tenía una frase que decir en plan gracia y que no paraba de hablar con todo el mundo. (¿He dicho ya que los payasos me crispan?) Bueno, pues eso, que no podemos ser más diferentes, pero aún así le quiero un montón, que detalles como el que ha tenido no los tiene cualquiera. Pussar och krammar!

A la hora de escoger un buen hotel, cada uno sigue su propio criterio. Algunos querrán una buena localización, otros un servicio de restauración en el propio establecimiento de mucha calidad, habrá quien se conforme con que esté limpio y tenga baño propio, o que tenga un buffet de desayuno digno del apetito de Obélix. A la vuelta, cuando llega la hora de valorarlo, lo más seguro es que sean estos aspectos los que determinen el grueso de la nota que otorgaremos al hotel y que sean las sorpresas gratas o los desagradables imprevistos los que modifiquen a favor o en contra el resultado final.

Sin embargo, también hay clientes que, a la hora de criticar, se basan en unos argumentos, cuanto menos, estúpidos y fuera de lugar. Es el caso de Alberto, un padre de familia de Logroño (La Rioja) que, tras hospedarse en el hotel de una ciudad donde, sólo con suerte, encuentras a alguien que chapurrea inglés, decidió ponerle puntos negativos por esta razón:

Claro que sí, Alberto, cómo es posible que en un hotel perdido en medio de la nada no hablen ni castellano ¡NI EUSKERA! ¿A dónde vamos a llegar? Con estos servicios analfabetos no es de extrañar que el turismo mundial esté en clara recesión. Si es que ya no se puede salir de casa, que pides 'esne', 'akeita' u 'ogi' (leche, café y pan, en euskera) y ni te entienden. Vamos a tener que hablar con Patxi López para que se les imparta cursos de vasco a todos los empleados de hotel del mundo, y de paso de castellano, que también hay mucho recepcionista por ahí que no sabe atender a los clientes 'en cristiano'.

En fin, vergonzoso lo de este tal Alberto. Su crítica la encontramos de casualidad el otro día, mientras decidíamos nuestras vacaciones de verano, que es ahora cuando se encuentran los chollos, pero de eso ya hablaremos otro día. Pussar och krammar!

Siempre se ha dicho que un cantante, como personaje público que es, debe dar ejemplo, sobre todo de cara a sus fans, que suelen ser jovenzuelos fácilmente impresionables. Sin embargo, en Rusia no parece que se cumpla esta máxima, a menos que se considere una actitud ejemplarizante el despelotarse en menos que canta un gallo (si es así, que me lo digan que me voy de visita cuando haga buen tiempo). Un ejemplo sería Dima Bilán, el ganador de Eurovisión cuyo posado en bolas es lo primero que sale en Google si pones su nombre. No es el único. Su compatriota y también cantante Sergei Lazarev tampoco se corta y, sí hay que quitarse la ropa, uno se la quita.

Sergei LazarevLo que ya no me parece nada bien es que se graben vídeos en los que robar a un dependiente se considere algo 'guay' y que convierte al cantante en un tío mucho más molón. Es lo que hace Dima Bilán (sí, es una joyita el chico) en el vídeoclip de la canción 'Невозможное воэможно' ('Nevozmozhnoe vozmozhno', 'Chica de fuego'). He de confesar que a mí me gusta mucho este tema, mi último descubrimiento en ruso, pero hubiera quedado mucho mejor si Dima le hubiera pagado al tendero... Pussar och krammar!

El rubio y yo estuvimos ayer en el preestreno de 'Un conejo sin orejas', el último campanazo del cine alemán. Es una película entretenida, una comedia romántica que cumple las expectativas previas de que vas al cine a pasar un buen rato, pero no a ver el filme de tu vida. Quien espere un guión trascendental, con connotaciones metafísicas y presocráticas, que se busque otra sala. Aquí encontrará mucho humor (sí, los alemanes saben hacer reír la mar de bien), diálogos picantes y ácidos, mala leche desmedida en algunos personajes y rubios. Muchos. Increíbles, merendables y masticables. Sobre todo su protagonista y director: Til Schweiger, cuyo perfecto trasero forma incluso parte de la trama.



Poco antes de comenzar la película me encontré en la sala con una compañera de facultad que siempre quiso estar involucrada profesionalmente en el mundo del cine y a la que le va bastante bien, ya que no sólo lleva muchos años trabajando en una productora, sino que incluso se dedica a dar clases sobre el tema dentro y fuera de nuestras fronteras. Me alegré un montón por ella, creo que se lo merece. Me dijo que era la segunda vez que iba a ver la película, que ya lo hizo durante un festival de cine alemán, pero que era divertida y por qué no repetir. Luego la entendí, quién no quiere ver medio en bolas a estos dos más de una vez...

El cine alemán me engancha y me da rabia pensar en todas las películas del estilo de 'Un conejo sin orejas' u obras maestras como 'Good Bye, Lenin!' que seguro que me he perdido, porque en mis viajes a ese país siempre veo carteles en los cines que me parece que presentan filmes de los que me chiflan. Y no, aunque sean muy atractivos, mi gusto por el cine alemán no se basa en Til Schweiger y Daniel Brühl. En fin, que el estreno es la semana que viene, si no me he informado mal, y que puede ser un buen plan para una tarde sin nada que hacer. Pussar och krammar!


El otro día, cuando salimos de comprar en Cartier, los novios quisieron invitarme a una cervecita y, como no dominábamos bien la zona, acabamos entrando en un restaurante llamado Lateral que hay en la calle Velázquez. Hay varios en Madrid, pero ése es uno de los más conocidos. Cuando entramos, no pensábamos comer nada, pero cambiamos de idea porque queríamos sentarnos en alguna de las muchas mesas libres. Las encargadas de dar mesa nos oyeron hablar al principio, al llegar, que sólo tomaríamos una caña, así que nos miraron mal, de forma agresiva incluso, cuando les pedimos sentarnos. Pretendían que los tres nos quedáramos en una mesa esquinada para dos personas, en la que era obvio que no cabíamos, a pesar de tener más de ocho mesas para cuatro personas libres. Ni nos molestamos en escupirles a la cara, nos dimos la vuelta y salimos de allí bajo la promesa de no volver nunca más, ya que gentuza como la que atiende no se merece que pisemos ese sitio.

Como estoy enganchado al 11870.com, no tardé en escribir mi indignada crítica sobre el trato que nos dieron en ese sitio. Cuál sería mi sorpresa cuando leí los comentarios de los demás y vi que muchos otros también se quejaban de la falta de modales del personal, de la nula educación con la que los atendieron, del snobismo rampante que demuestran al asignar mesa...

No es por darmelas de importante, pero a ese sitio le vendría genial publicidad en una revista como en la que trabajo. Si se hubieran portado de un modo educado con nosotros, ¿quién sabe si no propongo de motu propio sacarles? A fin de cuentas, solemos publicar reseñas de lugares que nos gustan a los redactores y que descubrimos por casualidad. Además, la amiga que me acompañaba también podría haber beneficiado al local por motivos laborales, ya que trabaja en organización de eventos y gestión de actos de relaciones públicas en la que la buena elección de los restaurantes es obligada. No creo que nunca lleve a alguno de sus clientes a ese sitio, y tanto ella como yo hablaremos siempre mal de Lateral.

¿Acaso los dueños del local no se dan cuenta de que hay una gran mayoría de potenciales clientes que salen de allí echando pestes del servicio? ¿Les basta con que lo llenen los cuatro pijos rancios de siempre, Infanta real incluída, y pasan de convertirlo en un lugar en el que dé gusto tomarse un pincho o una cerveza? ¿Creen realmente que van a algún lado si dejan que pazguatos a los que dudo que paguen un sueldo decente decidan la gente que se sienta o no según la ropa que llevan? ¿Así pretenden capear la crisis?, porque lo de poner las minicañas a 2,40 euros no creo que sea una buena solución a medio plazo, sobre todo cuando en el bar de al lado valen 1,10 euros... En fin, que les den. Pussar och krammar!

Connor, el rubio, y Joel, el morenoPara explicar la entrada de hoy, van a ayudarme Connor y Joel, dos modelos de la web Corbin Fisher. Cada vez que uno de los dos retoza con alguno de sus colegas, ¿están actuando? Yo creo que no. Es decir, se lo están montando, follan sin más, con mayor o menor disfrute por su parte, pero de ahí a actuar, va un trecho.

Es cierto que nunca los actores porno se han caracterizado por sus interpretaciones, por leer diálogos con sentimiento, por dramatizar con estilo los minutos anteriores a la bajada de bragueta y puesta en escena de sus atributos, pero tenían algo que resultaba, cuanto menos, entrañable. Ahora, en cambio, no hay trama, ni si quiera un triste folio de diálogo, sólo sexo puro y duro, con una voz que les pregunta cosas en inglés antes de despelotarse o ni siquiera eso. ¿Son actores? No, son modelos que follan, porque no actúan, exhiben sus cuerpos. Para actuar hace falta un papel y ahí no hay nada que se le parezca. Se sientan en el sofá y al lío.

Y ojo, que yo no digo que no vea lo atractivo de unir a dos modelos como Connor y Joel en un mismo sofá, pero no me entretiene tanto como si antes hubieran escenificado alguna escenita de nada.

Porne UltimatumFarmer's SonHace poco, el amigo de un amigo se bajó la versión porno gay de las aventuras de Bourne, llamada 'The Porne Ultimatum'. No sé cómo, pero llegó a mis manos. Reconozco que, a pesar de las desastrosas actuaciones (regadas, eso sí, por cuerpos majestuosos y buenos polvos), me reí mucho y me lo pasé bien. Tiene hasta su gracia y el que hace de Bourne está 100% merendable.


Luego, por si no fue suficiente, me pasó una que se llama 'El hijo del granjero'. Es de las clásicas, de esas en las que a un cachas se le estropea el coche y sólo puede pedir ayuda en una granja cercana, donde le reciben más que bien, sobre todo el benjamín de la casa (otro título que recomiendo al consumidor exigente de porno).

Y es que los actores lo harán fatal, pero una pelí porno sin diálogos y trama, no tiene gracia. Pussar och krammar!

Ya he vuelto de Menorca y esta tarde me toca un plan, cuanto menos, inusual. He quedado para comprar en Cartier las primeras alianzas de boda de mi vida. Será un momento muy especial, estoy seguro, pero debo admitir que nunca hubiera imaginado que sería así.

La primera gran discusión dialéctica entre el rubio y yo con relación a nuestra futura boda fue hace algunos años en Alemania, cuando le comuniqué mi más absoluto rechazo a llevar un anillo de casado alguna vez en mi vida. Según él, es un símbolo de compromiso ineludible. Según yo, una costumbre absurda que representa muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, además de que no llevo ni reloj, ni anillos, ni pulseras, ni nada parecido porque me da mucha grima. No negaré que alguna vez he fantaseado con la idea de comprar alianzas e incluso lucirla durante algún rato... pero ésta era de Bvlgari, no de Cartier, que me gusta más como marca.

La razón por la que se va a esta tienda y no a otra es simple: tengo descuento de prensa, y para los precios que se manejan en este tipo de establecimientos, puedo asegurar que no viene nada mal. En fin, habrá que hacer el esfuerzo y comprar las alianzas...

...para mi amiga Laura y su chico, que son los que se casan este otoño y me han pedido el favor de que haga de 'novio oficial' durante una tarde para aprovecharse, en mi nombre, del descuento. Así, como Balduino en su día, durante algunas horas abdicaré como novio del rubio y tendré prometida... ¿o acaso alguien se creía que me iba a casar de verdad? ¡Y mucho menos con alianzas de por medio! No y no. Pussar och krammar!

PD: Como alguien aproveche esas horas de abdicación para intentar algo con mi chico, que se prepare ¡que muerdo y araño!

Hoy se suponía que no iba a escribir ninguna entrada, pero el motivo lo merece y he de aprovechar que mi hotel de Mahón pone a disposición de sus clientes ordenadores e Internet (sobre todo los que nos hospedamos en suite, aún habiendo reservado una habitación individual... y si a eso le sumamos que Iberia, a la ida, me pasó a Bussines por temas de overbooking...). En fin, a lo que iba...

He tardado más de un año en hacerlo realidad, pero este fin de semana, por fin, lo he probado. Al principio, me daba como cosa, porque tenía tantas ganas de catarlo que me daba miedo que me defraudara, pero nada de eso, está delicioso. Me refiero al helado de donuts, un sabor impactante que me ha cautivado hasta el punto de que he repetido tanto el sábado, cuando me estrené, como ayer domingo. Al paladar es extraño, con una textura granulosa, pero en seguida empiezas a no poder parar de lamerlo, como con los donuts de verdad (sigo diciendo lo mismo, ¿hay quien le pongan dos donuts por delante y sólo se coma uno?).

Lo he probado en una heladería artesana que hay en el centro de Mahón, donde también venden quesos típicos, bollería balear y más productos. Había otros sabores que también llamaban la atención, pero ¿cómo dejarse tentar por un helado de turrón artesano o de zarzamora teniendo el de donuts presidiendo la nevera? La pena es que no me he podido traer una tarrina grande para que la pueda probar el rubio... Pussar och krammar!

Iba a ser un fin de semana de playa en Menorca con el rubio, pero se ha convertido en unos días de tranquilidad solitaria con amenaza de lluvia constante. No hay mal que por bien no venga, ya que me he propuesto ponerme al día con algunos libros que tengo pendientes de leer, pasear mucho por Mahón, conocer un poco de la isla y preparar con calma la entrevista que tengo el lunes con un importante empresario local. En fin, que el lunes por la noche, cuando regrese a Madrid, no estaré moreno como estaba previsto, pero al menos más relajado que como me fui, que menuda semana de trabajo he sufrido. Pussar och krammar!

TaylorTaylorYo escribiría algo sobre Taylor, pero no se me ocurre nada que justifique su presencia en el blog, salvo que está bastante bueno y que, de vez en cuando, me gusta alegrarle el día a Peritoni y a otros que se pasan por aquí, amantes de la belleza escultural. No me convence que lleve ropa interior Tommy Hilfiger, pero bueno, se le quita, la quemamos y punto (el Sr. Hilfiger me cayó muy bien cuando le entrevisté, pero su ropa no me ha gustado nunca).

A Taylor le conocí en uno de los blogs no aptos para cardíacos que descubrí hace mucho. Concretamente, en
Tighty-Whitie Dude, que cada día enseña a sus lectores (bueno, leer, se lee poco) las múltiples posibilidades de quedar bien en una foto con ropa interior blanca. Es muy recatado, la verdad, al igual que Muscle Jocks, que se fija más en torsos cachas que en miembros poderosos, pero a mí me gusta, que no todo en esta vida es porno.

Eso sí, para un calentón, las historias ilustradas de Les nuits fauves d'Aran, que menudas cosas cuenta su autor cuando se siente inspirado. De hecho, es gracias a lo que escribe, más que a las fotos que pone, por lo que su blog es diferente y de lo más interesante, porque para ver tíos en bolas y punto ya hay otros muchos sitios, tanto de fotos, como de vídeos. Pussar och krammar!

Rebujito andaluzUn rebujito, para muchos, es la mezcla de fino de Jerez o manzanilla de Sanlúcar con Sprite o 7Up. Es una bebida deliciosa y que entra de maravilla, achispándote en cuestión de segundos. Se sirve muy fría, de ahí que haga furor en las ferias de primavera y verano.

Sin embargo, para los andaluces, un rebujito es, además, un variado de frutos secos que suelen vender en bolsas pequeñas, con cacahuetes, garbanzos, kikos y pasas, muchas y detestables, y que son las que siempre acaban sobrando y nadie quiere, como la lechuga en las bandejas de canapés.

Es gracioso comprobar cómo el mismo objeto o alimento puede variar tanto de nombre dependiendo de si estás en un lugar u otro. En Andalucía, no sé por qué, a los cacahuetes se les llama avellanas. Aún recuerdo con una sonrisa la conversación de besugos que tuvo mi amigo Lluis, de Girona de toda la vida, y un vendedor ambulante de la Semana Santa de Jerez cuando él le pedía avellanas y el otro intentaba darle cacahuetes y mi amigo le decía que no, que lo que quería eran avellanas... Le tuve que 'traducir' que las avellanas, al menos en mi ciudad, apenas si se encuentran entre los feriantes y, de haberlas, son 'avellanas redondas'.

Limonada soriana¡Y qué decir de los castellanos que llaman 'lapicero' a un 'lápiz'!, cuando un 'lapicero' es más bien el recipiente donde se guardan éstos; o de los catalanes con el 'bikini', o los del norte con los 'chamizos'; o los sorianos con su 'limonada', que es más bien una sangría...

No sé si los alumnos de Filología Hispánica estudian estas particularidades lingüísticas, pero deberían. Seguro que es muy interesante llegar a conocer a qué se debe tanto doble significado, especialmente si tenemos en cuenta que España no es un país tan extenso. Una pena que ya no esté en la Universidad. Yo me la cogía de 'libre configuración' fijo. Pussar och krammar!

Los fines de semana que recibo visita familiar tengo por costumbre ir a ver un par de obras de teatro (el resto del año, no creo que vaya a más de dos o tres). A veces es un musical y un monólogo, otras una representación convencional y un musical... La semana pasada tocó un monólogo (el de 'Espinete no existe', de Eduardo Aldán, que dura muy poco para el precio que cobran y que me resultó decepcionante para las buenas expectativas que tenía) y una obra deliciosa: 'Fugadas', en el Teatro Bellas Artes.

Las actrices María Galiana y Rosario Pardo bordan una comedia en la que te ríes mucho y donde, a pesar de no identificarme con los roles de una anciana harta del asilo o una ama de casa frustrada, conecté rápidamente con los personajes. Además, la cuidada selección de canciones que dan paso a cada uno de los pequeños capítulos en los que se divide la obra y un apoyo audiovisual muy divertido hacen de este montaje una de las citas teatrales ineludibles esta primavera en Madrid.

Dura alrededor de hora y media y se pasa el tiempo volando, entre carcajada y carcajada. Las dos mujeres, fugadas de dos vidas que las oprimen hasta dejarlas sin respiración, deberán aprender una de la otra aquello que les falta y juntas hacer un tándem mágico. Al final, te quedas con ganas de saber cómo sigue la historia. Ojalá hubiera una continuación, aunque no sea muy propio de los dramaturgos hacer segundas partes.

El precio no es caro (si se pillan por Atrápalo, sólo cuesta entre 12 y 18 euros) y realmente merece la pena ir a dejarse deslumbrar por el arte sobre el escenario que derrochan las dos actrices. No me extraña que el teatro se ponga en pie cada noche para aplaudirlas. Ineludible. Pussar och krammar!

Como dije ayer, el viaje a Belgrado ha significado el descubrimiento de una ciudad sorprendente y bastante interesante. Lo mejor es que aún no hay turistas y los precios son lo bastante bajos como para sentirse un poco rico, aunque sólo sea durante unos días. Cualquier cosa, al aplicarle el cambio de moneda, resultaba hasta ridícula de precio (billete de autobús, 45 céntimos; refresco en terraza, 1,20 euros; batido de helado casero en copa XXL, 1,40 euros; cena en restaurante de lujo, 16 euros...). Además, la vitalidad de la gente era contagiosa. Todos disfrutaban de los primeros días de calor llenando los parques, las terrazas, paseando por el centro, comprando...

Hay cosas que me llamaron mucho la atención, como que apenas hay calvos. Es una tontería, pero, desde que me fijé en ello, estuve muy pendiente de la gente con la que me cruzaba y los calvos eran minoría y casi se contaban con los dedos de una mano. Por cierto, que lo del chandalismo masculino es bastante preocupante entre los varones, calvos o no. Casi todo el mundo iba con chándal y no he visto más tiendas de ropa deportiva en el centro de una ciudad en mi vida. Ayer, sin ir más lejos, el serbio Radomir Antic, a quien tuve el placer de conocer, no dudó en darme la razón sobre este punto.


Con o sin chándal, la mayoría de los hombres tenían cuerpazos, de armario ropero empotrado para arriba. Supongo que el hecho de que están metidos en guerras desde hace más de 15 años les obliga a promover una juventud fuerte, sana y musculada para que participe en el ejército con garantías, porque, si no, no me explico que hubiera tantísimo cachitas por todos lados. Pero la pinta de matones no encaja con el día a día en las calles. Pocas ciudades he visto más seguras que Belgrado. La gente dejaba despreocupadamente sus cosas en mesas, sillas, parques... y no pasaba nada ni veías policía por cualquier sitio.



Allí, a pesar de ser una capital de casi dos millones de habitantes, la vida se la debe tomar uno con calma. Los camareros tardan en atenderte, en traerte la comida y la factura; los dependientes no se dirigen a ti nada más entrar en la tienda, casi que te ignoran un rato, y apenas nadie corre por las calles con aspecto de tener prisa. No entiendo por qué había tanto puesto de comida rápida, sobre todo de palomitas (en cada esquina había un pequeño carrito que las vendía, recién hechas, por 40 céntimos la bolsa grande) y pizza, si esa ciudad parece inmune al estrés.

Por cierto, que cada vez que comprabas algo o pedías en un bar, te preguntaban si ibas a pagar con tarjeta o en efectivo previamente. Parece ser que todos los comercios están obligados a un modo de facturación estatal por el que los recibos se realizan según el tipo de pago. De hecho, los que te daban en cualquier comercio, ya fuera un restaurante o una zapatería, eran idénticos, desde el tipo de letra al tamaño del papel y la disposición de los elementos. Como si todos los comercios tuvieran la misma máquina estipulada. Muy curioso...




Una de las primeras cosas que pregunté a la recepcionista de mi hotel fue a qué hora era normal cenar y almorzar en Serbia. Me dijo que no sabía qué decirme. No entendí esa respuesta, cuanto menos desconcertante, pero luego comprendí que la chica estaba en lo cierto. Durante los días que estuve allí, vi a gente comiendo entre las 12.30 y las 15.30 horas del mediodía; así como cenando desde las 19.00 a las 22.30 horas. ¡Cómo para aclararse con los turnos de comida!

Por cierto, que resultaba también curioso y un tanto extraño que no dieran servilletas en las terrazas. No había servilleteros en las mesas y los camareros no te las traían si tú no se las pedías... ¿Es que los serbios no se pringan las manos con un helado? Pussar och krammar!

Desde hace unos días, existe un nuevo refrán: 'más tonto que Nils con el cirílico'. Me embrujó. Era ver algo en ese alfabeto y, además de acordarme del rubio, que para eso estudia ruso muy aplicadamente, tener que hacerle una fotografía. El hecho de que Belgrado esté lleno de cosas con esas letras tan extrañas explica por qué mi cámara llego cargadita de carteles, escaparates, letreros... De todas, la que más me gusta es la del cartel de arriba, que no sé a qué se refiere, pero que resume perfectamente mi viaje: una ciudad increíble, un alfabeto que hipnotiza, mucho paseo por zonas verdes y un azul en el cielo impresionante. Todos los días en manga corta y con un morenillo que desapareció al volver a Madrid y su granizo.

Creo que es ahora el momento justo para ir a Belgrado. Apenas hay turistas, todo está muy barato (excepto los hoteles) para el bolsillo español (se come en sitios de lujo por menos de 15 euros y un helado, un batido o un refresco en una terraza no llega a 1, 50 euros) y sus calles siempre están llenas de gente disfrutando del sol, de un paseo, de unas compras... Para mí, era como una especie de éxtasis viajero, ya que no me gustan los sitios de turismo masivo (y menos aún si esa horda de personas tiene pasaporte español) y juraría que no éramos más de cinco los españoles que visitábamos la ciudad en ese momento.

Así, no es de extrañar que la parada técnica en Praga a la vuelta resultara tan horrorosa. Yo sabía que la ciudad estaba 'tomada' por compatriotas haciendo turismo cultural, pero albergaba la esperanza de que fuera algo exagerado... Al contrario, el número de españoles allí presente superaba con creces todo lo esperable. Ya le he dicho al rubio que a Praga va a volver su padre en los próximos 15 años, que el susto que sufrí me va a durar todo ese tiempo o más.

Y sí, mañana hablaré de Belgrado. Pussar och krammar!


La de hoy es una entrada sólo apta para estómagos fuertes. Menos mal que no hay que decidir cuál de los vídeos es peor, da más grima o te entran más ganas de autolesionarte, porque la decisión no estaría nada clara. Pussar och krammar!





Que Michelle Obama abrazando a la reina de Inglaterra sea noticia se debe a los muchos medios de comunicación que prefieren destinar espacio a este tipo de tonterías en vez de a lo que de verdad interesa (y no, señor Piqueras, dar noticias de asesinatos y muertes, una tras otra, no es a lo que me refiero con 'interesante'). Pero debemos afrontar la realidad y, para bien o para mal, la imagen de la primera dama norteamericana con Isabel II ya ha dado la vuelta al mundo.

Reconozco que me encanta el protocolo. Soy un ávido lector de aquello que, sin resultar un tostonazo, cuente el modo en el que se gestionaron cumbres políticas, encuentros bilaterales y todo tipo de logística alrededor de algo tan importante como son las relaciones internacionales. Recuerdo que uno de los pocos cursos a los que acudí en la Universidad fue, precisamente, uno sobre estas cuestiones que daba la que era embajadora de España en Suecia, y lo saboreé de principio a fin.

Sin embargo, lo de que no se pueda tocar a la reina de Inglaterra (que buena la que se formó en los años 90 cuando le tocó un primer ministro australiano) o que haya que saludar de un modo determinado a un monarca o que Letizia Ortiz pase, de la noche a la mañana, a ser Doña Letizia porque sí, al igual que el resto de su familia política, cuando no se da tratamiento de Don o Doña a prácticamente nadie en el día a día, lo veo fuera de lugar y me parece bastante frívolo que se mezcle con las cuestiones protocolarias que sí importan. Obviamente, si a mí me presentan mañana a la princesa de Asturias, le hablaría de usted, pero del mismo modo que si lo hiciera con cualquier otro desconocido con el que no me une ningún vínculo que pueda dar pie al tuteo.

Es como con los curas. ¿Por qué éstos tutean a las personas que les hablan de usted? ¿No se dan cuenta de que es una falta absoluta de respeto no aplicar el mismo grado de cortesía al hablar? Aún recuerdo la vez que le pregunté a un sacerdote por qué me tuteaba si no me conocía de nada, ¡qué cara se le quedó! O aquella vez en Pamplona, que me pasó un caso más bien contrario:

Yo tenía buena relación con algunos sacerdotes del Opus Dei. Ellos no intentaban evangelizarme y yo respondía con el mismo respeto a sus ideas. Hablábamos de mil temas y me siento afortunado de haberlos conocido porque les tengo por buenas personas. Como me tutearon desde el primer momento, yo también los tuteaba a ellos. Nunca ninguno de ellos se quejó ni me dijo nada al respecto, pero no fueron dos ni tres, sino más de cinco los numerarios del Opus Dei que me pidieron que, por favor, hablara de usted a los sacerdotes. Y todavía me extrañó cuando me echaron de allí... Pussar och krammar!

Recuerdo cuando era un niño y le intentabas hablar a tus padres o a tus primos mayores sobre algún juego que revolucionaba el patio del recreo o las tardes con los amigos en la calle. Te solían mirar con cara de no estar enterándose de nada y pensabas que era una pérdida de tiempo explicarle algo a gente vieja que ya no sabía lo que era divertirse. Pues bien, dejando aparte el mundo de las vídeoconsolas, del que siempre he estado algo retirado, he decidido que ya soy viejo oficialmente. Por más que lo intento, sigo sin comprender bien las reglas del 'Are you a chicken?', un juego de adolescentes en el que tampoco entiendo por qué el que gana es el que supuestamente pierde.

Otra cosa que me hace pensar que ya he traspasado oficialmente la línea invisible del hacerse viejo es que, a pesar de que tiene 22 años, no consigo ver a Zac Efron ni atractivo, ni merendable ni como otra cosa que no sea un niñato adolescente. No es que ya no me gusten los veinteañeros guapos, pero lo que me pasa con este chico es curioso, puesto que nunca me había ocurrido con alguien que millones de personas de todo el mundo consideran una belleza... Ahora, que le espere un futuro en el que se convierta en Mathew Perry, como propone la película '17 again', me parece una broma de mal gusto para el muchacho, que tampoco es tan feo. ¡Pobre Zac! Pussar och krammar!

Una de las secciones qué más gracia me hace de 'El hormiguero' es la de '¿Culo o codo?', en la que los telespectadores deben adivinar si lo que se ve en la imagen forma parte de un brazo o de un trasero. Reconozco que nunca acierto. ¡Y no será porque no haya visto brazos y culos hasta ahora!

Como ayer tuve que escribir, sin previo aviso, una entrevista de cuatro páginas, voy a tomarme un descanso 'redaccional' también en el blog. Así, en vez de una parrafada, hoy propongo un juego inspirado en el del programa de Pablo Motos. En este caso, '¿Abdominal o sofá?'.

Detrás de nueve de las diez imágenes que hay bajo estas líneas se esconde un modelo cachas marcando tableta de chocolate. Sin embargo, tras una de ellas hay un sofá. ¿Serías capaz de adivinar cuál es el sofá sin necesidad de darle a los links? No tiene por qué ser el más obvio... Pussar och krammar!

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Los comentarios van a ser moderados sólo hoy, para así no fastidiar el juego a nadie.